Apuntes sobre el modelo económico kirchnerista. Un cuento de “El Tío"

A mí se me hace cuento...
Jorge Luis Borges,
“Fundación mítica de Buenos Aires”
 
 
“El modelo” en los discursos del gobierno y sus críticos
 
Buena parte de economistas e intelectuales, que son funcionarios o partidarios del gobierno, sostienen que el modelo económico en marcha es de carácter nacional-industrial en un proceso de neodesarrollismo. La Presidenta de la Nación sostiene el eslogan: “Desarrollo con inclusión”, mostrando números de crecimiento del PIB, del mayor peso relativo del sector industrial en las exportaciones y del descenso de la tasa de desempleo.
Algunos sectores de izquierda, opositores, basan sus críticas en el señalamiento de los límites de este presunto proceso, dando por sentado la vigencia de tal modelo. Los límites estarían dados por la concepción misma del proyecto, que no sobrepasaría las frontera redistribucionistas keynesianas.
El conjunto de la oposición partidaria clásica, cuyas fracciones son denominadas de centro-izquierda, centro o derecha, solo emite críticas puntuales tanto al discurso como a la práctica de la política económica del gobierno.
Algunos de los economistas e intelectuales mencionados al comienzo son conscientes de las dificultades de un proceso neodesarrollista en una economía globalizada por un capitalismo transnacionalizado. Sin embargo, apuestan a la factibilidad del modelo probado en los países del sudeste asiático y China. El secreto estaría en una fuerte intervención del Estado para sostener una burguesía nacional capaz de apropiarse de los avances tecnológicos que necesariamente se deben exportar desde los países centrales hacia las periferias en los procesos productivos transnacionalizados.[2]
La cuestión de la deuda externa se percibe como un obstáculo superable y superado con lo que se dio en llamar “el desendeudamiento”, es decir, el pago anticipado de la deuda, durante el gobierno de Néstor Kirchner.
La cuestión de la hegemonía o, quizá mejor, dominio del capital financiero sobre el capital industrial, no aparece señalada.
Me parece que éste es, a grandes rasgos, el panorama discursivo referido al mentado modelo económico.
 
Más allá del discurso…
 
Mi objetivo, en este texto, no es el de plantear la viabilidad de otro modelo alternativo o de un modelo socialista, como plantean algunos amigos de la izquierda, sino el de presentar mis dudas sobre la realidad de la existencia de ese modelo más allá del discurso, teórico, en algunos casos, y propagandístico, en los más.
Mi opinión es que se trata de un nuevo aspecto de una revolución pasiva a nivel del capitalismo global, con sus consecuentes fenómenos transformistas. Y que, en definitiva, no se trata mucho más que de un cuento de “El Tío”.
“El Tío” digo porque, como se sabe, tal era el nombre cariñoso que daban los jóvenes peronistas de izquierda de los setenta a Héctor J. Cámpora, el hombre designado por el General Perón desde Puerta de Hierro para llegar a la Presidencia de la Nación y preparar las condiciones de su retorno al país. Desde sus inicios, los gobiernos kirchneristas asumieron una mística de los años setenta que, entre otras cosas, se nutre y expresa en una agrupación de la que es dirigente Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina, llamada precisamente “La Cámpora”.
El breve gobierno de “El Tío” contó con José Ber Gelbard, de definida concepción desarrollista, como Ministro de Economía (quien luego, también, tuvo continuidad con Perón). Este ministro fue un referente dentro del ámbito empresarial nacional, además de fundador de la Confederación General Económica. Pero esto no es más que una anécdota, solo para ilustrar un aspecto concreto de la apelación a tradiciones pasadas en los fenómenos de transformismo que suelen acompañar a las revoluciones pasivas. Revoluciones que son capaces de absorber nuevas formas y demandas bajo la misma dominación fundamental. Dos arbitrios son clásicos en estos procesos: la cooptación de dirigentes e intelectuales; y el transformismo, apelación a formas de legitimación de la representación popular en base a presuntos orígenes étnicos o sociales. Un ejemplo de ello es el del presidente de los EE. UU., Obama, que ha demostrado que representa muy bien los intereses del capital financiero hegemónico con el rescate bancario, al mismo tiempo, que se ha legitimado electoralmente –y sigue legitimándose en su actividad política– a partir de la ponderación de la negritud; nuestro ex presidente Carlos Menem fue un pionero apelando al poncho y las patillas de los caudillos criollos para abrir las puertas a la transnacionalización y al llamado neoliberalismo. Y creo que no son ajenos a esto varios aspectos del proceso en curso en América Latina.
  
El arribo de Kirchner al gobierno:
legitimación y epopeya
 
Desde los ochenta, el capitalismo absorbe una profunda revolución científico-tecnológica y las transformaciones en el modo de producir, colocándolas desde entonces bajo la hegemonía del capital financiero, cuya movilidad no tiene ya las trabas de localización del capital industrial. Al mismo tiempo, absorbe la revolución en la información y las comunicaciones, generando nuevas formas de apropiación. Revolución pasiva que se manifiesta políticamente. No solo el discurso neoliberal absorbe la defensa de las libertades y la democracia en sus intervenciones bélicas, sino que sabe replegarse de la escena propiamente política cuando se trata de negocios: asimila a China y otros regímenes autocráticos. También aparece el transformismo cuando aparecen sus lacras deslegitimándolo. Sabe absorber como logos otros íconos: toda la socialdemocracia europea.
Luego de un contexto comprendido entre una deslegitimación radical de la misma democracia representativa electoral, la consigna: “¡Que se vayan todos!” fue su máxima expresión,y una fuerte presión popular de la que resultaron cinco presidentes en el transcurso de una semana, arriba el kirchnerismo. Esta misma presión fue la que forzó al presidente Duhalde, en 2003, a convocar a elecciones presidenciales de las que surgió Néstor Kirchner. Este llega de la mano de aquél, como Gran Elector, al inclinar su apoyo en el ballotage contra Menem, que había ganado la primera vuelta por un pequeño porcentaje, Kirchner había logrado apenas el veintidós por ciento de los votos, pero Menem declinó presentarse a la segunda vuelta. De esta manera, Kirchner apareció como la única alternativa al menemismo; poseía poco caudal electoral, pero, a diferencia del riojano, sin predisposición en su contra, puesto que su actuación no era demasiado conocida en el ámbito nacional. Se trataba de un equipo político provincial, aunque de formación urbana, con intereses económicos en una provincia con renta petrolera. Habían demostrado sí una fuerte vocación de poder en la gobernación provincial. En esa situación, adoptan con perspicacia un discurso "transversal" como modo de reforzar su exigua base electoral, cooptando dirigentes e intelectuales.
Dos de los Presidentes “en tránsito” de la célebre semana habían hecho el trabajo sucio y necesario: la cesación de los pagos de la deuda externa y la devaluación de la moneda. Las fuerzas tradicionales estaban desprestigiadas. La debilidad de los partidos políticos, la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la banca y el Poder Judicial le permite a Kirchner realizar algunos gestos de autoridad, que lo revisten de un aire progresista, sin riesgo.[3] La izquierda tradicional ya había desaparecido. Las burocracias sindicales, muchas de las cuales habían aceptado y convertido en negocios personales las privatizaciones de Menem, tenían sus bases diezmadas por el desempleo y la precarización, y se conformaron con negociar los aumentos de salarios propuestos por el gobierno y bregar por aumentar el fondo de las obras sociales sindicales, que son también fuente de negocios privados. Al mismo tiempo, esa situación indujo a los creadores de imagen a generar o a exagerar distintos enemigos ad hoc.[4]
La actividad económica, salvo quizá el sector exportador de granos, estaba en punto muerto. Los bajos salarios, una vez producida la devaluación, posibilitaron una reactivación suficiente como para que cualquier mejora signifique más que cero. Por lo demás, la suspensión del pago de la deuda pública permitió cierto desahogo fiscal. La banca quedó a la espera, salvo un par de bancos que se retiraron y algunas absorciones.
El agro, con una coyuntura favorable, se acomodó a la necesidad exportadora (adviértase que ya no se trataba la vieja oligarquía ganadera). En particular, la agricultura había sufrido una fuerte transformación técnico-productiva, con una impronta de desarrollo capitalista industrial. El alza mundial del precio de los granos permitió también una mejoría de la balanza comercial. La producción agrícola ya presentaba rasgos financieros, con el alquiler y no la propiedad de la tierra por medio de los fideicomisos, y los granos ya funcionaban como commodities en los mercados a términos globales.
La reapertura de algunas pymes, ahora con salarios devaluados y todavía fuerte precariedad laboral, generó una idea de reindustrialización. En el conjunto de la población crecieron las expectativas. La actividad de los movimientos piqueteros fue decreciendo y el gobierno, respecto a ellos, transformó la necesidad en virtud: los dejó hacer sin reprimir, soportó las molestias de algunos sectores, al mismo tiempo que comenzó a tratar con las dirigencias proveyendo algunos recursos asistenciales.
El gobierno tomó el discurso de presentarse como impulsor de una nueva burguesía nacional[5] con un tinte neodesarrollista y un modelo nacional-industrial (Schorr, 2005). De esta manera, se le daba un nombre específico al (abstracto) “cambio de modelo” ya propugnado por Duhalde.
El posterior conflicto, a propósito de las retenciones a los ingresos por la exportación de granos, donde afloró lo más cerril de la patronal ligada a la actividad agropecuaria, contribuyó a generar una épica industrialista.[6] El gobierno perdió la batalla legislativa por imponerlas, pero logró hacer aparecer así un real enemigo. Esto sería utilizado, luego, como un chantaje para oponer a cualquier crítica una presunta epopeya. Epopeya que aparece con un solo sujeto: el o la líder. Situación que es avalada por algunos sectores intelectuales.[7]
Con ese discurso y con una oposición que no puede oponerse porque, salvo matices, gira sobre los mismos ejes, se asegura que no hay nada a la izquierda del gobierno. Afirmación que manifiesta y reafirma un posibilismo pragmático con el que se ocluye hasta la probabilidad, no ya de ensayar, sino siquiera de pensar alguna alternativa. El último argumento presidencial ha sido el banal: El mundo es redondo y el que se va muy a la izquierda termina por la derecha.
  
Los resultados, más allá del relato
 
Si observamos los resultados de la gestión kirchnerista, es difícil ubicarla por fuera de su adaptación al juego del capitalismo financiero. Como quizá lo sean, también, las políticas de Venezuela y de Brasil. La primera, a través del manejo financiero de los recursos de PDVSA,[8] y el segundo, con el peso de las exportaciones de soja y hierro, es decir, los commodities y la caída de las exportaciones de sus manufacturas, proceso que ha sido calificado como reprimarización de la economía.
Los commodities son una de las bases más destacadas de la ingeniería financiera. La soja se cotiza como futuro en la bolsa de futuros agrícolas de Dalian, en la comunista China.
En el caso de Argentina, la presencia relevante de la actividad financiera más que de las manufacturas industriales se refleja, además, en la creación del empleo:
 
Entre 1993 y 2010 el valor agregado generado por el sector Comercio y Servicios dentro de la economía argentina se incrementó un 82%, lo que implica una tasa de crecimiento promedio anual de 3,6%. Desde 2002, el sector crece al 6,9%, promedio anual. En los últimos años, los sectores de Comercio y Servicios incrementaron su participación en el PIB argentino, alcanzando en 2010 el 67,3%. Es decir, Comercio y Servicios genera más de dos tercios del PIB del país.[9]
 
Este crecimiento interanual del empleo estuvo impulsado especialmente por los servicios financieros y a las empresas (7,7%), los servicios comunales, sociales y personales (4,7%), transporte, almacenaje y comunicaciones (4,2%) y la industria manufacturera (3,5%) actividad que viene sosteniendo un incremento del empleo interanual a lo largo del todo el año 2010 (Ministerio de Trabajo, 2011).
 
Naturalmente, esto no significa ni que no haya habido “crecimiento” de la economía ni del empleo. Desde esa óptica, un personaje como Juan Llach[10] (2012) reconoce un crecimiento de la industria manufacturera:
 
Apoyada en un marco externo favorable, la devaluación, la gran capacidad ociosa y la gradual recuperación del consumo interno; la industria manufacturera alcanzó logros importantes en lo que va del siglo. La producción aumentó cerca de 8% anual, el doble de la década anterior, pero aportó sólo un 15% del crecimiento total del PIB. Las exportaciones de manufacturas de origen industrial en divisas también tuvieron buen desempeño al crecer 13,3% anual, algo más que el total exportado y algo menos que las manufacturas agroindustriales. Sumadas estas y aquellas exportaciones, resulta que la industria argentina aporta ya cerca del 70% del total. El aumento en volumen físico, sin embargo, no logró superar al de la década del 90 (9,6% anual).
 
Recordemos que productos agroindustriales son:
 
[…] residuos y desperdicios de la industria alimenticia, grasas y aceites, cereales, semillas y frutos oleaginosos, carnes, pieles y cueros, frutas frescas, productos lácteos y huevos y hortalizas, legumbres y frutas preparadas. Quienes, en conjunto, pasaron de representar un 78,8% a un 80,3% de las exportaciones agroindustriales (Copello, 2006).
 
Todo esto para advertir que el crecimiento puede significar muchas cosas: el PIB puede crecer, por ejemplo, en base a la industria bélica. El asunto es qué, para qué y para quién se produce. Quizá un dato relevante, respecto a la “industrialización”, sea la participación de las manufacturas industriales en las exportaciones, pese a los alardes de la Ministra Débora Giorgi, puesto que más de un tercio de lo computado pertenece a los vehículos armados en el país –por empresas de capital extranjero– y alrededor del 10% a piedras preciosas y metales. Como es sabido, la exportación de tales vehículos implica el envío de las remesas de divisas al exterior, a las casas matrices de las empresas (Ministerio de Industria, 2011). Por lo demás, el armado y el montaje es un mero pasaje del proceso de producción que, en su conjunto, se decide fuera del país, desde la tecnología hasta la realización, el precio total y la ganancia. Estos resultados se logran a veces sin establecer filiales, por medio de licencias, representaciones y franquicias (Robinson, 2007).[11]
En cualquier caso, crecimiento hubo: de lo contrario no se explicaría el entusiasmo de algunos, y la adhesión a este gobierno de la mayor parte de la población desde muy variados sectores. Al punto que, hace dos años, un clásico núcleo social de historia combativa como el de los jubilados no reaccionó ante el veto de la Presidenta al reconocimiento del derecho al 82%.[12] Pero ello no cambia la realidad de lo que ocurre con el capital transnacional en nuestro país y, más aún, la transnacionalización de algunos capitales nacionales (por lo menos en materia agrícola y alimentaria). Digamos también que los mejores balances de los últimos años fueron los del capital bancario, favorecidos directamente tanto por la bancarización privada de fondos públicos como por los negocios con los bonos de la deuda:
 
Los balances que cerraron el 30 de junio. Un contexto de alta inflación, en el que se pagan tasas de interés negativas y se cobran intereses positivos que castigan a los que toman préstamos convirtió, otra vez, a los bancos en el sector de la economía que se queda con el grueso de las ganancias cada vez más exiguas que consiguen las empresas argentinas (Redacción de El Economista, 2012).
 
En la city hacen la siguiente lectura: aquellos bancos con mayor crecimiento en sus ganancias fueron los que mayor participación de los títulos de deuda tenían en su portafolio de inversiones (Zona Bancos, 2011).
 
Este gobierno supo hacer una lectura financiera del ahorro social al tiempo que con ellos mantuvo la rentabilidad de los grupos que habían saqueado con las privatizaciones, sin siquiera exigirles inversiones, pero que siguen distribuyendo dividendos. De este modo, empresas deficitarias no solo cubren sus pérdidas, sino que reparten ganancias con fondos sociales:
 
El entramado de los subsidios en el país es complejo. El esquema aplicado hasta el momento apunta a financiar directamente a las empresas y no a los usuarios. En el caso de la electricidad, las subvenciones son canalizadas a través de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) y llegan directo a las generadoras. Según datos de Economía, en 2010, Cammesa habría recibido y transferido 13.487 millones de pesos y para este año se calculan 20.000 millones (Premici, 2011).
 
De modo que, más allá del discurso, no parece que el plan gubernamental fuera el “capitalismo serio” ni la generación de una burguesía nacional o local. Por lo demás, siempre propensa a asociarse al capital extranjero y hasta a transnacionalizarse cuando le es posible (por otro lado, conducta racional –de cálculo racional– en esta época de globalización).
La mejora en algunos aspectos del régimen asistencial no ha sobrepasado el reparto de la pobreza acudiendo a los ahorros de pensión. Que sirvieron, además, para suplantar los capitales no invertidos por aquéllos que ya habían agotado el negocio, dándole el título de nacionalización.[13] Con lo cual, además de no nacionalizar, posiblemente se termine por pagar indemnización.[14] Y todo ello para que el demoníaco capital español sea reemplazado por el angelical de Chevron, que ya tiene juicios en Argentina.[15] En esto ha quedado el presunto keynesianismo.
La epopeya incluye también el “des-endeudamiento”. Vale decir, el pago anticipado e indiscriminado a valor de plaza de la deuda previamente estatizada, presentado como un inteligente acto de soberanía, con el beneplácito del entonces Director del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, que había inducido a ello ya a otros catorce países. Lo que se ha suplido de deuda con fondos públicos (entre otros, el impuesto al trabajo) solo significa que esa inversión de fondos no tiene más garantía que la miseria de los jubilados. En este esquema, y con la justificación de la falta de capitales, al mismo tiempo que se permitió el giro de remesas al exterior,[16] se mantienen desgravadas las operaciones bursátiles y financieras. No parece casual, entonces, la profusa presencia de funcionarios del neoliberalismo menemista y cavallista en el gobierno con la cobertura de ser “funcionarios técnicos”.
Por lo demás, la Presidenta ha sido clara el día de la industria: precisamos los dólares para pagar la deuda. Queda todavía para el discurso el tema de los “fondos buitres”,[17] como si aquellos a los que se pagó (y se paga) fueran fondos palomas.
La ubicación dentro de la estrategia del capital financiero se completa con el privilegio del crédito para el consumo (el endeudamiento) de bienes muebles (resultado de la maquila) frente a los créditos para las pymes que siguen pagando altas tasas por los adelantos de cheques diferidos.[18] A todo esto, quizá, debería agregarse el último convenio firmado con Monsanto, con lo que la actual fuente de recursos del país (“el yuyo”) queda a expensas de la transnacional.[19]
Más allá del discurso, no parecería que estemos asistiendo a los límites del neodesarrollismo, como plantean algunos amigos, sino más bien a una adecuación a los nuevos modos de apropiación del trabajo ajeno, cuya legitimación no es ya neoliberal, aunque su ideología mantenga su pregnancia en grandes sectores de la población. Particularmente en los sectores medios urbanos, algunas de cuyas reacciones parecen asentarse, sobre todo, en cierto temor al debilitamiento del consumo como efecto de la inflación.
No es cuestión de ponerse a hacer “análisis del discurso” pero la expresión de la Presidenta de la Nación de que “algunos quieren hacernos retornar al régimen ultraconservador que arruinó la Argentina” (Página 12, 2012), bien parece la confesión de cuál es la ubicación de este gobierno. No es ultraconservador, es apenas conservador. Como en el “cuento del tío”, quizá lo más dañoso sea la posterior desilusión. Como decía la poesía criolla de Atahualpa Yupanqui (1972):
 
Hay diferentes montones,
unos grandes y otros chicos.
Si va p’al montón del rico
el pobre que piensa poco,
detrás de los equívocos,
se vienen los perjuricos.
 
 
 
 
Bibliografía
Copello, Juan, “Evolución de las exportaciones agroindustriales”. En: Apuntes agroeconómicos 5, Facultad de Agronomía, UBA (octubre de 2006). http://www.agro.uba.ar/apuntes/no_5/exportaciones.htm (último acceso: 1/3/2013).
El País, “Repsol logra ganar más sin YPF que cuando tenía la filial argentina”. En: El País (8 de noviembre de 2012) [2012a]. Disponible en http://economia.elpais.com/economia/2012/11/08/actualidad/1352359166_641622.html (último acceso: 1/3/2013).
El País, “Repsol demanda a YPF en España por competencia desleal”. En: El País (4 de octubre de 2012) [2012b]. Disponible en: http://economia.elpais.com/economia/2012/10/04/actualidad/1349344191_924159.html (último acceso: 1/3/2013).
Llach, Juan, “Por la industria argentina”. En: La Nación (24 de febrero de 2012). También disponible en: http://www.lanacion.com.ar/1451138-por-la-industria-argentina (último acceso: 1/3/2013).
Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales, Dirección General de Estudios y Estadísticas Laborales, “Encuesta de indicadores laborales – Primer trimestre de 2011”, 2011. En: http://www.trabajo.gov.ar/left/estadisticas/descargas/eil/EIL%201%20trim2011.pdf (último acceso: 1/3/2013).
Ministerio de Industria, Secretaría de Industria y Comercio, INTI, “Exportaciones de manufacturas de origen industrial: evolución reciente y perspectivas”. En: Saber cómo 96 (enero de 2011).
Página 12, “No nos vamos a dejar provocar por nadie”. En: Página 12 (13 de noviembre de 2012). Disponible en:  http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-207729-2012-11-13.html (último acceso: 1/3/2013).
Premici, Sebastián, “El fin de las subvenciones indiscriminadas”. En: Página 12 (3 de noviembre de 2011). Disponible en:  http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-180399-2011-11-03.html (último acceso: 1/3/2013)
Redacción de El Economista, “Bancos, los que más ganaron”, 2012. En: http://www.eleconomista.com.ar/?p=4188 28/12/2012 (último acceso: 1/3/2013).
Robinson, William I., Una teoría sobre el capitalismo global. Producción, clases y Estado en un mundo transnacional. Ediciones desde abajo: Bogotá, 2007.
Schorr, Martin, Modelos nacional-industrial. Límites y posibilidades. Capital Intelectual: Buenos Aires, 2005.
Seoana, María, “La tentación de reinventar la famosa burguesía nacional”. En: Clarín (12 de octubre de 2003).
Terra, “Causa contra Chevron en Ecuador se propaga a Argentina con embargo de activos”, 2012. En: http://economia.terra.com.ar/noticias/noticia.aspx?idNoticia=201211072225_EFE_17782837 (último acceso: 1/3/2013).
Wikipedia, “Cuento del tío”, 2010. En: http://es.wikipedia.org/wiki/El_cuento_del_t%C3%ADo (último acceso: 1/3/2013).
Yupanqui, Atahualpa, El payador perseguido. EMI records: Buenos Aires, 1972.
Zona Bancos, “Bancos cosechan ganancias récord por boom del consumo y bonos del Banco Central”, 2011. En: http://www.zonabancos.com/ar/analisis/noticias/15392-bancos-cosechan-ganancias-record-por-boom-del-consumo-y-bonos-del-banco-central.aspx (último acceso: 1/3/2013).
 

Artículo escrito y enviado a Herramienta por el autor en noviembre de 2012.

 
[1]. “Cuento del tío” es un juego de palabras que alude a una forma de timo o engaño a través de promesas o falsas esperanzas. Es una expresión utilizada en Argentina y otros países de Sudamérica. N. de la R.
[2]. Hacia allí apuntan los argumentos del actual Vicepresidente del Banco de la Nación, Dr. Enrique Arceo, de destacada militancia revolucionaria en los años setenta.
[3]. El Presidente Kirchner, en su carácter de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, como gesto de autoridad, ordenó al Jefe del Ejército descolgar los cuadros de los dictadores Videla y Bignone de un salón del Colegio Militar de la Nación. Kirchner, también, impulsó el cambio de los miembros de la Corte Suprema de Justicia que estaba absolutamente desprestigiada por su obsecuencia a Carlos Menem; para ello, utilizó la cadena nacional de radio y televisión como aparente manera de apelar al pueblo. Estas medidas, de fuerte carga simbólica, contribuyeron a la legítima aceptación de su gobierno por vastos sectores político-intelectuales de izquierda.
[4]. Frente a ellos, fogosos discursos han creado el halo de una gesta nacional y popular: en uno de sus discursos la Presidenta dijo que le parecía mentira que hayamos dejado de ser colonia.
 
[5]. “Frente a los banqueros nacionales, el presidente Néstor Kirchner dijo: ‘Es imposible un proyecto de país si no consolidamos una burguesía nacional’” (Seoane, 2003).
[6]. Durante la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno impulsó un aumento a las tasas de exportación de granos a la que se opuso el sector agropecuario generando un conflicto sembrado de lock-outs que obstaculizó la distribución de alimentos a la población.
[7]. Ernesto Laclau ha escrito La razón populista. Profesor en Essex, visita asiduamente el país sosteniendo la tesis de que en América Latina los liderazgos fuertes garantizan la democracia y, por ello, deben ser reelectos indefinidamente. “Laclau planteó que resulta ‘una falacia hablar de reelección y autoritarismo. Estoy totalmente de acuerdo con la reelección indefinida. Escucho que la oligarquía dice (por Chávez) ‘se perpetúa en el poder’. Y yo digo, si no lo votan, no hay perpetuación’” (Diario La Capital, 31/05/09). Presentándose como gramsciano post-marxista, junto con su esposa Chantal Mouffe se manifiestan partidarios de una “democracia radical”.
[8]. Petróleo de Venezuela Sociedad Anónima, empresa estatal venezolana de producción, distribución y comercialización de petróleo, principal fuente de divisas de ese país.
[9]. Informe de la Cámara Argentina de Comercio, abril de 2011.
[10]. Fue Viceministro de Economía en tiempos de Menem y mano derecha de Cavallo, dirigente de la Fundación Mediterránea, teórico de la convertibilidad, ministro de Educación de Fernando de la Rúa y asesor de la Conferencia Episcopal.
[11]. Cabe destacar que la ministra Débora Giorgi reconoce este aspecto al presentar como un logro la exportación de mediana tecnología.
[12]. La percepción de pensiones y jubilaciones en un índice del 82% móvil de los sueldos de los convenios de trabajo es una antigua reivindicación objeto de muy importantes luchas frente a todos los gobiernos. El Congreso Nacional votó esa ley acorde con la Constitución Nacional y fue vetada por la Presidenta de la Nación. Su argumento fue que, de pagarse ese índice, se agotarían los fondos. Sin embargo, ellos fueron destinados a subvencionar empresas privadas; en un momento, hasta a la misma General Motors.
[13]. “‘La eficaz gestión de la compañía ha permitido consolidar paulatinamente la fortaleza de los negocios de Repsol, particularmente tras la expropiación ilegal de YPF en abril de este año’, señala la empresa” (El País, 2012a).
[14].“La petrolera española conserva un 12% de las acciones de YPF y reclama al Gobierno argentino 7.665 millones de euros por la expropiación de su filial” (El País, 2012b).
[15]. “La demanda en Ecuador contra Chevron por presuntos daños medioambientales se extendió hoy a Argentina, donde un juez dictó un embargo preventivo por hasta 19.000 millones de dólares sobre los bienes de la petrolera estadounidense. La meta de los demandantes, un grupo de indígenas y colonos de la Amazonía, es cobrar fuera de Ecuador los 19.000 millones de dólares, incluidos honorarios legales, que dos tribunales de ese país han ordenado pagar a Chevron por daños al medio ambiente, dado que en el país andino la multinacional apenas tiene activos” (Terra, 2012).
[16]. En los últimos años alrededor de 80.000 millones de dólares.
[17]. Acreedores que no aceptaron el pago anticipado.
[18]. La reciente medida para los 20 bancos calificación A de prestar al 15% para la producción demuestra, al menos, lo que sucedió hasta ahora: altas tasas para las pymes productoras y subsidios para los grandes grupos concesionarios de servicios.
[19]. En ocasión del conflicto con el agro la Presidenta se refirió despectivamente a la soja como “yuyo”. Durante varios años, el gobierno se resistió, presionado por grupos ambientalistas, a avalar el ingreso de un tipo de semilla transgénica y el pago de su patente. Finalmente aceptó las gravosas condiciones impuestas por la transnacional que impide el tradicional derecho de los productores a utilizar parte de la cosecha para una nueva siembra sin volver a pagar las patentes.