Centenario de la Casa del Obrero Mundial

1912-22 de septiembre-2012

Por: Raúl Jiménez Lesca
 
I.
Me encontré, por primera vez, con ésta señora llamada Casa del Obrero y, luego, Casa del Obrero Mundial, en la Lagunilla mi barrio, luego tomando café en la Casa de los Azulejos en la enorme ciudad de México, hace ya tres décadas y 3 años, cuando corría el año de 1979 y soplaban vientos de cambio en Nicaragua y El Salvador, en el atormentado Istmo de Centroamérica.
Años después me la volví a encontrar, en el testimonio elocuente de Don Jacinto Huitrón, uno de los fundadores de la Casa, aquella soleada mañana del domingo  22 de septiembre de 1912 en la calle Matamoros, bautizada así en honor al brazo derecho del Generalísimo Morelos. El relato dormía profundamente en la enorme biblioteca de la Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano” y, lo desperté, con una pregunta de sobresalto: Dime Chinto: ¿Cómo 8 obreros se convirtieron con el paso de cuatro años en 90 mil sindicalistas?
Chinto, explícame: ¿Cómo un cantero, un sastre, un carbonero, un herrero, un mecánico, un carpintero, un mesero español y un ex militar colombiano, todos anarquistas, pusieron en el orden del día de la Revolución Mexicana el tema obrero?
Don Jacinto Huitrón dormía plácidamente en la Universidad Obrera a una cuadra donde vivió José Martí, ahí en San Idelfonso, en pleno Centro Histórico de México. Eso ocurrió hace 14 años y desde entonces… “No hago otra cosa que pensar en ti” cantaría Joaquín Sabina con versos de su compadre Joan Manuel Serrat.
Ah… pero tuve tres encuentros ocasionales con la señora. El primero, para pisarla como calle. Ahí donde su Memoria es calle un letrero reza: “Obrero Mundial”, pasando el viaducto y al filo del ex Parque del Seguro Social, donde vi lo mejores jonrones de los Diablos Rojos del México. Así empecé a escribir notas entre los surcos de mi Memoria Histórica para mantener encendida la flamita del recuerdo del “Obrero Mundial”.
El segundo: en el viejo auditorio del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) en el año del 2000 dando un curso a 900 electricistas, todos hijos de la… Casa del Obrero Mundial. Fue el SME y miembros de la Casa quienes organizaron la primera huelga general de México aquel combativo y alegre día del 31 de julio de 1916. Don Venustiano Carranza era, entonces, el Primer Jefe de la Revolución Constitucionalista y estalló en cólera por la huelga general y, ordenó, instalar un Consejo de Guerra para fusilar a Ernesto Velasco, líder de los electricistas y de la huelga general.
El tercero: En Morelia, cuando fui al Nacional Monte de Piedade y no precisamente a empeñar. Ahí estuvo la sede moreliana y michoacana de la Casa del Obrero Mundial y, me sorprendió, que un mártir de esa Casa su Memoria tenga forma de calle: Serapio Rendón, vocero de la señora en la Cámara de Diputados, la que sesionaba en el viejo edificio de Donceles, y asesinado por la dictadura del llamado usurpador, Victoriano Huerta en 1913.
 
II.
Los que estamos aquí, éste 22 de septiembre de 2012, todos somos hijos de la… Casa del Obrero Mundial. Porque en ella nacieron los modernos sindicatos y ahí se cerró la etapa del mutualismo del movimiento obrero. El SME, el próximo 14 de diciembre, cumplirá 98 años, es el hijo desobediente de la señora y, pese a su edad avanzada, goza de buena salud.
En el 2000, la Universidad Obrera solicitó al Gobierno del Distrito Federal transformar la bodega del barrio de Santa Catarina en un Museo Obrero. La actual bodega, en tiempos de la señora, llevaba el número 44 de la calle de Estancos de Hombres, hoy República de Paraguay. El proyecto no prosperó, pero desde hace 12 años, la breve pero sustanciosa Historia de la Casa, palpita en el Diplomado en Educación Sindical que se imparte, tanto en la Universidad Obrera como en la Escuela de Educación Sindical del SUEUM.
La voz femenina de la señora no podía faltar. Así despertamos de su profundo sueño a Doña Esther Torres, miembro de la etapa romántica de la Casa del Obrero y primera mujer obrera en ocupar un cargo sindical en el Comité de la Huelga General de 1916. También le preguntamos lo mismo que a su compañero Don Jacinto Huitrón y contestó:
 
“Cuando fui miembro de la Casa del Obrero Mundial, podríamos decir que era la edad romántica de la Casa del Obrero Mundial, porque era hermoso, hermoso, hermoso, que el 1º de Mayo, ya por abril empezábamos a ahorrar, ya empezábamos a tomar acuerdos cómo vestirnos; que con falda negra y blusa roja (…); un entusiasmo muy grande para ir por las calles en la manifestación (…) cantábamos El Hijo del Pueblo sin pena, dice mi hermana nachita: ‘Sí ahorita me dan mil pesos porque yo cante en la calle, quédense con sus mil pesos’. Pero en aquella época el entusiasmo, sin saber cantar, brincábamos y cantábamos y creíamos que éramos los dueños de la situación con nuestras banderas, con nuestro estandarte, muy esperanzados de que las cosas cambiarían, ¿verdad?, cambiarían, ¿verdad?, cambiarían. Yo a esa época le llamo la época romántica de la Casa del Obrero Mundial.”.
 
100 años después el eco de la voz de Doña Esther Torres retumba en nuestros oídos:
 
                “…, muy esperanzados de que las cosas cambiarían, ¿verdad?, cambiarían, ¿verdad?, cambiarían.”.
Incluso, un funcionario de éste país le respondió a Doña Esther con voz altiva: “A Michoacán le va a ir muy, pero muy bien”.
La señora tiene una ofrenda en la Memoria Histórica de los trabajadores de México. Surgida en plena Revolución Mexicana, se hermanó, por un breve tiempo, con los campesinos revolucionarios del Sur y, gracias a su constancia y coherencia, hoy tenemos el Artículo 123 Constitucional, redactado, entre otros por el ex líder de la Huelga de Cananea de 1906, Don Esteban Baca Calderón, magonista de los primeros años y, por otro lado, por la inspiración de la gran huelga general de 1916, estallada meses antes de que se promulgara la Carta Magna del 5 de febrero de 1917.
También nos dejó una jugosa herencia la señora: la bandera rojinegra, símbolo del Derecho de Huelga; la conmemoración y el desfile del 1º de Mayo que desde 1913 se repite año tras año y seguiremos conmemorando; la jornada laboral de 8 horas; el salario mínimo; la protección a la mujer trabajadora; la prohibición del trabajo infantil; el descanso dominical, entre otras.
La Casa del Obrero Mundial fue clausurada definitivamente tras la huelga general de 1916, sus líderes perseguidos y encarcelados, pero su huella quedó de diversas manera plasmadas en el Artículo 123 Constitucional como recordaría Pastor Rouaix en sus Memorias:
 
“… con ello quedaron establecidas por primera vez en la Constitución Política de un país, preceptos que garantizaban los derechos al proletariado trabajador, colocándolo en un plano de igualdad con el capitalismo que había sido hasta entonces privilegiado.”.
 
Hombres como Heriberto Jara, Esteban Baca Calderón y Francisco J. Múgica entre otros diputados al Constituyente, le dieron cuerpo y alma al 123 Constitucional. Éste artículo y su Ley Reglamentaria denominada Ley Federal del Trabajo, paradójicamente, los de arriba, pretenden rendir homenaje al Centenario de la Casa del Obrero Mundial, mutilándola bajo el eufemismo de “reforma laboral”, cuando el diccionario dice que reformar es mejorar no empeorar. Sí los constituyentes de 1916-1917 fueron reformadores sociales por plasmar derechos que los trabajadores no tenían, los legisladores de 2012 son contrarreformadores pues le dan una vuelta a la rueda de la historia para congratularse con los capitalistas y la llamada Inversión Extranjera, que busca mano de obra barata, mal pagada por horas, algo así como 7 pesos y 50 centavos y carente de prestaciones sociales y laborales. Los reformadores sociales de 1917 pretendían un Trabajo Decente, los contrarreformadores de hoy en día, pretenden legalizar la Precarización del Trabajo. Mientras la Organización Internacional del Trabajo ondea la bandera del Trabajo Decente, sus legisladores (no voté por ellos) ondean la bandera de Precarizar el Trabajo a toda costa para cargar en las espaldas del Mundo del Trabajo las crisis recurrentes de la economía neoliberal y contrarrestar la caída de la Tasa de Ganancia del capital.
Paradojas de la Historia. Sí al Movimiento Obrero Mexicano le llevó siglos lograr que sus derechos se plasmaran en la Carta Magna, a los actuales legisladores les llevará unas pocas jornadas de trabajo mutilarlos.
 
III.
Como en todo Movimiento Social, tiene sus luces y sus sombras. Varios historiadores han cuestionado el Pacto de la Casa del Obrero con Venustiano Carranza que dio pauta a los Batallones Rojos que combatieron a los Ejércitos de Villa y Zapata. Las circunstancias llevaron a los líderes de la Casa a firmar ese Pacto, a cambio de ello, obtuvieron el permiso de los constitucionalistas para abrir sucursales en las Entidades del país, entre ellas, Michoacán, tema del cual nos hablará Gabriel Hernández Soria, especialista en el tema y familiar de uno de los fundadores de la Casa del Obrero en Morelia.
Para bien o para mal, el Pacto con Carranza le permitió a la Casa del Obrero Mundial una presencia nacional, pero en julio de 1916, se enfrentaron, junto a la Federación de Sindicatos del Distrito Federal al mismo Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.
Los hombres, mujeres y ancianos de la Casa tuvieron pocos instrumentos de trabajo: Casa, periódico, Escuela Racionalista, biblioteca e ideología. Con estos instrumentos los 8 anarquistas construyeron una Casa de 90 mil sindicalistas en pocos años.
Hoy, 22 de septiembre, recordamos la mañana soleada del domingo que vio la fundación de la Casa, como la madre de los modernos sindicatos a partir de 1912 y, como dice la historiadora Anna Ribera Carbó:
 
“Y fue así que aquellos ocho fundadores de la Casa del Obrero de 1912 (…) eclipsados después de la huelga general de 1916 y de la represión que le siguió, en el curso de tan sólo cuatro años habían logrado lo que parecía imposible: que aquel nuevo Estado en formación tomara en cuenta a los trabajadores organizados en calidad de interlocutores imprescindibles. Lo que no lograron, a pesar de su profunda fe en el ideal fue ganar su propia revolución libertaria.”.
 
Paul Ricoeur ese filósofo francés dijo una vez:
 
“La deuda del sindicalismo no es con el pasado, sino con las gentes del pasado, con los muertos.”.
Nuestros muertos están vivos: Los Mártires de Chicago, de Cananea y Río Blanco, Don Serapio Rendón, Esther Torres y su hermana nachita, Heriberto Jara, Esteban Baca Calderón, el General Múgica y tanto otros que abrazaron la causa social del sindicalismo y nos heredaron los derechos sociales y laborales. Esos hombres, mujeres, niños y ancianos de abajo vivirán en nuestra Memoria Histórica mientras los recordemos y sigamos defendiendo su causa social.
¡Arriba los de Abajo!
Muchas gracias por su atención.

 

[1] Texto leído el 22 de octubre de 2012, en el Centenario de la Fundación de la Casa del Obrero Mundial, Centro Cultural Universitario, Morelia, Michoacán de Ocampo, México. Texto corregido y aumentado. Para efectos de la charla se anulan las constantes referencias. Estudiante de Maestría en Historia Regional por la UMSNH. Profesor de Educación Sindical en el Centro de Capacitación para el Trabajo “Vicente Lombardo Toledano” del SUEUM. Promotor cultural e investigador laboral. Correo: rjlescas@gmail.com blog: rjlescas.blogspot