La niña

Schachter, Silvio

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una niña de 11 años, violada y embarazada, no puede abortar,  el tema paulatinamente abandona el espacio mediático, se olvida, los poderes instituidos y facticos imponen su lógica. La sociedad puede metabolizar casi todo.
 
”Una vez que la niña tuvo su primera ovulación tiene las condiciones físicas para sostener el embarazo. La naturaleza es sabia, una vez que tiene su primera menstruación el cuerpo está preparado" Hugo Cettour, ministro de Salud de Entre Ríos
El director del Hospital Masvernat de Concordia informó al juez que ella tiene las condiciones físicas necesarias para parir sin riesgo.
El juez de Menores de Concordia, Raúl Tomasselli en flagrante abuso de poder intimido, presiono y manipulo a la madre de la niña para que retire el pedido de la interrupción del embarazo. 

Estos talibanes  entrerrianos conjuraron con los mismos actores de siempre, iglesias, grupos conservadores, médicos, ministerios. En 2007, en Entre Ríos, el aborto a una joven discapacitada violada se  tuvo que hacer en otra provincia porque los médicos plantearon objeción de conciencia. El gobierno kirchnerista de Sergio Urribarri no tuvo pudor en ignorar la ley argentina, que   en su artículo 86 del Código Penal, tipifica claramente en qué casos se puede realizar la interrupción del embarazo y   además violar las leyes 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y la 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar las violencias Contra las Mujeres. Solidario el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, evito que ningún funcionario nacional emitiera declaraciones sobre el caso. No extraña   entonces la  decisión de Cristina Kirchner de no dar rango de resolución a la Guía Técnica de Atención Integral de los Abortos No Punibles, creada por el propio ministerio de Salud

Politicos, diputados, senadores, siempre distraídos con los temas quemantes, siguen ocupados contándonos que libro están leyendo, cuál es  su bebida de verano o si prefieren la playa a la montaña para pasar sus vacaciones.
La provincia mesopotámica no es una isla medioeval. El listado es extenso: C.C.A., en Mendoza (2006); V.O., en Mar del Plata (2007); M.F.C, en Paraná (2007); Ana María Acevedo, en Santa Fe (2007); una nena de 12 años y otra de 13 años, en Mendoza (2008); G.N.R., en Bahía Blanca (2008); una niña de 12 años en Viedma, Río Negro (2009); A.G. y María, en Comodoro Rivadavia, Chubut (2010); una niña de 12 años, en Adrogué, provincia de Buenos Aires (2010); T.N., en El Bolsón, Río Negro (2010); L.G.S, en Rawson, Chubut (2011); una niña de 14 años en Posadas (2011), entre otras mujeres, la mayoría niñas y adolescentes, algunas con discapacidad mental, que tuvieron que batallar en tribunales en los últimos años, luego de chocar con la negativa de un hospital a realizarles un aborto no punible.
A 30 años del fin de la dictadura y cuando se inicia el tercer mandato kirchnerista, ya no se puede hablar de asignatura pendiente,  si vemos con qué rapidez se resuelven las leyes exigidas por los centros de poder internacional, como la ley antiterrorista, lo inocultable es que decididamente se está en contra de resolver un derecho democrático,  decidir sobre nuestros cuerpos y no morir en abortos clandestinos.
 
Ella pide “volver a ser como antes”, seguir siendo niña. Imaginemos a esta criatura en una sala de parto, con su cuerpito infantil, con sus pechos aun  sin desarrollar, ni  vello en su pubis, obligada a un embarazo que no eligió y a quien le imponen ser madre,  a quien no solo se le roba la niñez y la adolescencia sino la posibilidad de madurar eligiendo con autonomía  como desea vivir
El Estado que debería protegerla, la somete a una segunda violación. Se apropia de su cuerpo, decide que es una incubadora, un contendor despersonalizado y que debe  parir aunque en ello le vaya su salud psicofísica o la vida misma. El Estado al igual que los fanáticos de la monarquía feudal  llamada iglesia, la corporación pedófila responsable de la mayor cantidad de crímenes de la historia,  se suma al patético club de los defensores del embrión.
 
La hipocresía de los tutores de la moral es inagotable,  si cualquiera de los gobernadores, médicos, jueces, ministros, tuviera una hija de esa edad a la que le ocurriera lo mismo, sus objeciones de conciencia terminarían  inmediatamente, recurrirían a un profesional para practicarles un aborto seguro en una clínica privada y el caso por supuesto nunca  hubiese soportado el peso de ser expuesto públicamente.  Derecho que no se le concedió a esta familia. La pobreza no tiene estos privilegios.
Es hora de ser intolerante con la intolerancia, con el oscurantismo, el abuso de poder,  la ignorancia y la cobardía social.  La salud y la educación pública, los derechos ciudadanos no son temas de religión, mitología o superchería, ni deben ser objeto de manipulación de políticos y funcionarios oportunistas.
Aún es tiempo para actuar por esta niña y por otras muchas niñas, educación sexual para no abortar, aborto seguro para no morir.