Trabajo concreto y valor de uso ¿Ontología o especificidad histórica?

García Vela, Alfonso Galileo

Este artículo busca explicar las implicaciones teóricas y prácticas de suponer que las categorías de trabajo concreto y valor de uso contienen o involucran la existencia de algún tipo de esencia humana trans-histórica o forma natural con carácter ontológico, esto con la finalidad de superar lo que pudiera entenderse como base ontológica de la dimensión concreta de la sociedad capitalista y reinterpretarla como históricamente específica. Los supuestos que pudieran surgir de ambas interpretaciones son centrales para conocer la naturaleza del trabajo en el capitalismo con implicaciones determinantes en la lucha contra el capital, asimismo niegan o abren la posibilidad de (re)pensar una teoría de la organización revolucionaria.

Comenzaremos analizando la condición necesaria que lleva a pensar que el trabajo concreto y el valor de uso implican algún tipo de esencia con carácter ontológico. El punto de partida de la crítica a la economía política es la mercancía simple, como forma elemental del capital. Marx parece indicar que el trabajo concreto contenido en ella tiene atributos de esencia trans-histórica y supra-étnica[1] y su valor de uso constituye la forma natural de las cosas. Marx (2001) plantea que “los valores de uso forman el contenido material de la riqueza, cualquiera que sea la forma social de esta” (pág. 4) y señala que como trabajo concreto, el trabajo es 
 
condición de vida del hombre y condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza ni por consiguiente la vida humana. (Marx, 2001: 10)
 

Asimismo, en la mercancía simple la relación entre trabajo concreto y trabajo abstracto así como la relación entre valor de uso y valor parece desarrollarse sólo a través del antagonismo, ya que el trabajo abstracto es siempre negación del trabajo concreto y el valor negación del valor de uso. “Como valores de uso, las mercancías representan, ante todo, cualidades distintas; como valores de cambio, sólo se distinguen por su cantidad: no encierran, por tanto, ni un átomo de valor de uso. (Marx, 2001: 5) De igual forma Marx (2001) señala que en las mercancías como valores el carácter concreto del trabajo contenido en ellas desaparece quedando reducido al mismo trabajo humano, al trabajo humano abstracto que es sustancia social del valor.

Esto puede interpretarse como escisión o ruptura permanente de dos sustancias antagónicas expresadas en la categoría trabajo, una histórica, la sustancia del valor (trabajo abstracto) y la otra, una sustancia que se interpreta como esencia trans-histórica (trabajo concreto). Es decir que la doble naturaleza del trabajo representado por la mercancía expresa la dominación o subordinación de la dimensión concreta, particular y material por la dimensión abstracta, general y homogénea. En esta lógica la dominación de lo concreto por lo abstracto produce la síntesis de la sociedad capitalista. En la mercancía simple la esencia humana y la forma natural entendidas como trabajo concreto y valor de uso se constituyen en un conflicto, en un antagonismo con la dimensión abstracta, representada por el trabajo abstracto y el valor.
Si se intenta aprender la naturaleza de la sociedad capitalista únicamente a través de la mercancía simple surge lo que Bolívar Echeverría (1998:156) ha llamado “el problema de la naturalidad de las formas sociales y las definiciones del valor de uso,” es decir que las categorías valor de uso y trabajo concreto de la teoría del valor de Marx implican la idea de una esencia trans-histórica y supra-étnica dominada y por tanto negada por el valor que se autovaloriza. Esta esencia sería el trasfondo de la crítica de Marx al capitalismo y el comunismo se entendería como la liberación de lo negado por la totalidad, esto sería la esencia (concreta) que constituye la forma social natural de la existencia humana que está sujeta a la tiranía del capital (Echeverria, 1998),[2] esto es problemático en dos sentidos.
Primero, toda esencia como fundamento unifica la realidad, la hace idéntica detrás del fenómeno y por lo tanto es totalizadora. Segundo, la totalidad no es simplemente unidad de lo diverso, la unificación es posible porque en su centro se encuentra un núcleo de poder y dominio que determina la forma de la realidad y la forma del concepto (Tischler, 2007). De esta forma la esencia humana liberada de lo abstracto (cuantitativo) implicaría la constitución de una nueva totalidad pero de tipo cualitativa, una totalidad desplegada a partir de lo particular-concreto (el individuo), esto resultaría en una nueva forma de dominación y no el reino de la libertad.
Si se piensa en principio al comunismo como la superación de la totalidad (ya sea cualitativa o cuantitativa), lo negado por la totalidad no tendría que producir otra totalidad. Entonces porqué las categorías de trabajo concreto y valor de uso comprendidas a partir de la mercancía simple parecen indicar que existe un tipo de esencia humana concreta dominada y negada por lo abstracto. En este trabajo se plantea que toda esencia trans-histórica y supra-étnica queda refutada cuando Marx analiza el proceso de producción de mercancías. En dicho proceso ya no se trata de la mercancía simple, en reposo y aislada, se trata de la mercancía en movimiento, en interacción con el trabajo vivo en proceso de creación de valor (plusvalor), que estructura la sociedad y por tanto es una dinámica histórica.
Marx (2009) plantea que es un error identificar a las formas elementales del capital como el dinero y la mercancía, en cuanto tales como capital, es decir que la mercancía y el dinero no son capital en y para sí. Por lo tanto no es posible comprender la naturaleza del capitalismo y su dinámica histórica únicamente a través de la mercancía simple. Además, Marx (2009) señala que la forma del capital dentro del proceso de producción reviste, como la mercancía, la forma doble de valor de uso y valor, pero en estas dos formas intervienen determinaciones adicionales más complejas que difieren de la mercancía simple considerada aisladamente (Marx, 2009: 7).
Visto desde la mercancía simple, el valor de uso es completamente indiferente para la determinación conceptual del valor. El carácter del valor es puramente social no entra en juego ni un átomo de materia natural (Marx, 2001 y 2009) y el valor de uso es únicamente el sustrato material del valor; por ejemplo un artículo destinado a ser mercancía y por lo tanto portador de valor debe satisfacer una necesidad y en consecuencia poseer una propiedad útil (Marx, 2009). Asimismo, desde la mercancía simple el trabajo concreto es la dimensión del trabajo asociada a una utilidad, no se le tiene en cuenta como elemento formador de valor, por tanto es indiferente para el trabajo humano abstracto. Pero en el proceso de producción de mercancías el valor de uso y el trabajo concreto reciben una nueva determinación; se convierten en fundamentales para el desarrollo de la relación económica (Marx, 2009), es decir para la creación de valor.
El proceso de producción de mercancías no es simplemente un conjunto de acciones orientadas a la transformación de materia prima en productos que se ofertan en el mercado. El análisis de Marx del proceso de producción busca fundamentar la dinámica histórica del capital que al reproducirse a si mismo transforma gran parte de la vida social (Postone, 2006). La categoría de capital de Marx se refiere a “una estructura dinámica y contradictoria de relaciones sociales alienadas constituidas por el trabajo” (Postone, 2006: 399).
El proceso de producción de mercancías, que se caracteriza por ser al mismo tiempo un proceso de creación de valor y una dinámica histórica, es central para comprender retrospectivamente la verdadera naturaleza del trabajo concreto y el valor de uso que en principio fueron explicados por Marx a partir de la mercancía simple. El resultado del proceso de producción capitalista es la mercancía como producto terminado y expulsado como elemento aislado, pero que presupone toda una dinámica de formación que queda borrada al objetivarse. El proceso de producción de mercancías implica nuevas determinaciones para el trabajo concreto y el valor de uso, que como producto aislado o en relación con otros productos no se manifiestan. ¿Cuáles son estas nuevas determinaciones?
Marx (2009) señala que el objetivo primordial, el fin determinante, el interés impulsor y el resultado final del proceso de producción capitalista es la producción de plusvalor, y todo el proceso inicia con el dinero destinado a valorizarse y que es ya en potencia capital. El dinero como capital adelantado en la esfera de la circulación se transforma en los factores del proceso de producción que se divide en medios de producción y capacidad obrera de trabajo ambos son capital en diferente forma y revisten la forma doble de valor de uso y valor.
Los medios de producción se dividen a su vez en materia prima y medios de trabajo (instrumentos y maquinaria), ambos son mercancías que entran al proceso de producción como unidad de valores de uso y valores. La materia prima en su dimensión de valor de uso será transformada por la capacidad obrera de trabajo orientada a un fin (trabajo concreto) en nuevos valores de uso con ayuda de los medios de trabajo que se desgastan gradualmente en el proceso. Aquí aparece una nueva determinación del valor de uso. Marx (2009) señala que en la mercancía el valor de uso es un objeto dado con propiedades determinadas; ahora, en el proceso de producción es transformación de cosas, de valores de uso, que operan como materia prima y medios de trabajo, donde el resultado es un valor de uso en forma modificada.
El producto o valor de uso modificado es transformado por intermedio del trabajo vivo orientado a un fin. Pero producir valores de uso no es la única tarea del trabajo concreto en el proceso de producción. Tanto la materia prima como los medios de trabajo tienen un valor contenido en ellos que es trabajo pretérito; éste debe ser conservado y por tanto transferido al producto terminado. “El obrero no puede incorporar nuevo trabajo, ni por tanto crear valor, sin conservar los valores ya creados” (Marx, 2001:156).
Marx (2001) explica que el valor de los medios de producción desgastados es conservado únicamente por el carácter útil concreto del trabajo, por la forma específica productiva del trabajo que se incorpora y no por su carácter abstracto. A este valor transferido que permanece constante de inicio a fin, Marx lo llama capital constante. De esta forma el trabajo concreto adquiere una nueva determinación, la de transferir valor de una mercancía a otra en el proceso de producción, lo cual no implica un doble trabajo para el obrero, por un lado transferir valor y por otro crear valor. De acuerdo a Marx (2001), el obrero conserva valor añadiendo valor; ésta es la clave para comprender la simultánea coexistencia dialéctica del trabajo concreto y el trabajo abstracto y así pensarlos como unidad sintética históricamente determinada. Es muy importante mencionar esto, ya que cuando Marx analiza el trabajo concreto y el trabajo abstracto en la mercancía simple pareciera que hablara únicamente de dos sustancias antagónicas que constituyen el trabajo en el capitalismo, incluso pareciera que fueran dos tipos de trabajo que en potencia se pudieran realizar independientes el uno del otro.
Por ejemplo, si una persona produce para el autoconsumo, el producto de su trabajo no será vendido en el mercado, esto puede llevar erróneamente a pensar que el producto es libre del valor y en consecuencia no se realizó trabajo abstracto. Así, el producto para el autoconsumo es únicamente un valor de uso creado por un trabajo útil, en consecuencia lo concreto ha sido liberado de lo abstracto. En esta lógica la conclusión sería que al potenciar la forma natural se libera la esencia humana prisionera del valor.
Qué sucede realmente, aunque el productor destinara su producto para su consumo y no lo vendiera, en la materia prima y herramientas que utilizó para la producción y que forzosamente tuvo que adquirir como mercancías siempre existirá valor que es trabajo pretérito contenido en los medios de producción y destinado a conservarse al ser trasferido por el trabajo concreto al producto final como capital constante. El trabajo efectuado en el producto para autoconsumo no produce plusvalor (es trabajo improductivo) pero sí trasfiere el valor de los medios de producción que es trabajo humano abstracto pretérito inseparable del trabajo concreto que como unidad sintética implica la totalidad.
La producción para el autoconsumo se puede considerar como una forma de resistencia dentro de la misma forma valor, pero ésta no fragmenta la totalidad, la forma valor existe aunque el producto no se destine a la venta. Esta forma de resistencia no se enfrenta a la totalidad de manera directa, es a veces individual y subyacente; la producción para el autoconsumo puede servir como apoyo a una comunidad u organización política o social que desafía de manera concentrada, abierta y directa la violencia y dominación capitalista, pero de ninguna manera puede sustituir a la lucha organizada como forma de enfrentar la totalidad.
La categoría de capital constante es importante para comprender la dinámica del valor, la unidad sintética del trabajo y además permite comprender al valor como categoría de totalidad dinámica y no como categoría de inmediatez.[3] La unidad del trabajo Marx la clarifica en el capítulo VI inédito del Capital, señala que: 
 
el proceso de producción puede analizarse desde dos puntos de vista diferentes, 1) como proceso de trabajo, 2) como proceso de valorización, ello implica que aquél es tan solo un proceso único de trabajo indivisible. No se trabaja dos veces, una para crear un producto utilizable, un valor de uso, para transformar los medios de producción en productos; la otra, para crear valor y plusvalía, para valorizar el valor. (Marx, 2009: 21)
 
A partir del proceso de producción de mercancías se ha explicado cómo el trabajo concreto y el valor de uso se relacionan con el trabajo abstracto y valor, no sólo de forma antagónica sino que en coexistencia simultánea y dialéctica. El valor de uso ya no es simplemente un sustrato material con propiedades determinadas y constantes, ahora es transformación de cosas con el objetivo de crear valor. La idea de cambio en el tiempo que involucra la transformación es opuesta a la idea de una forma natural trans-histórica.
Asimismo, cualquier tipo de habilidad humana que en principio podría parecer como esencia humana ontológica contenida en el trabajo concreto queda inmersa en la dinámica histórica del capital; el trabajo concreto en el proceso de producción transfiere valor, lo cual hace posible la creación de valor. Por lo tanto, cualquier factor subjetivo presupuesto como esencia humana queda mediado por la historia y se convierte en atributos del capital.[4] La dinámica histórica de la sociedad capitalista involucra una dinámica tanto en la dimensión concreta como en la dimensión abstracta que socava cualquier idea sobre una esencia humana trans-histórica o forma natural contenidos en el trabajo concreto o el valor de uso.
La interpretación de una base ontológica contenida en la dimensión concreta se puede explicar desde la perspectiva del fetichismo de la mercancía. Moishe Postone (2001) plantea que el fetichismo no solo consiste en ocultar el carácter social e histórico de la dimensión abstracta del capitalismo como sucede en el pensamiento burgués, existe además un fetiche de lo concreto. Este surge al hacer de la dimensión concreta del capitalismo una hipóstasis trans-histórica, lo cual lleva a comprender el capitalismo únicamente por su dimensión abstracta (valor y dinero).
Postone (2001) señala que al exteriorizarse el doble carácter de la mercancía el valor se objetiva como dinero y el valor de uso como mercancía. El dinero (forma fenoménica del valor) se presenta como único emplazamiento del valor de la mercancía, por lo tanto, las relaciones sociales capitalistas solo parecen encontrar su expresión en la dimensión abstracta, mientras que la dimensión concreta objetivada como mercancía (forma fenoménica del valor de uso) aparece como lo natural u ontológicamente humano que se situaría fuera de la especificidad del capitalismo. Así, en la objetivación del doble carácter de la mercancía surge una antinomia entre lo abstracto y lo concreto, lo abstracto se opone a la naturaleza material de lo concreto. Postone (2001) plantea que uno de los aspectos del fetiche es que las relaciones sociales capitalistas no se manifiestan como tales, se presentan en forma antinómica como oposición de lo abstracto y lo concreto. El hecho de que el trabajo concreto, al igual que el trabajo abstracto, encarne en sí mismo las relaciones sociales capitalistas de las que está materialmente formado no se percibe (Postone, 2001).
Es muy probable que en El Capital, Marx se refiriera al trabajo concreto y al valor de uso como condiciones naturales independiente de todas las formas de sociedad por motivos explicativos, ya que éste no era un libro dirigido a los intelectuales, sino a la clase obrera, por eso necesitaba explicar más claramente las categorías fundamentales de la teoría del valor y no definía ningún tipo de esencia humana trans-histórica o forma natural contenidas en el trabajo concreto y el valor de uso, puesto que sólo en la dinámica histórica del capital tienen sentido estas categorías, no surgen como problema teórico en sociedades precapitalistas.[5]
(Re)pensar una teoría de la organización revolucionaria es posible únicamente al superar la antinomia entre lo particular-concreto y lo socialmente abstracto y homogéneo, ya que desde esta antinomia toda forma de organización es reproducción de la abstracción, homogenización y dominación propias de la dimensión abstracta del capital. La única posibilidad de lucha contra el capitalismo sería negar lo abstracto y partir de lo particular-concreto que es donde se encuentra lo esencialmente humano. He buscado demostrar que esta interpretación queda refutada cuando Marx analiza el proceso de valorización en el cual lo concreto queda inmerso y determinado por la dinámica histórica. Lo que planteo a partir del análisis del proceso de producción de mercancías es que el trabajo concreto y el trabajo abstracto forman una unidad sintética[6] indivisible expresada en la categoría trabajo, que es el fundamento histórico de las relaciones sociales capitalistas, es decir unidad fundante-unificante que constituye la totalidad de forma violenta[7] y antagónica que a la vez produce y reproduce.
La unidad entre el trabajo abstracto y el trabajo concreto no es una composición extrínseca entre dos sustancias antagónicas e independientes una frente a la otra[8], es una unidad en simultánea coexistencia dialéctica que acaece en una síntesis,[9] que Marx (2001) explica como la doble naturaleza del trabajo. En el proceso de producción de mercancías, que es unidad entre proceso de producción y un proceso de creación de valor, “el obrero conserva valor añadiendo valor” (Marx, 2001: 156), esto significa que el trabajo concreto y el trabajo abstracto, que son antagónicos, se implican mutuamente; existe un condicionamiento recíproco entre ambos en el proceso de producción de mercancías, lo abstracto se hace concreto y lo concreto se hace abstracto.
La categoría trabajo expresa la unidad en oposición, la unidad de los contrapuestos, la unidad de la diferencia que acontece en una síntesis a priori[10] que se constituye como generalidad, como esencia histórica que unifica la realidad detrás del fenómeno de la objetivación, el trabajo sintetiza lo múltiple en una totalidad. Al objetivarse el trabajo en mercancía la unidad-sintética desaparece y emerge la escisión y oposición entre lo abstracto (el dinero) y lo concreto (la mercancía como valor de uso), pero detrás de esto subyace una interacción dinámica entre las dos dimensiones del trabajo determinado por la mercancía (Postone, 2006).
Marx (2001:73) en El Capital señala que: 
 
cuando cosas por dentro forman una unidad, puesto que se completan recíprocamente, revisten al exterior una forma de independencia, y esta se agudiza hasta llegar a un cierto grado, la unidad se abre paso violentamente por medio de una crisis. La antítesis que lleva implícita la mercancía, de valor de uso y valor, de trabajo privado, que se ve al mismo tiempo obligado a funcionar como trabajo directamente social; de trabajo determinado y concreto, cotizado a la par como trabajo general abstracto; de personificación de la cosas y materialización de las personas, esta contradicción inmanente, asume sus formas dinámicas más completas en los antagonismos de la metamorfosis de las mercancías.
 
El trabajo concreto y el trabajo abstracto forman una unidad al completarse recíprocamente, ambos coexisten en un único acto del obrero en el proceso de creación de valor, pero la unidad contradictoria al objetivarse reviste la forma de independencia y se abre paso violentamente a través de la crisis. Esto implica la crisis de la totalidad, ya que la totalidad no es una unidad no contradictoria y homogénea, es por el contrario intrínsecamente antagónica.
La comprensión de la categoría trabajo como unidad sintética históricamente determinada rompe con la antinomia entre lo abstracto y lo concreto, entre lo particular y lo social y abre la posibilidad de pensar en una teoría de la lucha que apunte a una organización revolucionaria. Finalmente, considero que el trasfondo de la crítica de Marx al capitalismo no es una esencia humana trans-histórica y supra-étnica que en potencia se podría liberar del valor o potenciar como momento no capitalista. La especificidad histórica del trabajo y su doble naturaleza se aclara cuando Marx pone la mercancía en movimiento, como valor que se valoriza. Quizá el trasfondo de la crítica de Marx en El Capital es la humanidad misma que es negada por el trabajo en el capitalismo.
 
 
Bibliografía
Colletti, Lucio, El marxismo y Hegel, Editorial Grijalbo, México, 1980.
Echeverría, Bolivar, Valor de uso y utopía, Siglo XXI editores, México, 1998.
Garaudy, Roger, El pensamiento de Hegel, Seix Barral, España,1974.
Marcuse, Herbert, Ontología de Hegel y teoría de la historicidad, Ediciones Martínez Roca, España, 1970.
Marx, Carlos, El Capital, Tomo I, Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
-, El Capital Libro I Capítulo VI (inédito), Siglo XXI editores, México, 2009.
Postone, Moishe, Tiempo, trabajo y dominación social, Marcial Pons, España, 2006.
 -, “La lógica del antisemitismo”. En: La crisis del Estado-Nación, Alikornio ediciones, España, 2001.
Stichler, Gottfried, Hegel y los orígenes de la dialéctica, Editorial Ciencia Nueva, Berlín, 1964.
Tischler, Sergio, “Adorno: La cárcel conceptual del sujeto, el fetichismo de lo político y la lucha de clases”. En: Negatividad y Revolución, Ediciones Herramienta y Universidad Autónoma de Puebla, Argentina, 2007.
-, “Negatividad social y rebeldía política. Notas sobre teoría crítica, valor de uso y sujeto”. En: Los movimientos sociales del siglo XXI, diálogos sobre el poder, Fundación Editorial el Perro y la Rana, Caracas, 2008.
-, El quiebre de la subjetividad de la forma estado y los movimiento de insubordinación, manuscrito presentado para publicación, 2010.


Trabajo enviado por el autor para su publicación en Herramienta.

[1] Los términos trans-histórico y supra-étnicos asociados a la forma natural del valor de uso los plantea Bolivar Echeverria en el libro Valor de Uso y Utopía.
[2] Bolívar Echeverría (1998: 156) plantea que el discurso de Marx hace referencia a una estructura esencial trans-histórica y supra-étnica y que la reconstrucción de ese contenido y su efectividad crítica para el presente es posible, en este artículo se difiere de este planteamiento.
[3] Sergio Tischler (2010) y Moshe Postone (2006) han planteado que las categorías de trabajo concreto, trabajo abstracto y valor son categorías de totalidad y no de inmediatez.
[4] A partir de los permanentes cambios de la productividad asociados a la producción de plusvalor relativo Moishe Postone (2006) ha buscado demostrar qué aspectos presupuestos como esencialmente humanos se convierten en atributos del capital.
[5] Bolívar Echeverría (1998: 156) plantea que “el problema de la naturalidad de las formas sociales y las definiciones de valor de uso sólo aparece de manera enfática en la vida real cuando el desarrollo del capitalismo hace estallar en todas partes los milenarios equilibrios locales entre el sistema de las necesidades de consumo y el de las capacidades de producción.”
[6] Sobre la unidad sintético-originaria del sujeto-objeto como fundamento último de la existencia en la ontología de Hegel ver Marcuse (1970). Lo que planteo en este artículo es que la categoría trabajo, en su doble naturaleza, tiene atributos de unidad sintética pero no en sentido ontológico, es al contrario una característica históricamente específica del trabajo en el capitalismo. 
[7] Sergio Tischler (2008) plantea que el concepto de totalidad implica violencia en la unificación y subsunción de lo múltiple, en este trabajo se retoma esta idea para comprender la totalidad no simplemente como unidad de lo diverso, sino como unidad que se constituye de forma violenta por una esencia histórica que es el trabajo en su doble carácter.
[8] Sobre la unidad en contradicción de categorías en la filosofía de Hegel ver Colletti (1980). Por ejemplo, Colletti (1980) señala que la contradicción finito-infinito, Hegel la desarrolla como unidad en contradicción y no como composición extrínseca o términos en sí separados, opuestos, independientes uno frente al otro y además incompatibles. Mi propuesta toma esta idea para comprender la unidad-en-contradicción del trabajo abstracto y el trabajo concreto expresada en la categoría trabajo. Postone (2006) plantea que las categorías fundamentales de la teoría del valor tienen atributos de categorías filosóficas, lo cual no significa que Marx piense las categorías sociales en términos filosóficos. De acuerdo a Postone (2006: 222) “Marx trata a las categorías filosóficas en función de los atributos peculiares de las formas sociales que analiza”. Siguiendo el argumento de Postone, se podría plantear que Hegel pensó las categorías sociales de modo hipostasiado como categorías filosóficas.
[9] Sobre la síntesis y la simultánea coexistencia dialéctica de las categorías en la filosofía de Hegel ver Colletti (1980), Garaudy (1974) y Marcuse (1970).
[10] Sobre la síntesis y la unidad sintética a priori de las categorías hegelianas ver Stichler (1964) y Marcuse (1970). Mi propuesta toma estas ideas para comprender la unidad-en-contradicción del trabajo abstracto y el trabajo concreto expresada en la categoría trabajo.