Reificación y organización política en Historia y conciencia de clase

El  objetivo de este trabajo no es disertar sobre lo que Lukács “realmente dijo”en Historia y conciencia de clase. Nuestra  intención es simplemente buscar una presentación sintética de algunas ideas del libro con el propósito de formular preguntas, cuestionar la validez de algunas afirmaciones y, principalmente, intentar confrontar algunas verdades contingentes del período en que el libro fue pensado con los dilemas actuales. Destacaremos el problema de la organización política.
 
Pensar la altura de un gran acontecimiento
 
El libro Historia y conciencia de clase (HCC) de Georg Lukács no puede ser entendido sin tener en cuenta la revolución rusa de 1917. Su riqueza y sus contradicciones están inmediatamente vinculadas a ese gran acontecimiento.
Sólo para ilustrar la manera en que impactó y conmocionó la revolución  rusa al pensador húngaro, recordemos su texto “El  bolchevismo como problema moral” publicado en diciembre de 1918 por Pensamiento Libre (Szabad Godolat), órgano del Círculo de Galileu. Se trata de un texto anti-bolchevique, aunque de carácter transitorio, pues pocos días después Lukács adhiere al Partido Comunista Húngaro.
Él no cuestiona la necesidad de la revolución, ni las condiciones objetivas para que se realice, lo que está en juego es la decisión del Partido. Dice el autor:

“Los bolcheviques después de la victoria retiran del nombre del programa de su partido inclusive el término democracia, y se declaran simplemente comunistas. La posibilidad misma de colocar el problema ético pasa a depender de la manera por la cual se decide si la democracia hace parte tan sólo de la táctica del socialismo (como instrumento de combate para el período en que es minoritario, mientras lucha contra el terror legalizado e ilegal de las clases opresoras), o si es parte integrante de él, de modo tal que sea imposible suprimirla sin que antes sean dilucidadas todas sus consecuencias éticas e históricas”.[2]
 
Habría, para el Lukács de esa época, una división en el pensamiento de Marx: análisis sociológico (lucha de clases) y filosofía de la historia (socialismo como programa ético). Estos no serían productos del mismo camino conceptual. Siendo así, la lucha de clases no podría ser más que una condición previa, un factor negativo. La liberación sería un movimiento de la astucia de la razón, porque ese deseo y ese querer un mundo nuevo haría del proletariado la clase mesías de la historia del mundo.
Aquí, el socialismo aparece como un programa ético (deseo) para un nuevo mundo separado de la realidad empírica. La lucha de clases no contendría en sí un nuevo orden, sino que sólo modificaría la estructura de clase, transformando el antiguo oprimido en opresor. Siendo así, la revolución rusa sería un momento de decisión en el que nace el dilema ético. O se asumía la ocasión para realizar el objetivo, o se caía en el terreno del terror y de la opresión.
 
“El dilema ético deviene del hecho de que cada actitud contiene en sí misma la posibilidad de crímenes monstruosos y de errores inconmensurables, pero que deberán ser asumidos con plena conciencia y responsabilidad por aquellos que se sientan obligados a elegir”.[3]
 
Sin extendernos mucho en el análisis de ese texto, es interesante notar el impacto de la revolución en Lukács. Impacto capaz de tornarlo militante de una organización política (PC Húngaro), de modificar radicalmente su lectura de Marx y su análisis de la revolución rusa. HCC expresa ese cambio: la clase obrera que ya aparecía como la portadora de la redención social de la humanidad, será vista en otra dinámica; el socialismo no aparecerá más como un ideal que trasciende la realidad social, al contrario, Lukács criticará a aquellos que separan los medios de los fines (ser y deber-ser); el Partido Bolchevique pasará a ser justificado (alianzas, tácticas, etc.), el problema de la violencia se tornará un problema histórico-filosófico y la fundamentación ética del socialismo será el aspecto subjetivo de la ausencia de la categoría de totalidad.
Pero decir que HCC es una nueva fase de la evolución política de Lukács no nos ayuda mucho, toda vez que hay cambios de perspectiva y análisis dentro de la propia obra en cuestión, por ejemplo, el problema de la organización política. El asunto es tratado de forma densa en “Observaciones metodológicas sobre la cuestión de la organización” último texto de la obra. Recordemos que sólo ese y “La reificación y la conciencia del proletariado” fueron escritos especialmente para este libro, el resto son trabajos de circunstancia que nacieron en medio del trabajo partidario.
Aunque el autor nos alerte de que la reunión de esos artículos no pretende atribuirles una importancia mayor de la que tendrían aisladamente, creo que podemos entender el texto sobre la organización política en virtud de la reificación de la sociedad. Y, pensando en los dos problemas conjuntamente, tendríamos, más que una polarización excluyente de un Lukács “luxemburguista” de los seis primeros textos versus un Lukács “leninista” de los dos últimos textos, dos caminos para una misma estrategia, o sea, la revolución socialista y la des-reificación de la sociedad dividida en clases. Ocurre que uno fue históricamente derrotado (socialdemocracia alemana) y, el otro, lejos de llevar al socialismo, fue una revolución proletaria victoriosa, y eso tuvo un peso decisivo en la teoría lukácsiana.[4]
 
Conciencia de clase como posibilidad objetiva
 
El proletariado es el sujeto revolucionario porque vive la explotación capitalista y es capaz de revolucionarla. Él es sujeto y objeto del engranaje capitalista y, por lo tanto, ve desde el punto de vista de la totalidad. El materialismo histórico es el álgebra de la revolución  porque establece la relación de los actores históricos con la sociedad en cuanto totalidad, pues es una teoría que surge de la dinámica histórica al mismo tiempo que influye en ella.[5] Eso significa que el marxismo es el desarrollo teórico de una praxis social y al mismo tiempo busca superarla.
Para el proletariado el desarrollo del capitalismo significa: expropiación de los medios de producción y el monopolio de ellos por parte de la burguesía, desarraigo y destrucción de los vínculos sociales comunitarios, fragmentación del proceso de producción y del sujeto en la división social del trabajo, atomización de los individuos en la disputa por un lugar en el mercado de trabajo, etc. Y en esos términos el proletariado es objeto del proceso de valorización del capital.
Mas ¿el proletariado es simplemente objeto de explotación, una clase moderna de esclavos industriales que periódicamente explotan en revueltas sin salidas?
Desde el punto de vista del capital el proletario aparece como fuerza de trabajo en oferta. Su explotación (su uso) es determinada como en toda mercadería, por el usuario. Su valor de cambio, el salario, es definido por las leyes del mercado y por el costo de su reproducción. No obstante, como Marx escribió, la realidad histórica demuestra que tanto el valor de uso como el valor de cambio de la fuerza de trabajo son objetivamente indeterminados, pues dependen de la lucha del proletariado (lucha por la reducción de la jornada de trabajo y por el aumento de salarios, por ejemplo).
Y aquí es importante resaltar la importancia de la historia para la teoría marxiana que Lukács percibió muy bien. El proletariado nace en la sociedad capitalista, se encuentra en ella, hace que ella funcione y, por lo tanto, su emancipación es inherente al proceso histórico desencadenado por la burguesía a partir del siglo XVIII.[6] El papel del materialismo histórico es desnaturalizar el desarrollo de esa sociedad y buscar comprender su fuerza motriz, o sea, la lucha de clases (desde el inicio de su historia el proletariado lucha contra el capital, lucha no sólo contra la miseria y contra la explotación, pues sus reivindicaciones afectan la producción y la posibilidad de valorización del capital). Ellos se hacen socialistas y adquieren conciencia de clase en sus luchas contra el capital.
 
“Pero, aunque la conciencia de clase no tenga realidad psicológica, ella no es mera ficción. El camino infinitamente penoso y lleno de reveses de la revolución proletaria, su eterno retorno al punto de partida, su autocrítica constante, de la cual habla Marx en el célebre pasaje del Dieciocho brumario, encuentra su explicación justamente en la realidad de esa conciencia.
Solamente la conciencia del proletariado puede mostrar la salida para la crisis del capitalismo. En cuanto no exista esa conciencia, la crisis será permanente, retornará a su punto de partida, repetirá esa situación hasta que, finalmente, después de  infinitos sufrimientos y terribles atajos, la lección pedagógica de la historia concluye el proceso de la conciencia en el proletariado y le coloca en las manos la conducción de la historia. En ese momento, el proletariado no tiene elección. Él tiene que tornarse una clase, como dice Marx, no solamente “en relación al capital” si no “para sí mismo”; esto es, elevar la necesidad económica de su clase al nivel de una voluntad consciente, de una conciencia activa”.[7]
 
Teniendo eso en cuenta, Lukács enfatiza que el proceso revolucionario del proletariado, al contrario de aquellos de los períodos pre-capitalistas, será un proceso consciente y que la liberación del proletariado sólo puede ser obra del propio proletariado, o sea, una auto-emancipación.
 
Reificación de la sociedad
 
Ahora bien, si es cierto que la verdadera conciencia de clase nace del desarrollo del proletariado en el interior de la sociedad capitalista también es cierto que el proletariado bajo todas las formas es obligado a ceder frente a la fuerza del capital.
Como producto del capitalismo, el proletariado está necesariamente sometido a las formas de existencia de su productor. “Esa forma de existencia es la inhumanidad, la reificación”.[8] Lukács, para demostrar esa sumisión del proletariado en la sociedad capitalista reificada amplía el concepto de fetichismo de la mercancía.
 
“Lo realmente importante es que el momento dialéctico del reconocimiento del mundo de las mercancías le revela a Lukács que la cosificación no es sólo el problema central de la economía, sino también “el problema estructural central de la sociedad capitalista en todas sus manifestaciones vitales”.[9]
 
En otras palabras, el fetichismo de la mercancía es interpretado como forma de objetividad de la sociedad capitalista. Sólo  que, más que eso, el fetichismo de la mercancía es también estructura de conciencia de la época histórica productora de mercaderías.
 
“Y es justamente esa interpretación del texto de Marx lo que permite a Lukács detectar la presencia de un mismo principio gobernando tanto la división del trabajo en los moldes capitalistas como el funcionamiento de la ciencia, realizando con eso el pasaje entre base económica y superestructura ideológica prometida por su investigación de las “formas de objetividad” capitalista: “Con la especialización de la actividad se pierde toda imagen del todo. Y dado que la necesidad de una comprensión del todo que al menos sea cognoscible no puede desaparecer, surge la impresión y la objeción de que la ciencia – que también trabaja de esa manera, o sea, que también permanece en esa inmediatez – habría hecho pedazos la totalidad de la realidad, habría perdido la mirada para el todo por fuerza de su especialización”.[10]
 
El análisis de Lukács sigue demostrando que la lógica de la abstracción del trabajo que se corporiza en las mercaderías se generaliza y afecta la conciencia filosófica y las ciencias burguesas. Ciencias naturales, Historia, Filosofía, Sociología, Derecho, Periodismo... Lukács en un análisis consistente demuestra que la especialización/fragmentación del conocimiento retira toda posibilidad de comprensión de la totalidad. Por lo tanto, las ciencias son otro obstáculo para la posibilidad objetiva de la conciencia de clase revolucionaria.
Otro punto importante a ser anotado es: Lukács funde la categoría de Marx de trabajo abstracto con la categoría de Weber de racionalización (que se apoya en la cuantificación y en la posibilidad del cálculo).
 
“Y Lukács lo afirma no sin pensar en las consecuencias de eso para “el sujeto y el objeto del proceso económico”: no sólo la racionalización es impensable sin la especialización, como el “producto unitario en cuanto objeto del proceso de trabajo desaparece” y “la unidad del producto en cuanto mercadería ya no coincide con la unidad en cuanto valor de uso”; por su vez, ese desgarramiento del objeto de la producción significa “al mismo tiempo, necesariamente, el desgarramiento de su sujeto”.[11]
 
En fin, Lukács expone los innumerables obstáculos que el proletariado necesariamente tiene que enfrentar para conquistar su liberación (y de toda la humanidad). Y, dado que la forma de vida reificada se generaliza y afecta a todas las esferas de la vida social, la lucha del proletariado es también una lucha contra sí mismo[12]. Mas ¿cómo tornar esa posibilidad objetiva una realidad? ¿Cómo se debe organizar el proletariado? ¿Es preciso esperar el levantamiento de las masas o crear un partido de vanguardia que dirija al proletariado rumbo a su “misión histórica”?
 
Organización obrera
 
Históricamente la lucha del proletariado contra el modo de producción capitalista se expresó en la creación de organizaciones políticas (sindicatos, partidos, consejos, soviets, etc.).  El éxito o fracaso de éstas dependen de la actividad de la clase obrera. Como dice Castoriadis: hablar de éxito es complicado toda vez que todas las revoluciones fueron vencidas y las organizaciones se degeneraron o cedieron demasiado espacio para el capital. Mas, al mismo tiempo, hablar de fracaso no significa resolver el problema de forma definitiva y decir que “va a ser siempre así”. Derrota de las revoluciones y degeneración de las organizaciones expresan, cada una a su nivel, un mismo hecho: la sociedad establecida sale provisoriamente victoriosa de su lucha contra el proletariado.[13]
Pero ¿qué significa esa “actividad de la clase”?
En los primeros textos de HCC, la actividad de la clase obrera aparece como algo inherente al modo de funcionamiento del capital. El proletariado es, al mismo tiempo, el producto de la crisis permanente del capitalismo y el ejecutor de las tendencias que impelen al capitalismo a la crisis. “Al reconocer su situación, reacciona. Al combatir al capitalismo, reconoce su situación en la sociedad”.[14]
 
“Sin embargo, en la unidad dialéctica de la teoría y de la praxis, que Marx reconoció y describió en la lucha emancipatoria del proletariado, no puede haber una simple conciencia, ni como “pura” teoría, ni como simple exigencia, como simple deber o norma de acción”. La exigencia también tiene su realidad. Esto es, el nivel del proceso histórico que imprime a la conciencia de clase del proletariado un carácter de exigencia, un carácter “latente y teórico”, debe transformarse en realidad correspondiente y, como tal, intervenir de manera activa en la totalidad del proceso. Esa forma de la conciencia de clase proletaria es el partido”.[15]
 
Lukács, apoyado en las concepciones de Rosa Luxemburgo, subraya el carácter espontáneo de las masas junto con la importancia del partido. El proletariado se constituye en el proceso y el partido es una consecuencia y no una condición previa del proceso revolucionario. En el momento de la revolución, el partido transforma su carácter de exigencia en realidad activa, “pues hará penetrar en el movimiento de masas espontáneo la verdad que le es inmanente, se elevará de la necesidad económica de su origen a la libertad de la acción consciente”.[16]
No obstante, Lukács modifica su formulación en el último texto de HCC “Observaciones metodológicas sobre la cuestión de la organización”. El autor se vio en la necesidad de pensar el problema, pues se trata de una de las cuestiones más importantes de la revolución, aunque poco elaborada a nivel teórico. Su fuente de inspiración es el Partido Bolchevique (y Lenin) y los blancos de sus críticas son: Rosa Luxemburgo, SDA, mencheviques y, principalmente, todas las tendencias oportunistas/reformistas. Si en la formulación anterior Lukács enfatizaba que el elemento político era algo intrínseco a la actividad de las masas y, por lo tanto, no cabía al partido ni provocar, ni evitar el proceso revolucionario. Aquí Lukács dice que la tarea del partido es dirigir políticamente todo el movimiento, pues “(...) La revolución rusa reveló los límites de las formas de organización propias de la Europa Occidental”.[17]
Lukács acusa a Rosa de haber quedado al lado de los mencheviques y de no haber comprendido las cuestiones de organización y alianza, incomprensión que fue fatal para todo el movimiento fuera de Rusia. De este modo, la idea del espontaneísmo como “la fuente de la verdadera actividad revolucionaria” se transforma en una “ilusión de una revolución orgánica puramente proletaria”. Escribe Lukács:
 
“En la lucha contra la doctrina oportunista y “orgánica” de la evolución, según la cual el proletariado conquistará gradualmente la mayoría de la población por medio de un lento crecimiento y así tomará el poder por medios puramente legales, nace una teoría revolucionaria y “orgánica” de las luchas espontáneas de las masas. No obstante todas las prudentes reservas de sus mejores representantes, esa teoría resultó, en última instancia, en la idea de que el agravamiento constante de la situación económica, la inevitable guerra mundial imperialista y la consecuente aproximación del período de las luchas revolucionarias de las masas provocan, con una necesidad histórico-social, acciones de masas espontáneas del proletariado, en las cuales entonces será puesta a prueba, para la dirección del movimiento, la claridad sobre los objetivos y caminos de la revolución. Así, esa teoría transformó el carácter puramente proletario de la revolución en presupuesto tácito”.[18]
 
Rosa no habría llevado hasta las últimas consecuencias sus propias conclusiones sobre la acumulación del capital. Pues, si la acumulación de capital deriva necesariamente de la tentativa de expandir el mercado de forma continua e ininterrumpida, dado que la capacidad de absorción del mercado interno es limitada y el capital es obligado a expandirse a escala mundial. Era una consecuencia lógica que Rosa Luxemburgo entendiera que la revolución a escala mundial no podría ser orgánicamente proletaria, y por lo tanto, otras clases sociales aparecerían de manera decisiva y la situación de las colonias levantaría el problema de la cuestión nacional.
Dada la situación, Lukács enfatiza que esas otras fuerzas sociales actúan de forma caótica y pueden tanto adherir a la revolución como a la contrarrevolución. La revolución rusa es el mayor ejemplo de eso:
 
“El desarrollo de la revolución rusa en 1917 es el ejemplo clásico de tal constatación: las consignas que reclamaban paz, derecho a la autodeterminación y una solución radical para la cuestión agraria consiguieron transformar las camadas vacilantes en un ejército (momentáneamente) útil para la revolución y desorganizar por completo todo el aparato del poder de la contrarrevolución, tornándolo impotente”.[19]
 
En la práctica esa organización dirigente de militantes disciplinados también nace como producto de la lucha del proletariado, ocurre que éste –inmerso en la reificación de la sociedad capitalista se encuentra dividido frente a la crisis ideológica propagada por los oportunistas mencheviques y socialdemócratas– precisa de la mediación del partido comunista. Considerando la heterogeneidad de la clase obrera sería pura utopía esperar de ella acciones espontáneas que llevasen a la humanidad del reino de la necesidad hacia el reino de la libertad.
Lukács al mismo tiempo que ataca a las organizaciones socialdemócratas (que reproducirían  la lógica de la sociedad burguesa dentro de la propia organización) busca distanciarse de la idea de una “secta” separada de las masas (blanquismo):
 
“En la lucha del partido comunista, está en juego la conciencia de clase del proletariado. Su separación organizativa de la clase no significa, en este caso, que él quiera luchar por los intereses de la clase en lugar de la propia clase (como hicieron los blanquistas, por ejemplo). Incluso si lo hiciera, lo que a veces puede acontecer en el curso de la revolución, eso no ocurre, en primera instancia, debido a las finalidades objetivas de la lucha en cuestión (las cuales sólo pueden ser conquistadas o mantenidas a lo largo del tiempo por la propia clase), sino con el propósito de estimular y acelerar el proceso de desarrollo de la conciencia de clase. Al final, el proceso de la revolución equivale – a escala histórica – al proceso de desarrollo de la conciencia de clase proletaria. El hecho de que la organización del Partido Comunista se separe de amplias masas de la propia clase se basa en la estratificación de la conciencia dentro de la clase, pero puede, al mismo tiempo, promover el proceso de ajuste de esas categorías en el nivel más alto de conciencia que se pueda alcanzar”.[20]
 
Más adelante:
 
“(...) los partidos comunistas (...) crecen orgánicamente a partir de una crisis económica de acuerdo a la ley, el paso decisivo, la reunión consciente e interna de la vanguardia revolucionaria en una organización, o sea, el surgimiento real de un partido comunista permanece como un acto consciente y libre de esa propia vanguardia consciente. (...) Desde el punto de vista teórico, es preciso comprenderlo correctamente en esa doble relación dialéctica: al mismo tiempo como forma de esa conciencia y forma de esa conciencia, o sea, al mismo tiempo como fenómeno independiente y subordinado”.[21]
 
En fin, Lukács aunque defienda un partido de vanguardia, insiste en el carácter consciente de la actividad de la clase. La organización partidaria es, para él, un proceso de relaciones dialécticas con el desarrollo de las masas. Y, la creación de la vanguardia debe ser un acto libre, un acto donde la vanguardia se crea a sí misma[22].
 
Conclusión
 
“¿Cómo resolver la contradicción, que salta a los ojos, al primer paso práctico del revolucionario, entre la fuerza del entusiasmo, la coherencia radical de los principios por un lado y, por otro, el intelecto calculador, la necesaria unilateralidad de toda política?”
Franz Mehring
 
Teniendo en cuenta una realidad histórica que se torna cada vez más opaca, impenetrable e inmutable, vimos que Lukács elabora en los últimos textos una dialéctica de la mediación capaz de superar las contradicciones capitalistas.[23]
Apegado a las condiciones objetivas inmediatas de Rusia, él optó claramente por la opción leninista de partido como organización capaz de des-reificar la sociedad. Pero si en 1922 la opción era casi incontestable, hoy el problema de la organización aparece como un verdadero dilema.
Dilema, porque la revolución rusa se degeneró. Y aquí es preciso apuntar: las decisiones organizativas tuvieron su peso. Decir que la revolución fue derrotada por factores como: aislamiento internacional y atraso del país, no explica el porqué de su triunfo en 1917. Tampoco explica el fenómeno de la burocratización y de la falta de democracia que resultó, por ejemplo, en la eliminación física de sus opositores.[24] Lukács tenía eso en mente, sin embargo, escribe HCC como intelectual subordinado, y cierra los ojos y/o es superficial cuando trata de los problemas de la revolución. Por ejemplo: “En el período de la dictadura, el tipo y la medida de la “libertad” dependerán del estado de la lucha de clases, del poder del enemigo, de la intensidad de la amenaza a la dictadura (...) De Kornilov a Kronstadt se extiende una línea recta”.[25]
Dilema, porque la degeneración de una organización obrera es también una degeneración de la propia clase obrera. Y aquí la teoría de la reificación de Lukács puede ayudarnos a explicar esa degeneración:
 
“Siempre habrá –en cuanto dure el capitalismo– “condiciones objetivas” que tornan esa degeneración posible; eso no quiere decir que ella sea inevitable. Los hombres hacen su propia historia. Las condiciones objetivas simplemente permiten un resultado que es el producto de la acción y de la actitud de los hombres. En el caso concreto, esa acción se orientó en un sentido bien definido: por un lado, los militantes revolucionarios se conservaron en parte, o se tornaron, prisioneros de las relaciones sociales y de la ideología capitalistas. Por otro lado, el proletariado se conservó igualmente marcado por ellas y aceptó ser el ejecutante de sus organizaciones”.[26]
 
Y por fin, el problema de la organización se coloca como necesidad de pensar algo totalmente nuevo –como fue  la Comuna de París en 1871, o los soviets en 1905, o los consejos en 1918– a la altura de nuestras dificultades.[27] Hoy, la emancipación de la humanidad, así como ayer, no puede extraer su poesía del pasado, sino solamente del futuro.
 
Bibliografía
ARATO, Andrew. BREINES, Paul. El joven Lukács y los orígenes del marxismo occidental. México: Fondo de Cultura Económica, 19?? (edição colocada na pasta do xerox do curso).
CASTORIADIS, Cornelius. “Proletariado y organización, I” In: La experiencia del movimiento obrero. São Paulo: Ed. Brasiliense, 1985.
LOUREIRO, Isabel M. Rosa Luxemburgo - Los dilemas de la acción revolucionaria. São Paulo: Ed. UNESP, 1995.
LÖWY, Michel. Para uma sociología de los intelectuales revolucionarios – La evolución política de Lukács (1909-1929). Trad.: Heloísa Helena A. Mello y Agostinho Fe-rreira Martins. Trad. De los anexos: Gildo Marçal Brandão. São Paulo: Lech Librería Editorial Ciencias Humanas, 1979.
LUKÁCS, G. Historia y Conciencia de Clase – Estudios sobre la dialéctica marxista. Trad. Rodinei Nascimento. São Paulo: Martins Fontes, 2003
NOBRE, Marcos. Lukács y los límites de la reificación – Un estudio sobre Historia y Conciencia de Clase. São Paulo: Ed. 34, 2001.
ZIZEK, Slavoj. “De Historia y Conciencia de Clase la Dialéctica del Esclarecimiento, y vuelta”. In: Lua Nova n° 59. São Paulo: Revista CEDEC, 2003.


 
[2] LUKÁCS, G. “El Bolchevismo como problema moral” (Anexo). In: LÖWY, Michel. Para una sociología de los intelectuales revolucionarios – La evolución política de Lukács (1909-1929). Trad.: Heloísa Helena A. Mello e Agostinho Ferreira Martins. Trad. dos anexos: Gildo Marçal Brandão. São Paulo: Lech Livraria Editora Ciências Humanas, 1979, p. 306.
[3] Idem, p. 308.
[4] No estamos negando el cambio de perspectiva. La preocupación es que no hagamos una polarización excluyente, toda vez que Lukács continúa apoyado en los análisis económicos de Rosa Luxemburgo para justificar las acciones del Partido bolchevique.
[5] Ver: LUKÁCS, G. “Qué es el marxismo ortodoxo?” In: Historia y Conciencia de Clase – Estudios sobre la dialéctica marxista. Trad. Rodinei Nascimento. São Paulo: Martins Fontes, 2003, p. 63-104.
[6] Fecha  que podemos mover para adelante o para atrás. Tengo aquí como referencia la Revolución francesa y la “revolución” industrial.
[7] LUKÁCS, G. “Conciencia de Clase” In: Historia y Conciencia de Clase – Estudios sobre la dialéctica marxista. Trad. Rodinei Nascimento. São Paulo: Martins Fontes, 2003, p. 183.
[8] Idem, p. 184.
[9] ARATO, Andrew. BREINES, Paul. El joven Lukács y los orígenes del marxismo occidental. México: Fondo de Cultura Económica, 19??, p. 184.
[10] NOBRE, Marcos. Lukács y los límites de la reificación – Un estudio sobre Historia y Conciencia de Clase. São Paulo: Ed. 34, 2001, p. 50.
[11] Idem, p. 51.
[12] Arato y Breines dicen que Lukács colocó demasiada responsabilidad en la clase obrera:
 
“Lukács no podía (y, claro está, no quería) extraer de las leyes, las ciencias, la burocracia o la tecnología ningún elemento de subjetividad y creatividad potencial, ni siquiera ninguna posiblidad dinámica. El resultado era que la carga teórica soportada por el proletariado revolucionario se volvía excesivamente grande”. 
 
In: ARATO, Andrew. BREINES, Paul. El joven Lukács y los orígenes del marxismo occidental. México: Fondo de Cultura Económica, 19??, p. 195.
[13] CASTORIADIS, Cornelius. “Proletariado y organización, I” In: La experiencia del movimiento obrero. São Paulo: Ed. Brasiliense, 1985, p. 147.
[14] LUKÁCS, G. “Rosa Luxemburgo como marxista” In: História e Conciencia de Clase – Estudios sobre la dialéctica marxista. Trad. Rodinei Nascimento. São Paulo: Martins Fontes, 2003, p. 127.
[15] Idem, p. 127.
[16] Idem, p. 129.
[17] LUKÁCS, G. “Observaciones metodológicas sobre a cuestión de la organización” In: Historia y Conciencia de Clase – Estudios sobre la dialéctica marxista. Trad. Rodinei Nascimento. São Paulo: Martins Fontes, 2003, p. 527.
[18] Idem, p. 536.
[19] Idem, p. 549.
[20] Idem, p. 572-573.
[21] Idem, p. 578-579.
[22] Sobre ese estímulo del partido sobre el proletariado Slavoj Zizek extrae interesantes “provocaciones”:
“Claro que Lukács se opone al “espontaneísmo, que defiende la organización autónoma de las masas trabajadoras en movimientos de base contra la dictadura impuesta por burócratas del Partido. Pero también se opone al concepto seudo leninista (en verdad, de Kautsky) de que la clase trabajadora “empírica” puede, librada a ella misma, apenas alcanzar el nivel sindicalista de conciencia, y que la única manera de que pase a ser sujeto revolucionario es importando su conciencia por medio de intelectuales que, después de comprender “científicamente” las necesidades “objetivas” del pasaje del capitalismo para el socialismo, “esclarecen a la clase trabajadora de la misión implícita en su posición social objetiva”. No obstante, es aquí que encontramos la abusiva “identidad de los opuestos” dialéctica en su forma más pura. El problema con esa oposición no es que los dos polos están muy crudamente opuestos y que la verdad se encontraría en algún lugar presente entre ellos, en la “mediación dialéctica” (la conciencia de clase que surgiría de la “interacción” entre la conciencia espontánea de la clase trabajadora y el trabajo educativo del Partido). En verdad el problema está en la idea de que la clase trabajadora tiene potencialmente la capacidad de alcanzar la conciencia de clase adecuada, ya que así, se legitima el ejercicio de la dictadura del Partido sobre los “trabajadores, basada en su comprensión correcta de cuáles son sus verdaderos potenciales y/o intereses a largo plazo”. En pocas palabras, Lukács está aplicando a la oposición falsa entre “espontaneísmo” y dominación externa del Partido la identificación especulativa de Hegel de los “potenciales internos” de un individuo en su relación con sus educadores. Decir que el individuo precisa poseer “potencial propio” para tornarse un gran músico equivale a decir que esos potenciales deben estar, de antemano, presentes en el educador que, por medio de influencia externa, estimulará al individuo a realizar su potencial”.
In: ZIZEK, Slavoj. “De Historia y Conciencia de Clase a Dialéctica del Esclarecimento, y vuelta”. In: Lua Nova n° 59. São Paulo: Revista CEDEC, 2003, p.173.
[23] ARATO, Andrew. BREINES, Paul. El joven Lukács y los orígenes del marxismo occidental. México: Fondo de Cultura Económica, 19??, p. 246.
[24] Pierre Broué uno de los grandes historiadores del partido escribe:
 “Desde la insurrección de octubre hasta el inicio de la guerra civil, en mayo de 1918, existe libertad de prensa en Rusia para los socialrevolucionarios y los mencheviques. La situación de los anarquistas es diferente: ya en abril, la Checa comienza a actuar contra ellos. Sin embargo, hasta julio, cuando ocurre la insurrcción de los socialrevolucionarios, funciona en el país un régimen con varios partidos en el marco de los soviets. En julio, la situación cambia. Es el fin del sistema soviético multipartidario y los bolcheviques se quedan prácticamente solos en los soviets. A partir de septiembre, en respuesta a los atentados de los socialrevolucionarios de izquierda en Moscú, contra dirigentes bolcheviques, comienza el llamado terror rojo, llevado a cabo por la Checa. Números oficiales registran 22 ejecuciones em los seis primeros meses de 1918 y 6 mil en los últimos meses. El historiador Chamberlin habla de 50 mil víctimas”.
En nota em el libro: LOUREIRO, Isabel M. Rosa Luxemburgo - los dilemas de la acción revolucionaria. São Paulo: Ed. UNESP, 1995, p. 97 nota: 7
[25] LUKÁCS, G. “Notas críticas sobre la Crítica de la Revolución Rusa, de Rosa Luxemburgo” In: Hisyoria e Conciencia de Clase – Estudios sobre la dialéctica marxista. Trad. Rodinei Nascimento. São Paulo: Martins Fontes, 2003, p. 522.
[26] CASTORIADIS, Cornelius. “Proletariado y organización, I” In: La experiencia del movimiento obrero. São Paulo: Ed. Brasiliense, 1985, p. 171.
[27] Como también dice Castoriadis, nuestros actuales partidos y sindicatos hacen parte del orden establecido. Los trabajadores los apoyan periódicamente a fin de escoger el “mal menor” y, pueden utilizarlos (principalmente los sindicatos) como se utiliza un abogado o al cuerpo de bomberos. Idem, p. 173.