Difusión y recepción de los Grundrisse en el mundo

Musto, Marcello

Introducción
1858-1953: 100 años de soledad
 
Después de haber abandonado los Grundrisse en mayo de 1858 para dedicarse a trabajar en Una contribución a la crítica de la economía política, Marx usó fragmentos de los primeros para componer este último texto, pero luego casi dejó de hacerlo. En realidad, si bien tenía la costumbre de citar a sus propios estudios previos, incluso transcribiendo párrafos enteros de ellos, ninguno de los manuscritos preparatorios para El capital, con excepción de aquellos de 1861-1863, contienen referencia alguna a los Grundrisse. Éstos quedaron entonces entre todos los demás borradores que no tuvo ninguna intención de utilizar, ya que lo absorbió la necesidad de resolver problemas más específicos que los tratados en dichos textos.

No existe una certeza absoluta sobre este asunto, pero es probable que ni siquiera Friedrich Engels haya leído los Grundrisse. Como se sabe, Marx apenas había logrado completar el primero de los tomos de El capital cuando falleció. Engels seleccionó y editó para su publicación los manuscritos incompletos para el segundo y el tercer tomo. En el curso de esta actividad, debió haber examinado docenas de cuadernos que contenían borradores preliminares de El capital. Es posible suponer que, cuando estaba tratando de poner cierto orden en esa montaña de papeles, haya hojeado los Grundrisse y haya llegado a la conclusión de que se trataban de una versión prematura de la obra de su amigo, anterior incluso a Una contribución a la crítica de la economía política de 1859; y que por lo tanto no podían ser usados para sus propósitos. Es más, Engels jamás mencionó los Grundrisse  ni en sus prefacios para los dos tomos de El capital que hizo publicar ni en ninguna de su vasta colección de cartas.
Después de la muerte de Engels, gran parte de los textos originales de Marx se depositaron  en el archivo del Partido Social Demócrata de Alemania (SPD) en Berlín, adonde se los trató con mucha negligencia. Los conflictos políticos internos del Partido impidieron la publicación de muchos materiales importantes que Marx había dejado; hasta  llegaron a dispersarse los manuscritos y esto impidió durante mucho tiempo sacar una edición completa de sus obras. Nadie asumió tampoco la responsabilidad de inventariar el legado intelectual de Marx, con el resultado de que los Grundrisse quedaran enterrados con sus demás papeles.
La única parte que vio la luz durante este período fue la “Introducción” que Karl Kautsky publicó en 1903 en Die Neue Zeit [Los Nuevos Tiempos], junto a una nota breve que los presentaba como un “borrador fragmentario” fechado el 23 de agosto de 1857. Argumentando que se trataba de una introducción a la ópera magna de Marx, Kautsky le dio el título de Einleitung zu einer Kritik der politischen Ökonomie [Introducción a una crítica de la economía política] y sostuvo que “a pesar de su carácter fragmentario ofrecía una gran cantidad de nuevos puntos de vista” (Marx 1903: 710 n.1). Hubo un interés considerable por este texto: las primeras versiones en otras lenguas fueron en francés (1903) y en inglés (1904) y rápidamente recibió mayor atención después de que Kautsky lo publicara en 1907 como apéndice de Una contribución a la crítica de la economía política. Siguieron luego más y más traducciones, incluyendo al ruso (1922), al japonés (1926), al griego (1927) y al chino (1930), hasta convertirse en una de las obras más comentadas de toda la producción teórica de Marx.
Aunque la suerte acompañó a la “Introducción”, los Grundrisse, sin embargo, no fueron conocidos durante un largo tiempo. Es difícil creer que Kautsky no haya descubierto todo el manuscrito junto con la “Introducción”, pero nunca lo mencionó. Y un poco más tarde, cuando decidió publicar algunos escritos previamente desconocidos de Marx entre 1905 y 1910, se concentró en una colección de materiales de 1861-1863, a los cuales puso el título de Teorías de la plusvalía.
El descubrimiento de los Grundrisse llegó en 1923, gracias a David Riazanov, director del Instituto Marx-Engels (MEI) de Moscú y organizador de la Marx Engels Gesamtausgabe (MEGA), las obras completas de Marx y Engels. Luego de examinar el Nachlass en Berlín, reveló la existencia de los Grundrisse en un informe a la Academia Socialista de Moscú sobre el legado literario de Marx y de Engels:
 
“Entre los papeles de Marx hallé otros ocho cuadernos de estudios económicos. (...) Este manuscrito pudo ser elaborado hacia mediados de la década de 1850 y contiene el primer borrador de la obra de Marx [El capital], a la que en esa época él todavía no había puesto un título; [también] representa la primera versión de su Una contribución a la crítica de la economía política”.[1] (Riazanov 1925: 393-4)
 
“En uno de estos cuadernos”, continua Riazanov, “Kautsky halló la ‘Introducción’ a Una contribución a la crítica de la economía política; y los considera que los manuscritos preparatorios para El capital tenían ‘un extraordinario interés por lo que nos dicen acerca de la historia del desarrollo intelectual de Marx y de su método característico de trabajo e investigación.’” (Riazanov 1925: 394).
 
Gracias a un acuerdo para la publicación de los MEGA entre el MEI, el Instituto de Investigación Social de Frankfurt y el SPD (que todavía tenía a su cargo la custodia del Nachlass de Marx y Engels), los Grundrisse fueron fotografiados junto con muchos otros escritos inéditos y comenzaron a ser estudiados por especialistas en Moscú. Entre 1925 y 1927, Pavel Veller, del MEI, catalogó todos los materiales preparatorios para El capital, de los cuales los Grundrisse  fueron los primeros. En 1931 ya los había descifrado y mecanografiado completamente y en 1933 una parte se publicó en ruso como el “Capítulo sobre el dinero”, seguido dos años más tarde por una edición en alemán. Finalmente, en 1936, el Instituto Marx-Engels-Lenin (MELI, sucesor del MEI) adquirió seis de los ocho cuadernos de los Grundrisse, lo que posibilitó resolver los demás problemas editoriales.
Entonces, en 1939, el último manuscrito importante de Marx apareció en Moscú bajo el título que le diera Veller (era un extenso trabajo de uno de los períodos más productivos de su vida): Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857-1858. Dos años después les siguieron un apéndice (Anhang) que comprendía los comentarios de Marx de 1850-1 sobre los Principles of Political Economy and Taxation de Ricardo, las notas sobre Bastiat y Carey y su propio índice para los Grundrisse y el material preparatorio (Urtext) para Una contribución a la crítica de la economía política de 1859. El prefacio del MELI a la edición de 1939, destacó su valor excepcional: “el manuscrito de 1857-1858, publicado completamente por primera vez en este volumen, marcó una etapa decisiva en la obra económica de Marx” (MELI 1939: VII).
Si bien las pautas editoriales y la forma de publicación fueron similares, los Grundrisse no fueron incluidos en los tomos de la MEGA, sino que aparecieron en una edición separada. Más aún, la proximidad de la Segunda Guerra Mundial significó que la obra quedara virtualmente desconocida: los 3,000 ejemplares pronto se volvieron muy escasos y sólo unos pocos lograron cruzar las fronteras soviéticas. Los Grundrisse no figuraron en la Sochineniya de 1928-47, la primera edición rusa de las obras de Marx y Engels y su primera reedición en alemán debió esperar hasta 1953. Aunque es sorprendente que un texto como los Grundrisse fuera publicado en el período estalinista, ya que era seguramente una herejía con respecto a los indiscutibles cánones del diamat, el “materialismo dialéctico” al estilo soviético, debemos recordar que era en ese momento el más importante de los escritos de Marx que no circulaba por Alemania. Su eventual publicación de 30,000 ejemplares en Berlín Oriental fue parte de las celebraciones por el Karl Marx Jahr, en el 70° aniversario de la muerte de su autor y el  sesquicentenario de su nacimiento.
Escrito en 1857-1858, los Grundrisse recién pudieron ser leídos en todo el mundo a partir de 1953, después de 100 años de soledad.
 
Por el mundo circulan 500.000 ejemplares
 
A pesar de la resonancia de este importante manuscrito, anterior a El capital, y a pesar del valor teórico que se le atribuía, las ediciones en otras lenguas sólo fueron apareciendo muy lentamente.
Después de la “Introducción”, otro resumen fue el primero en generar interés: se trata de las  “Formas que preceden a la producción capitalista”. Se lo tradujo al ruso en 1939 y luego del ruso al japonés en 1947-1948. A partir de allí la edición separada en alemán de esta sección y una traducción al inglés ayudaron a asegurar una audiencia más vasta: la primera, que apareció en 1952 como parte de la Kleine Bücherei des Marxismus-Leninismus  [Pequeña Biblioteca de Marxismo-Leninismo] fue la base para las versiones húngara e italiana (1953 y 1954, respectivamente); mientras que la última, publicada en 1964, ayudó a difundirla en los países anglófonos y mediante su traducción en Argentina (1966) y en España (1967) al mundo de habla hispana. El editor de la edición inglesa, Eric Hobsbawm, agregó un prefacio que ayudó a subrayar su importancia: Formaciones económicas precapitalistas, escribió, fue el “intento más sistemático de Marx para abordar el problema de la evolución histórica” y “puede afirmarse con seguridad que toda discusión histórica marxista que no (la) tome en cuenta (...) debe ser reconsiderada a la luz que ella arroja” (Hobsbawm 1964: 10). Cada vez más estudiosos en todo el mundo comenzaron a interesarse por este texto que apareció en muchos países y en todos lados desató importantes discusiones históricas y teóricas.
A fines de la década de 1950 comenzaron las traducciones de los Grundrisse en su totalidad: su difusión fue un proceso lento pero inexorable que, con el tiempo, permitió una apreciación más completa y en algunos aspectos distinta de la obra de Marx. Los mejores intérpretes de los Grundrisse lo abordaron en su versión original, pero su estudio más amplio -entre los estudiosos que no sabían leer alemán y sobre todo entre los militantes políticos y los estudiantes universitarios- fue recién después de su publicación en distintos idiomas nacionales.
Las primeras que aparecieron fueron en Oriente: en Japón (1958-1965) y China (1962-1978). En la Unión Soviética recién vio la luz en 1968-1969 una edición rusa, como complemento a la segunda edición ampliada de las Sochineniya (1955-66). Su anterior exclusión tuvo una repercusión más grave, ya que dio como resultado una ausencia similar en las Marx-Engels Werke (MEW) de 1956-1968, que reproducían la selección de textos soviética. Los MEW -es decir la edición más ampliamente usada de las obras de Marx y de Engels, así como la fuente de la traducción a la mayoría de los demás idiomas- fue, por lo tanto, privada de los Grundrisse hasta su eventual publicación como complemento en 1983.
Los Grundrisse también comenzaron a circular en  Europa Occidental a fines de la década de 1960. La primera traducción apareció en Francia (1967-1968) pero era de inferior calidad y tuvo que ser reemplazada por una más fidedigna en 1980. Le siguió una versión italiana entre 1968 y 1970, siendo significativo que la iniciativa proviniera, al igual que en Francia, de una editorial independiente del Partido Comunista.
El texto fue publicado en español en la década del setenta. Si excluimos la versión de 1970-1971 publicada en Cuba, que tuvo poco valor porque estaba hecha a partir de la versión francesa y cuya circulación quedó confinada a los límites de la isla, la primera traducción española propiamente dicha se realizó en Argentina entre 1971 y 1976. Le siguieron otras tres realizadas conjuntamente por España, Argentina y México, logrando así que el español fuese el idioma que cuenta con la mayor cantidad de traducciones de los Grundrisse.
La traducción inglesa fue precedida en 1971 por una selección de extractos, cuyo editor David McLellan, avivó las expectativas de los lectores de este texto: 'Los Grundrisse son mucho más que un borrador preliminar de El capital” (McLellan 1971:2); en realidad, más que cualquier otra obra, “contiene una síntesis de las distintas líneas del pensamiento de Marx (...) En cierto sentido, ninguna de las obras de Marx está completa, pero la más completa de todas, son los Grundrisse” (McLellan 1971: 14-15). La traducción completa finalmente llegó en 1973, 20 años después que la edición original en alemán. Su traductor, Martin Nicolaus, escribió en el prólogo:
 
“Además de su gran valor biográfico e histórico, [los Grundrisse] agregan mucho material nuevo y son el único esbozo del proyecto económico y político de Marx (...) Los Grundrisse desafían y ponen a prueba toda interpretación seria sobre Marx concebida hasta hoy”. (Nicolaus 1973: 7)
 
Los años setenta fueron también la década crucial para las traducciones en Europa Oriental. Pues una vez que se le dio luz verde en la Unión Soviética ya no había ya ningún obstáculo para su aparición en los países “satélites”: Hungría (1972), Checoslovaquia (1971-1977 en checo, y 1974-1975 en eslovaco) y Rumania (1972-1974), así como también en Yugoslavia (1979). En ese mismo período, salieron a la venta más o menos en forma simultánea, dos ediciones danesas opuestas: una por la editorial relacionada con el Partido Comunista (1974-1978) y otra por un editor cercano a la Nueva Izquierda (1975-1977).
En la década de 1980 los Grundrisse también fueron traducidos en Irán (1985-1987, y se convirtió en la primera edición rigurosa en farsi de todas las obras más importantes de Marx), así como en otros países europeos. La edición eslovena data de 1985 y las ediciones polaca y la finlandesa datan de 1986 (esta última con el apoyo soviético).
Con la disolución de la Unión Soviética y el fin del llamado “socialismo realmente existente”, que en realidad había sido una flagrante negación del pensamiento de Marx, se abrió un intervalo en la publicación de sus escritos. Sin embargo, aún en aquellos años en que el silencio que rodeaba al autor sólo era roto por gente que aseguraba que estaba condenado al olvido, los Grundrisse siguieron siendo traducidos a otros idiomas. Ediciones en Grecia (1989-1992), Turquía (1999-2003), Corea del Sur (2000) y Brasil (planeado para el 2008) hicieron de ésta la obra de Marx con el mayor número de nuevas traducciones en las últimas dos décadas.
En total, los Grundrisse han sido traducidos en su totalidad a 22 idiomas,[2] y en un total de
32 versiones diferentes. Sin incluir las ediciones parciales, han sido impresos más de 500.000 ejemplares[3], una cantidad que sorprendería enormemente al hombre que los escribió tan sólo para resumir, con mucho apuro, los estudios económicos que había realizado hasta entonces.
 
Lectores e intérpretes
 
La historia de la recepción de los Grundrisse, así como su difusión, se caracteriza por un comienzo bastante tardío. La razón principal de ello, aparte de las idas y vueltas asociadas con su redescubrimiento, es ciertamente la complejidad misma de este mismo manuscrito fragmentario y preliminar, tan difícil de interpretar y traducir a otros idiomas. Al respecto, el autorizado especialista Roman Rosdolsky ha señalado:
“En 1948, cuando por primera vez tuve la buena suerte de ver uno de estos entonces tan escasos ejemplares (...) fue evidente desde un principio de que se trataba de una obra de fundamental importancia para la teoría marxista. Sin embargo, su forma inusual y hasta cierto punto, su oscuro modo de expresión, la hicieron muy poco adecuada para interesar a un amplio círculo de lectores”. (Rosdolsky 1977: xi)

Estas consideraciones lo llevaron a Rosdolsky a intentar una exposición clara y un examen crítico del texto. El resultado fue Zur Enstehungsgeschichte des Marxschen 'Kapital': Der Rohentwurf des 'Kapital' 1857-58 [La gestación de “El capital” de Marx: el esbozo preliminar de “El Kapital” 1857-59] que apareció en alemán en 1968 y que fue la primera y aún principal monografía dedicada a los Grundrisse. Traducida a muchos idiomas, alentó la publicación y circulación de la obra de Marx y ha tenido una influencia considerable sobre todos los intérpretes que surgieron posteriormente.
El año 1968 fue significativo para los Grundrisse. Además del libro de Rosdolsky, en el número de marzo-abril de la New Left Review se publicó el primer ensayo en inglés: “El Marx desconocido” de Martin Nicolaus, que tuvo el mérito de hacer más ampliamente conocidos los Grundrisse, y subrayar la necesidad de una traducción completa. Entretanto, en Alemania y en Italia, los Grundrisse atrajeron a algunos de los principales actores de la revuelta estudiantil, que estaban entusiasmados por su contenido radical y explosivo a medida que se iban adentrando en sus páginas. La fascinación fue irresistible, especialmente entre quienes en la nueva izquierda rechazaban la interpretación “marxista-leninista” de Marx.   
Por otra parte, en el Este los tiempos también estaban cambiando. Tras un período inicial en el que los Grundrisse fueron casi completamente ignorados o tratados con recelo, el estudio introductorio de Vitali Vygodski: Istoriya odnogo velikogo otkrytiya Karla Marksa [La historia de un gran descubrimiento: cómo escribió Marx “El capital”], publicado en Rusia en 1965 y en la República Democrática alemana en 1967, adoptó un enfoque totalmente distinto. Vygodski los definió como “la obra de un genio”, que “nos introduce en el ‘laboratorio creativo’ de Marx y nos permite seguir paso a paso el proceso en el que elaboró su teoría económica” y a los cuales era necesario, por lo tanto, prestarles la debida atención (Vygodski 1974: 44).
En el lapso de sólo unos pocos años, los Grundrisse se convirtieron en el texto clave para muchos marxistas de gran influencia. Aparte de los ya mencionados, los especialistas que especialmente se ocuparon de ellos, fueron: Walter Tuchscheerer en la República Democrática Alemana, Alfred Schmidt en la República Federal Alemana, miembros de la Escuela Budapest en Hungría, Lucien Séve en Francia, Kiyoaki Hirata en Japón, Gajo Petrovié en Yugoslavia, Antonio Negri en Italia, Adam Schaff en Polonia y Allen Oakley en Australia. En general, se convirtió en una obra que todo estudioso serio de Marx debía asimilar.
Con diversas variantes, los intérpretes de los Grundrisse se dividieron entre quienes los consideraban una obra autónoma, conceptualmente completa en sí misma y aquellos que la vieron como un manuscrito temprano que simplemente preparó el camino para El capital. El trasfondo ideológico de las discusiones sobre los Grundrisse (siendo el núcleo de la disputa la legitimidad o ilegitimidad de los enfoques en Marx, con sus inmensas repercusiones políticas) favoreció el desarrollo de interpretaciones inadecuadas, e incluso de las que hoy en día parecen ridículas. Pues algunos de los comentaristas más entusiastas de los Grundrisse sostenían incluso que éstos eran teóricamente superiores a El capital, a pesar de los diez años adicionales de intensas investigaciones que llevaron a la elaboración de este último. De manera similar, entre los principales detractores de los Grundrisse, había algunos que pretendían que, a pesar de las importantes secciones para nuestra comprensión de la relación entre Marx y Hegel y a pesar de los significativos pasajes sobre la alienación, no agregaban nada a lo que ya se sabía sobre Marx.
No sólo hubo lecturas opuestas de los Grundrisse; también hubo no-lecturas, siendo el ejemplo más notable y representativo el de Louis Althusser. Aunque éste intentó hacer hablar a los supuestos silencios de Marx y leer a El capital de un modo tal de “hacer visibles los vestigios invisibles que hay en él” (Althusser y Balibar 1979: 32), se permitió soslayar la conspicua masa de cientos de páginas escritas de los Grundrisse, y efectuar una división del pensamiento de Marx (que fue luego acaloradamente discutida) entre las obras de juventud y las de madurez, sin reconocer el contenido y la importancia de los manuscritos de 1857-1858.[4]
A partir de mediados de la década del 1970, sin embargo, los Grundrisse ganaron cada vez una mayor cantidad de lectores e intérpretes. Aparecieron dos extensos comentarios: uno en japonés en 1974 (Morita y Yamada 1974), otro en alemán en 1978 (Projektgruppe Entwicklung des Marxschen Systems 1978), pero también muchos otros autores escribieron sobre ellos. Una gran cantidad de especialistas los consideraron como un texto de especial importancia para uno de los temas más ampliamente debatidos respecto del pensamiento de Marx: su deuda intelectual hacia Hegel. Otros quedaron fascinados por las afirmaciones casi proféticas en los fragmentos sobre la maquinaria y la automación.
En Japón los Grundrisse fueron también leídos como un texto sumamente pertinente para nuestra comprensión de la modernidad. En la década de 1980 comenzaron a aparecer los
primeros estudios detallados en China, donde se usó esta obra para arrojar luz sobre la génesis de El capital, mientras que en la Unión Soviética se publicó un volumen colectivo dedicado enteramente a los Grundrisse (Vv. Aa. 1987).
En los últimos años, la perdurable capacidad de las obras de Marx para explicar (al mismo tiempo también para criticar) el modo capitalista de producción, ha promovido un renovado interés de parte de muchos eruditos internacionales (véase Musto 2007). Si continúa esta renovación y si es acompañada por una nueva demanda de Marx en el campo de la política, los Grundrisse ciertamente demostrarán una vez más ser uno de sus escritos que pueden atraer una especial atención.
Entretanto, con la esperanza de que “la teoría de Marx será una fuente viva de saber y de la práctica política guiada por este saber” (Rosdolsky 1977: xiv), la historia que aquí presentamos sobre la difusión y recepción globales de los Grundrisse sólo pretende ser un modesto reconocimiento a su autor y un intento de reconstruir un capítulo aún inédito en la historia del marxismo.
          
              
Tabla Cronológica de traducciones de los Grundrisse
 
1939-41:          Primera edición alemana
1953:               Segunda edición alemana
1958-65:          Traducción japonesa
1962-78:          Traducción china
1967-68:          Traducción francesa
1968-69:          Traducción rusa
1968-70:          Traducción italiana
1970-71           Traducción al castellano
1971-77           Traducción al checo
1972:               Traducción húngara
1972-74:          Traducción al rumano
1973:               Traducción inglesa
1974-75:          Traducción al eslovaco
1974-78:          Traducción danesa
1979:               Traducción al serbio/serbo-croata
1985:               Traducción eslovena
1985-87:          Traducción al farsí
1986:               Traducción polaca
1986:               Traducción finlandesa
1989-92:          Traducción griega
1999-2003:      Traducción al turco
2000:               Traducción coreana
2008:               Traducción portuguesa

Traducido del italiano por Patrick Camiller
 
Referencias
Althusser, Louis and Balibar, Étienne (1979) Reading Capital, London: Verso. Hobsbawm, Eric J. (1964) ‘Introduction’, in Karl Marx, Pre-Capitalist Economic Forma­tions, London: Lawrence & Wishart, pp. 9–65.
McLellan, David (1971) Marx’s Grundrisse, London: Macmillan.
Marx, Karl (1903) ‘Einleitung zu einer Kritik der politischen Okonomie’, Die Neue Zeit, 21, vol. 1: 710–18, 741–5 and 772–81.
Marx–Engels–Lenin Institute (1939) ‘Vorwort’ [‘Foreword’], in Karl Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie (Rohentwurf) 1857–1858, Moscow: Verlag für Fremdsprachige Literatur, pp. vii–xvi.
Morita, Kiriro and Yamada, Toshio (1974) Komentaru keizaigakuhihan’yoko [Comentarios sobre los Grundrisse], Tokyo: Nihonhyoronsha.
Musto, Marcello (2007) ‘The Rediscovery of Karl Marx’, International Review of Social History, 52/3: 477–98.
Nicolaus, Martin (1973) ‘Foreword’, in Karl Marx, Grundrisse: Foundations of the
Critique of Political Economy (Rough Draft), Harmondsworth: Penguin, pp. 7–63.
Projektgruppe Entwicklung des Marxschen Systems (1978) Grundrisse der Kritikder
politischen Ökonomie (Rohentwurf). Kommentar [Outlines of the Critique of Political Economy. Rough Draft. Commentary], Hamburg: VSA.
Rosdolsky, Roman (1977) The Making of Marx’s ‘Capital’, vol. 1, London: Pluto Press.
Ryazanov, David (1925) ‘Neueste Mitteilungen über den literarischen Nachlaß von Karl Marx und Friedrich Engels’ [‘Latest reports on the literary bequest of Karl Marx and Friedrich Engels’], Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewe­gung, 11: 385–400.
Séve, Lucien (2004) Penser avec Marx aujourd’hui, Paris: La Dispute.
Vv. Aa. (1987) Pervonachal’ny variant ‘Kapitala’. Ekonomicheskie rukopisi K. Marksa 1857–1858 godov [The first version of Capital, K. Marx’s Economic Manuscripts of 1857–1858], Moscow: Politizdat.
Vygodski, Vitali S. (1974) The Story of a Great Discovery: How Marx Wrote ‘Capital’, Tunbridge Wells: Abacus Press.
 
Traducido del inglés por Sibila Seibert.  Corrección de Francisco T. Sobrino.


Enviado por el autor para su publicación en Herramienta.
 
 
[1] La versión rusa de este informe fue publicada en 1923.
[2] Ver la tabla cronológica de traducciones. A las traducciones completas mencionadas anteriormente deberían agregarse las selecciones en sueco (Karl Marx, Grunddragen i kritiken av den politiska ekonomin, Estocolmo: Zenit/R&S, 1971) y en macedonio (Karl Marx, Osnovi na kritikata na politiékata ekonomija (grub nafrlok): 1857-1858, Skopje: Comunist, 1989), así como las traducciones de la Introducción y Formas de producción precapitalistas a un gran número de idiomas, del vietnamés al noruego, así como el árabe, el holandés y el búlgaro.
[3] El total ha sido calculado sumando las tiradas de las ediciones consultadas en los países mencionados.
 Ver Séve (2004), quien recuerda cómo “con la excepción de textos tales como la Introducción, (…) Althusser jamás leyó los Grundrisse, en el real sentido de la palabra leer” (pág. 29). Adaptando el término de Bachelard “corte epistemológico” (coupure épistémologique), que el mismo Althusser había tomado prestado y usado, Séve habla de un “corte bibliográfico artificial (coupure bibliographique) que condujo a las ideas más erróneas de su génesis y por lo tanto de su consistencia con el pensamiento maduro de Marx” (pág. 30).