Nosotros los indios, de Hugo Blanco

Wahren, Juan

Buenos Aires, Herramienta, 2010, 224 págs.

 
Durante la década del noventa, unos sujetos aparentemente olvidados por la historia, excluidos por el sistema hegemónico capitalista-neoliberal e incluso negados muchas veces por las corrientes críticas de la modernidad, resurgieron en la escena social y política latinoamericana al tiempo que los intelectuales del sistema hegemónico pregonaban el “fin de la historia”. Estos sujetos renacidos de las cenizas de la historia fueron los indígenas y los campesinos.
Venciendo las profecías por derecha y por izquierda, que aseguraban su más lenta o más rápida desaparición, los campesinos e indígenas de América Latina se empeñaron en resistir y sobrevivir por más de quinientos años para estallar en todo el continente. Los sin tierra de Brasil, los nuevos zapatistas en México, los levantamientos indígenas de Bolivia y Ecuador, las luchas de los mapuches de Chile y Argentina son sólo algunas de las acciones colectivas paradigmáticas de los movimientos sociales de América Latina. Este libro de Hugo Blanco nos narra algunas de estas luchas que se desarrollaron en el Perú desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.
El texto nos asombra por su vigencia donde, en un círculo temporal que remite a las tradiciones indígenas, se enlazan las luchas campesinas de La Convención (Cusco) de los años sesenta con las luchas indígenas y campesinas del Perú actual, incluyendo la reciente masacre de Bagua de los indígenas amazónicos. En el libro resuenan también las luchas indígenas y campesinas de México, Ecuador, Bolivia y de todo el continente.
Transmite una oralidad casi literal, lo cual puede hacer aparecer al texto algo caótico desde una lectura tradicional, así resulta imposible escindir la vida de Hugo Blanco del libro de Hugo Blanco. En Nosotros los indios el autor nos cuenta, nos habla de las esperanzas, desafíos, tensiones y luchas ancladas en los territorios donde él ha vivido y ha luchado. A través de estas crónicas de resistencia y utopía, Hugo Blanco nos narra las luchas campesinas e indígenas condensando, de alguna manera, gran parte de las luchas de nuestro continente de los últimos cincuenta años, exilios incluidos, desde donde emergieron los sujetos rebeldes que han construido sueños emancipatorios de autonomía y libertad aún vigentes.
La obra comienza con un conmovedor intercambio epistolar entre el escritor indígena José María Arguedas y Hugo Blanco, cuando éste último se encontraba en prisión luego de los acontecimientos de La Convención. El tenor de este intercambio inconcluso –Arguedas se quitó la vida sin terminar de leer la segunda carta de Hugo Blanco– marca la impronta del libro, donde la militancia revolucionaria se yuxtapone con la resistencia y los mundos de vida campesinos e indígenas, dando lugar a la creación de un texto que, forzando el término del pensador boliviano René Zavaleta Mercado, podemos calificar como abigarrado. En efecto, Hugo Blanco elabora una mirada lúcida y crítica, a la vez que comprometida con los procesos de emancipación de los pueblos de nuestro continente, entreverando la fibra íntima del pensamiento indígena y de cierto marxismo latinoamericano que, despojado de sus velos coloniales ha logrado enraizarse en diversas experiencias urbanas y rurales de los movimientos sociales.
Cada uno de los relatos de las luchas y experiencias en las que participó Hugo Blanco, las rebeliones campesinas de La Convención en los sesenta, los exilios latinoamericanos y europeos, las luchas campesinas de los ochenta en la selva y en Puno, las luchas campesinas e indígenas de los noventa hasta la actualidad, nos acercan a las ideas básicas del libro; ideas teóricas íntimamente relacionadas con las experiencias.
En primer lugar, la relación entre los campesinos y los indígenas con sus dirigentes y con los partidos políticos y también la relación entre gobernantes y gobernados, a partir de las cuales en el texto se aspira a la construcción de espacios de participación y democracia directa, que remiten explícitamente al “mandar obedeciendo” zapatista, aunque basadas en las lógicas organizativas del ayllu, la organización comunitaria indígena de la región andina de Bolivia, Perú, Ecuador y el norte de Argentina.
Esto nos lleva al segundo punto que es la resignificación política del ayllu como un espacio político pero también productivo alternativo, que fomenta una relación solidaria y recíproca entre sus integrantes y con la naturaleza (la “Pachamama”), apareciendo como alternativa política y productiva al sistema hegemónico capitalista que, además de ser verticalista y autoritario, es destructor de la naturaleza y de la propia especie humana por medio de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de los recursos naturales.
Por último, el tercer punto nodal del libro se relaciona con esto último: el sistema capitalista tiende a su propia destrucción, y con ello hacia la destrucción planetaria, por medio del daño ambiental, social y cultural que el sistema está generando a nivel global. Frente a la crisis del cambio climático, la contaminación de las aguas y la destrucción de los bosques, la alternativa que plantea Hugo Blanco en su libro debe buscarse y construirse junto con los pueblos indígenas y las comunidades campesinas que se encuentran ligadas a la “Pachamama”. Esto implica analizar en todas sus dimensiones la crisis planetaria del “cambio climático”, que no es sólo ecológica sino social, económica, política y cultural; en definitiva una crisis civilizatoria y paradigmática en la que se nos juega la vida como especie humana y como planeta en su conjunto.

Dice Hugo Blanco que cuando enfermó gravemente en el 2001, la Confederación Campesina del Perú le encomendó la tarea de “sobrevivir” y escribir sus experiencias para poder transmitirlas a los jóvenes campesinos e indígenas que continúan las luchas por la tierra, el territorio y la defensa de la Pachamama. Hugo Blanco ha sobrevivido a esa grave enfermedad –y también a años de cárceles, represiones, exilios– no sólo para escribir sus experiencias, sino también para seguir luchando cotidianamente por ese “otro mundo que ya no sea el mundo, sino algo mejor”. Hugo Blanco es uno de esos viejos sabios que mantienen sus ideales y que saben transmitirlos a las generaciones siguientes. Es uno de esos jóvenes eternos que viven en las luchas de los pueblos por su emancipación. Este libro, entonces, permite a los lectores acercarse a su vida, a sus luchas, a sus experiencias y a sus pensamientos. Los zapatistas dicen que la metateoría es su propia práctica. En este sentido, leer Nosotros los indios, es adentrarse en la metateoría de Hugo blanco y, por consiguiente, de los pueblos campesinos e indígenas del Perú.


 

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