Negatividad y revolución. Theodor W. Adorno y la política.

Fuentes Diaz, Antonio.

 

Editorial Herramienta, Argentina/ ICSyH “Alfonso Vélez Pliego”-BUAP, México, 2007
John Holloway,  Fernando Matamoros,  Sergio Tischler  (coords.)
 
¿Por qué un texto sobre teoría crítica en momentos de elecciones racionales, democracias procedimentales y ajustes sistémicos?, ¿por qué volver a las líneas abiertas por la Escuela de Frankfurt si el pragmatismo cotidiano resuena con toda su fuerza?, ¿por qué negatividad y revolución conceptos proscritos en la jerga científica seria?
El libro que hoy nos reúne irrumpe con la pertinencia de volver a plantear los problemas íntimos y del pensamiento, aquellos abiertos por el caudal intelectual de Theodor Adorno.

 

 

El mundo tal y como es, al igual que a mediados del siglo XX, se nos presenta hoy con toda la carga de injusticia y sufrimiento. A los horrores del totalitarismo, los campos de exterminio y la bomba atómica, se le suma el continuo de la pobreza, los genocidios, las muertes cotidianas, la precarización, la exclusión in situ. Al igual que entonces, también hoy vivimos las consecuencias de este mundo de necesidades falsas y de racionalidad excluyente, igual que entonces, ese mundo es legitimado en la forma del pensamiento, en lo encorsetado de los conceptos que lo afirman imperecedero, “tal y como es”.
La pertinencia de Adorno en nuestro momento, es que las reflexiones vertidas en sus obras (en particular en la Dialéctica Negativa) continúan inquiriéndonos al día de hoy. Sus  reflexiones pueden acompañar  nuestros pasos  y alumbrar vías en el nuevo protagonismo social. De esta manera el libro Negatividad y Revolución. Theodor Adorno y la Política, coordinado por John Holloway, Fernando Matamoros y Sergio Tischler, explora  la pertinencia del papel crítico de la dialéctica negativa. Pero antes una vuelta.
La instauración del conocimiento del mundo a través de la afirmación de lo existente, como única posibilidad de su intelección, fue un proceso que se consolidó en un largo arco que se constituía bajo el desarrollo del capitalismo industrial. La filosofía negativa era desplazada de la explicación del mundo y el pensamiento afirmativo entraba en consonancia con la nueva forma de las relaciones sociales y con la legitimación de ese orden; este proceso  condujo a la identificación entre verdad,  razón y ser  (Marcuse, 1984) y con ello a la violencia de la cosa por el concepto.
El papel de la lógica, como argumentación engarzada de conceptos, tendió a la identificación normativa, se proponía así evitar todo desvío en el enlace, toda arborescencia no anticipada en  la que pudiera  estallar la contradicción. Por otro lado,  la predictibilidad, planeación y control de los sucesos se constituía  como eje de la acción racional. La implicación de ambos momentos sentaba las bases para la constitución de un pensamiento positivo que vinculara la afirmación con la verdad.   
Esto desplazó y radicó el discurso de verdad en el orden de la observación. La cientificidad bajo este principio, estableció su legitimidad en la descripción minuciosa de ese mundo, del mundo del “tal y como es”. El pensamiento de la afirmación se constituyó a través de la identificación entre el pensamiento y el mundo dado. Los nuevos valores que legitimaban el conocimiento del mundo se plantearon en términos de neutralidad y objetividad, valores claves en la reproducción de ese orden, que de esa manera quedaba cerrado.
El pensamiento se escindió entonces, de la vida diaria; se recordará la dura crítica de Horkheimer (2000) a la desvinculación de la teoría tradicional de las necesidades sociales, que había posibilitado entre otras cosas, la distancia y la asepsia de la muerte planificada en Auswitch.
No quedaba así espacio para la contradicción, para lo inconmensurable y tampoco para el disenso, el pensamiento normó la realidad en el orden de lo idéntico.  Sin embargo la contradicción estalla.
En este sentido, el libro explora en diferentes ángulos el papel de la dialéctica negativa propuesta por Adorno, como  la manera de revelar la insuficiencia de ese pensamiento positivo y como estrategia para superar su encorsetamiento dóxico.  En el capítulo “¿Por qué Adorno?”, John Holloway argumenta que la dialéctica negativa significa “pensar el mundo desde lo que no puede ser encerrado, desde aquellos que desbordan, aquellos que son negados y suprimidos, aquellos cuya insubordinación y rebeldía rompe los límites de la identidad.” (2007: 12). La dialéctica negativa se plantea como conciencia de aquello que desborda al concepto, como un pensamiento libertario   que permite pensar el cambio social más allá del orden previsible, repetido y cerrado, más allá de lo mismo.
La dialéctica entonces se entiende como el movimiento de la no-identidad,  en palabras de Sergio Tischler, como el  “despliegue de lo excedente”, de lo que permanece escondido, usando una metáfora, en el lado oscuro de la luna. Esto es lo interesante, este es el papel actual del pensamiento adorniano, De esta manera nos encontramos con un pensamiento que no se adecua a los limites del orden del Ser, no es un pensamiento de repetición o de resignación sino  de traspaso. De ahí la importancia de Adorno en tiempos de desánimo, de nihilismo y de miedo.
La experiencia dolorosa, desde el pensamiento positivo de lo dado, ha hecho que el dolor y el miedo sean conculcados a través de la repetición y el cierre, arropados en la certidumbre del mundo que no cambia. Este abordaje confeccionó la teoría social positiva clásica y sus versiones sistémicas contemporáneas. Pero otros recursos han sido la sofisticación intelectual posmoderna y el new age, aquel del refugio individual en lo poco disfrutable que queda.
Sergio Tischler comenta en el capítulo “Adorno la cárcel conceptual del sujeto, el fetichismo político y la lucha de clases”; que ese miedo y sus reactualizaciones han conducido entonces a una especie de cárcel conceptual cuya  “función [ha sido] cerrar el antagonismo a través del fetichismo del concepto” (2007: 119). Contrario al encerramiento y a la repetición segura, la dialéctica en Adorno - la dialéctica negativa-  es un éxodo, un movimiento abierto sin descanso, de negación permanente de la dominación sobre la creatividad, sobre el hacer humano. Lo que puede entenderse, de acuerdo a Tischler, como la expresión de la lucha de clases.
Una polémica teórica y política se establece en el libro con las corrientes que proponen desechar la dialéctica como parte del movimiento anticapitalista. Corrientes que, entendiendo la noción de dialéctica en su acepción sintética de inspiración hegeliana, enfatizan la diferencia más que la contradicción. De acuerdo a los compiladores, el énfasis en la diferencia por sobre la contradicción, tiene consecuencias teóricas y políticas; por un lado regresa la positivización del pensamiento: las luchas son vistas como “luchas por”, en un carácter afirmativo  y no como “luchas contra” en un carácter contradictorio. De ahí la reivindicación  de los autores del libro, de la interpretación adorniana de la dialéctica negativa, como un proceso de negación que no conduce a una síntesis, a un final feliz. Por ello la distancia que  toman respecto de propuestas sugerentes como la noción de multitud e imperio (Hardt y Negri, 2002, 2004), por considerarlas tendientes a un pensamiento sintético.
Finalmente Adorno es necesario para caminar con tiento en el nuevo protagonismo social. Adrían Wilding en su artículo “Flautistas de Hamelin y eruditos: sobre las últimas conferencias de Adorno”, comenta de la advertencia que Adorno hiciese sobre el “pensar cediendo irracionalmente a la primacía de la práctica”. Esto me parece fundamental dado que ilumina las consecuencias de algunas estrategias en los sujetos del cambio social, la primacía de la práctica es una posibilidad  latente en la elaboración de sus propuestas y acciones. Vemos en algunas expresiones organizadas, que  la disposición al diálogo y a la reflexión se  posterga por la respuesta inmediata, “el discutir es perder el tiempo, de lo que se trata es de actuar”, esto ha ocasionado una separación, por demás artificial, entre “los teóricos” y “los prácticos”, que además es susceptible de jerarquizarse. El anti-intelectualismo puede instalarse, tirando también al niño junto con el agua sucia. Por otra parte, esta primacía corre el riesgo de vaciar de contenido constitutivo a la protesta y confinarla solo a la espectacularidad inocua.
Adorno nos advierte de lo anterior al comentar que “el deseo por la inmediatez está mediado también por la compleja y opaca sociedad del capitalismo”, la respuesta inmediata puede ser alienante. Hay ocasiones en que el inmediatismo es utilizado para mostrar medidas de represión del estado, limitando así, las posibilidades para una lucha futura. Otras en que “la práctica, en su naturaleza contraria a la teoría, se ve 'presa del poder', ya sea de líderes carismáticos o de partidos revolucionarios” (Wilding, 2007:34). 
Sin embargo también sucede la primacía de la teoría sobre la práctica y sobre esto también hay que advertir. Desde algunas teorías, pienso en el posmodernismo, se trasluce la consciencia de la crisis pero no existe el traspase, se genera un interregno erudito, desolado y fatalista que estetiza la desgracia y articula el cinismo como forma contemplativa de la crisis (estamos escindidos, somos contradictorios, pero esperamos el porvenir arropados en la certeza de la repetición). De cierta manera, el  adorno intelectual -como lo llama Holloway  usando un juego de palabras-, es decir la  desvinculación práctica en la inversión de perspectivas, también es fetichizante.
 
Adorno decía que lo doloroso en la dialéctica, no era otra cosa que el dolor elevado a concepto por la pobreza del mundo, de esta manera el motivo de escribir un libro sobre la dialéctica negativa es, como lo señalan sus autores “… porque es la única forma de pensamiento adecuada en un mundo erróneo. La dialéctica existe porque estamos en el lugar incorrecto, en un tipo de sociedad equivocada”. (op. cit., p. 5).
Invito a los lectores  a acercarse al contenido del libro, siendo importante en las discusiones que buscan elementos teóricos en el análisis del cambio social,  me parece además,  de suma utilidad en la enseñanza de la teoría crítica a las jóvenes generaciones.
 
Bibliografia referida
- Hard, Michael y Negri, Antonio. 2002. Imperio, Paidos, Buenos Aires
- Hard, Michael y Negri, Antonio. 2004. Multitud, Paidos, Buenos Aires
- Holloway, John. 2007. “¿Por qué Adorno?” en Negatividad y revolución. Theodor W. Adorno y la política, Herramienta-BUAP, Argentina
- Horkheimer, Max. 2000. Teoría tradicional y teoría crítica, Paidos, Madrid
- Marcuse, Hebert. 1984. El Hombre Unidimensional, Ariel, Madrid
- Tischler, Sergio, 2007. “Adorno: La cárcel conceptual del sujeto, el fetichismo político y la lucha de clases” en Negatividad y revolución. Theodor W. Adorno y la política, Herramienta-BUAP, Argentina
- Wilding, Adrian. “Flautistas de Hamelin y eruditos. Sobre las últimas conferencias de Adorno” en Negatividad y revolución. Theodor W. Adorno y la política, Herramienta-BUAP, Argentina