Introducción.

Marx dijo que las revoluciones proletarias "se critican constantemente a sí mismas, se interrumpen constantemente en su propia marcha, vuelven sobre lo que parecía terminado para comenzarlo de nuevo desde el principio, se burlan cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que solo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas" . ¡Cuán gigante aparece el capitalismo frente a los trabajadores al llegar el fin de siglo! A esa visión contribuye el palabrerío de políticos, economistas, intelectuales, periodistas y burócratas hermanados en su servidumbre al capital, propagandistas del fin de la historia y en especial del fin de las revoluciones.

Con todo, creemos que la imagen vigorosa del capitalismo no nace de sí mismo: surge hoy, ante todo, de la extrema confusión reinante en las filas de la clase llamada a ser su sepulturera, esa clase de cuya fuerza y voluntad depende su propia liberación, y la liberación de la humanidad. Este siglo, que comenzó mostrando la brutalidad explotadora del capitalismo imperialista, portador de guerras y barbarie, presenció también el tumultuoso desarrollo de exultantes esperanzas revolucionarias. En ellas se fundieron enseñanzas y programas derivados de incontables combates anteriores, con los ecos de la convocatoria del proletariado triunfante en la Revolución de los Soviets, en la Rusia de 1917. Luego sobrevinieron el aislamiento y la traición de la Revolución, el nazi-fascismo, otra devastadora carnicería mundial... Esperanzas y decepciones se sucedieron, mientras el estalinismo continuaba una destrucción sistemática tanto de la experiencia de la Revolución Rusa como de posteriores embates de los trabajadores. Esto dejó secuelas nefastas en la teoría, el programa, la política, la organización y la conciencia de las masas y los militantes, que llegan hasta nuestros días. Por ello el capitalismo, resistido, cuestionado radicalmente y por momentos derrotado, sacó nuevas fuerzas con cada prueba... Sin embargo, en los umbrales del siglo XXI, ni los más optimistas ideólogos del capital pueden ocultar el desarrollo rampante de viejas y nuevas calamidades. En este presente pleno de amenazas, afirmamos que es más actual que nunca el antiguo "pronóstico alternativo" de Socialismo o Barbarie. Y la experiencia secular subraya también que la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, o no será. Vale decir: si el movimiento obrero y socialista no forja el camino de su emancipación, la barbarie del capital reinará sobre la creciente destrucción de la humanidad y la naturaleza. Resulta urgente comprender cabalmente el estado actual del capitalismo, sus contradicciones y tendencias. Simultáneamente, el movimiento obrero y revolucionario está impelido a reflexionar sobre el conjunto de experiencias acumuladas. Desandar el camino sin salida impuesto por la socialdemocracia y el estalinismo, pero también llegar hasta las raíces teóricas y organizativas de los fracasos, frustraciones e impotencia de alternativas propuestas por tantísimas organizaciones revolucionarias. Esta labor, necesaria para despejar la confusión que priva de perspectivas la acción de las masas trabajadoras y sus vanguardias, solo puede llevarse adelante mediante un esfuerzo colectivo de reflexión crítico-práctico-constructiva. Aportamos esta Herramienta para contribuir en el trabajo, y por eso mismo la concebimos como una revista abierta a diversos aportes del pensamiento marxista o que aun sin provenir del marxismo propongan respuestas fundadas a los problemas que enfrentamos. Una revista que difunda opiniones, un terreno de debates constructivos, un acicate para nuevas investigaciones. Buscaremos confrontar de ideas y experiencias, sin otra exigencia que la seriedad y el tratamiento respetuoso y leal de las diferencias. Estamos lejos de creer que una revista sea lo único por hacer. La lucha de clases se desarrolla a través de múltiples frentes, pero, por eso mismo, nos permitimos recordar la aguda observación de Marx: "Es cierto que el arma de la crítica no puede sustituir a la crítica de las armas, que el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas. Y la teoría es capaz de apoderarse de las masas cuando argumenta y demuestra ad hominem, y argumenta y demuestra ad hominem cuando se hace radical. Ser radical es atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo" .