Herramienta web 12

Enero de 2013

LA CRISIS ESTRUCTURAL NECESITA DE UNA TRANSFORMACIÓN ESTRUCTURAL

Cuando se enfatiza la necesidad de una transformación estructural radical debe quedar claro desde el principio que ello no es un llamado a una Utopíano realizable. Al contrario, la característica distintiva primaria de las utopías modernas era precisamente la proyección de que la mejoría pretendida en las condiciones de vida de los trabajadores podía ser alcanzada en el ámbito de la base estructural existente de las sociedades criticadas. Así, Robert Owen de New Lanark, por ejemplo, que tenía una sociedad comercial básicamente insustentable con el filósofo liberal utilitarista Jeremy Bentham, intentó con ese espíritu la realización general de sus esclarecidas reformas sociales y educacionales. Ella pedía lo imposible. Como también sabemos, el altisonante principio moral “utilitarista” “el mayor bien para el mayor número” se redujo a la nada desde su defensa por Bentham. El problema para nosotros es que, sin una evaluación adecuada de la naturaleza de la crisis económica y social de nuestros días –que ya no puede ser negada por los defensores del orden capitalista, aun cuando ellos rechazan la necesidad de una transformación mayor–, la probabilidad de éxito a este respecto es insignificante. El fin del “Welfare State”, en el pequeño número de países privilegiados donde una vez fue instituido, ofrece una lección que nos hace reflexionar sobre ello.

Crisis ecológica: Una crisis del capital

Sin lugar a dudas uno de los problemas más serios que enfrenta la humanidad en estos momentos es la crisis ecológica, desatada a su vez por la crisis económica y financiera. Por tanto puede considerarse que la crisis ecológica tiene poca relación con los problemas naturales y que en cambio, depende directamente del capital.
Este artículo presenta un análisis, de forma breve en cuanto a la creación del concepto de Desarrollo Sustentable hasta la forma en que el materialismo histórico lidia con esta propuesta de desarrollo.
Una importante fuerza en el movimiento ambiental y que de hecho es utilizada y promovida como forma válida de desarrollo, definiendo incluso el marco ideológico de muchas de las más grandes y más influyentes organizaciones de movimientos ambientales, es hoy por hoy la tesis del desarrollo sustentable.

Hacia la construcción de nuevas herramientas políticas de la izquierda

Noviembre quedó marcado por expresiones de disconformidad y protesta contra el Gobierno que, más allá de distintos componentes sociales y ambigüedades políticas, revelan un profundo malestar social. El telón de fondo es una crisis política (ruptura con Moyano y guerra sucesoria en el peronismo), a la que se suma el impacto de la crisis económica internacional, la doble asfixia de la deuda externa y del endeudamiento público y los acumulativos desastres en el área energética, en el sistema de transporte, en la salud, la educación, etcétera, que se agrava con el des-gobierno de Provincias y Ciudad autónoma. La Presidenta no se cansa de hacer declaraciones antipiqueteras, antisindicales y propatronales, estrecha relaciones con la UIA, los grandes sojeros, la minería a cielo abierto, Soros... ¡Y encara con Macri un descomunal negociado inmobiliario! Pero hace todo esto sin dejar de proclamarse adalid de la soberanía nacional contra los “fondos buitres” y llamando a la guerra contra el Grupo Clarín y el destartalado bloque derechista que lo acompaña. Destaco esto, porque lo notable es que el kirchnerismo mantenga la capacidad de presentar la pelea con la oposición burguesa que se coloca a su derecha, en términos tales que impiden o dificultan la irrupción de un genuino proyecto popular y anticapitalista. Éste es el contexto en que nos reunimos para discutir y aportar a la construcción de nuevas herramientas políticas de izquierda, al que traigo siete puntos. Y aprovecho para aclarar que lo hago sin mas representatividad que la de ser un simple militante del Frente Popular Darío Santillán.

Venezuela. Crisis y transformación del sistema político. Dos breves ensayos

I. El sistema político venezolano en el Siglo XX y su crisis
 
Introducción
 
El Estado venezolano fue producto de la alianza de castas cuya fragilidad recurrente se manifestó en las diversas guerras civiles[1] y revueltas, así como sus diversos caudillos regionales, durante todo el siglo XIX de la era republicana. La ruptura política exitosa en contra de la monarquía española trae cambios sociales y políticos en los que las castas empiezan a ser desplazadas por clases sociales. Así la conformación del Estado venezolano se erige en un marco de relaciones precapitalistas, con una mixtura de algunos elementos semi-feudales en conexión con agentes económicos que se articulan con el capitalismo mundial emergente. A partir de ello se generan unas relaciones de poder que van configurando las élites desde el Estado, constituyendo los diversos proyectos políticos y de gobierno que marcaron a Venezuela cultural, política, económica y socialmente como nación.

Revolución y destotalización. Una aproximación a Agrietar el capitalismo de John Holloway

 
 
I
Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo de John Holloway es un libro cuyo principal objetivo es pensar la revolución hoy. Si el paradigma teórico de la revolución durante más de siete décadas fue el ¿Qué hacer? de Lenin, el libro de Holloway, que continúa las reflexiones de su Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy, bien podría ser nombrado como el Anti ¿Qué hacer? Sus principales tesis son una crítica radical al leninismo como teoría y práctica revolucionarias. Actualizar el concepto de revolución, para Holloway, no sólo implica destacar la necesidad de superar el capitalismo sino el tipo de praxis política derivada de la concepción leninista de la revolución. Su idea de sujeto revolucionario es una antítesis de la elaborada por Lenin en aquella memorable obra. Un argumento central es que no puede haber una revolución radical, comunista, reproduciendo la escisión sujeto-objeto (en términos de partido/clase, vanguardia/masas, estado/sociedad) característica del leninismo, el cual, desde esa perspectiva, resultó ser paradójicamente una expresión de la forma burguesa de lo político, aunque conscientemente hubiera pretendido encarnar la superación de la misma. De allí, que el pulso de la obra esté marcado por la pregunta de cómo superar lo político como forma de la dominación del capital. Estos temas, por supuesto, ya estaban planteados en el texto anterior, pero en esta obra el autor nos entrega una reflexión sistemática a partir de un lugar poco frecuentado, mejor dicho, casi invisible, de la lucha de clases: en la terminología el autor, el antagonismo entre el hacer y el trabajo. Lugar de reflexión casi invisible decimos, porque es de la pluma de Holloway que nos acercamos a él y porque el centro del análisis en el marxismo tradicional ha sido el de la contradicción capital/trabajo, como lo apunta. De esa contradicción más esencial, por lo común ignorada en el análisis tradicional, el autor deriva una idea del sujeto revolucionario en íntima relación con la vida cotidiana, entendida ésta como expresión viva del antagonismo social.

Hardt, Holloway, Gutiérrez Aguilar, Löwy... Desbordar los dilemas para construir estrategias integradoras y transformadoras

Leer en El Viejo Topo las correspondencias críticas de Hardt y Holloway[1] sobre Commonwealth[2]y Agrietar el capitalismo,[3] me ha llevado a otra correspondencia de Holloway con Michael Löwy, a propósito del libro Cambiar el mundo sin tomar el poder,[4]y a la presentación de este libro de Raquel Gutiérrez Aguilar.[5] O sea, trato de abrir un camino para criticar la manía por los dilemas y las disyuntivas en que nos quieren encerrar algunos teóricos de origen anglosajón, más o menos “antagonistas”. El intento de repasar-criticar sus acuerdos y desacuerdos es una forma de no quedarse atrapados en las abstracciones y peligros que señalan sus miedos y sus preguntas. Entre estos autores hay acuerdos y desacuerdos, más o menos velados o manifiestos, pero pocas veces se aprecian superaciones, desbordes o construcciones que permitan avanzar más allá de tenía razón o no la tenía este o aquel.

Lenguas del exilio. El concepto de Historia en Marx y la interpelación benjaminiana a éste

Introducción
 
El concepto de historia es un punto problemático en el pensamiento de Marx. Objeto de innumerables interpretaciones y cuestionamientos, constituye al mismo tiempo una tensión en el conjunto de su obra.
Los diversos marxismos del siglo XX[1] se han encontrado atravesados por dicho debate de manera explícita o implícita y han disputado la interpretación del “catecismo” en este plano. Dada la extensión del tema y la infinidad de autores que lo han abordado, nos proponemos abarcar la temática desarrollada desde el pensamiento de Marx, a partir de lo que sin dudas constituye una de las propuestas más heterodoxas y lúcidas al respecto: el pensamiento de Walter Benjamin.

Bajo el imperio del capital, de Claudio Katz

 
 
Ediciones Luxemburg: Buenos Aires, 2011, 272 págs.
 
Una pequeña-gran enciclopedia de la teoría del imperialismo.[1] En la tradición del pensamiento emancipatorio, que se extiende desde las revoluciones de 1948 hasta la década de 1980, se construyeron una serie de categorías de análisis histórico y social de indudable alcance, tanto para clarificar problemas fundamentales del desenvolvimiento del capitalismo y de la lucha de las clases subalternas, como para proporcionar instrumentos que permitieran delinear de manera más clara la táctica y estrategia de los movimientos anticapitalistas. Entre esas categorías sobresalen las de capitalismo, capital, clases, lucha de clase, clase obrera y/o trabajadores, explotación, plusvalía, Estado e Imperialismo, dentro de las más importantes. Estas categorías se diseñaron no como artefactos conceptuales de tipo académico –aunque desde luego también se utilizaran en este ámbito– sino como instrumentos de análisis relacionados con movimientos reales.

Diario di viaggio nelle città gramsciana, de Giuseppe Prestipino

 
 
Milán: Punto Rosso, 2011, 550 págs.
 
Mi intención era hacer una reseña del, nunca último, libro del filósofo italiano Giuseppe Prestipino: Diario di viaggio nelle  città gramsciana.[1] Pero confieso que es, para mí, una tarea demasiado difícil. No puedo reseñar un universo en movimiento. Un universo cultural, como lo es el de esas ciudades gramscianas en la geografía de la herencia social del humanismo, permanentemente cultivado por un hombre de noventa años. Muy poco más de lo que dura su viaje militante de comunista gramsciano. Porque su filosofía, fiel a Gramsci y a Marx, es política. Como política ha sido y es su vida, hombre de la polis polifacético, con el paradigma de un Leonardo ya imposible si no es colectivo, como anhelaba Marx. Estudioso de la estética, no ha rehuido al derecho; su amor por el Dante o Leopardi no opaca su valoración crítica de Kelsen. Ni las abstracciones de sus síntesis dialécticas le impiden reflexionar sobre la xenofobia que humilla y mata a miles de migrantes. Mirada ácida que no hesita en acudir a nuestro oriental Galeano para condenar el crimen colonial, también italiano. Su longeva experiencia no escapa a alguna anécdota ni a su visión antropológica de la mafia de su Sicilia natal, de cuya Asamblea Regional fue diputado. Sesgo antropológico con el que trata de entender el ritmo repetitivo y ensordecedor de la música que muchos jóvenes consumen en los boliches. Son todas esas y muchas más sus ciudades gramscianas. 
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