Revista Herramienta Nº 44

Junio de 2010

Revista Herramienta Nº 44. Indice

Herramienta N°44
Junio de 2010
ISSN  1852-4710
 
DOSSIER: DEBATE SOBRE EL TRABAJO
 
 
Roberto Follari
 
Werner Bonefeld
 
Alain Bihr
 
 
Ricardo Antunes
 
John Holloway
 
Mariano Pacheco
 
Marcela B. Zangaro
 
Pablo Míguez
 
Patricia Collado
 
Néstor A. H. López
 
Ana Cecilia Dinerstein
 
Luciana Ghiotto y Rodrigo F. Pascual
 
Osvaldo R. Battistini
 
Edgardo Gutiérrez
 
Gabriela Ferreira, María Belén Sopransi y Daniel Contartese
 
OTRAS SECCIONES
 
Cultura y literatura
 
Sergio Tischler
 
Filosofía
 
Por Edgardo Logiudice
 
Economía – Internacional
 
François Chesnais
 
Argentina
 
Miguel Mazzeo
 
Homenaje
 
Manuel Martínez

Presentación

 
Este dossier presentado por Herramienta ha sido posible gracias a la colaboración de los autores que hoy presentamos, así como la de los traductores, correctores, dibujantes, diagramadores y todos los que participaron en su realización. A todos ellos, nuestro agracedimiento.

El tema es apasionante, porque el trabajo, o su carencia, es central en la vida de cada uno. Su crisis nos involucra a todos porque lo que está en juego es más que los padecimientos de los explotados, ya que, al hambre y a las enfermedades que hoy sufren millones de seres humanos, se le suma la supervivencia del planeta amenazada por la voracidad del llamado “progreso” a que nos empuja el capitalismo.

Los rostros de Sohn Rethel

 

1. Singular. Es sin duda el adjetivo que le cabe a Sohn Rethel en la historia de la teoría marxista en general y, por qué no, en la de la teoría social en general. Vayan dos anécdotas como testimonio.
Se cuenta que Horkheimer y Adorno tuvieron reacciones opuestas sobre el original del texto capital del autor, Trabajo manual y trabajo intelectual. Adorno, que lo conoció primero, lo valoró como admirable. Lo envió él mismo a su amigo, director del Instituto de Frankfurt, y éste lo rechazó casi de plano. Las idas y vueltas de estas apreciaciones opuestas hicieron que la publicación se demorara largamente, y que Sohn Rethel tuviera que hacer no pocas modificaciones para que la edición se concretara.
Por otro lado, en tiempos de exilio tocó al autor de esta nota saber del pensamiento de Sohn Rethel a través de la revista Dialéctica, que se publicaba por entonces (1979) en la Universidad Autónoma de Puebla (que luego ha agregado al inicio de su nombre la cualidad de “Benemérita”, lo cual ha convertido a su sigla en BUAP), donde se sigue hoy publicando. El ya por entonces ex-Partido Comunista Mexicano dirigía esa universidad, y había en ella un conglomerado de pensamiento marxista por vía de diversos investigadores presentes en Facultades e Institutos. Oscar del Barco era uno de ellos; había pertenecido al conocido grupo “Pasado y Presente” en Argentina (junto a Aricó y Portantiero, entre otros), y se interesó por el autor alemán. Valga el señalamiento de que Del Barco abandonó luego el marxismo tras su retorno a Argentina, y en tal condición protagonizó un áspero y sonado debate en torno al tema de la violencia política de los setentas, unos años atrás.

Sobre el tiempo del trabajo abstracto

Marx aborda el tema del trabajo abstracto en el capítulo I de El capital, y apenas se refiere a él en los posteriores. Su concepto de trabajo abstracto es ambivalente. Lo define en términos fisiológicos, sin vincularlo con lo social, e insiste en que es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostiene que el trabajo abstracto es una “realidad puramente social” que sólo puede aparecer en las relaciones sociales “entre mercancías” (Marx, 1983: 54), y lo define también en términos fisiológicos como “el gasto productivo de cerebro, nervios y músculos del hombre” (ibíd.: 51). Las consecuencias políticas de estas definiciones particulares son tremendas. La tradición marxista ortodoxa ‑desde la segunda y la tercera internacionales hasta los intentos actuales por convertir la crítica de la economía política de Marx en una ciencia económica marxista‑ en general acepta la definición fisiológica de trabajo abstracto. En cambio la tradición crítica marxista, que se guía por el redescubrimiento post 1968 de la teoría del valor hecho por Rubinstein, considera que el trabajo abstracto es una forma de trabajo específicamente capitalista. Sostengo que la categoría de trabajo abstracto es histórica. Las conclusiones que se derivan de esta postura tienen implicancias políticas 

Las formas concretas del trabajo abstracto

Autor(es)

 

Hasta el presente, el concepto marxiano de trabajo abstracto ha atraído muy poco la atención de los comentaristas de Marx. Por ejemplo, en el artículo “Trabajo” del Diccionario Crítico del Marxismo, Jaques Bidet le consagra solamente algunas líneas y no menciona de ninguna manera los problemas que el mismo suscita.[1] Sin embargo Marx subraya desde el comienzo en El Capital la importancia de esta noción y su carácter propiamente revolucionario desde el punto de vista de la comprensión de los fenómenos económicos en el marco de las relaciones capitalistas de producción, diciendo:

Nadie, hasta ahora, había puesto de relieve críticamente este doble carácter del trabajo representado por la mercancía. Y como este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de la economía política, hemos de detenernos a examinarlo con cierto cuidado.[2]

 

La dialéctica entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto

 

 I
 
Es muy conocido el párrafo decisivo de El capital en el que Marx presenta su concepción de trabajo. Distinguiendo al peor arquitecto o maestro mayor de obras de la mejor abeja, afirma que el constructor obtiene
un resultado que antes de comenzar el proceso existía ya en la mente del obrero; es decir, un resultado que tenía ya existencia ideal. El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, al mismo tiempo, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad.[1]
Dice también que:
Como creador de valores de uso, es decir como trabajo útil, el trabajo es, por tanto, condición de vida del hombre, y condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hombre y la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana.[2]

Hacer en-contra y más allá del trabajo

Autor(es)

1. La revolución anti-capitalista es más urgente que nunca. Lo central en esto sería romper la dinámica de la cohesión social capitalista y la única manera de pensarlo es como un movimiento desde lo particular, como perforar de esa cohesión, como la creación de grietas en la trama de las relaciones sociales capitalistas. Espacios o momentos de negación-y-creación. Entonces, la revolución, será la creación, expansión, multiplicación y confluencia de estas grietas.[1] El trabajo abstracto tiene un papel central en este argumento ya que la cohesión social en el capitalismo está constituida por él y no por el dinero, y no por el valor, sino por la actividad que genera la forma valor y la forma dinero: el trabajo abstracto. Agrietar la cohesión social del capitalismo es confrontar la forma cohesiva del trabajo abstracto con un tipo de actividad diferente, una actividad que no cabe en el trabajo abstracto, que no está completamente contenida en él. Esto significa que hay que examinar la relación entre trabajo abstracto y trabajo concreto.

El caso subterráneos de Buenos Aires. Notas sobre el nuevo sindicalismo en la Argentina

Los combates que más importan –me dijo Megafón– nunca salen a la luz

 del mundo, ya que permanecen en el subsuelo de la Historia.

Leopoldo Marechal, Megafón o la guerra
 
El trabajo de los pobres es la mina de los ricos.
Karl Marx, El capital
 
A modo de introducción
 
La actual composición de la clase obrera argentina, producto de las transformaciones estructurales impuestas tras la ofensiva neoliberal, es heterogénea y está signada por la precarización laboral, la subocupación y sobreocupación masivas y un amplio margen de desempleados.[1] Es en este contexto que va a desarrollarse la experiencia antiburocrática del subterráneo, en una década en la que el protagonismo de la resistencia popular antineoliberal recae en sectores periféricos al movimiento obrero organizado.[2] Esto no es de extrañar, si tenemos en cuenta que la represión de la dictadura se concentró en esta clase (80% de los 30.000 detenidos-desaparecidos eran asalariados y el 30%, obreros industriales) y que las cúpulas sindicales fueron cómplices y parte de la ofensiva conservadora (el devenir empresario de los dirigentes sindicales no es más que una consecuencia de este proceso).[3] De allí que la reconstitución de experiencias combativas y antiburocráticas al interior del movimiento obrero aparezca, en los últimos años, como una novedad. Por más que retomen y recuperen el largo historial que cuenta en el haber de nuestra clase. 

El management en el cruce de la subjetividad y el trabajo

 

Para cualquier gerente, uno de los mayores desafíos siempre ha sido el de lograr que sus su­bordinados se identifiquen con la organización y consideren los éxitos de la empresa como propios.
 
J. Katzenbach, El orgullo, un activo estratégico
 
Partamos de una definición general, que podría ser fácilmente aceptada: las formas de gestión o management constituyen un conjunto de prácticas por las que el capital organiza la fuerza y el proceso de trabajo a los fines de la acumulación. Esta definición, que aborda el management como un cuerpo de saber acerca del trabajo y de dispositivos de poder sobre los sujetos que trabajan, nos habilita para tratar las formas de gestión en términos de lo que Michel Foucault considera dispositivos de saber y tecnologías de poder: conocimientos que se constituyen socialmente como cuerpos de verdad sobre determinados objetos (en este caso, el trabajo) y prácticas por la que ciertos individuos determinan la conducta de otros imponiéndoles finalidades (producir en condiciones capitalistas). El management puede ser visto, así, como conjunto de prescripciones heteroimpuestas sobre los individuos en situación de trabajo. En esta clave, por ejemplo, sería posible leer la denominada “teoría del control patronal” propuesta por H. Braverman (Braverman, 1974). Algunos autores evaluaron el trabajo de Braverman como un tratamiento parcial de la relación capital-trabajo y de los procesos de gestión en tanto no tenía en cuenta que las acciones de resistencia contra el capital inciden en aquélla (Smith, 1995). En esta línea, V. Smith apunta a consolidar la propuesta de Braverman poniendo sobre la mesa de discusión otros factores relevantes para el abordaje de dicha relación como, por ejemplo, la lucha de clases o el género. Pero podríamos extender a Smith los propios términos de su crítica: su recorte deja algo fuera también al no considerar que la relación capital-trabajo no afecta a los trabajadores sólo como clase o como género, es decir, formando parte de colectivos, sino también como individuos. En el día a día de su relación, el capital opera sobre el trabajador en tanto miembro de una clase y en tanto individuo particular; y el trabajador opera sobre él como individuo y, quizás también, como miembro de una clase. En el contexto de la relación capital-trabajo los sujetos se constituyen, entonces, no sólo en subjetividad colectiva (en la clase obrera, en las trabajadoras o los trabajadores), sino también en individuos, en subjetividades particulares. Desde mi punto de vista, comprender el impacto que tiene el trabajo en la conformación de la subjetividad implica tener en cuenta también ese proceso de constitución de una subjetividad particular. 

Trabajo y valor: trascender la dictadura del trabajo abstracto

Este trabajo hace una genealogía de los planteos que postulan la necesidad de estudiar el trabajo y, al mismo tiempo, trascender el trabajo abstracto. Estos trabajos parten de determinadas definiciones del trabajo abstracto y de los procesos de valorización que, ancladas en el Marx de El Capital o de los Grundisse, dialogan con los debates clásicos y recientes sobre el estallido de la ley del valor y la necesidad de la abolición del trabajo alienado. Se revisan los textos clásicos de Rubin y Shön Rethel, así como textos más recientes de Holloway, Negri y Postone, para dar cuenta de la importancia política del debate del trabajo abstracto en la coyuntura del capitalismo actual.

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