Andrés Méndez (1943-2010): ¡Hasta siempre!

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Autor(es): Casas, Aldo Andrés

   Andres Mendez por Federico Martedi
 
 Nuestro compañero y amigo Andrés Méndez falleció el 3 de enero de 2010.
 
Impulsor de Herramienta desde los primeros pasos de la publicación, integró formalmente el Consejo de redacción desde el número 11, allá por 1999 y fue un incansable trabajador en las más diversas empresas asumidas por el colectivo. No sólo escribió artículos. Tradujo y corrigió innumerable cantidad de trabajos que, gracias a ello, llegaron a nuestros lectores. Su labor fue determinante para la edición de muchos libros, entre los que vale destacar -porque fue uno de sus últimos empeños y la envergadura e importancia del mismo- la versión en castellano de Las finanzas capitalistas. Para comprender la crisis mundial (de Suzanne de Brunhoff, François Chesnais, Gérard Duménil, Michel Husson y Dominique Lévy). Recuerdo también que estuvo a su cargo la coordinación y revisión final de Los sentidos del trabajo (de Ricardo Antunes). Andrés fue asimismo uno de los fundadores del grupo de los Economistas de Izquierda, al calor de la crisis del 2001, participando e impulsando todas las actividades del EDI desde entonces. Y por si todo ello fuera poco, se dio tiempo para cursar una Maestría en Periodismo, participar regularmente en diversas radios alternativas, en actividades relacionadas con la aprobación de una nueva Ley de Radiodifusión, etcétera... 

Pero la memoria me lleva mucho más atrás. Andrés había nacido en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1943; cuando tenía 7 años su familia se trasladó al Chaco donde hizo los estudios primarios y secundarios e ingresó en la Facultad de Humanidades de Resistencia en la carrera de Filosofía y Ciencias de la Educación. En febrero de 1967 se trasladó a Buenos Aires, donde estudió Filosofía. Ya por entonces se había volcado a la militancia con los trotskistas de Palabra Obrera y la organización unificada conformada con el Frente Revolucionario Indoamericano Popular, que luego pasó a llamarse Partido Revolucionario de los Trabajadores. Cuando este se dividió, Andrés Méndez continuó su militancia en el PRT-La verdad (por el nombre del periódico, y para distinguirse de la otra fracción conocida como PRT-El combatiente). No traigo esto a colación para hacer una biografía política, sino para rememorar la radicalización política y la turbulencia de aquellos años, marcados por el impacto de la Revolución cubana y los incipientes intentos de recomposición en clave combativa del activismo obrero y estudiantil. En tal contexto Andrés asumió ese compromiso revolucionario y emancipatorio que mantuvo hasta el final de su vida.

Se casó y tuvo tres hijos, mientras se volcaba intensamente a la actividad política. Fue militante estudiantil, así como también trabajador, activista y delegado en el gremio del Seguro, pero se formó y destacó sobre todo como periodista revolucionario, hasta convertirse en un componente infaltable en los diversos equipos que aseguraron la producción, en condiciones de legalidad, semi-legalidad o absoluta clandestinidad, de los periódicos del PRT, del Partido Socialista de los Trabajadores y del MAS: La verdad, Avanzada Socialista, Opción, Palabra Socialista y Solidaridad Socialista. Colaborando también con publicaciones como Revista de América, o Correo Internacional, publicado por la Liga Internacional de los Trabajadores. Sobre este aspecto de su actividad, Laura Marrone ha escrito: “Recuerdo sus trabajos como periodista en la prensa de nuestra corriente. Siempre claros, precisos, agudos. Siendo un intelectual, su pluma nunca se pavoneó de su saber sino que estuvo en función de que un trabajador o trabajadora común pudiera comprender las razones de su penuria y encontrara herramientas para tratar de enfrentarla. Lo recuerdo también dando cursos y precisando los conceptos que otros, a veces más torpes, no sabíamos hacer con tanta finura. Su hacer cotidiano era social. Uno de los compañeros más cultos, racional e inteligente que conocí. Pero también leal y fraterno”.
 
Andrés fue asimismo un internacionalista, compromiso que lo llevó a militar en España, Francia o Brasil y a interactuar con luchadores de diversos países, que también reconocieron sus valores militantes y humanos, como lo reflejan estas palabras del chileno Arnaldo Torres, “Antonio”: “Difícil hilvanar palabras. No puedo dejar de ‘ver’ su humanidad, de lentes y con barbas, tal cual lo vimos la última vez, que nos parece ayer”. Desde España, compañeros de los que se había distanciado políticamente hace ya mucho escribieron: “Lo recuerdo como uno de esos compañeros con los que tenía una coincidencia ‘de corazón’, su lucha por un socialismo sensible a toda problemática humana. De alguna manera siempre asocié a Andrés con esa frase de ‘nada de lo humano me es ajeno’. No se me ocurre ahora mismo mejor definición de lo que era como compañero de ideales, y por sobre cualquier diferencia política que pudiéramos tener” (mensaje de Enrique Olmos y Rolo Garmendia). 
 
A esa humanidad se refirió también Jorge Marchini, uno de sus compañeros en el grupo de economistas diciendo: “No puedo ni deseo en este momento centrar la atención en sus valiosos aportes en la reflexión y el debate en tantas reuniones y en la elaboración de documentos del grupo Economistas de Izquierda... Deseo más decir que lo voy a extrañar enormemente y cuánto bien me hacía encontrarme con él, su bonhomìa, sus reflexiones inteligentes, sus ironías ácidas, y sobre todo, y sin necesidad alguna de decirlo sino simplemente demostrarlo con sus gestos y actitudes cotidianas, siempre transmitir su sentido de la solidaridad y compromiso político y social esperanzador”.
 
Lo dicho alcanza, espero, para trasmitir el dolor y la sensación de pérdida que nos deja la muerte de Andrés. François Chesnais, Ricardo Antunes, John Holloway, Fernando Matamoros, Sergio Tischler, Renán Vega Cantor o Antonino Infranca (valgan estos nombres como expresión sintética de todos los asesores y colaboradores internacionales de la revista) enviaron, con el mismo sentido y desde las más diversas latitudes del mundo, palabras sentidas y profundas. Todo esto, y nuestra incondicional solidaridad, fue acercado a los familiares y las personas mas estrechamente relacionadas con Andrés.
 
Pero siento al mismo tiempo que debemos decir más, aunque hacerlo sea doblemente doloroso. Se trata de asumir el hecho de que, si el 3 de enero de 2010 el corazón de Andrés Méndez dejó de latir a pesar de todos los esfuerzos del equipo médico que lo atendiera; fue porque cuarenta y cinco días antes él mismo había decidido quitarse la vida con un disparo de arma de fuego. Durante esa penosa agonía, resultó inevitable interrogarse sobre las motivaciones de tan extrema y reservada decisión, que no comunicó a nadie y nunca conoceremos cabalmente. Por ello mismo, sobreponiéndonos al estupor y el dolor, decimos que no podemos ni queremos juzgar y siempre lo recordaré(mos) como un compañero íntegro, capaz y modesto. Como escribiera Néstor López al conocer el desenlace: Hoy las campanas doblaron por Andrés. Con él se ha ido parte de cada uno de nosotros,  no porque seamos un todo compacto, homogéneo y ahora seamos menos en cantidad, sino porque desde hace décadas conformamos un conjunto de pensares diferentes luchando por cambiar el mundo y cada quien aporta lo suyo a un ensamble particular como es Herramienta. Andrés aportaba mucho: su saber, su cultura, su enorme cuota de ironía y de esfuerzos, de sutilezas y de reconocimiento del otro. Sabíamos discrepar, a veces fuertemente, pero también escucharnos y aceptarnos y en eso nos reconocíamos fraternalmente. Hace décadas nos cruzamos en nuestra militancia en la redacción del periódico del PST, y luego en el del MAS y después continuamos la lucha en Herramienta. A veces charlábamos y nos acordábamos de las barbaridades que escribíamos y otras recordábamos también muchas cosas reivindicables, pero nuestros recuerdos siempre tenían humor y risas. Nuestra angustia por los errores cometidos no nos llevó a abandonar las esperanzas de lograr un mundo que sea otro, sin explotados ni explotadores, lo abordábamos desde ángulos diferentes pero nos escuchábamos, nunca un grito, ni un reproche movido por bronca personal hubo entre nosotros”. Puedo agregar que personalmente lo conocí alrededor del año 1967 y sé que desde entonces luchó por el socialismo y la emancipación social, hasta su último día. Quiero destacar con esto que Andrés fue mucho mas que un impulsor y trabajador incansable de Herramienta y que si algún significado puedo y debo dar a su trágica determinación, es el de recordarnos que nuestro objetivo no se reduce a sacar una buena revista o desarrollar el pensamiento y la teoría crítica, aunque esto sea importante y necesario. De lo que se trata, realmente, es de cambiar la vida, y estamos aún lejos de lograrlo. Más allá de las derrotas, errores, aprendizajes y avatares políticos que atravesó, como otros muchos de su generación, ese fue el combate y la perspectiva que signan la vida de Andrés. Trataremos de continuarlo y haciéndolo, a pesar de su ausencia física, lo tendremos con nosotros.
 
¡Andrés Méndez: hasta el socialismo, siempre!
 
Aldo Casas, del Consejo de redacción de Herramienta. Enero de 2010.