Socialismo

Un abismo entre dos socialismos: la concepción de Marx y la del bolchevismo temprano. (Una visión provisional)

 

Marx y Engels consideraban al socialismo o comunismo simplemente como la expresión teórica de la lucha de los obreros contra el capital, y por su propia emancipación. Este ensayo versará sobre el socialismo sólo como una categoría teórica, dejando de lado los movimientos y acciones históricas que han sucedido en su nombre. Al decir “bolchevismo temprano” nos referimos al bolchevismo anterior a la consolidación de Stalin en el poder, es decir, al bolchevismo que la mayoría de la llamada izquierda “marxista” aún lo considera en forma favorable. Nos ocuparemos básicamente de los escritos más relevantes de quienes son probablemente los representantes más conocidos del bolchevismo de esa época: Lenin, Trotsky, Bujarin y Preobrazhensky. Este texto sólo es una rápida visión general del tema.

Los desafíos de la transición. Prólogo del autor

Este texto intenta trasmitir experiencias, saberes y opiniones que exceden lo personal, porque surgen de luchas compartidas con muchas y muchos. Después de un breve pasaje por la juventud comunista, a principios de los años sesenta, ingresé en 1965 al Partido Revolucionario de los Trabajadores y viví logros, frustraciones e invalorables experiencias de millares de luchadores anticapitalistas y antiburocráticos: en el PRT-La Verdad, luego en el Partido Socialista de los Trabajadores y en el Movimiento Al Socialismo. La militancia internacionalista me llevó a compartir esfuerzos con compañeros de otros países y latitudes: en Venezuela (1973), en Portugal (1975), en España (1977), en Francia (1981) e incluso en Polonia (1989) y participé en innumerables reuniones y debates del movimiento trotskista internacional. Las experiencias acumuladas en ese trayecto relativamente extenso no fueron pocas y creo apreciarlas más y mejor desde que, autocríticamente, asumí errores e insuficiencias teóricas en esa larga marcha.

Los desafíos de la transición. Presentación

En Nuestra América, a lo largo de las últimas décadas, un conjunto extenso y variado de organizaciones populares y movimientos sociales surgieron y se consolidaron en oposición al neoliberalismo. Además de tener un enorme poder de impugnación al sistema dominante, supieron delinear los trazos gruesos de una crítica a los paradigmas emancipatorios clásicos del siglo XX. De este modo, fueron consolidando un consenso sobre el tipo de socialismo al que ya no se aspiraba. Sin embargo, han sido muy pocos (y confusos, y ambiguos) los pasos dados en pos de trazar un camino común, en dirección al socialismo que se quiere construir, y de planear la estrategia para realizarlo.

Las perspectivas para el socialismo: una cuestión del capital y la clase

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Introducción: crisis de la izquierda
 
La crisis actual ha revelado inequívocamente la declinación del socialismo en el temprano siglo XXI: desde 2007, en ningún momento hubo duda alguna, para quienes piensan con realismo, de que el capitalismo sobreviviría y se recobraría. Hasta la ideología keynesiana, proponiendo una mayor regulación y la intervención estatal, que se había reavivado a fines de 2008 mientras los gobiernos luchaban por eliminar la amenaza del hundimiento financiero en el caos luego del colapso de Lehman Brothers, se desinfló posteriormente frente al asalto de los tenedores de bonos sobre los mercados de las deudas públicas europeas. Ésta ha sido una crisis dentro del neoliberalismo, no una crisis del neoliberalismo.

 

Ancla salarial: Instrumento de transición Humanista Ecológica al Socialismo

Toda política económica actual tiene un ancla, un instrumento de regulación de políticas públicas, para el control de la inflación. Dado el fin de la Unión Soviética y de otras experiencias revolucionarias, partidos del proletariado y otros aplican “anclas” en función del  interés de la burguesía, en gobiernos nacionales subordinados al Imperialismo. Lo hacen en perjuicio de la desconcentración de la renta, de la reversión de las privatizaciones y de daños ambientales por medio de reformas estructurales. Gobiernos pro-socialismo, a su vez, enfrentan dificultades para controlar la inflación y tienen reformas bloqueadas. Tenemos que superar la…

Peter McLaren entrevistado:“Pedagogía crítica, humanismo marxista y transformaciones en Latinoamérica

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Entrevistado por Sebastjan Leban  -  Tercera y última parte.
 
SL: Aníbal Quijano, en su texto Colonialidad del poder, eurocentrismo y Latinoamérica, escribió que, históricamente, sólo mediante la colonización de las Américas pudo consolidarse el capital y lograr un predominio global estableciendo el nuevo orden mundial conocido como capitalismo. ¿No es interesante y sorprendente que después de quinientos años del moderno sistema mundial la nueva revolución socialista esté en realidad sucediendo precisamente en América Latina, que es probablemente una de las áreas geográficas más explotadas donde el colonialismo a través de siglos permitió la expansión del capitalismo (globalmente) hasta ahora? Permíteme seguir con otra pregunta. Está claro que si queremos construir otra perspectiva (y no sólo la capitalista) tendremos que participar en una lucha contra la estructura actual del poder en todos los niveles sociales. La lucha contra esta hegemonía ya está en curso, pero parece que todavía se encuentra un poco dispersa (estructurada en diferentes campos teóricos). ¿Trabaja la pedagogía crítica radical junto con otros importantes proyectos de des-vinculación, como la descolonización (W. Mignolo), y piensas que es la hora para que tenga lugar una revolución histórica a escala global?

No podemos tener una política activa construida sobre una teoría del conocimiento pasiva

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Entrevistado por Sebastjan Leban  - Segunda parte

 
La realidad contemporánea está contaminada con la ideología capitalista neoliberal del valor, que el actual sistema mundial no tiene intenciones de cambiar. ¿Cómo podemos hacer para, por un lado hacer más visible y comprensible este proceso para los demás y por el otro para descontaminarlo?
 
Bueno, antes que nada tenemos que reconocer lo que acabas de señalar: el actual sistema no tiene la menor intención de cambiar. Entonces ¿qué sentido tiene realizar un riguroso y detallado trabajo analítico y una investigación sofisticada y seria sobre el capitalismo neoliberal si no va a hacer mella en el sistema? Necesitamos dejar de ser académicos y comenzar a ser activistas. Hace un año me pusieron a la cabeza de una lista hecha por un grupo de extrema derecha conocida como los “treinta cochinos”, denunciado como el profesor más peligroso de la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles); el responsable de esto –un grupo pro-Bush– ofreció 100 dólares a los estudiantes que me grabaran secretamente y 50 dólares para leer los apuntes que tomaban de mis clases (o de las clases de otros profesores de izquierda). La historia trascendió internacionalmente por su similitud con el macartismo, y fue caracterizada como un macartismo renaciente relacionado con el ataque a los derechos civiles por parte de la camarilla de Bush. Esto habría sido mucho menos probable antes del 11 de septiembre de 2001. Creo que esta erosión de los derechos civiles y el desplazamiento hacia el fascismo aquí, en EE.UU., ha puesto realmente al descubierto que tenemos una grave amenaza a la libertad académica. Tenemos que reconocer que las ciencias sociales mismas han contribuido a paralizar a los académicos: no es mucho lo que se puede hacer estando sepultados en un sistema de modernidad liberal, con el individualismo liberal y una doctrina económica neoliberal. Como señala Takis Fotopoulos, la concepción negativa de la libertad inserta en la democracia liberal –es decir, libertad entendida como ausencia de limitaciones– habiendo sido abstraída de su base económica lleva a una erosión de las “libertades formales”. Estas están siendo quitadas ahora en los regímenes semi-totalitarios de Occidente, en tanto la sociedad heterónoma en la que vivimos es usurpada por elites que sirven a la clase capitalista internacional. No nos engañemos, la educación ayuda a las elites a intentar controlar a las mayorías populares; no sólo la educación en las aulas sino la práctica educativa más amplia que tiene lugar en el ámbito de la comunicación. 

¿Qué significa el socialismo hoy?

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Recapitulación crítica

 
“Estamos frente a un proceso social y político diferente, frente al cual no se puede repetir más lo sabido.”
 (“Reformismo social y disputa de hegemonía” de Francisco Hidalgo Flor, Herramienta Nº 41)
 
La cita demarca la frontera teórico-política ante la que nos hallamos. Y aún no podemos desprendernos de los contrapesos del bagaje conceptual anterior que no responde a los desafíos actuales, sea por repetición de libretos ya “vencidos” o por proclamar lo nuevo como si bastara con invocarlo. Desde luego existen aportes de ideas valiosas, pero lo más rico de lo que está naciendo surge de experiencias concretas con diversas características sin que las construcciones teóricas estén a su altura.
No es de extrañar entonces que la situación que se presenta en Argentina y en Latinoamérica dispare fuertes polémicas y divisiones, producto de interpretaciones sostenidas desde discursos parcializados cuando no precarios. Así, quienes apoyan las políticas de los gobiernos “progresistas”, cualquiera sea su grado de adhesión, apuntan a morigerar los efectos depredadores del orden capitalista pero sin cuestionar la naturaleza del sistema que origina dichos efectos. En cuanto a los que sí cuestionamos al capitalismo, ubicados al margen de los cánones clásicos y de la reproducción de cursos agotados, constituimos una franja donde el momento que vivimos también provoca valoraciones disímiles y no pocas fricciones. Este entramado de divergencias muestra lo difícil que supone el reto: “no se puede repetir más lo sabido” y mayor aún, el de lograr bases comunes para que vaya surgiendo una inteligencia colectiva capaz de inducir cambios sustanciales, comenzando por los propios. 

Los siete momentos del cambio social

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Intervención en el Congreso “Marxism 2009”, organizado por el SWP (Partido Socialista de los Trabajadores) británico en Londres, del 2 al 6 de julio. David Harvey participó en el taller consagrado a la crisis económica junto a Chris Harmann. En su intervención se desarrolla principalmente una idea que parece paradójica hoy con relación al repliegue del movimiento social. Para él, la crisis, lejos de cerrar los horizontes socialistas, abre nuevas perspectivas. Es la hora, según él, para las fuerzas de izquierda, de volver a salir al ataque, armadas de una teoría del cambio social que se inspira en Marx. (Nota de los editores franceses)

La crisis es, a mi juicio, una racionalización irracional de un sistema irracional. La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas, de costa a costa, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso esto no es una estupidez? La racionalización que el capital desea tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional.

La pedagogía crítica revolucionaria, el socialismo y los desafíos actuales

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Entrevistado por Sebastjan Leban

En tu página web[1] afirmas que la pedagogía crítica que apoyas y practicas, defiende el disenso no-violento, el desarrollo de una filosofía de la praxis guiada por un humanismo marxista, el estudio de los movimientos y el pensamiento sociales revolucionarios y la lucha por una democracia socialista, que es diametralmente opuesta a la actual democracia neoliberal. ¿Podemos decir que en tanto educador crítico básicamente lideras una lucha contra la valorización de la educación del neoliberal capitalismo global?

La pedagogía crítica en Norteamérica fue muy impactada por lo que ha venido ocurriendo desde que el capital comenzó a responder a la crisis de los setenta del capitalismo fordista-keynesiano –que William Robinson ha caracterizado como la feroz búsqueda del capital para liberarse de las limitaciones a la acumulación por los Estados-nación y las relaciones reguladas entre el capital y el trabajo establecidas en el siglo XX basadas en algunos (al menos unos pocos) derechos y obligaciones recíprocos; un movimiento que desarrolla un nuevo modelo de acumulación en el que las fracciones transnacionales del capital se han convertido en dominantes. Los nuevos mecanismos de acumulación incluyen: 1) un abaratamiento de la mano de obra y un incremento de la flexibilización, desregulación y desindicalización del trabajo, donde las mujeres siempre sufren una mayor superexplotación que los hombres; 2) la dramática expansión del capital mismo; 3) la creación de una estructura normativa mundial para facilitar la emergencia de circuitos globales de acumulación; y 4) un programa de ajuste estructural neoliberal que tiene como objetivo crear las condiciones para las operaciones sin trabas del capital transnacional emergente a través de las fronteras y entre los países. Todavía existe el capital nacional, el capital global, los capitales regionales, etcétera, pero la fracción del capital hegemónico a escala mundial es ahora el capital transnacional. Entones estamos viendo el profundo desmantelamiento de las economías nacionales, la reorganización y reconstitución de economías nacionales como elementos componentes o segmentos de una mayor producción global y el sistema financiero, que se organiza de manera globalmente fragmentada y descentralizada pero de un modo en que el poder se concentra y centraliza. En otras palabras, como señala Robinson, existe una descentralización y una fragmentación del actual proceso productivo nacional en todo el mundo, al tiempo que el control de ese proceso –esas interminables cadenas de acumulación– está concentrado y centralizado a escala mundial por una clase capitalista transnacional.

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