Derechos humanos

Una fisura en el muro de la impunidad

 
 
 
La Querella Argentina contra los crímenes de la Guerra Civil Española y del Franquismo
 
“La solidaridad es la ternura de los pueblos”
Paqui Maqueda, querellante1
 
El 14 de abril de 2010 sucedió un acontecimiento que pasará a la historia de la justicia argentina y del mundo. Ese día se presentó en los tribunales de nuestro país la que aún es la única causa existente en el mundo que juzga los crímenes cometidos durante la guerra civil española y la dictadura franquista. Lleva el número 4591/2010, tramita en el Juzgado Criminal y Correccional Federal N°1 a cargo de la Dra. María Romilda Servini de Cubría y ya lleva cien cuerpos.
“España necesita un Garzón en la Argentina” fue, palabra más o menos, la frase que Emilio Silva, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, exclamó en una charla entre amigos en Madrid en 2008. En esa reunión se encontraban Raúl Zaffaroni, en uno de sus habituales viajes a España; Matías Bailone, abogado argentino que estaba cursando su doctorado en la Universidad de Castilla/La Mancha; Ariel Jerez, un profesor argentino radicado allá y Joan Garcés, prestigioso abogado español.2 Unas reflexiones en común, un intercambio de ideas, un rápido vistazo mental a la Constitución Nacional de la República Argentina, en la que encontraron la puerta para tratar de ingresar al mundo de la justicia universal, hicieron que este grupo de hombres perseguidores de justicia comenzaran a soñar con la querella para terminar con la impunidad del franquismo. Esa impunidad que, en los momentos en que se escribe esta nota, ya lleva 40 años, 10 meses y 9 días.

“La figura de Milagro desafía las características de una sociedad altamente conservadora, patriarcal y oligárquica”

 

Entrevista a Elizabeth Gómez Alcorta

Por Manuel Martínez
 
Al comenzar esta entrevista, Elizabeth Gómez Alcorta nos subraya con singularidad sus señas de identidad: “Soy mujer, soy militante y trabajo como abogada”. Con 43 años de edad y 20 en el ejercicio de su profesión, nuestra entrevistada es actualmente presidenta del Movimiento de Profesionales para los Pueblos, una asociación de profesionales y estudiantes de diversas disciplinas que interviene en conflictos con un fuerte contenido social y defendiendo los derechos humanos. Participa en la red de abogadas y abogados querellantes en causas de lesa humanidad, una red de intercambio y colaboración profesional que ha realizado cuatro encuentros a nivel nacional hasta el presente año. Integra también la Asociación de Abogados/as de Derecho Indígena, de la cual forma parte de su mesa directiva.
Gómez Alcorta es docente adjunta del Departamento de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires, donde dicta clases de grado y posgrado desde 1997. Autora de diversos artículos de doctrina, ponente en conferencias y congresos dentro y fuera del país, es litigante en juicios de lesa humanidad e integra la defensa de la dirigenta social Milagro Sala. Este último caso, impuesto por una facción del poder político, ha cobrado especial resonancia en el presente año y en gran medida expresa –con su carga de irregularidades y arbitrariedades– el carácter instrumental del Poder Judicial. “Cuando uno piensa dos conceptos como los de justicia y derechos humanos, la lógica sería que, a esta altura de la historia de la humanidad, ninguno de los dos conceptos pudiera pensarse sin el otro. No es posible pensar a los derechos humanos sin justicia, y mucho menos una justicia que no implique a la vez a los derechos humanos, de hecho, en términos dialécticos, de ambos conceptos debería surgir uno solo a modo de síntesis”, nos dice nuestra entrevistada. Señala además que si bien “lo político no es sólo violencia, es importante entender que la violencia es constitutiva de lo político, y en las condiciones históricas en las que vivimos, mucho más en estas democracias formales del sistema capitalista liberal, la violencia ocupa un lugar central, en el que el propio sistema expulsa a una parte de la sociedad a abismos de desesperanza, de hambre y miseria”.
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