Cultura

Los intelectuales y la organización de la cultura

 
 
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Me gustaría comenzar por una cuestión terminológica. El título que me fue sugerido para esta exposicion, “Los intelectuales y la organización de la cultura”, es –como se sabe– el título de una compilación de escritos de la cárcel de Antonio Gramsci, que reúne precisamente los textos relativos a la cuestión de los intelectuales y de la relación de estos con los mecanismos de reproducción cultural de la realidad (sistema educativo, periodismo, etcétera). Pero ese título no es del propio Gramsci.
Los famosos Cuadernos de la cárcel fueron publicados a partir de 1948, bajo la dirección editorial de Felice Platone y Palmiro Togliatti; no en el orden en que habían sido escritos, sino agrupados según grandes temas, divididos en seis volúmenes cuyos títulos fueron escogidos por los propios editores.1 Ahora bien: en el caso que nos interesa aquí, no solo no pertenece a Gramsci el título, sino que no es muy frecuente en sus notas la expresión “organización de la cultura”. 

La lectura lukácsiana de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, de J. W. Goethe

 
1. Introducción
 
Presentación del tema
 
La lectura que György Lukács hace de la novela de formación Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795/96) en Teoría de la novela (1914/5; publ. como libro en 1920), “La novela [como epopeya burguesa]” (1935) y Goethe y su época (1936; publ. 1947) puede ser entendida como respuesta a dos planteos anteriores acerca de la misma: de G. W. F. Hegel (Estética, de 1818-1829, aunque publicada recién en 1835-1838) y Wilhelm Dilthey (Vida y poesía, de 1906), concretamente. Esta respuesta está basada en una interpretación –con matices específicos en cada caso– de la goetheana “Sociedad de la Torre”,[1] motivo literario en el cual el autor de El alma y las formas ve, por un lado, la representación de la posibilidad de una relación no alienada entre los hombres al interior de la sociedad capitalista-burguesa (en esto se funda el distanciamiento crítico tanto de Hegel como de Dilthey) y, por otro y por esto mismo, las limitaciones propias del clasicismo alemán.

La violencia en el teatro de los muertos: pérdida, duelo y memoria en el teatro

 
Dispositivos de estimulación y actividad de la memoria
 
Inicialmente, en nuestros estudios sobre el teatro de Postdictadura, al tratar el problema de los desaparecidos y las consecuencias de la dictadura 1976-1983 en la democracia a partir de 1983 hasta el presente, propusimos el concepto de “el teatro de los muertos” para definir una tendencia muy extendida de la escena argentina: el teatro crea dispositivos, de diversa morfología, que operan como estimuladores de la evocación de quienes ya no están entre nosotros. En este sentido, siguiendo a Hugo Vezzetti (2002), hemos señalado que el teatro de Postdictadura opera como un constructo memorialista (Dubatti, 2006, entre otros trabajos). Esos dispositivos de estimulación (más que de comunicación) hacen que los muertos se presentifiquen en la memoria del espectador aunque no se esté hablando explícitamente de ellos. Cada espectador, cada público proyecta a partir de esa estimulación (que opera por construcción de ausencia o de vacío a ser llenado, como es el caso del personaje de Godot en la pieza beckettiana) aquello que lo involucra, lo compromete, lo desvela. Cada espectador, cada público, proyecta sobre esa ausencia sus propias preocupaciones, deseos, construcciones subjetivas. En la Argentina los muertos habitan la conciencia de los espectadores de la Postdictadura, y el teatro y otras formas artísticas se encargan de invocarlos. En el teatro argentino basta con dibujar una silueta para que ésta invoque, recuerde, presentifique, llame, estremezca con las resonancias del pasado que regresa en cada espectador de manera diversa. En el teatro de Postdictadura que hemos visto en los últimos 30 1años, hemos podido reconocer este procedimiento en piezas de Javier Daulte, Rafael Spregelburd, Ricardo Bartís, Eduardo Pavlovsky, Gonzalo Demaría, Mario Cura, Rodolfo Braceli, Marcelo Bertuccio y muchísimos otros.

Carta abierta de Hugo Blanco a Mario Vargas Llosa

Autor(es)

Una polémica imprevisible disparó la  invitación a Mario Vargas Llosa para inaugurar  la Feria del Libro de Buenos Aires. El convite al vigía de las libertades amenazadas, realizado por los organizadores y las empresas editoriales,  generó el rechazo de quienes vieron en la decisión una clara maniobra de tinte político, alejada del sentido esencialmente cultural del  tradicional evento.
Para confirmar presunciones, el narrador nacido en Arequipa, ciudadano español y hace años radicado en Londres, fue figura estelar del encuentro organizado por la ultraconservadora Mont Pelerin Society, donde recibió la genuflexa gratitud de la elite reaccionaria de la Argentina.
El cruce mediático que alimentó la previa apenas rozó el debate necesario entre producción intelectual y praxis;  la mayoría de las criticas estuvieron dirigidas a la necesidad de no contaminar la feria con  la ideología, de derecha en este caso.
Paradojalmente, pocos  cuestionaron la entrega del premio Nobel al autor de La casa verde y Conversaciones en la catedral  por considerarlo el reconocimiento a sus méritos literarios. El premiado con un cheque de 1,4 millones de dólares les  respondió  en su discurso de aceptación: “Si mis opiniones políticas han sido tenidas en cuenta pues en buena hora. Me alegro mucho"; a su vez el monarca sueco completó, elogiando su “ cartografía de las estructuras de poder”.
En esa ocasión, desde Perú una voz quebró  el consenso, como el jinete insomne de Manuel Scorza:  Hugo Blanco, referente insoslayable  de la lucha campesina peruana y de la izquierda revolucionaria latinoamericana, rechazó el carácter áureo de la fiesta en el Parnaso y desnudó al converso con una carta  visceral y demoledora.

Reflexiones sobre la intelectualidad dizque progresista. A propósito de Carta Abierta

Autor(es)

Los intelectuales dizque progresistas han eludido una discusión de fondo, a saber: si la política es administración de lo dado o puede ser otra cosa, por ejemplo, transformación radical de lo dado; si el pueblo seguirá siendo objeto de la historia o si las luchas fundamentales pueden hacer de él otra cosa. Sobre-adaptados a lo que “es” y a lo que “está”, no creen que las cosas puedan ser de modo radicalmente distinto. Por consiguiente, y en contra de lo que sostienen, han caído en un profundo desprecio (en los hechos) por las ideas; los proyectos, los principios, las utopías. Los intelectuales dizque progresistas son cada vez más fenomenólogos. La ausencia de un ser crítico se intenta disimular con metáforas o folklore superficial (y proliferación de artificios) y en muchos casos son evidentes los desacoples entre la osamenta conceptual (débil) y una musculatura expresiva bien desarrollada. Es evidente que estos intelectuales han abjurado de toda praxis tendiente a preservarle ámbitos no alienados al lenguaje (una praxis imprescindible para la nueva generación intelectual), y han adoptado una estrategia trituradora de palabras, que busca la desactivación de las imágenes más rebeldes y contestatarias. Lo que explica, en parte, la marcada vocación por los modos estetizantes, la charlatanería y la gesticulación excesiva que exhibe uno de sus espacios emblemáticos recientes: Carta Abierta.

A Saramago, Quijote tallador de palabras

Pocas veces mi tristeza fue compartida por tantos. Murió José Saramago, pero no siento dolor, pues su vida y su obra fueron pura coherencia, compromiso y creatividad; la pena es por su ausencia, no poder contar más con sus lúcidas opiniones, esperar sus novelas y poemas. 

Contados escritores como el quijote portugués, tallador de palabras, acompañaron con su literatura nuestras vivencias. Este comunista libertario, hormonal, como se autodefinió, estuvo atento a la realidad de su tiempo, nunca formal, siempre incisivo, sin ataduras, nada complaciente. Un referente ético impar, quizás el último gran escritor que unió una narrativa brillante y seductora con una implacable honradez intelectual, no eludió temas para evitar controversias, supo incomodar y desatar polémicas con sus punzantes reflexiones. Fue capaz de trasladar a su universo literario el más fuerte compromiso, compromiso que adquiere plus valor cuando esa palabra ha sido vaciada de todo significado. Fue un ejemplo de concordancia entre el decir y el hacer.
“Mi oficio era levantar piedras, no es mi culpa si debajo de esas piedras había monstruos que quedaban al descubierto”. En una conferencia en la Biblioteca Nacional, más política que literaria, dijo “nací en un mundo injusto y seguramente moriré en uno igual, en mi lápida que pongan aquí yace José Saramago, murió furioso”.
La iglesia lo acusó de hereje, el Vaticano no dejó de insultarlo en todas las lenguas posibles. En su obituario en el L'Osservatore Romano el oscurantismo ensotanado reiteró su impotente diatriba. Saramago se animó a humanizar la figura de Jesús, a contar cómo perdía la virginidad con María Magdalena, a dibujarlo como a un títere de Dios para multiplicar y expandir su dominación mundial.

Fragmento y constelación en la literatura revolucionaria de Mario Payeras

El gran secreto era cruzar despacio, pero sin detenerse.
Eran trances que ni siquiera imaginábamos la noche
lejana, cinco años atrás, cuando navegábamos por la
corriente mansa del Lacantún, bajo las estrellas de enero,
la fecha en que iniciamos los días de la selva.

 Mario Payeras, Los días de la selva

 
Nota introductoria
 
Esta ponencia es en realidad la construcción de un texto pequeño con fragmentos de otro más extenso. Me refiero a mi libro Imagen y dialéctica. Mario Payeras y los interiores de una constelación revolucionaria,[1] donde se intenta traducir las imágenes de Mario Payeras a imágenes dialécticas (Benjamín). El material del libro está centrado en dos obras fundamentales de dicho autor: Los días de la selva y El trueno en la ciudad.[2] Por razones de espacio hemos reducido el material citado a algunos fragmentos del primer texto, de tal suerte que nos diera lugar para presentar las reflexiones que siguen a la cita puntual. 

Los orígenes de las expresiones dramáticas libertarias en Córdoba

Autor(es)

A diferencia de los centros portuarios del país, que fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico determinado por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso paulatino. En 1882 aparecía una obra teatral de Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de El orden familiar nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época. Allí, en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda, decía a su patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”. Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo ácrata, “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha compañeros / luchemos que la lucha regenera / la vida de su cauce verdadero / se aparta si el dolor no impera.”

El “metafísico” y el “filósofo de sociedad”: Leopardi y Gramsci frente a la modernidad.

Premisa

La relación posible entre Antonio Gramsci y Giacomo Leopardi, el más grande poeta y pensador italiano del siglo XIX, se torna dificultosa por las numerosas interpretaciones que se han sedimentado sobre la obra de los dos pensadores (recuerdo que Leopardi después de Dante Alighieri es el literato italiano sobre el que más se ha escrito). Además, la relación ha sido bastante tratada, si se observa la presencia de Leopardo en Gramsci: me refiero al óptimo análisis realizado por Sebastiano Timpanaro.[1] También a la luz de ese análisis se reconoce lo poco eficaz de la comparación sobre el uso y la interpretación que Gramsci hizo de Leopardi, si no es con el fin de buscar algún aspecto del desarrollo del pensamiento gramsciano. Son posibles otras líneas de comparación, como bien evidencian algunos escritos y, en particular, aquellos surgidos del Encuentro de Recanati (Italia) de 1988: se pueden relacionar las metodologías de pensamiento y escritura, con un acercamiento entre el Zibaldone y los Cuadernos de la cárcel, y se puede advertir el espacio ocupado por la metáfora en ambas escrituras[2]

Poesía y política cultural en la Nicaragua sandinista

El estudio de palabras escritas tiene sus ventajas. A diferencia de las personas, el hecho de que sean observadas no las influye.

Morton Schatzman; El asesinato del alma

Cuando el editor me ofreció un lugar en la mesa para presentar este libro (Los poetas y el poder, de Klaas Wellinga), sin decirlo expresamente, me advertía de la selección que todo poder, de cualquier signo, hace con sus creadores.

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