Ciudad y territorio

Cuando habitar la tierra es “delito”: la criminalización de las luchas por la tierra en ciudades del Alto Valle de Río Negro

 
 
 
 
 
 
I
Al reconstruir la historicidad de las formas en las que los sectores desposeídos acceden a la vida urbana de las ciudades latinoamericanas, podemos observar que priman mecanismos y prácticas de autourbanización frente a una lógica general de urbanización excluyente. Las tomas de tierras son expresiones claras de las contradicciones de acumulación por desposesión (Harvey, 2004) de la urbanización capitalista, y es el Estado a través de diferentes mecanismos de intervención el que va dispersando los conflictos (De Sousa Santos, 1982) generados por la oposición entre la lógica de acumulación ilimitada del capital y la lógica de la lucha por el derecho a la ciudad.
Luchar por la ciudad implica por parte de los sectores desposeídos un proceso dialéctico cuyos momentos simultáneos incluyen: la impugnación de una lógica de producción y distribución urbana anclada en la obtención de ganancias por parte de la clase capitalista, la disputa por los recursos y los sentidos de las políticas estatales orientadas a dispersar –y no solucionar- los conflictos sociales urbanos, y la creación política de formas de organización, resistencia y lucha colectiva capaces de radicalizar las prácticas democráticas.
 

Puerto Madero, a 25 años de su creación. Escindido de la ciudad, se termina el barrio premium

 
Cumplidos 25 años desde su constitución, en el año 1989, se aproxima la finalización  de la urbanización que cambió drásticamente el paisaje de Puerto Madero y su articulación con la trama del resto de la ciudad. Es un momento interesante para reflexionar sobre su origen, los objetivos propuestos, quiénes lo hicieron, quiénes lo habitan, la repercusión y las consecuencias físicas y socioculturales que impuso y que se reproducen en una serie de  proyectos que siguen su patrón.
 La remodelación de las 170 hectáreas que dio lugar al barrio más nuevo, más caro y más alto de la ciudad, formó parte de una tendencia global que involucró el reciclaje y también la modernización de zonas portuarias obsoletas, cambiando el destino original para asignarlas  a usos comerciales, culturales, residenciales y turísticos destinados preferentemente a sectores de alto consumo.
Paradigma de la ciudad neoliberal, pensada como espacio de inversión, negocio y consumo su evolución se realizó sin contratiempos, atravesando crisis locales e internacionales, y salvo por la crítica de un reducido número de profesionales, la mayoría de la sociedad lo considera un proyecto urbano exitoso, habilitando una operatoria signada por la conjunción de emprendedores inmobiliarios e inversores, apoyados por un Estado promotor, auspiciante y facilitador, que los transformó en  los nuevos y reales hacedores de la ciudad.   

Buenos Aires, una metrópoli sin ciudad

 
 
La cuestión de qué ciudad queremos no puede estar disociada de qué tipo de personas queremos ser, qué tipo de relaciones sociales buscamos, qué relaciones con la naturaleza queremos, qué estilo de vida, y qué valores estéticos consideramos.”[1]
 
La producción y reproducción del espacio urbano es uno de los mecanismos por el cual el capitalismo enfrenta su crisis de sobreacumulación, que es absorbida por medio de su reestructuración constante. En su expansión efectúa un redefinición de la ciudad y de lo urbano, de su demografía, de su dimensión, creando una nueva relación centro-periferia.

Las turbias aguas de la desidia

 
 
 
 
 
 
 
 
Como en Cromagnon y en la estación de Once, las inundaciones del 2 de abril ponen en entredicho la noción de accidente o imponderable acción de la naturaleza. Si bien no es lo mismo una bengala, un freno defectuoso o un torrente de agua incontrolable, en todos los casos aparecen develados vicios estructurales de un sistema donde se asocian desidia, negligencia, corrupción, lucro empresarial, inoperancia, indiferencia, que, combinados, conforman la figura de crimen social, del cual el Estado y quienes gobiernan deberán responder.
A diferencia del incendio o la tragedia ferroviaria, donde el compromiso de lo humano es evidente, en la inundación la excusa utilizada es la inclemencia climática.

El diseño de la seclusion urbana en el siglo XXI

El diseño de la seclusion urbana en el siglo XXI 
 
Para mí es un honor el hecho de que especialistas en arquitectura me hayan tenido en cuenta y se hayan ocupado de mi obra, y un placer el haber sido invitado a dar esta conferencia 1Es más, es un placer doble pues he crecido en una tradición intelectual europea con un nivel disciplinario muy bajo, de modo que no me considero tanto un sociólogo como un científico social común que resulta estar empleado en un departamento de sociología. Y considero un componente esencial de mi deber en mi ocupación el encarar temas a través de los límites disciplinarios, así como a través de la división entre las ocupaciones profesionales y las académicas. Más aún, el tema de la seclusión urbana se presta muy bien a este tipo de intercambios, de los que pueden beneficiarse los investigadores y los practicantes. 

De la utopía posmoderna a la utopía de la seguridad

Desde la antigüedad, desde su creación misma, la ciudad ha sido receptora de los pensamientos utópicos de la sociedad que la habita. La utopía actual de la seguridad urbana, con la creación de esos barrios cerrados que han ido deformando los suburbios de Buenos Aires y de otras ciudades latinoamericanas, se corresponde con los miedos platónicos del siglo V A.C. relacionados con el despertar de las aspiraciones sociales de los campesinos atenienses, miedos incluso detectables en La República de Platón (ya criticada por sus contemporáneos, que se refieren a su autor como viejo reaccionario). El miedo al cambio, miedo platónico por excelencia, lo llevó a la creación de una ciudad ideal y de una sociedad inmóvil.1

El ocaso metropolitano, archipiélagos, desmesura y exclusión

 El infierno de los vivos, si existe, está aquí, es el infierno en el cual vivimos todos los días, que formamos estando juntos. Existen dos maneras de no sufrir, la primera es fácil, para la mayoría de las personas es aceptar el infierno y tornarse parte hasta el punto de dejar de percibirlo; la segunda es arriesgada y exige atención y aprendizajes continuos, intentar reconocer en el medio del infierno lo que no es infierno, preservarlo y abrirle espacio

Italo Calvino, Las ciudades invisibles  

 

Multitudes rodeadas de multitudes, multitudes que eligen aislarse, multitudes que se desplazan sin concederse siquiera la posibilidad de mirarse. Monstruosas, gigantescas, azarosas, sobredimensionadas, violentas, absurdas, las metrópolis son víctimas de su propia desmesura. Sus habitantes, signados por la anomia y la indiferencia, recorren los recortes de un conjunto de espacios inasibles mientras intentan ordenar e interpretar las partes con códigos mayormente ajenos a sus propias vivencias.

La división social del espacio en las ciudades

1.Introducción
 
La división social del espacio en las ciudades no ha constituido, sino hasta hace muy pocos años, un tema destacado de la investigación urbana en América Latina. Tanto la problemática de las clases sociales y de la estratificación social en los países y en las ciudades, como la referente a la estructura socio-espacial urbana estuvieron presentes en una cantidad no despreciable de estudios en la región, sobre todo en los años sesenta y setenta. Sin embargo, posteriormente esos temas dejaron de formar parte de los intereses de los científicos sociales y urbanólogos, que se orientaron hacia nuevos temas y enfoques. Propiamente dentro de los estudios urbanos el análisis de los actores urbanos y de los movimientos sociales, de los procesos de producción de los elementos constitutivos del marco construido, etcétera, se ubicaron en el centro de las preocupaciones de los investigadores. La citada desaparición también se vinculó, como lo han señalado algunos balances de la investigación urbana en la región (cf. Valladares, Prates, 1995; Schteingart, 1995; Rodríguez, et al., 1995), con un cierto abandono de estudios globales y estructurales por análisis de casos concretos y específicos, que si bien permitieron conocer de manera más profunda algunos procesos sociales urbanos y explicar las causas de ciertos fenómenos, implicaron la pérdida de una visión más global de la urbanización y las ciudades. Sin embargo revisando la literatura referida al tema, nos hemos encontrado con una gran cantidad de estudios de caso sobre la periferia urbana donde habitan los pobres, sobre la llamada ciudad ilegal, y en cambio con pocos análisis sobre barrios de la clase media y alta o incluso sobre los viejos barrios obreros (cf. Bazan, 1991), y en general sobre las áreas más centrales de las ciudades. Afortunadamente este panorama ha comenzado a cambiar en los años recientes.
 

De la Doctrina de la Seguridad Nacional a la doctrina de la Seguridad Ciudadana: la inseguridad del régimen

 El ghetto a la inversa

En las recientes campañas electorales argentinas, como viene sucediendo hace ya varios años, la cuestión popularizada bajo el nombre de “problema de la inseguridad” ha ocupado un lugar preponderante en el discurso de los candidatos y en su abundante producción propagandística.
Un ejemplo claro de la forma en que se plantea a la ciudadanía ese “problema” (insistiremos en el uso de comillas) es un spot de un candidato a presidente en las elecciones primarias, que llamaba a votar por un “cambio seguro”, después de mostrar la siguiente escena: de noche, un matrimonio joven que está en el comedor de su casa escucha desgarradores gritos de alguien que en la calle pide ayuda. La reacción espontánea del marido es abrir la puerta y ver si puede ayudar, pero la mujer, en un tono que comienza alarmado y sube en un crescendo de histeria total, se lo impide. “Es una trampa”, le dice. “Hacen así para que abras, y ahí te agarran…”. Conclusión: mientras siguen los pedidos de auxilio, la pareja se queda encerrada en casa, aterrorizada por la inseguridad. 

La ciudad en declive: expresión de la crisis de lo urbano

Resumen
 
Las ciudades, que en otro tiempo fueron consideradas la expresión “más perfecta” de los beneficios del desarrollo económico capitalista, son hoy, sin lugar a dudas, la manifestación más acabada y brutal de la crisis profunda y casi insoportable que vive este sistema. Las que en otro tiempo fueron promesa de progreso individual y social, manifestación clara de la modernización, entendida no sólo como incorporación de los avances tecnológicos en la industria, los servicios y otras áreas de la actividad humana, sino también como realización de un futuro anunciado. Las que eran consideradas muestra fehaciente del desarrollo civilizatorio; utopía materializada a golpe de reorganización del espacio-tiempo de la vida toda, en aras de la maximización de la productividad, de hacer más eficientes la producción, distribución, circulación y consumo de los productos y servicios, nacionales y extranjeros; el lugar por excelencia de la mercantilización plena, dinámica, expansiva, pujante. Las que fueron núcleo de concentración de unas supuestas y reales oportunidades de ascenso social a través del empleo “seguro” y bien remunerado, de la escuela “accesible” y cuasi gratuita, del acceso a los servicios de salud, recreación, cultura, además de otros servicios urbanos que en conjunto mejoraron los niveles de vida de la gente, ampliando su posibilidad de obtener bienes que no llegaban a las zonas rurales y de satisfacer una amplia gama de necesidades (reales o creadas). Las ciudades sufren hoy un deterioro constante y su continuo declive nos expresa lo que parece la crisis irrevocable de lo urbano… Frente a todos estos procesos nos preguntamos: ¿qué alternativas se pueden generar con otro tipo de dinámicas sociales urbanas? 
 
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