Honduras

Honduras después del golpe: el corredor latinoamericano de la reacción. 2º parte…

El interregno de Zelaya  

Zelaya, un rico hacendado y magnate de la industria maderera, asumió la presidencia en enero de 2006 como líder del Movimiento Esperanza Liberal, una corriente disidente del tradicional Partido Liberal. Su llegada al gobierno se produjo en el marco de aproximadamente ocho años de virajes significativos, aunque desparejos, hacia la izquierda en muchas partes de América Latina y a casi una década de una prolongada crisis de legitimidad del modelo neoliberal. El ascenso de Zelaya también coincidió con la intensificación de los esfuerzos imperialistas y de la derecha latinoamericana para volver el tiempo atrás.[i]

Honduras después del golpe: el corredor latinoamericano de la reacción

 
Primera parte. El golpe, antecedentes y contexto
 
Antes de la madrugada del 28 de junio de 2009, el ejército hondureño derrocó al gobierno socialdemócrata de Manuel Zelaya y lo reemplazó temporariamente por Roberto Micheletti, una figura proveniente de una fracción opuesta del propio Partido Liberal de Zelaya. Así, se puso fin al titubeante experimento democrático iniciado en 1982.[1] Luego de que el país fuera expulsado de la Organización de Estados Americanos (OEA) por quebrar la institucionalidad democrática, en noviembre del mismo año se llevó adelante una elección con el fin de darle al régimen una nueva fachada de legitimidad. Porfirio “Pepe” Lobo del Partido Nacional ganó esta elección fraudulenta y asumió su cargo el 27 de enero de 2010 en el marco de las protestas masivas de la resistencia en las calles de Tegucigalpa y en otros puntos del país. El derrocamiento de Zelaya fue el segundo golpe de estado exitoso en el hemisferio occidental desde el autogolpe liderado por Alberto Fujimori en Perú en 1992.[2]

Honduras: Llamamiento feminista nuestroamericano

 Honduras: Alerta por nuestras vidas, por nuestros cuerpos, por nuestra libertad, por nuestra felicidad, por Nuestra América. Entusiasta ante la posibilidad del cambio, y la esperanza asomada entre el enclave de dolor y explotación que ha marcado su historia, Honduras fue golpeada hace tres años  por la oligarquía con el apoyo de EE.UU, en aquel nefasto 28 de junio. Las feministas del continente salimos a las calles ni bien sonaron los primeros ruidos. Todo lo aprendido durante las dictaduras de los 70 y los 80 nos revolvió la sangre, toda la memoria de nuestras ancestras nos puso de pie y en marcha junto con el movimiento de Resistencia Hondureño, supimos que deberíamos luchar nuevamente para detener la represión contra el pueblo todo y alzar las voces juntas de nuestras rabias.

Honduras, ese país tan pequeño.

 

Un país tan pequeño como Honduras, no puede permitirse el lujo de tener dignidad
José Azcona Hoyos, presidente  entre 1985-1989.
 
Una postal  sorprendió a no pocos observadores políticos: junto a Hugo Chávez, Raúl Castro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega, una figura un tanto exótica, luciendo sombrero texano, ofrecía una nota inesperada. José Manuel  Zelaya ocupaba un lugar entre quienes conforman “el eje del mal”, en versión latinoamericana. El presidente de Honduras rompía, dos años atrás, la tradición de   sus predecesores, sempiternos acólitos y sumisos cómplices de cuanta aventura se propuso la CIA en la región.

 

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