Haití

Valoraciones en torno al pensamiento de izquierda en Haití

 

Introducción
La polarización de las entidades caribeñas y latinoamericanas hacia esferas diferentes de dominación colonial e imperialista ha implicado la imposición de moldes económicos y socioculturales diversos. Esta situación determina que un antillano, desde su universo económico, político y cultural, conformado por la dominación foránea, se sienta más identificado con su metrópoli que con América Latina y el Caribe.
Si bien la estructura económica de las entidades caribeñas se ha hecho desde fuera y hacia adentro, su composición social también manifiesta una orientación similar. La irradiación va desde arriba hasta abajo, actuando con mayor o menor intensidad sobre el carácter de clase, la conciencia colectiva y clasista y el comportamiento (incluyendo hábitos de consumo) de la población subordinada. Todos los esfuerzos colonizantes están destinados a llevar al colonizado a confesar la inferioridad de su cultura. “Los países del llamado primer mundo, con su concepción etnocéntrica del mundo, se han valido de todos los medios a su alcance para desarticular nuestras culturas como requisito indispensable de su liderazgo y de nuestra dominación.”[1] Solamente los sectores más populares y nacionales, desde el punto de vista de sus intereses objetivos o del arraigo cultural, guardan la autenticidad esencial. Ésta ha de mantenerse y cultivarse a pesar de los intentos imperialistas y conquistadores, pues “cultura es la memoria que un pueblo tiene de sí mismo, es su forma de ser y de pensar”[2].

Marx, el jacobinismo negro y la experiencia subalterna de la modernidad. El caso de la revolución anti -esclavista de Saint-Domingue

La revolución de Saint-Domingue es la primera del continente americano que combinó una revolución económico-social que transformó la estructura de clase de la sociedad, la revolución de los esclavos contra las formas no libres de trabajo, y una revolución política de independencia o anticolonial. Esta revolución en dos etapas tomó la forma de revolución republicana en 1794 y de guerra de independencia 1804. Su culminación es el establecimiento de Haití como nación independiente. Dentro del espacio americano la única que puede contrastarse en esta dualidad de sentidos es la revolución norteamericana pero, como afirma Barrington Moore, ésta no puede concebirse consumada sino mediante dos actos separados por un largo período de noventa años. Primero la independencia de la dominación colonial en 1776, que el autor clasifica como una revolución política o anticolonial; luego la guerra civil en la cual se termina con esa “institución particular”, la esclavitud de los afroamericanos, en 1865[1]. No sólo por la separación de casi un siglo sino por la inversión de los acontecimientos, revolución social y revolución de independencia en la primera, por contraposición a revolución de independencia y culminación de una revolución económica social dirigida desde el Estado de la segunda, muestra la complejidad de la recepción de la revolución burguesa en el espacio americano. 

"El significado de Haití": Tragedia, historia, cultura, filosofía

Autor(es)

La profundidad de la tragedia de Haití parece inconmensurable. Al desastre natural provocado por un poderoso terremoto le siguen ahora las consecuencias, agravadas por factores que no han sido impuestos por la naturaleza. Es imposible obtener una cifra exacta de los muertos, pero superan sin duda los 200 mil. Decenas y decenas de miles de heridos, muchos de ellos todavía apenas atendidos; otros, tan tarde, que la amputación de miembros infectados se convirtió en el único tratamiento posible. Decenas de miles de viviendas en los barrios marginales de Port-au-Prince se derrumbaron y sus escombros se desparramaron por las laderas. Ahora, cientos de miles de personas no sólo quedaron sin hogar, viviendo en las calles a la espera de tiendas de campaña como refugio temporal, sino que cada día precisan de asistencia alimentaria. 

HAITÍ: Enfrentando al terremoto y a la herencia colonial. Enhebrando la solidaridad de pueblo a pueblo

 

 

 

 

 

 

Diálogo de Claudia Korol y Liliana Daunes con Camille Chalmers

El 27 de enero del 2010, fue difundida una declaración de un conjunto de organizaciones sociales haitianas, dirigida a los movimientos populares aliados, en los que se fija posición frente a la catástrofe que sacude a este país, y a las perspectivas de reconstrucción del mismo. En esta carta, se señala la necesidad, a pesar del dolor, de “reflexionar sobre lo que acaba de pasar y sacar de esta experiencia trágica las lecciones y las orientaciones que nos permitirán seguir nuestro incansable trabajo de construcción de otro país capaz de vencer el ciclo del hundimiento y la dependencia, y de colocarse a la altura de los sueños de emancipación universal de sus fundadores, y de todo el pueblo haitiano”. Se dice también que “nos conmueve profundamente la extraordinaria solidaridad manifestada por la población de la región metropolitana que durante los tres primeros días después del terremoto supo responder por la autoorganización, construyendo 450 campos de refugiados que contribuyeron a salvar miles de personas prisioneras de los escombros, e hizo posible la supervivencia de 1.5 millones de personas gracias al hecho que compartieron en forma comunitaria todos los recursos disponibles (alimento, agua, ropa). ¡Honor y respeto a la población de Puerto Príncipe! Estos mecanismos espontáneos de solidaridad deben desempeñar un papel esencial en el proceso de reconstrucción y de re-conceptualización del espacio nacional”. Para dialogar sobre la situación que hoy vive el pueblo haitiano, dialogamos con uno de los coordinadores de esta articulación de movimientos, Camille Chalmers 
Distribuir contenido