Bolivia

El NO a Evo, y el desmantelamiento de la comunidad indígena en Bolivia

 
“Estamos asqueados de que se hable
una cosa
y se haga lo contrario de
lo que se dice...”
Silvia Rivera (2016)
 
Las cifras del referéndum de febrero 2016, a consecuencia del cual Evo Morales se ve imposibilitado de presentarse por cuarta vez a elecciones presidenciales en Bolivia, dan un 51 % al No. Aunque se estima que hubo fraude, la coacción no ha logrado que los cocaleros den su 100 % de apoyo a Evo, que solo alcanzara el 70 % en regiones en las que el cultivo de coca es la actividad principal, donde también el ausentismo fue alto. El NO expresa el golpe moral que el propio Movimiento al Socialismo (MAS) ha infligido a los pueblos indígenas y campesinos originarios, desmantelando su base social de origen, haciendo todo lo que está a su alcance para destruir los tejidos comunitarios indígenas. La hegemonía indígena que había logrado imponer una Asamblea Constituyente que reconoció el derecho a la autonomía y libre determinación de los pueblos y naciones indígenas ha sido neutralizada por el gobierno. El MAS se constituye ahora como el partido que representa a los sectores arribistas urbanos y sindicales, esos con los cuales el MAS pretende establecer una precaria burguesía chola para que, como dijo el propio Evo, “seamos los socios” de las corporaciones que dominan la economía extractivista del país. El escandaloso espectáculo de los nuevos ricos del MAS es una distracción que no permite visualizar lo que es el mayor logro de este gobierno, algo que ningún gobierno boliviano había logrado en el siglo XX: la consolidación del Estado nación neocolonial frente al desafío que le presentaba el control de los pueblos indígenas de gran parte del territorio nacional. El objetivo de este artículo es entender el debilitamiento de este gobierno, que presumía de indígena.

Teatro político en Bolivia

 
                         (english version)  
 
Retorno de Tiahuanaco
 
A fines de enero de 2015, el día anterior a su tercera asunción formal como presidente, Evo Morales “se presentó para una inauguración ceremonial indígena en las ruinas preincaicas de Tiahuanaco, vistiendo un traje grabado con el dios del sol, digno de un emperador”, informa Andrés Schipani para el Financial Times. “El simbolismo era adecuado: el líder con más años en el cargo en Bolivia no sólo ha defendido los derechos indígenas, sino que también se las arregló para enriquecer a uno de los países más pobres de América Latina” (Schipani, 2015).

Political Theatre in Bolivia

 
                      (version en español)
 
Returns of Tiwanaku
 
In late January 2015, the day before his third formal inauguration as President, Morales “turned up for an indigenous ceremonial inauguration at the pre-Inca ruins of Tiwanaku wearing an outfit engraved with the sun god, worthy of an emperor,” reports Andres Schipani for the Financial Times. “The symbolism was fitting: Bolivia’s longest-serving leader has not only championed indigenous rights but also managed to enrich one of Latin America’s poorest countries” (Schipani, 2015).

Bolivia. Manifiesto 22 de junio

Por la recuperación del proceso de cambio para el pueblo y con el pueblo  

Nota al Manifiesto Junio 22
 
La crisis del estado boliviano que se desencadena en 2003 y se ahonda en 2005 no deja a la burguesía boliviana más alternativa que hacer acceder al MAS a la administración del estado para intentar neutralizar la creciente hegemonía indígena y popular. Ya el MAS había dado muestras de buena letra y de formar parte de los partidos “sistémicos” en bastantes oportunidades, de las cuales destacamos dos: en ocasión de la marcha indígena de 2002 que reclamaba la convocatoria inmediata de Asamblea Constituyente, el MAS no solo se pronunció en contra, sino que organizó a los cocaleros para que durante el trayecto de la marcha cuando atravesaba el Chapare los indígenas fueran hostigados. Durante el gobierno de Mesa, el MAS apoyó un referéndum para impedir la anulación de los contratos petroleros ilegalmente firmados por el gobierno de Goñi Sanchez.
Siendo entonces la subida al gobierno de Evo el resultado indirecto de las luchas de los movimientos sociales, un gran número de intelectuales y comentaristas se dejaron fácilmente confundir con la noción de que el llamado “proceso de cambio” representaba la continuidad de esas luchas. Sin embargo, desde 2003 hay dos procesos políticos claramente diferenciados: Por un lado está el que encabezó el Pacto de Unidad de las organizaciones indígenas originarias campesinas en demanda de la convocatoria de una Asamblea Constituyente de carácter fundacional y originario. Este proceso apuntaba a que se constituya en un órgano de poder que posibilitara la refundación del estado en forma de Estado Plurinacional. Del otro lado se da el proceso de burocratización del movimiento campesino y reconstrucción “desde abajo” del Estado Nación representado por el MAS. El accionar del MAS desde la administración del estado nación, ya desde 1996 cuando empieza a acceder a la administración de las alcaldías, deja intactas las estructuras neocoloniales y más contribuye a un debilitamiento de las organizaciones sociales a través de la cooptación de sus dirigentes dentro de esa estructura neocolonial.
El presente Manifiesto refleja un principio de ruptura dentro del mismo MAS que confluye con un número de dirigentes e intelectuales que ya venían denunciando desde tiempo antes el carácter subordinado de esta administración de gobierno a las estructuras neocoloniales. Esto es lo que motiva la profunda preocupación que despierta en las esferas gubernamentales, puesta de manifiesto en la respuesta que elabora el vicepresidente Alvaro García en su libro “Oenegismo, enfermedad infantil del derechismo”. El debate ya está abierto y las organizaciones indígenas y campesinas ya han comenzado a movilizarse abiertamente para derrotar las políticas que atentan contra la vida y contra los pueblos, que está implementando este gobierno, ejemplificadas en la decisión de abrir una carretera por el pleno corazón del territorio indígena TIPNIS en función de los intereses de la expansión brasilera. Este 15 de agosto se inicia la nueva Marcha Indígena a La Paz.
Pablo Regalsky
 

Acerca de las paradojas de la crisis hegemónica, del nacionalismo de Evo y de la confusión en los movimientos indígenas

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“¿Cómo? Acaso no habían nacionalizado?”
Reacción de un representante de una comunidad quechua en Cochabamba ante la explicación que daba el dirigente de la Federación campesina departamental acerca de la intención del gobierno boliviano de aumentar el impuesto al consumidor sobre la gasolina en Navidad del 2010, con el fin de duplicar el monto que se paga a las multinacionales petroleras por cada barril que extraen en el país

¿A prueba las mujeres o el proceso de cambio?

En el marco de las trasformaciones políticas que vivimos actualmente en Bolivia, la caracterización del Estado como colonial es una cuestión que se está extendiendo y profundizando en la discusión política nacional. Sin embargo, otro de los núcleos de desigualdad inherentes a la configuración estatal -y también social-, que persiste en estos momentos, resistiéndose a ser afectado por la fuerza democratizadora de la ola de movilizaciones sociales iniciadas el año 2000, es el problema de la opresión de género, que aún constituyendo un tema igual de substancial y polémico que el colonial, existe desplazado de los debates generales o girando en calidad de aditamento alrededor de ellos. El patriarcado no es problematizado, desde el Estado, con la misma insistencia y seriedad que otras cuestiones, y aún menos impugnado en términos prácticos, más allá de lo teórico o discursivo.

Las paradojas del proceso constituyente boliviano.

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En este artículo analizo los procesos sociales que dan significado al texto de la nueva constitución boliviana aprobada por la Asamblea Constituyente en Oruro en diciembre de 2007 y que luego es sustancialmente modificado en el Parlamento en octubre de 2008. Dicho texto contiene una serie de principios legales que le dan carácter de programa democrático revolucionario que no deben ser analizados en abstracto. Mi argumento es que más allá de las definiciones que contiene el texto y que reflejan la fuerza adquirida por los movimientos indígenas, las nuevas dinámicas que inaugura el actual gobierno le dan a dichas definiciones un carácter paradojal e inesperado. Asimismo diferencio entre la dinámica del proceso hacia la autonomía territorial protagonizado por los pueblos indígenas y las actuales políticas nacionalistas del gobierno de Evo Morales, entendiendo que existe un clivaje importante entre ambos procesos. 

Cochabamba. De la guerra a la gestión del agua

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Con la guerra del agua de abril de 2000, los pobres de la ciudad y del campo de Cochabamba consiguieron expulsar a la multinacional que pretendía adueñarse del más elemental bien común. Entre 2003 y 2005 los pobres de todo el país acabaron con el modelo neoliberal. La gestión comunitaria del agua es ahora el desafío pendiente.

El asfalto se termina demasiado pronto en los barrios del sur de Cochabamba. A sólo cinco kilómetros del centro, apenas se percibe una capa irregular sobre las grandes avenidas que los coches transitan con dificultad. Al torcer hacia los cerros que dominan un amplio valle sin árboles, se ve sólo polvo sobre las calles y canales de riego convertidos en zanjas resecas por las que debería correr por lo menos algún hilo de agua.

«A Revolução Boliviana», de Everaldo de Oliveira Andrade

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En: Emília Viotti da Costa (direct.), Revoluçoes do século 20, San Pablo, Editora UNESP, 2007, 184 páginas.

Se sabe que, al comienzo de El dieciocho brumario de Louis Bonaparte, Marx estableció una distinción entre las revoluciones del pasado y aquellas que, a su juicio, habrían de tener lugar en un futuro próximo: "Las revoluciones anteriores", sostiene Marx, "necesitaban evocar la historia universal a fin de insensibilizarse respecto de su propio contenido. La revolución del siglo diecinueve debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, a fin de alcanzar su propio contenido. Allí, la expresión rebasa el contenido; aquí, el contenido rebasa la expresión".[1] Las revoluciones burguesas, que tuvieron su punto culminante en el siglo XVIII, se caracterizan por una relativa superficialidad: rutilantes y enérgicas en sus comienzos, rápidamente se aletargan y son sucedidas por una modorra que subyuga a la sociedad, "antes de que esta haya aprendido a apropiarse sobriamente de su período de ímpetu y tormenta".[2] De estas revoluciones se distinguen las proletarias, que, sustraídas a este optimismo anodino, se someten a sí mismas a una crítica permanente. Si el siglo XIX anunció primero la crisis y luego el cierre del período idealista y revolucionario de la clase burguesa -proceso que encuentra, como hitos significativos, la Revolución de Julio de 1830, el Levantamiento de Lyon de 1831, la sublevación parisina de Junio de 1848, con sus repercusiones en el resto de Francia y de Europa, y la Comuna de 1871-, el siglo XX se encuentra atravesado por una serie amplia y significativa de revoluciones socialistas, impulsadas con signos y resultados diversos.

Bolivia: grandes oportunidades, grandes peligros. La cuestión civilizatoria

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El texto aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro el 9 de diciembre de 2007 es un triunfo importante para los movimientos indígenas, que excede el plano puramente discursivo y de "papel mojado" al que quedan generalmente reducidas las constituciones en América Latina.

Por un lado, lo que plantea el texto del proyecto de Constitución tiene importancia. Pone en cuestión el sistema liberal de control estatal sobre los pueblos oprimidos. Coloca nuevamente en el tablero, no sólo nacional sino mundial, el tema del reconocimiento de los derechos colectivos, el derecho a la autodeterminación de los pueblos oprimidos, y pone en discusión el sistema opresivo y homogeneizante del Estado-nación. Además de esto, establece de la forma más taxativa posible un conjunto de derechos individuales que parece colocar a Bolivia -al menos en el plano de la teoría- en el puesto más avanzado de la civilización humana actual.

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