Zibechi, Raúl

Premio Prensa Latina 2003, miembro del consejo de redacción del semanario Brecha del Uruguay. Participa como docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina. Es activo colaborador con organizaciones sociales, barriales y medios de comunicación alternativos y autor de numerosos libros y ensayos.

La revuelta de los veinte centavos

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El aumento del precio del transporte fue la brecha por la que se coló el profundo descontento que vive la sociedad brasileña. En apenas dos semanas las movilizaciones se multiplicaron: de cinco mil los primeros días a más de un millón en cien ciudades. La desigualdad, a falta de participación y la represión son los grandes temas.
                                                                             
Los abucheos y rechiflas dieron la vuelta al mundo. Dilma Rousseff no se inmutó pero sus facciones denotaban incomodidad. Joseph Blatter sintió la reprobación como algo personal y se despachó con una crítica a la afición brasileña por su falta de “fair play”. Que la presidenta de Brasil y el mandarían de la FIFA, una de las instituciones más corruptas del mundo, fueran desairados por decenas de miles de aficionados de clase media y media alta, porque los sectores populares ya no pueden acceder a estos espectáculos, refleja el hondo malestar que atraviesa a la sociedad brasileña.

Uruguay: Nace un movimiento contra la minería y el extractivismo

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El 7 de marzo cayó uno de los más sólidos mitos de los uruguayos: la confianza en las empresas estatales. Ese día quienes abrieron los grifos sintieron un olor nauseabundo y los que tomaron mate o café sintieron un sabor extraño. La empresa estatal encargada del suministro de agua, OSE (Obras Sanitarias del Estado), debió reconocer “un episodio” de contaminación con algas en la cuenca del río Santa Lucía, que abastece a seis de cada diez uruguayos.

El espejo paraguayo

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Fecha de publicación: 03/07/12

 
Un golpe de Estado es una acción desde arriba para interrumpir un proceso político. No importa quién la realice ni los métodos que utilice. Los golpes al estilo del que derrocó a Salvador Allende cayeron en desuso, por el alto costo internacional que tienen.
El golpe de Estado que apartó a Fernando Lugo de la presidencia deParaguay se inscribe dentro de la nueva modalidad inaugurada con el derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras, en junio de 2009, por la Suprema Corte de Justicia. Es un nuevo tipo de golpe que comenzó a implementarse luego del estrepitoso fracaso del golpe al viejo estilo contra Hugo Chávez el 12 de abril de 2002. Cuando los sectores populares aprendieron a desbaratar el golpe clásico, aparece esta nueva modalidad de golpe institucional.

La autonomía en las fauces del progresismo

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Diez años parece un tiempo razonable para poder reflexionar los hechos históricos con una mínima perspectiva. Desde este punto de vista, estrictamente temporal, los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001 que, en realidad, son el emergente mayor de un ciclo de luchas que podemos fechar entre 1997 y 2002, o sea, entre los primeros cortes de rutas en el Gran Buenos Aires y los asesinatos del puente Pueyrredón, pueden ser analizados con la distancia que permite sacar algunas conclusiones sobre su impronta en la historia reciente, tanto en el movimiento popular como en los diversos arribas, los estatales, los partidarios y los vinculados al capital. 

Cochabamba. De la guerra a la gestión del agua

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Con la guerra del agua de abril de 2000, los pobres de la ciudad y del campo de Cochabamba consiguieron expulsar a la multinacional que pretendía adueñarse del más elemental bien común. Entre 2003 y 2005 los pobres de todo el país acabaron con el modelo neoliberal. La gestión comunitaria del agua es ahora el desafío pendiente.

El asfalto se termina demasiado pronto en los barrios del sur de Cochabamba. A sólo cinco kilómetros del centro, apenas se percibe una capa irregular sobre las grandes avenidas que los coches transitan con dificultad. Al torcer hacia los cerros que dominan un amplio valle sin árboles, se ve sólo polvo sobre las calles y canales de riego convertidos en zanjas resecas por las que debería correr por lo menos algún hilo de agua.

Contra Y Más Allá Del Capital. Prólogo de Raúl Zibechi

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Aquel que crea falsas leyendas revolucionarias para el pueblo, aquel que le divierte con historias cautivadoras es tan criminal como el geógrafo que traza mapas falaces para los navegantes.
H.P.O. Lissagaray (Historia de la Comuna)

¿Cuál es la diferencia entre saber y no saber?

Dicho de otro modo: puesto que saber y no saber son opciones humanas, políticas, ¿qué impulsos encarnan?, ¿qué rumbos esbozan?

Hay una idea que podría resumirse con la “parábola del niño perdido” y que quisiera desarrollar muy brevemente: un niño en la oscuridad, presa del miedo, se tranquiliza canturreando; perdido en la noche, se cobija como puede o se orienta a duras penas con su cancioncilla. Esa canción es “como el esbozo de un centro estable y tranquilo, estabilizante y tranquilizante, en el seno del caos”[1]. La canción le permite saltar del caos a un principio de orden.

¿Quién de nosotros no ha experimentado algo similar en su vida afectiva? La necesidad de certeza, ante la sombra de la muerte que derrama el desamor, de que un día, aún lejano, el amor renacerá. ¿Y en la vida política? La necesidad de encontrar un punto de apoyo cuando todas nuestras certezas se desmoronan, en particular desde 1989: la certeza en la inevitabilidad de la revolución; la certeza de que podremos vencer a las elites y construir un mundo mejor, sin humillaciones, sin hambre, sin injusticias; la certeza de que la humanidad progresa hacia un mañana mejor y que el mundo no desaparecerá por la codicia de los menos... ¿Cuántas incertidumbres intentamos disolver repitiendo lo ya conocido, haciendo como que ignoramos que esos caminos no son sino atajos inconducentes?

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