Las políticas represivas del populismo oligárquico.

Corbière, Emilio J.

 

Desde el populismo oligárquico conservador de Alberto Barceló a fines de los años treinta y comienzos de los cuarenta hasta el gobierno de Isabel Perón a mediados de los setenta, con su cuota de terror lopezreguista, los sectores dominantes del capitalismo han ensayado no sólo las dictaduras militares, la coerción policial y de las fuerzas de seguridad, sino que también han recurrido a la represión de las protestas de los trabajadores y el pueblo mediante diversas formas de violencia paraestatal. Esta es una lección de la historia, no sólo en la Argentina sino en toda América Latina.
A lo largo de la historia del siglo XX, los obreros, trabajadores, estudiantes, inmigrantes, desocupados, piqueteros y otros movimientos sociales y revolucionarios sufrieron el embate de policías, fuerzas de seguridad y militares. También debieron enfrentar toda clase de parapoliciales y paramilitares, a las guardias blancas en el Centenario, la Legión Cívica, la Liga Patriótica Argentina, la Asociación del Trabajo (a estas dos últimas organizaciones los trabajadores las llamaron “Liga Patriótica Asesina” y “Asociación del Trabajo Ajeno”), el Klan Radical (“Cien por ciento del Radicalismo”, según decían sus adeptos), la Alianza Libertadora Nacionalista, “Comandos Civiles Revolucionarios” de 1955, la Guardia Restauradora Nacionalista, la Confederación Nacional Universitaria (CNU), el Comando de Organización, los matones de Osinde, la Triple A, y otras organizaciones de origen fascista, franquista o procedentes del conservadorismo y liberalismo, y la actual “mano de obra desocupada” compuesta por los ex integrantes de los grupos de tareas de la dictadura y hoy libres gracias a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida otorgada por el pacto peronista-radical.
El colectivo de Herramienta repudia la aparición de las “barras bravas” oficialistas, matones, rompehuelgas y rompemanifestaciones, procedentes del entorno político del gobierno de Eduardo Duhalde y del Partido Justicialista bonaerense y de grupos afines a intendentes radicales.
Ese camino ha sido marcado por la movilización de Merlo que reunió a los agredidos, a caceroleros, piqueteros, organizaciones de derechos humanos, gremialistas combativos, intelectuales, partidos y movimientos políticos y sociales. Frenar las agresiones y represiones es la tarea de la hora. El movimiento del 19 y 20 de diciembre de 2001 y las movilizaciones posteriores constituyen la expresión no sólo de la resistencia popular sino el anuncio de una revolución que cambie el modelo y las estructuras de la vieja Argentina dependiente y colonial y construya una sociedad socialista. La disyuntiva es como lo señalaron Marx, Rosa Luxemburgo y Cornelius Castoriadis: “Socialismo o Barbarie”.
Es que la vieja política, corrupta, ilegítima, servil con los intereses de las multinacionales, petroleras y banqueros, se niega a morir y trata de sobrevivir recurriendo a la violencia irracionalista. En otras palabras, hacen el trabajo sucio para preparar el terreno a mayores formas de opresión capitalistas.
Los dos fenómenos sociales más importantes de los últimos meses, el de los desocupados a través del movimiento piquetero y el de las clases medias organizados en asambleas y cacerolazos, preanuncian nuevas formas de hacer política y de construir poder desde la sociedad. La crisis del sistema surge del hecho, señalado por Antonio Gramsci, cuando expresaba que “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no logra todavía articularse”. Es en esa zona gris de nuestra historia que asoma ahora la violencia del populismo oligárquico.
 
Las “barras bravas” duhaldistas, que dirige, según la prensa, el ex ministro de gobierno bonaerense Raúl Othacehé, les pegaron con palos y caños de fundición a pacíficos manifestantes en San Antonio de Padua, Merlo y la localidad de Libertad. En los dos primeros lugares mencionados se trató de caceroleros, y en el último fue contra una manifestación que reclamaba por la mala calidad del agua que provee la empresa Aguas del Gran Buenos Aires.
 
Doscientos matones armados con caños, botellas y palos encerraron a los vecinos en una calle y los golpearon salvajemente. Como algunos buscaron refugio en negocios de la zona, también resultaron dañados comerciantes, sus instalaciones y transeúntes ajenos a la manifestación popular.
 
Demás está señalar que los incidentes se produjeron durante un lapso de tiempo en donde la policía no apareció hasta luego del apaleamiento. Se trató, aseguraron los vecinos a la prensa, de una “zona liberada”.
 
En Ituzaingó, del intendente justicialista Alberto Descalzo, trescientos patoteros impidieron una manifestación de despedidos. Hugo Curto, que moviliza a grupos en Tres de Febrero, sostuvo que “vamos a derrotar a los zurdos como en los setenta”. Justamente, en los setenta, en los meses previos a la instalación de la dictadura militar del Proceso, matones sindicalistas burocráticos y grupos parapoliciales lopezreguistas asesinaron a más de 1.200 dirigentes gremiales combativos, intelectuales, peronistas revolucionarios, cristianos de liberación y de fuerzas de izquierda, entre ellos del Partido Socialista de los Trabajadores, del PC, el PRT, PCR, Vanguardia Comunista y del Peronismo de Base. Otro tanto ocurre con las “barras bravas” de San Miguel, donde gobierna el intendente carapintada Aldo Rico.
 
Incidentes similares se produjeron en Plaza Congreso el día que asumió el presidente Duhalde. Un grupo oficialista agredió a manifestantes de organizaciones de izquierda ante la mirada policial que sólo actuó contra las víctimas y no contra los agresores.
Otros grupos de matones atacaron a caceroleros en San Isidro, donde gobierna el clan radical de Melchor Posse, que coincide con el discurso populista y avala la entente Alfonsín-Duhalde.
Durante los dos años de gobierno de Fernando de la Rúa se pudieron apreciar las formas violentas de la represión liberal, desde los trágicos hechos ocurridos en Corrientes a pocas horas de asumir el gobierno hasta el desenlace sangriento del 19 y 20 de diciembre del 2001, en la Plaza de Mayo. En el interior del país, en varias provincias como Santiago del Estero, Salta y Corrientes se ataca sistemáticamente a los periodistas, según ha denunciado la Asociación de Periodistas.
El colectivo de Herramienta reitera el llamamiento a todos los sectores revolucionarios, a toda la sociedad, a estar alertas ante la irrupción de estas metodologías antidemocráticas. Deben ser denunciadas y combatidas en defensa de los intereses de los trabajadores, los desocupados y de todos los sectores agredidos por el imperialismo capitalista y sus agentes: la mafia política vernácula.