«Enrique Raab: claves para una biografía crítica. Periodismo, cultura y militancia antes del golpe», de Máximo Eseverri

Narvaja, Susana Graciela

Buenos Aires, Prometeo, 2007, 129 páginas.

Y Enrique vivió en…

Máximo Eseverri nos propone un viaje por los páramos de la infame década del setenta a través de diferentes voces que, como los habitantes de Comala, construyen la incorpórea imagen de un hombre. Es así que Enrique Raab se levanta de su recóndita tumba como la sombra de Hamlet que clama venganza.

El libro, producto de una investigación académica, consta de dos partes claramente diferenciadas, no solo por la estructura organizativa (dialógica vs. narrativa) de cada una, sino por los títulos asignados a cada parte. Esta biografía de Raab es un rompecabezas (como el propio autor lo señala en la "Introducción") armado mediante fragmentos de entrevistas a familiares, amigos y colegas que lo conocieron en algún momento, como también de citas de personalidades y escritos del propio biografiado. Respecto del formato dice Eseverri:

La organización en dos largos capítulos con parágrafos breves apunta a que el lector experimente un máximo contacto con experiencias y documentos de la época. En su estilo, selección y jerarquización de la información, ellos dan cuenta de una particular percepción del mundo. Los criterios de presentación del texto, edición y síntesis han sido tomados de la propuesta plasmada en el libro Carta a una maestra: la técnica desarrollada en esa obra para la práctica de una escritura colectiva ha sido revisada aquí con el objetivo de ofrecer un texto que, sin perder unicidad, pudiera dar cuenta de múltiples voces (14).

En la primera parte, "Enrique Raab: lo escrito y lo vivido", el escritor reconstruye la vida del periodista desde su llegada a Argentina hasta el momento de su captura y desaparición. De la mano de un entrevistador invisible, la estructura dramática organiza un diálogo ficticio entre los entrevistados que recorren (relatan) los pasos de un muerto que quiere abandonar las tinieblas del olvido y la opresión. La supresión de las preguntas de las entrevistas genera la ilusión de la objetividad enunciativa y las respuestas resuenan como ecos de voces venidas del más allá que conducen a una figura que poco a poco se vuelve tangible a través de la palabra, especialmente en los pasajes donde se transcriben los artículos escritos por el propio Raab. Las frases seleccionadas están agrupadas por títulos temáticos que remiten a diferentes momentos de la trayectoria del periodista o bien conectadas con sus intereses personales o laborales. La subjetividad del entrevistador se oculta tras las voces de los entrevistados, quienes tienen a su cargo la mirada analítica o crítica del accionar tanto profesional como personal de este "hombre de la cultura". Al igual que ocurre con frecuencia en el discurso periodístico, aquí la subjetividad se filtra por las hendijas discursivas que nos revelan la presencia de una mano enunciativa que elabora el camino a seguir, mediante la organización de los pasajes y de los subtítulos seleccionados.

En la segunda parte, "Enrique Raab: lo bello y lo sublime", Eseverri se propone analizar la estética de Raab, especialmente su afición por el cine y su relación con la cultura popular. El análisis busca caracterizar la obra de Raab desde la biografía de este, señalando la radicalización del periodista. Aunque las categorías bello/sublime aparecen difuminados, la línea de análisis desarrollada en esta sección intenta colocar los artículos en un sutil marco estético, elevando al periodista de esta manera -y a través de esta obra- a la categoría de artista. En uno de los artículos referidos, "El gesto poético", donde Raab analiza la película de Visconti La terra trema, Eseverri observa:

A la simplificación y el conformismo no cabía, sin embargo, oponer un pensamiento de elite y/o el abordaje de lo popular como objeto, sino una estética y una ética capaces de recuperar la expresión popular desde su dimensión histórica y material, de crear y sostener una mirada que no renunciara a la sensibilidad de un ‘examen afectuoso y objetivo’. En la escritura raabiana esta mirada tendrá, como una de las principales características, la particular atención sobre los detalles en los acontecimientos. Las formas que le corresponden, al interior de la gramática periodística, son la entrevista, la crónica, la crítica. Esos serán los géneros que Raab más desarrollará (126).

Toda esta segunda parte es un recorrido por los artículos de Raab, donde Eseverri establece lazos entre los orígenes y entorno cultural del biografiado y su obra. De este análisis se extraen conclusiones acerca de las características estilísticas del autor. Ejemplo de esta aseveración es el siguiente pasaje: "La estética de Raab tiene entre sus objetivos primordiales la elegancia. En cada juicio negativo E. R. busca lograra la diferencia sobre lo agresivo. En cada elogio, se persigue un plus sobre la adulación. La mirada de Raab se encuentra ‘tallada’ por su propia biografía […]" (127). El libro se cierra con una síntesis de lo expuesto y es aquí donde aparece la referencia explícita a la categoría de "lo bello":

Caracteriza a Raab una particular atención sobre lo bello, que implica una sensibilidad tanto para reconocerlo más allá de su origen o condición social como para denunciar su estatización, es decir, la neutralización de su capacidad transformadora. Su periodismo constituye -en el ámbito mediático- un ejemplo de expansión de lo culturalmente posible, a través de la recuperación oblicua de diferentes imaginarios y prácticas sociales de una época (128).

La propuesta de lectura establece finalmente que el origen y el entorno cultural en el cual se movía Enrique Raab determinaron el compromiso periodístico y el estilo de sus artículos. En definitiva, este libro es una invitación al acercamiento a la vida de un periodista desaparecido en la nebulosa de un período infame y del cual ahora, merced a la investigación realizada por Eseverri, se sabe un poco más. Lo sublime, ¿es un film?

…un mundo de película cuyo fin aún está por filmarse.


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