EL FEMINISMO: TERRITORIO PARA HABITAR Y CONSTRUIR UN PROYECTO DE NUEVAS MAYORÍAS


Por Di Francesco Mariela

El 3 de junio pasado se cumplieron cuatro años de la primera marcha por Ni Una Menos. Este año, miles de mujeres, lesbianas, trans y travestis volvimos a marchar (esta vez el lunes 4 de junio) por cuarta vez junto a otras miles que se van sumando a esta marea inmensa que no se detiene.

Nuestro amplio y diverso movimiento de mujeres volvió a darle un nuevo sentido a esta fecha tan importante. Se condensaron en todas las calles de nuestro país estos cuatro años de crecimiento, concientización, avances y hasta la posibilidad de una gran conquista como puede llegar a serlo la legalización del aborto.

Aquel junio de 2015 salimos a las calles para pedir que dejen de matarnos. Lamentablemente debemos seguir haciéndolo. Sin embargo hoy también es tiempo de reafirmar al feminismo no sólo como territorio de encuentros sino también como una herramienta que transforma todos los días realidades concretas (individuales y colectivas). Hoy el feminismo es sin dudas una potencia que, pese a un contexto político desalentador, disputa nuevos derechos instalando debates, propuestas, consignas, nuevos imaginarios sociales y culturales que hasta hace tan sólo unos años eran impensados.

Es de vital importancia, cuando pensamos en los avances del movimiento de mujeres, tomar en cuenta que 2015 fue también el año en el que Cambiemos accedió al gobierno a través de los votos. Esto confirmó que hay una nueva derecha que produce discursos y formas de hacer política que le permiten aplicar un proyecto en beneficio de unos pocos privilegiados. Mientras las mayorías somos afectadas con la pérdida de numerosos derechos, con los tarifazos, el ajuste desmedido, el endeudamiento externo que compromete a las futuras generaciones de nuestro pueblo, los sectores de poder buscan (además de enriquecerse sin límites) reconfigurar estructuralmente y a largo plazo los planos económico, social y cultural.

¿Cómo es que pese a todo esto el feminismo logró irrumpir para organizar en torno a sus causas a tantas mujeres, lesbianas, trans y travestis? ¿Cómo es que hoy a lo largo y ancho de nuestro país (como en otras partes del mundo), podemos hablar de una “cuarta ola” del feminismo? ¿Qué es lo que este momento histórico tan particular nos está demostrando y qué implica para el campo popular?

DEJARNOS INUNDAR Y HABITAR LA CUARTA OLA

Por primera vez en la historia prácticamente ningún espacio político puede negarse a plantear una agenda de géneros ni a hacer de ello una cuestión prioritaria. Esto tiene que ver en parte con las urgencias, que desde ya ameritan movilizaciones enormes y exigencias a las que el Estado debe responder de forma inmediata para que dejemos de ser violentadas durante toda nuestra vida. Pero sobre todo, tiene que ver con un largo camino que merece ser reconocido y tomado como ejemplo, si queremos hacerle frente a esta coyuntura tan regresiva.

Hoy el feminismo es, de máxima, aquello con lo que diversos sectores de nuestra sociedad (en menor o en mayor medida) nos identificamos. Y es también, de mínima, aquello sobre lo que "hay que pronunciarse" al menos para diferenciarse. Esto no tiene relación  alguna con las casualidades, mucho menos con "las modas".
El movimiento de mujeres es este que supo perseverar, ir tejiendo los Encuentros Nacionales cada año desde hace más de 30 años. Es este que supo sostener y elaborar proyectos en el marco de la Campaña Nacional por el derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Es este que llegó con un profundo dolor y una bronca acumulada, a organizar el primer 3J, entendiendo que el único modo de terminar con la violencia machista era hacer de esta lucha, una lucha de masas.
Esta capacidad de llegar a cada vez más sectores de nuestra sociedad,  tiene que ver con la incansable búsqueda de evidenciar en todos los ámbitos, las principales causas de los daños que el machismo genera. Pudimos demostrar, en primer lugar, que el femicidio es la consecuencia extrema de tantas formas de violencia que vienen antes. En segundo lugar, pudimos demostrar que es el Estado el responsable de generar todas las políticas públicas necesarias para prevenir y erradicar la violencia de géneros.

Cuanto más fuimos avanzando en estos últimos años, más difícil fue sortear también las distintas trampas en las que el gobierno y sus medios de comunicación cómplices intentaron hacernos caer. Una de ellas fue la idea de que el violento es un monstruo o un enfermo. Otra de ellas, fue vincular constantemente la violencia de géneros con cualquier otro hecho de "inseguridad". De la mano de esto fueron surgiendo los duros discursos punitivistas que piden pena de muerte por doquier, algo completamente inaceptable, se trate del delito que sea.

Todos estos intentos generaron un "tira y afloje" entre lo que pretendíamos instalar como movimiento feminista, y lo que al poder político y económico le convenía. Pero no nos dimos por vencidas y seguimos dando en la práctica la “disputa de sentidos”, que tan abstracta pareciera ser.
De ningún modo queremos decir con esto que nuestra batalla está ganada. Más bien todo lo contrario. Estas trampas persisten y van a seguir estando, conforme decidamos seguir en este camino. Pero sí es un hecho el haber sido capaces de intervenir en todos los terrenos, acompañándonos y multiplicandonos desde las denuncias públicas a abusadores famosos, hasta las entrevistas a referentas del feminismo en programas de televisión; desde los reclamos por la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas hasta los pañuelazos pintando de verde las aulas, los lugares de trabajo, los transportes, las calles y finalmente el Congreso.
Así lo demostraron las consignas con las que marchamos este 4J: no queremos deuda y ajuste, no queremos más violencia y exigimos que el aborto sea legal. Esto convierte a nuestro movimiento en el principal actor de oposición a este gobierno, porque es además el que hizo el primer paro el 8 de marzo de 2016 en el día Internacional de las mujeres (y el tercer paro en marzo de este año). Y es el que no sólo resiste los golpes brutales del neoliberalismo sino que busca conquistar nuevos derechos.

Se trata de un claro ejemplo de construcción en unidad de diversos movimientos sociales y partidos políticos. Es un ejemplo de por dónde se puede comenzar a delinear un proyecto de país para las mayorías. No porque se trate de incluir en tal o cual agenda “una concesión” en materia de géneros. No porque el feminismo hoy sea un “accesorio” que todo proyecto político tiene que tener. Hoy podemos y debemos ir más allá de eso, aprendiendo de los procesos que nos están dando grandes resultados: se trata de dejarnos permear por esta marea para construir un proyecto desde el feminismo como un espacio que cada vez más personas habitamos y que las nuevas generaciones están asimilando como forma de vida.

Nuestro movimiento es el único que por el momento y aún con todas sus diferencias en su interior nos está proporcionando un cambio de visión sobre nuestras realidades, nuevos códigos que nos permiten no solamente analizar y describir lo que nos sucede, sino por sobre todo poder interpretarlo y explicarlo para que llegue a todo el mundo. Es, dentro de nuestro fragmentado campo popular, el que está logrando conectarnos desde la sencillez, con cuestiones tan profundas e históricamente arraigadas que nos identifican y nos posibilitan trabajar colectivamente. 
En definitiva, el movimiento de mujeres es en Argentina, este que supo dejar de ser lo que era (un espacio para apenas un puñado de compañeras) para empezar a ser esta ola que incomoda todas las estructuras, que nos obliga a incorporar sus experiencias para generar política de masas y que parece ser de largo alcance, porque sin dudas ya viene transformando nuestro presente.

Mariela Di Francesco