Un Marx inhabitual·

Katz, Claudio

 Michael Löwy··

 
“Peuchet: vom Selbstmord” [Peuchet: acerca del suicidio], publicado en el periódico Gesellschaftsspiegel [Espejo de la sociedad], vol. 2/VII, enero de 1846, es un documento bastante inhabitual entre los escritos de Marx. Se distingue desde varios pespectivas de sus otros trabajos:
 
–        La mayor parte del texto no ha sido escrita por el propio Marx, sino que está compuesta de extractos –traducidos del francés al alemán– de otro autor. Marx tenía el hábito de llenar cuadernos de notas con tales extractos, pero jamás los ha publicado.
–        El autor elegido no es ni un economista, ni un historiador, ni un filósofo, ni siquiera un socialista, ¡sino un ex jefe de los archivos de la policía francesa durante la Restauración!
–        La obra en cuestión no es un trabajo científico, sino una colección laxa de “sucesos de vida”, anécdotas, pequeñas historias, seguida por algunos comentarios.
–         El tema del artículo no pertenece a lo que se considera generalmente relevante para la economía o la política, sino más bien a la vida privada: el suicidio.
–        La principal cuestión social examinada en el artículo –en relación con el suicidio– es la opresión de las mujeres en las sociedades modernas.
 
Cada uno de sus rasgos es inhabitual en la bibliografía de Marx, pero su articulación en este texto es única.[1]
Considerando la naturaleza del artículo –extractos traducidos al alemán del texto de Peuchet Du suicide et ses causes [Acerca del suicidio y sus causas] (un capítulo de sus Memorias publicadas en 1838)–, ¿en qué medida puede ser considerado perteneciente a los escritos de Karl Marx? De hecho, él ha dejado su marca sobre el documento de varias formas: por la introducción, por los comentarios con los cuales ha aderezado el texto, y por las modificaciones introducidas por la traducción. Pero la razón principal por la cual este artículo puede ser considerado como la expresión de las ideas del propio Marx es que él no introduce distinción alguna entre esos comentarios propios y los extractos de Peuchet, de modo que el conjunto del documento aparece como un escrito homogéneo, firmado por Karl Marx.
La primera pregunta que se debe plantear es, bien entendida, ¿por qué Marx ha elegido a Peuchet? ¿Qué es lo que tanto le interesaba en ese texto?
 
Me temo que no puedo compartir la hipótesis sugerida por Philippe Bourrinet, el editor de una versión francesa del artículo de 1992; hipótesis retomada independientemente por Kevin Anderson en su introducción –por lo demás excelente– a la edición inglesa: el documento sería una crítica velada a los editores del periódico alemán Gesellschaftsspiegel, como Moses Hess, adeptos del “socialismo verdadero” alemán.[2] De hecho, no hay una sola palabra en el artículo que pueda sugerir una tal conclusión. Es verdad que Marx proclama la superioridad de los pensadores sociales franceses, pero no los compara con los socialistas alemanes, sino con los ingleses. Por otro lado, Engels –el otro editor del Gesellschaftsspiegel– y Marx mantenían excelentes relaciones con Moses Hess durante esos años –1844-46–, a tal punto que lo invitaron a participar de la redacción de su polémica común contra el idealismo neohegeliano, La ideología alemana.
 
Una parte de la explicación es sugerida por el propio Marx en su introducción a los extractos: el valor de la crítica social francesa contra las condiciones de vida modernas y, en particular, contra las relaciones existentes en los dominios de la propiedad y de la familia –en una palabra, la vida privada (Privatleben)–. Para utilizar una expresión moderna, una crítica social fundada en la comprensión de que lo privado es político. Marx está particularmente interesado en una crítica tal cuando esta se expresa en forma literaria o semiliteraria: novelas y memorias (Memoirenliteratur). Su entusiasmo por Balzac es muy conocido, así como su afirmación de que con sus novelas ha aprendido más sobre la sociedad burguesa que con centenares de tratados de economía. Sin duda, Peuchet no es Balzac, pero sus memorias tenían una suerte de cualidad literaria: baste con recordar que una de sus historias ha inspirado el célebre Conde de Montecristo de Alexandre Dumas (cf. Marx, “Peuchet vom Selbstmord” en: Anderson/Pleut, 1992: 77 y s.).
 
El interés de Marx por el capítulo de Peuchet no se deriva de una fascinación “inconsciente” por el suicidio –no puedo compartir esta hipótesis del otro prologuista de la edición inglesa, Eric Plaut, que carece de una base fáctica verdadera–, sino antes bien su interés bien conocido por la crítica social radical de la sociedad burguesa como forma de vida “no natural” (Unnatur: término que emplea el propio Marx en la introducción).[3]
 
El suicidio, tanto para Marx como para Peuchet, es significativo sobre todo como síntoma de una sociedad enferma, que necesita una transformación radical. La sociedad moderna es, escribe Peuchet citando a Rousseau, “un desierto poblado de bestias feroces”. Cada individuo es aislado de los demás, y “encuentra la soledad más profunda en el seno de varios millones de almas”, en una suerte de soledad de masas. Las personas se vuelven mutuamente extranjeras y hostiles: en esta sociedad de lucha y competencia despiadadas, la única elección que le queda al individuo es convertirse en víctima o verdugo. Ese es, entonces, el contexto social que explica la desesperación y el suicidio. La clasificación de las causas del suicidio es una clasificación de los vicios de la sociedad burguesa moderna; vicios que no pueden ser suprimidos sin una transformación íntegra de las estructuras económicas y sociales (aquí es Marx quien habla).
Esta suerte de crítica social y ética es evidentemente de inspiración romántica. La simpatía de Peuchet por el Romanticismo está documentada no solo por sus referencias a Rousseau, sino también por su crítica feroz del “torpe burgués que pone su alma en el tráfico y a su Dios en el comercio” y que no tiene más que desprecio por las pobres víctimas del suicidio y los poemas románticos de la desesperación que dejan como herencia.
 
Recordemos que el Romanticismo no es solo una escuela literaria, sino también –como el propio Marx lo ha sugerido a menudo– una protesta cultural contra la civilización capitalista moderna en nombre de un pasado idealizado. El joven Marx tenía mucha admiración por las críticas románticas de la sociedad burguesa –escritores como Balzac o Dickens, pensadores políticos como Carlyle, economistas como Sismondi– y no ha dudado en incorporar algunas de sus intuiciones en sus propios escritos.
 
La mayor parte de los autores, como Peuchet, no son socialistas. Pero, como lo subraya Marx en su introducción, no es necesario ser socialista para criticar las condiciones sociales existentes. Tropos románticos como los que están presentes en los extractos de Peuchet –el carácter inhumano y bestial de la sociedad burguesa, el egoísmo y la avidez sin alma de los burgueses– están a menudo presentes en los escritos del joven Marx; pero aquí, en este texto, asumen un carácter inhabitual.
 
Mientras menciona los estragos económicos del capitalismo para explicar muchos suicidios –bajos salarios, desocupación, miseria–, Peuchet insiste más bien sobre las formas de injusticia social que no son directamente económicas y que afectan la vida privada de individuos no proletarios.
¿Se tratará del punto de vista de Peuchet y no del de Marx? ¡De ningún modo! Marx mismo, en su introducción, se refiere sarcásticamente a los filántropos burgueses que piensan –como el Dr. Pangloss de Voltaire– que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que proponen dar un poco de pan a los trabajadores “como si solamente los trabajadores sufrieran de las condiciones sociales presentes”.
 
En otras palabras: para Marx/Peuchet, la crítica de la sociedad burguesa no puede limitarse a la cuestión de la explotación económica, incluso si esta es muy importante. Debe asumir un carácter social y ético amplio, incluyendo todos los múltiples y profundos aspectos siniestros del orden establecido. El carácter inhumano de la sociedad capitalista lesiona a individuos de diversos orígenes sociales.
 
¿Cuáles son entonces esas víctimas no proletarias, llevadas a la desesperación y al suicidio por la sociedad burguesa? Arribamos aquí al aspecto más interesante del artículo. Hay una categoría social que ocupa un lugar central tanto en los extractos como en los comentarios de Marx: las mujeres.
 
Este artículo es, de hecho, una de las condenas más poderosas de la opresión de las mujeres jamás publicadas bajo la firma de Marx. Tres de los cuatro casos de suicidio conciernen a mujeres, víctimas del patriarcado o, en palabras de Peuchet/Marx, la tiranía familiar, una forma de poder arbitrario que no ha sido derribada por la Revolución Francesa. Dos de ellas son mujeres “burguesas” y la tercera, más bien de origen popular (hija de un sastre). Pero su destino ha sido determinado por su género más bien que por su clase.
 
El primer caso, una muchacha llevada al suicidio por sus padres, ilustra la brutal autoridad patriarcal del pater (y de la mater) familias, violentamente denunciada por Marx en su comentario, como la cobarde venganza de individuos forzados a la sumisión en la sociedad burguesa, contra aquellos más débiles que ellos mismos.
 
El segundo ejemplo –una muchacha de Martinica encerrada puertas adentro por su marido hasta que ella se suicida– es por lejos el más importante, tanto por su extensión como por los comentarios apasionados de Marx. Este caso le parece paradigmático del poder patriarcal absoluto de los hombres sobre sus esposas y de su actitud de poseedores celosos de una propiedad privada. En las notas indignadas de Marx, el marido tiránico es comparado a un amo de esclavos. Gracias a las condiciones sociales que ignoran el amor verdadero y libre, y gracias a la naturaleza patriarcal tanto del Código Civil como de las leyes de propiedad, el opresor varón ha podido tratar a su mujer como un avaro trata a su caja fuerte cerrada bajo siete sellos: como una cosa, un objeto, una “parte de su inventario”. La cosificación capitalista y la dominación patriarcal son asociadas por Marx en esta radical acusación de las relaciones familiares en la sociedad burguesa moderna.
 
El tercer caso concierne a una cuestión que se convertirá en una de las principales banderas del movimiento feminista después de 1968: el derecho al aborto. Se trata de una muchacha soltera que quedó embarazada, contra las reglas sagradas de la familia patriarcal, y que fue empujada al suicidio por la hipocresía social, por el orden moral reaccionario y por las leyes burguesas que prohíben la interrupción voluntaria del embarazo.
 
En su tratamiento de esos tres estudios de casos, el ensayo de Marx-Peuchet –es decir, tanto los extractos seleccionados como los comentarios del traductor, inseparablemente (porque no separados por Marx)– constituye una protesta apasionada contra el patriarcado, la esclavización de la mujeres –comprendidas aquí las “burguesas”– y la naturaleza opresiva de la familia burguesa. Hay pocos equivalentes en los escritos posteriores de Marx.[4]
A pesar de sus límites evidentes, este pequeño artículo olvidado de Marx es una preciosa contribución a una comprensión más rica de las infamias de la sociedad burguesa moderna, de los sufrimientos que su estructura familiar inflige a las mujeres y del fin emancipador amplio y universal del socialismo.
 
Bibliografía
Anderson, Kevin / Plaut, Eric (eds.), Marx on suicide. Evanston: Northwestern University, 1999.
Bourrinet, Philippe, “Présentation”. En: Marx, Karl / Peuchet, Jacques, A propos du suicide. Castelnau-Le-Lez: Editions Climats, 1992, pp. 9-27.
Sayre, Robert, Solitude in Society. A sociological study of French literature. Harvard: Harvard University Press, 1978.
 


· “Un Marx inhabituel”. Trad. del francés Miguel Vedda. Enviado especialmente por el autor para su publicación en este número de Herramienta.
·· Director de investigación emérito en el Centre National de la Recherche Scientifique (Centro Nacional de Investigación Científica); fue profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales). Sus obras han sido publicadas en 24 idiomas. Entre sus libros más recientes se encuentran Redención y utopía. El judaísmo libertario en Europa central (1988); Rebelión y melancolía. El romanticismo como contracorriente de la modernidad (1992); Walter Benjamin: aviso de incendio (2001); Kafka, soñador insumiso (2004); Sociologías y religión. Aproximaciones insólitas (2009); Ediciones Herramienta y El Colectivo publicaron, en 2010, su libro La teoría de la revolución en el joven Marx y en 2011, Ecosocialismo, la alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista. Es miembro del Consejo Asesor de la Revista Herramienta, donde ha realizado numerosas contribuciones. Está por aparecer por primera vez en castellano, en Ediciones Herramienta, su libro, escrito en colaboración con Olivier Besancenot, Afinidades revolucionarias.
[1] Algunas –pero no todas– de esas particularidades han sido constatadas en las introducciones de Kevin Anderson y Eric Plaut (1999) a la traducción inglesa del artículo.
[2] Cf. Bourrinet, 1992.
[3] Cf. Peuchet, “Du suicide et de ses causes” (Anderson/Plaut, 1999: 106). Cf. Sayre, 1978.
[4] Mencionemos de todos modos su artículo de 1858 sobre Lady Bulwer-Lytton, encerrada en un asilo por su marido Tory y patriarcal.