De deudas e inversiones

Logiudice, Edgardo

 
Deudas.
 
La patética "discusión" entre Kicillof y Prat-Gay pareció un torneo por el premio al mejor deudor pagador.
Pero la deuda, las deudas no son neutrales arbitrios técnicos, significan la dominación del acreedor sobre el deudor. Desde las preliminares de la economía mercantil capitalista hasta la sofisticada ingeniería financiera que divide hoy al mundo entre unos pocos y potentes acreedores y unos muchos y pobres deudores. Que esa es la, por premios Nobel de Economía, efectivos y candidatos y hasta el compatriota Francisco, tan mentada desigualdad.
 
Desde que alguien adelantó un pago por la entrega futura de un bien, el crédito que de allí nació obliga al que lo recibió a comprometer su vida futura. Así de sencillito: es el poder del acreedor sobre el deudor.
Y si ese crédito se vende, por un precio mayor o menor que el del bien prometido que lo originó, tendrá una vida propia, él mismo se convertirá en un bien, ya no material sino intangible. Circulará independientemente del intercambio que le dio origen.
Dado que ya nada tendrá que ver con la deuda originaria, nada garantiza que esa promesa de pago que es el crédito vuelva a representar algún bien material. Y, sin embargo, seguirá dando vueltas casi indefinidamente.
De allí que el crédito, es decir el precio de las deudas se pueda autonomizar no solamente de la circulación sino de la producción. Los préstamos, es decir el endeudamiento no necesariamente significa producción ni desarrollo. Lo único que asegura es la existencia de lo que Harvey llama servidumbre de la deuda.
 
Las deudas son el corazón del capitalismo que bombea los flujos de capital. Flujos literalmente vitales, como también sostiene Harvey. Pero también tóxicos, porque las deudas se alimentan de la expoliación. La explotación y la expoliación de aquéllos a quienes alimenta y de sus nutrientes, las condiciones de vida, los recursos naturales. Orgánicos e inorgánicos.
La deuda siempre se ha nutrido del futuro. El futuro es la condición de la deuda, desde el capitalismo mercantil, pero la deuda es hoy la condición del futuro con el capitalismo de crédito. Y un futuro condicionado por las deudas, por el pago de las deudas significa que el futuro está en manos de los acreedores. Nos es ajeno. Futuro alienado.
 
Esto parece ser el secreto de la "economía de la deuda", la fábrica del hombre endeudado, como dice Lazzarato. Producción del homo debitor, que no es una expresión para lucir conocimientos del latín, sino la ruda realidad de los ciudadanos que pagan la deuda con el impuesto al trabajo y al consumo de subsistencia. Hombres de carne y hueso, lejos de la mirada de los tecnócratas que repiten la sentencia de Pablo a los Romanos, Pagad a todos lo que debéis… Aunque el apóstol se llame hoy  JP Morgan o Goldman Schas.
 
 
Inversiones.
 
Pagar la deuda, nos dicen -unos y otros - es la condición de las inversiones.
La palabra inversión no esconde otro secreto que la deuda. Ese es el sentido de su uso taumatúrgico.
Los economistas aparecen como magos que harán salir la abundancia de bienes de consumo, necesarios o superfluos, de la galera de la inversión.
Pagar las deudas, nos dicen, es la condición de las inversiones. Pero las inversiones, las viejas y las nuevas no han dejado más que deudas. Y deforestación y campos erosionados  llenos de malezas. Y aguas tóxicas. Y desigualdad manifiesta. Y corrupción. Y violencia.
Realidad evidentes maquilladas con el no menos mágico desarrollo, prodigioso crecimiento del producto sin discriminación, milagroso descenso de la pobreza medida en el consumo de chatarra.
 
Pagar el saldo de la deuda originaria "re-estructurada" no es más que coronar la obra de desendeudamiento endeudado del proceso kirchnerista. En definitiva haber transformado la deuda con el Fondo y otros organismos en bonos en manos de fondos privados en el momento en que, después del Plan Brady, esa era la estrategia. Cobrar y dejar las deudas soberanas como negocio de los fondos privados. Los resultados son más que conocidos: seguimos pagando. Y lo seguiremos haciendo hasta casi fin de siglo.
 
Pero las inversiones también tienen su historia.
Inversiones se denominaron los saqueos de los bienes públicos tipo far west de los ochenta y noventa. Cuando ya se afianzaba el capital financiero frente al agotado patrón tecnológico fordista La zanahoria era la modernización y la amenaza los embargos. La bicicleta de los canjes llevó al default, la privatización de los bienes públicos tuvo la "paradójica" estatizacion de las deudas privadas hasta llegar a la cesación de pagos y la modernización consistió en la precarización laboral y el desmantelamiento industrial. Las "inversiones", la llamada Inversión Extranjera Directa, consistieron en lo fundamental fusiones y adquisiciones de empresas con derecho a concesiones que resultaron verdaderas canonjías subvencionadas. (Informe de la UNCTAD 2007). Antes del colapso la IED en Argentina había llegado a casi 24.000 millones de dólares. Desde que las papas quemaron comenzaron las desinversiones y las fugas de capital."Cuando aumenta el miedo, los activos de inversión son vistos como una sola categoría: riesgo" dijo hace poco un estratega jefe de inversiones que administra 351.000 millones de dólares. Y el país quedó a merced de la soja y los mercados de futuros de Chicago y China. Pagando intereses sobre intereses.
 
Este es el desarrollo propiciado por la UNCTAD y la CEPAL que, no obstante, debe reconocer que la IED llega en busca de mercados y recursos naturales, bajos salarios, bajas regulaciones sobre la contaminación ambiental y, por supuesto, recursos naturales. Entre ellas, y sobre todo -hasta ahora- las "arriesgadas" inversiones chinas que aumentaron del 12% en 2007 al 38%.
Si bien es cierto que en lo que va del siglo, en América Latina y el Caribe, según sean las características de cada país, aumentó el peso de las manufacturas y los servicios, en las primeras lo ha hecho vía la maquila y, en los segundos en el sector financiero. Hay ahora también una tendencia creciente en las telecomunicaciones las que, dada su actual importancia, puede significar mayor dependencia tecnológica.
 
El informe sobre las inversiones en el mundo emitido por la UNCTAD  en 2013 señala el carácter actual de las cadenas de valor global. "La economía mundial actual se caracteriza por las cadenas de valor mundiales, en las que los bienes y servicios intermedios se comercian en procesos de producción fragmentados y dispersados por todo el mundo. Esas cadenas suelen estar coordinadas por ETN [empresas transnacionales], y el comercio transfronterizo de insumos y productos tiene lugar en el interior de sus redes de filiales, asociados contractuales y proveedores independientes. Las cadenas de valor mundiales coordinadas por ETN representan aproximadamente el 80% del comercio mundial".
Las ETN que "coordinan" las cadenas de valor son las mismas que realizan las inversiones extranjeras directas, es decir, que la IED significa la incorporación a algún eslabón de esa cadena. Esto es lo que, para las economías de América Latina y el Caribe significa la "inserción en el mundo". Algún lugarcito en la división, ahora supranacional, del trabajo.
Dice la investigadora de la Unidad de Economía Política del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, Josefina Morales: "Las nuevas modalidades de inserción de nuestras economías […] continúan reproduciendo, con nuevos patrones, las históricas relaciones de subordinación y dependencia: el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, la inserción por medio de los eslabones más débiles a las cadenas trasnacionales de producción industrial, la importación de bienes de capital e intermedios, de consumo superfluo e incluso [para México] de granos básicos […]"[1].
 
 
Los procónsules.
 
Este es el cielo que nos tienen prometido, pagando. El capitalismo financiero se nutre, como vimos, de promesas de pago.
A la explotación del trabajo ajeno futuro aúna la expoliación directa. Es este el lugar destinado en la nueva división extraterritorial del trabajo.
Para ello necesita gestores, como el Imperio Romano necesitaba los procónsules. Su nueva denominación es CEOs. Su nacionalidad, sobrepasados los Estados nacionales, es la pertenencia al grupo que lo bonifica.
No es un dato anecdótico. En la literatura sobre las inversiones, las ventajas o desventajas para la probabilidad de invertir, un dato central está dado por las restricciones o liberalidades de las legislaciones receptoras para la residencia de los ejecutivos y sus equipos. La conquista requiere ocupación. Acreedores e inversores necesitan procónsules.
 
Es esta y no otra la "pesada herencia" que, me parece, no podemos aceptar alegremente.
Conformarnos con el papel de pagadores seriales con el el kirchnerismo "empoderó" al pueblo para que Macri termine su obra.
 
Marzo 2016.


[1] MORALES, Josefina. Inversión extranjera directa y desarrollo en América Latina. Revista Problemas de desarrollo, Vol.41, N° 163 (2010). http://www.revistas.unam.mx/index.php/pde/issue/view/1984