La expansion de la mineria en Brasil: ¿una trama macabra entre el gobierno y el capital internacional?

 
Castilhos, Clarisse Chiappini economista de la Fundación de Economía y Estadística RS(BR). Doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Paris X-Nanterre (1991).
Campos, Christiane docente de economía, Universidad Federal de Sergipe (BR), doctora en Geografia por la  Universidade Federal do Rio Grande do Sul (2009. Autora del libro A face feminina da pobreza em meio à riqueza do agronegócio (CLACSO, 2011).
 
Traducción: Mariana Pessah, estudiante del curso de Letras de la PUCRS/Brasil.
 
En las últimas décadas las Inversiones Directas del Exterior (IDE), en dirección al Brasil y America del Sur, se orientan de manera muy crecente a la extracción mineral y al monocultivo agrícola, incluyendo hay el control de las reservas de agua, con la intensificación del trabajo esclavo y semiesclavo. Ese movimiento permite levantar la hipótesis de un retorno a la acumulación originaria.
Las empresas involucradas en ese proceso están organizadas en grandes grupos internacionales bajo el control del capital financiero y buscan ampliar el proceso de acumulación por medio de inversiones en los sectores citados, mirando la commoditización de la producción.
Este artículo se basa  en que la expansión de las actividades de minería en Brasil se inserta en la intensificación de la reproducción ampliada del capital social total (Marx, 1983), caracterizando un retorno, bajo nuevas condiciones, al modelo exportador que marcó la historia ese país de los siglos XVI a XIX. La actual configuración de la economía brasilera revela una creciente commoditización de su  pauta exportadora, así como en la mayoría de los países latinoamericanos y manifiesta la profundización del imperialismo y del capital-imperialista (Fontes, 2010).
Para fundamentar este raciocinio, utilizaremos algunos conceptos marxistas relativos a la acumulación originaria y a desarrollos posteriores que demuestran su actualidad.
 
I. La adecuación de los conceptos marxistas
 
Marx (1985: 262) define la acumulación originaria o primitiva como "el proceso histórico de separación entre productor y medio de producción; apareciendo este como "primitivo”, ya que constituye la pre-historia del capital y del modo de producción que le corresponde". En este sentido, ese proceso inicial de acumulación crea las condiciones para la existencia de la relación capital - masa trabajadora de un lado y propietarios de medios de producción del otro – y, consecuentemente, del modo de producción capitalista que se estructura a partir de esta relación social denominada capital. Aunque sea una  condición sine qua non para la constitución del capitalismo ese proceso no se circunscribe al contexto histórico pre-capitalista.
“La relación-capital presupone la separación entre los trabajadores y la propiedad de las condiciones de la realización de trabajo. Mientras la producción capitalista se apoye sobre sus propios pies, no sólo conserva esa separación, sino que también la reproduce en escala siempre creciente” (Marx, 1985: 262).
Fontes (2010) pone en evidencia que las expropiaciones descriptas por Marx en el capítulo XXIV del libro I de El Capital, no pueden ser entendidas como un mecanismo característico solamente de aquella fase de gestación del modo de producción capitalista. La autora critica esa interpretación porque alimenta una suposición de que en la medida en que el capitalismo fuese madurando, dejaría de utilizar los métodos bárbaros y constituiría una sociedad "civilizada".
Conforme explicita Marx (1985), el proceso de concentración es simultáneo al proceso de acumulación de capital, una vez que uno retroalimenta el otro. El proceso de concentración implica, por lo tanto, en reproducción ampliada del capital. Si bien la centralización no depende de la reproducción ampliada del capital social, implica solamente la "concentración de capitales ya constituidos, supresión de su autonomía individual, expropiación de capitalista por capitalista, transformación de muchos capitales menores en pocos capitales mayores" (ídem: 196). La competencia y el crédito son sus dos principales puntos de apoyo.
Estos procesos de concentración y centralización, caracterizan los conglomerados que actúan en la extracción de minerales. Se trata de empresas organizadas en grandes grupos internacionales bajo el control de capital financiero, que buscan ampliar el proceso de acumulación por medio de inversiones en la explotación y control de reservas minerales y acuíferas así como a través de la commoditización de la producción, de manera general.
Los límites impuestos a la acumulación de capital debido a la restricción de los espacios para la inversión productiva, en una combinación con el actual movimiento de financierización globalizada (Chesnais, 1988,  1994, 2007, 2011, 2015), propiciaron la organización de una división internacional del trabajo con fuertes trazos del período agroexportador. Casi una dinámica de retorno a la “acumulación primitiva” según Arantes (2007), una vez que privilegia las inversiones productivas en la extracción mineral, así como en la monocultura agrícola. En ese contexto que se define una nueva división internacional del trabajo, controlada por algunos grupos internacionales ligados umbilicalmente a los gobiernos de las grandes potencias[1]. Estos capitales están organizados en grandes grupos que se interrelacionan. Conforme Serfatti (1988) el capital industrial está estructurado en torno de un centro financiero a través de una intrincada red de conexiones y constituye el modo dominante de segmentación de la acumulación capitalista en su momento más reciente.
La competitividad basada en bajos salarios y en el fin de la reglamentación del mercado de trabajo, la concentración del conocimiento por las multinacionales y por los países más ricos, la actual forma de participación de los gobiernos en la economía, con fuerza en la perspectiva neoliberal de actuación del Estado (Anderson, 1995, Campos et al, 2012), generan una incapacidad de desarrollo, en el sentido cepalino del concepto. [2] Lo que se verifica en el proceso de acumulación capitalista es un crecimiento restringido a los espacios entre las firmas internacionales y la concentración cada vez mayor de los beneficios del crecimiento en manos de pocos grandes grupos capitalistas.
 
II. La expansión de la extracción mineral en Brasil y la orientación de los IDE7
 
Los números evidencian que el Brasil viene afirmando en las últimas décadas una inserción internacional con fuerte participación de la exportación de commodities, particularmente productos de la extracción mineral y del agronegocio. Esta especialización está nítidamente alineada con las nuevas tendencias internacionales confirmando la hipótesis de que la llamada especialización regresiva (Kupfer, 2005) está sometida al movimiento internacional del capital (Filgueiras, 2013). Estos capitales cuentan con el apoyo de las políticas gubernamentales, inclusive, de los gobiernos llamados de izquierda, como es el caso de Brasil, representada por la actuación del Banco Nacional de Desarrollo – BNDES y por el Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC) lanzado en 2007 y reforzada en 2014.
En verdad, el Brasil no se constituye en un fenómeno aislado. Al contrario, por sus riquezas naturales, disponibilidad de tierras y aguas, tanto como por su posición de líder en América Latina, se vuelve el principal foco de las presiones e intereses del capital internacional. En este mismo marco, se explica la tentativa de cambiar la legislación referente a la venta de tierras para extranjeros en Brasil y otros países latino-americanos.
Además se intensifica la presión de los grandes grupos sobre el control de las reservas acuíferas y minerales, en América del Sur (regiones andina y amazónica), así como en el control de las aguas subterráneas (como el acuífero guaraní). Conforme Benetti (2011), la llamada exportación de agua no aparece en su verdadera dimensión en las estadísticas. La producción de commodities consumen para su extracción y cultivo, un volumen de agua considerable, lo que intensifica las inversiones en actividades que poseen un elevado consumo para su elaboración. Es una forma de ahorrar agua en algunos lugares y utilizar, hasta el agotamiento, la de los países ricos en reservas hídricas.
 
II. 1. Algunos indicadores
 
La disponibilidad de tierras, aguas y minerales se volvió uno de los principales atractivos para nuevas inversiones externas que se orientan fundamentalmente hacia el agronegocio y la extracción mineral, tanto a través de la adquisición y/o invasión de tierras (grilagem [3]) como a través de la asociación con un latifundio ya establecido.
La comparación con el crecimiento de la industria de transformación es un importante indicador de la tendencia a la expansión aceleradade la actividad extractiva mineral en Brasil (Gráfico 1). La actividad de extracción mineral tiene la menor expresión en el valor total de la industria, no obstante, viene obteniendo tasas de crecimiento nítidamente superiores a las de la industria de transformación. Entre los años 2002 y 2015 se constata que ambas curvas presentaron movimiento semejante, con nítida ventaja hacia la minería. Pero, a partir de 2013 esa tendencia sufrió un brusco cambio, observándose una gran separación entre las dos curvas. Entre abril de 2013 y abril de 2015, la actividad extractiva creció 16,2% y la industria de transformación cayó 12,4% (IBGE/PIM, 2015).
Las informaciones del Banco Central de Brasil, relativas a los sectores que tienen mayor participación en la entrada de IDE entre 2001 y 2013, cuadro 1, corroboran la hipótesis de orientación de los IDE a los sectores de minería y agronegocio. En 2013, dentro del conjunto Agricultura, pecuaria y extracción mineral, la actividad de extracción de petróleo concentró el 71% de los valores, y extracción de minerales metálicos 29%.
Desde el descubrimiento de las reservas del pre-sal[4] en 2006 la Petrobras viene desarrollando investigaciones que posicionan a la empresa como líder mundial en tecnología de extracción de petróleo en aguas profundas. Ese hecho indujo a un nuevo sistema de reparto[5] que establece al gobierno brasilero como principal propietario de petróleo extraído y no más a la empresa que ejecute la extracción. Por eso la Petrobras atrae el interés de los grandes grupos internacionales y ya circulan en el congreso brasilero propuestas de alteración de ese sistema con la perspectiva de su desnacionalización. La aprobación de esas alteraciones traerá la pérdida de poder del Estado en el uso de los recursos de la explotación del petróleo, la reducción de su efecto multiplicador sobre la economía brasilera y el desperdicio del patrimonio tecnológico construido durante su trayectoria histórica (Castilhos, 2015). Estos comentarios no implican una defensa del petróleo como combustible, sobre todo el extraído del pré-sal, visto los problemas ambientales que provoca. Pero ilustra el movimiento de capital internacional en el control de los insumos estratégicos.
 
III.Políticas gubernamentales y orientación de los IDE
 
 Las informaciones sobre el ingreso de IDE en Brasil pueden ser facilmente relacionadas a las políticas gubernamentales. La estrategia engendrada por los  gobiernos de Fernando Collor y Fernando H. Cardoso tendrá continuidad en los gobiernos del PT, revelando la simbiosis entre las políticas gubernamentales, la orientación de los capitales internacionales y la expansión de la minería. Los principales ejemplos de los gobiernos petistas son el PAC  y los financiamientos del BNDES.
Además se destacan la implantación del nuevo código forestal, con amnistía a las empresas que ejecutaron desforestación ilegal; la ampliación del uso de transgénicos; la discusión de un Nuevo Código de Minería; entre otros.
En los apoyos financieros efectuados por el BNDES se destacan la implantación de hidroeléctricas, al Norte del país, como la usina de Belo Monte.  En el caso de la hidroeléctrica de Belo Monte, por ejemplo, en que pese a todos los alertas y protestas efectuados por ambientalistas, indígenas y habitantes locales, el BNDES permaneció en su política de apoyo al emprendimiento y anunció, en 2013, mejores condiciones de financiamiento para las líneas de Sistema de Transmisión de la Usina (Jornal do Comércio, 2014: 12).
Para evaluar las tendencias dominantes en términos de inversiones, pueden utilizarse los desembolsos efectuados por el BNDES en el período 2010-2014. Estos registros muestran el lugar de líder del sector de infraestructura que recibió 69% en 2014. De ese total,  el primer lugar cabe al ítem rutas (R$ 32.000.000.000), ubicadas justamente, en las regiones de las principales minerías (Minas Gerais) y donde se concentra el agronegocio (Goiás, Mato Grosso do Sul y Tocantins). En 2013, los valores más significativos, fueron para las hidroeléctricas del Norte y Nordeste, como es el caso de la usina de Belo Monte y el proyectado complejo Tocantins.
Las inversiones en infraestructura que lideran los desembolsos son, justamente, el punto central de la acción del PAC cuyos proyectos construyen un ambiente favorable a la  instalación de eses capitales. En el Norte y Nordeste, las nuevas hidroeléctricas, junto con la transposición del río San Francisco, garantizan el funcionamiento del agronegocio y de la minería, consumidores de agua y de energía y demandantes de grandes extensiones de tierra[6]. Según Imazon (2013) las obras de las nuevas hidroeléctricas están cerca, o mismo dentro, de áreas protegidas, lo que viene acelerando el proceso de desforestación del Amazonas.
Cuanto a los valores regionales, entre 2010 y 2014, la región Nordeste presentó aumento del 12% en los valores y del 15% en la cantidad de operaciones; la región Norte de 23% y 19%, respectivamente. La región Centro-Oeste, que registra el mayor índice de desforestación en Brasil, presentó, en 2012, un crecimiento del 77% en sus desembolsos y del 21% en la cantidad de operaciones (BNDES, 2015).
“Del total de desembolsos realizados para la región, 58% fueron para proyectos de infraestructura, destacándose los que se hicieron para para las usinas hidroeléctricas de Belo Monte, Santo Antonio, Jirau, Teles Pires y Estreito, la Estrada de Ferro Carajás y líneas de transmisión de energía eléctrica” (BNDES, 2015).
Con respecto al predominio de la producción de commodities de manera general, las informaciones del BNDES revelan que las mayores tasas de crecimiento de las inversiones en Brasil, en la década anterior, se orientaron hacia el sector petroquímico, minería y siderurgia, en el caso de las industrias de transformación y extractiva mineral. En 2014, la empresa Vale obtuvo un préstamo de R$ 35.000.000.000, siendo que dentro de “infraestructura”, la usina de Belo Monte fue la principal contemplada
Los datos del Instituto Brasilero de Minería (IBRAM) confirman el impresionante crecimiento de la extracción de minerales en Brasil. Según esa fuente, la producción mineral brasileira creció 550% entre 2001 y 2011, siendo que la industria extractiva mineral creció 156% sobre el PIB brasilero en ese mismo período: en el año 2000 representaba 1,6% y en 2011, 4,1%. La previsión de nuevas inversiones para el período 2012/2016 es de US$ 75.000.000.000.
Finalmente, el Plan Nacional de Minería, elaborado por el Ministerio de Minas y Energía, proyecta que la extracción mineral crecerá más de 100% hasta 2030 (Cuadro 2).
 Los debates en torno al nuevo código de minería, ilustran la actitud del Gobierno brasilero en acelerar el crecimiento económico a través del apoyo a la producción de commodities. Esta orientación permea la propuesta de un nuevo marco reglamentario para la extracción de minerales[7]. Está, también, tramitándose en el Congreso Nacional el PL 1610 que regula la extracción mineral en áreas indígenas. Eso en un contexto en que no se está considerando el punto de vista de las poblaciones que viven en esas regiones.
 
Comentarios finales
 
Las tragedias socio-ambientales que ocurren en el mundo entero no son fenómenos puntuales o pasajeros. Muy por el contrario, son consecuencia directa de la actual etapa de acumulación capitalista, en la cual los grandes grupos, articulados en torno de la reproducción financiera, buscan ampliar la extracción de más valor, para garantizar la reproducción ampliada del capital social. Este proceso se intensificó a partir de 1970 con la búsqueda del capital para superar las contradicciones inherentes al proceso de acumulación.
En Brasil, ese proceso se profundizó a partir de la época de Collor y continuó en los gobiernos siguientes, inclusive, con Lula y Dilma. Todos esos gobiernos estuvieron marcados por la tolerancia con la entrada de capitales internacionales y la permisividad con esos capitales, garantizada por la acción del Parlamento brasilero, paralelamente a  la ruptura del diálogo con los representantes legítimos de los movimientos sociales.
El crecimiento económico de China, que resultó en la elevación del precio de las commodities, incentivó al gobierno a adoptar medidas que estimularan la exportación de productos primários há sido el principal argumento para las politicas de apoyo  al agronegocio y a la mineria.
La acción del Gobierno Brasilero, orientada por el llamado neo-desenvolvimientismo, cuyo objetivo está demostrado en los sucesivos planos económicos, es tornar la economía brasilera “competitiva” y expresa su apoyo irrestricto a los Grandes Grupos Internacionales, generando innúmeros e irreversibles impactos socio-ambientales. Esos programas se consubstancian en el PAC y en la acción del BNDES que orientan una parcela significativa de sus recursos para la expansión del agronegocio y de la extracción mineral favoreciendo la destrucción ambiental y la marginalización de las poblaciones ribereñas e indígenas. Más aún, las poblaciones directamente afectadas por esas obras, no están siendo llamadas para el debate ni cuando sus áreas de reservas están siendo des respetadas.
El crecimiento de la extracción mineral es abiertamente defendido y apoyado por el Gobierno, a pesar de sus parcos efectos multiplicadores sobre la economía, sea porvolver el País excesivamente dependiente de las oscilaciones del mercado internacional, sea por los efectos de degradación ambiental y social.
El Gobierno Brasilero se encuentra face una situación en que intenta compatibilizar el crecimiento económico con políticas que miran la “inclusión social” y la preservación ambiental, combinación esta impensable en el capitalismo.  Como bien observa Fontes (2010), la historia del modo de producción capitalista
refuta la hipótesis del capitalismo humanizado al evidenciar que, en todos los espacios en que se impone la relación-capital, las expropiaciones constituyen un proceso permanente, condición de la constitución y expansión da base social capitalista y que, lejos de estabilizar, se profundiza y se generaliza con la expansión capitalista (ibídem, p. 45).
En ese mismo sentido, Pinassi y Cruz Neto (2014), sostienen que
 
[...]desde la fase de acumulación originaria y, principalmente, a partir de la revolución industrial, la minería ha constituido un factor esencial en la producción de riqueza capitalista. [...] Hoy, más que en cualquier otra época, esto viene confirmándose con el nivel estratosférico e interrelacionado que los capitales involucrados en la minería desempeñan en todo el mundo. El frenesí que distingue la dinámica de estas operaciones constituye una base sobre la cual se asienta la lógica esencialmente destructiva del capital en la actualidad (Ibídem: 2).
 
Un cambio de orientación, capaz de alterar el rumbo de la historia, requiere una transformación radical de los actuales padrones de producción y consumo. La posibilidad de ejercer políticas económicas capaces de compatibilizar inversiones productivas con preservación ambiental, dentro de los límites dados actualmente por la dinámica de reproducción capitalista, no existe. Esa salida sólo puede ser construida junto con la participación substantiva de los movimientos sociales y a través de una unión combativa y solidaria de los países latinoamericanos y africanos.
 
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[1] Los ejemplos más evidentes de esas uniones formales e informales, son las empresas estadunidenses ligadas a la economía de guerra y de reconstrucción, que configuran lo que Klein (2007) denomina los agentes del “capitalismo del desastre”.
[2] En la visión cepalina el desarrollo viene del aumento de la productividad del factor trabajo, pero también de la progresiva calificación de las condiciones de vida de la población resultante de la mejor distribución del producto social (Furtado, 2000)
[3]Grilagemes el nombre que se le da a la apropiación indebida de tierras públicas en Brasil, principalmente por estancieros, a través de la falsificación de documentos
[4] Área de reservas petrolíferas en el subsuelo marítimo debajo de una profunda capa de sal. En Brasil comprende una franja que se extiende a lo largo de 800 kilómetros y se encuentran en profundidades que superan más de 7.000 m.
[5] Ley 12.351/2010.
[6] Después del agotamiento de las tierras utilizadas estas actividades migran para otros espacios sin la menor preocupación de recuperación de los territorios depredados.
[7] Como el proyecto de creación de un nuevo código de minería no ha sido votado en 2013,  el gobierno federal créo la Agencia Nacional de Minería y del Consejo Nacional de Política Mineral.