Zapatismo: Reflexión teórica y subjetividades emergentes

 
John Holloway, Fernando Matamoros Ponce y Sergio Tischler
 
Nueva edición actualizada y ampliada.
Buenos Aires, Herramienta. Coedición con el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, julio de 2015, 192 páginas.
 
Presentación de los editores
 
Desde la primera edición de Zapatismo: Reflexión teórica y subjetividades emergentes, han pasado siete años. Una reedición no puede permanecer al margen de la dinámica histórica de un movimiento real como es el zapatismo. Por eso y a modo de actualización, además de incorporar un nuevo prólogo que indaga sobre lo que une el dolor y la rabia de Ayotzinapa con el zapatismo, ampliamos la presente edición con dos trabajos de los autores Sergio Tischler y Fernando Matamoros. Ambos abordan aspectos diferentes de uno de los hechos más importantes con que sorprendió el zapatismo. Nos referimos a las Escuelitas zapatistas del 2013 y 2014.
Las Escuelitas fueron precedidas por otro hecho sorprendente que sucedió el 21 de diciembre del 2012 en el territorio de Chiapas. Después de casi 6 años de silencioso esfuerzo y en momentos en que la falta de resonancia en los medios había pensar en la desaparición de la rebeldía chiapaneca, unos 40.000 zapatistas aparecieron desfilando en silencio en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Esa “cantidad” visibilizó otras. Son los 250 mil indígenas tseltales, tsotsiles, tojolobales, choles, zoques y mames quienes viven en los 27 Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, constituyendo el 21% de la población de Chiapas. Funcionan más de 500 escuelas primarias y secundarias en resistencia, con 1500 promotores de educación. De ellas han egresado más de 45 mil jóvenes que atienden cuestiones de salud, educación y comunicación, o que son autoridades locales y municipales. Se visibilizó que, además de haber desarrollado su medicina tradicional, por ejemplo en la región de la Junta de Buen Gobierno Roberto Barrios (norte de Chiapas), los zapatistas tienen un hospital con servicios de consulta externa, laboratorio, ultrasonido, hospitalización, dental y urgencias y también en el resto de su territorio existen clínicas, y hospitales.
Todos estos avances tienen su base en el desarrollo de nuevas relaciones sociales, generadas de vivir y producir en cooperación mutua alejada de la esclavitud del salario y de la lógica dineraria que la explotación genera. Veamos algunas.
 
"Tienen miedo que descubramos que podemos gobernarnos a nosotros mismos"[1]:
 
El auto gobernarse es un punto central de la praxis diaria autonomista del zapatismo.
Lo hacen en oposición a la forma política institucional que gira sobre el Estado. Buscan disolver la separación entre gobernados y gobernantes, entre la gente común y los políticos profesionales, “los especialistas”, los burócratas eternizados en la estructura institucional del poder.
Las Juntas de Buen Gobierno se constituyen con reglas claramente opuestas a las de las democracias delegativas que conocemos y sufrimos. Por ejemplo las Asambleas son fundamentales, sus resoluciones se deciden por consenso y no por el criterio de que la mayoría  tiene la “verdad” y la minoría la acata, sus diferencias las resuelven experimentando uno u otro camino, esto implica una tiempo distinto al urgente y agitado nuestro. Los cargos de gobierno son elegidos por asambleas y son rotativos, en un esfuerzo por eliminar esa separación de los funcionarios de las bases. No son remunerados con dinero, sino que, como la milpa es colectiva, el resto de sus compañeros cubren la ausencia del delegado y de esta manera éste puede participar de los alimentos e insumos frutos del producir colectivamente. El dinero se usa para los viajes o para adquirir lo que no se logra en la zona y se necesita. La contabilidad es llevada en forma abierta y controlada por las asambleas. Los cargos son cubiertos con la participación del 50% de las mujeres. Estas prácticas evitan los fraudes, coimas, peculados y empoderamiento de los políticos profesionales. No hay tres poderes. La justicia en casos concretos se practica colectivamente. Cuenta uno de los libros de la Escuelita, que capturaron atravesando por su territorio un camión que traficaba gente indocumentada llevada desde Guatemala a los Estados Unidos. A los viajeros obviamente los dejaron en libertad y al conductor lo “condenaron” a vivir seis meses trabajando en una comunidad lejana. Al fin de su “condena” el chofer juró no volver a traficar nunca más y declaró que como en ese lapso aprendió a levantar casas, se regresaría para dedicarse a ese oficio. Sabemos que no tienen cárceles, pero sí condena social. Sabemos que es territorio libre de drogas, y de alcohol y sin embargo sus fiestas son famosas por lo atrapante de la diversión. Sabemos que están en un proceso constante de experiencias de autogobierno, desde la práctica de formas no estatales de gobierno.
De estas prácticas nació el mandar obedeciendo. Construyendo una sociedad cada día más igualitaria basada en una cooperación creciente ente todos.
Es una autonomía colectiva puesta en práctica y una experiencia cuyos orígenes está en parte en su pasado, un pasado puesto en cuestionamiento para superar entre otras cosas el predominio machista, o la “libertad” de emborracharse. Colectivamente han decidido prohibir el alcohol.
Esta autonomía no es rasgo exclusivo del campesinado chiapaneco. En el movimiento obrero citadino, la Comuna de París existió también con parámetros semejantes de autodeterminación. Los soviets de principios del siglo pasado, los Consejos Obreros, los Comités de Huelga, las Asambleas Populares, los movimientos sociales antes de ser cooptados por el Estado, se regían también por parámetros de horizontalidad y democracia directa.
La auto-gobernabilidad rompe con los criterios científicos de la ciencia sociológica oficial que, desde Hegel pasando por Max Weber afirma que sin esta caterva de funcionarios, sin esta burocracia especialista, no es posible el funcionamiento de la sociedad.
Los zapatistas proponen y practican una dignidad compartida de unidad del hacer y el decidir qué hacer, una horizontalidad que está en claro antagonismo con el funcionamiento del Estado. Una otra política, la política del caminando-preguntamos, la política de la Digna Rabia.
Aspiramos a que esta reedición ampliada de Zapatismo: Reflexión teórica y subjetividades emergentessea una contribución más para luchar por cambiar el mundo.
 


Palabras pronunciadas por Eloisa, Votan, maestra de la Escuelita. Extraído del libro: de Jérôme Baschet. Adiós al Capitalismo. Autonomía, sociedad del buen vivir y multiplicidad de mundos. Buenos Aires: Futuro Anterior Ediciones, 2014.