Lo queer como estrategia de lucha abortista (Buenos Aires: 1993-2003)

Bellucci, Mabel

 
Contra el viejo dictamen de “la biología no es destino”, de propio cuño feminista, se consolidó durante los años noventa, en Buenos Aires: el armado de coaliciones con experiencias tan disímiles como tradiciones e historias diferentes en torno a una demanda justa por su carácter ilegal y clandestino: el aborto voluntario.
Bajo la idée maîtresse del filósofo Georges Sorel “explotados hay en una sola clase y oprimidos hay en todas”, se accionó en consecuencia. No cabía duda que los grupos de las minorías sexuales encarnaban otras formas de politizar sus especificidades, pero de todos modos fueron confluyendo. Desde ya, significó un aprendizaje más que interesante, donde convergieron territorios heterogéneos que con anterioridad habían discutido hacia el interior de sus asociaciones el régimen heterocapitalista, la maternidad compulsiva para luego apuntar a iniciativas micropolíticas. Por un lado, la comunidad Lésbica, Gay, Travesti, Transexual, bisexual, conocida como LGTTB, comenzó a acompañar al activismo feminista en intervenciones callejeras, tanto para el 8 de marzo como para el reclamo por la despenalización del aborto. Todo ello otorgó a ambas corrientes una práctica de convivencia política, sin un anclaje ideológico de fondo, lo que permitía preservar la independencia necesaria de cada una de las partes. Las lecturas de textos de teóricas feministas claves facilitados por muchas de las agrupaciones, hicieron lo suyo. El feminismo simbolizaba el territorio de contención por excelencia acerca de su impulso de dar batalla en cuanto a la liberación sexual, no solo en la teoría sino también en la acción. También, al grueso del movimiento abortero le interesaba la apuesta desafiante de algunas colectivas de la comunidad LGTTB por su lucha decidida contra la discriminación y el machismo dominante.
Así, el activismo queer hizo una de sus primeras apariciones con el Colectivo Universitario Eros (CUE) de lesbianas y gays que se mantuvo desde 1993 hasta 1996. Fue un espacio de producción teórica y política en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y homónimo del grupo liderado por el poeta y activista homosexual Néstor Perlongher en la década de los setenta. Produjo una serie de intervenciones político-culturales con otros colectivos “contra toda forma de discriminación”, entre ellas, la ilegalidad del aborto (Rapisardi, 2008).[1]
Al mismo tiempo, agosto de 1993, se lanzó en Buenos Aires el Frente por la Democracia Avanzada (FDA), el primer partido de ese período que desplegó en sus pautas programáticas ciertas reivindicaciones del movimiento gay junto con la despenalización del aborto, estaban en el eje de su campaña antidiscriminatoria. La plataforma incluía un listado de requerimientos de la comunidad de lesbianas, gays y travestis (LGT) desde la coalición con el colectivo Gays por los Derechos Civiles (Gay DC) y, a la vez, con integrantes de la Comisión por el Derecho al Aborto (CDA), el primer bastión feminista abortero que comenzó su empecinada disputa hacia mitad de los años ochenta a través del protagonismo de su adalid, Dora Coledesky. Además, este partido estrechaba relaciones con algunos organismos de derechos humanos: tanto con la Asociación de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora como con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). De todos modos, este ensayo desde una diversidad de coaliciones tuvo  antecedentes: en 1989, en el naciente partido Democracia Popular se organizó una corriente interna llamada Feminismo Político, desde donde se inauguró una propuesta de mujeres y varones en torno a la despenalización del aborto. Esta tendencia fue promovida por Isabel Larguía, figura emblemática del feminismo latinoamericano a lo largo de más de tres décadas. Lamentablemente, de esta innovadora vertiente no quedaron rastros de documentos escritos, sólo testimonios orales de quienes apoyaron la gesta  (Bellucci, 2014: 343).
El FDA desplegaba un abanico de conexiones entre la intelligentzia porteña, en su mayoría intelectuales y profesores de la UBA, con referentes de movimientos sociales, tales como Carlos Jáuregui[2] y Dora Codelesky. De alguna manera, estos compromisos puntuales superaban las propias expectativas del electorado porteño de la época, que sintonizaba sus demandas básicamente alrededor de la corrupción política sobre el poder público como eje principal de sus preocupaciones, desconociendo las consignas alrededor del libre ejercicio de las sexualidades y la decisión soberana sobre los cuerpos como un derecho humano.
Un año antes, se había asentado una incipiente apuesta con la declaración de solidaridad que presentaron las compañeras de la Comisión por el Derecho al Aborto a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) para obtener la personería jurídica de esta última organización. Mientras que en octubre de ese año, ambas agrupaciones organizaron un panel El derecho al propio cuerpo y lo diferente. Estos datos no resultaron menores: colocó de relieve el diálogo mutuo de convergencia entre un grupo feminista abortero y de la disidencia sexual para dar batalla contra el heterosexismo y la violencia institucional, tanto por la ilegalidad del aborto como por la implementación de los edictos represivos policiales. También esta abigarrada mezcla de afinidades logró su punto prominente de complejas articulaciones político-culturales con la configuración de la comunidad LGTTB.
Allí, Carlos Jáuregui instaló como práctica coaliciones montadas con una diversidad de asociaciones, colectivos autogestivos y movimientos sociales – a partir de lesbianas, gays, travestis y transgéneros junto con partidos políticos progresistas, de izquierda anticapitalista, agrupaciones estudiantiles, feministas, organizaciones de derechos humanos y sindicatos combativos– desde el inicio de las Marchas del Orgullo LGTTB, que comenzaron su recorrido hacia 1992 en adelante (sobre los orígenes de la Marcha del Orgullo en Argentina, ver Moreno, 2008). Sin olvidar que en noviembre de ese año, en Santiago de Chile, se realizó el “Primer Encuentro Sudamericano de Reflexión Lésbico-Homosexual”, un acontecimiento sin precedentes en la historia del movimiento de disidencias sexuales de la región. Convocó a 34 representantes de 24 grupos de gays y lesbianas de 8 países de América Latina y significó el puntapié para empezar a teorizar sobre conflictos políticos concretos por fuera de los textos académicos del Norte. Con estos entrecruzamientos que se acrecentaron con el tiempo, el activismo gay- lésbico de Buenos Aires fortaleció su frente interno pero también salió del aislamiento a partir de alianzas heterogéneas con la volatilidad propia de ese presente.
 
Debates sobre diferencias y desigualdades
 
En 1997 surgió el Área de Estudios Queer (AEQ). Funcionaba en el Centro Cultural “Ricardo Rojas” (CCRR-UBA). Fue un centro experimental de acuerdos en términos de lucha hegemónica y de antagonismos. Esta área se proponía abrir una esfera de intercambio y debate acerca de la relación entre cultura y conflictos sociales, para debatir cómo la profundización de las desigualdades se articula con las diferencias de edad, género, raza, orientación sexual e identidad genérica. Al mismo tiempo, la relación entre desigualdad de clase y las diferencias en el acceso a la participación y a las oportunidades sociales constituía un modo de experiencia que interpelaba desde la violencia explícita de las discriminaciones en su totalidad. En efecto, en el AEQ se concebían estos problemas no como temas o contenidos de las prácticas y discursos, sino como experiencias materiales con las cuales se producían tanto modos de interacción como sentidos culturales (a propósito del AEQ y sus producciones teóricas, ver: Bellucci y Rapisardi, 1997; Rapisardi, 1998; Bellucci y Rapisardi, 1999).
De acuerdo a las palabras del investigador y activista Flavio Rapisardi: “El AEQ se planteaba retomar una idea de Néstor Perlongher interrumpida por la dictadura militar (1976-1983), de articular las luchas de clase con las de género y sexualidad en un movimiento contracultural que se erigiera contra todas las formas de explotación, exclusión y represión,  en una alianza entre las izquierdas, las minorías sexuales y el feminismo” (entrevista realizada por la autora, 2009). Finalmente, el AEQ se presentó el 28 de junio de 1997 con una maratón de cine gay-lésbico y una muestra de fotografía con estética queer. Se trataba de producir enlaces políticos en los cuales los vectores diferenciales aparecieran contextualizados de manera específica, histórica y concreta.
Tiempo después, para el 8 de marzo de 1999, las Mujeres Socialistas Autoorganizadas (MUSAS), que asomaron de las entrañas del movimiento estudiantil universitario, se encontraron con la CDA. Desde ahí formaron, junto con otras agrupaciones feministas, de lesbianas, travestis, estudiantes y de sectores de la izquierda independiente, la Coordinadora por el Derecho al Aborto. De inmediato, este nuevo espacio elaboró un documento que planeaba propuestas transversales de conquistas: “al luchar por revertir nuestra opresión en este mundo inadmisible, para lograr la libertad sexual, la libre opción sexual, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el derecho al aborto libre, contribuimos a afirmar la fuerza de aquellas y aquellos que queremos sacudir los pilares de esta sociedad patriarcal y capitalista y de esa manera transformarla”.[3]
El 3 de diciembre de ese año, la Coordinadora hizo su ingreso de ceremonia con una conferencia bajo el nombre ¿El aborto es solo una cuestión de mujeres? La actividad se llevó a cabo en el primer piso de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) en la sala Gregorio Selser. El panel estaba constituido por Flavio Rapisardi, Norberto Inda –psicoanalista y profesor universitario–, Alejandro Geoffroy Lassalla –abogado– y Ricardo Zambrano –médico sanitarista e integrante de la Federación Nacional de Salud y Seguridad Social (FNS).
En aquellos momentos, dicho evento significaba una de las primeras oportunidades que  nombres relevantes del arco de la comunidad homosexual, del sindicalismo, del feminismo junto con izquierdas independientes, se sumaron a una actividad que se caracterizaba por un dato peculiar: intervenían varones atentos a la cuestión. En efecto, encarnaban un modo diferente de abordar las clásicas campañas tanto internacionales como nacionales del “Yo aborté”.[4] En aquella oportunidad, si bien esa mesa se pensó como un acontecimiento exploratorio, al final terminó en una muestra de resistencia al cambio e, inclusive, en estallidos de enojos de una cantidad de heterofeministas. Ellas no concebían que sus pares propusieran un acto con varones para que hablasen en voz alta sobre un tema considerado como propio. En realidad, el ambiente ya venía caldeado con una cascada de cuestionamientos por el intento de ingresar grupos de travestis al feminismo por parte de quienes exploraban una amalgama de articulaciones queer que permitirían extender las fronteras de dicho movimiento. Se planteaba así una apertura de campos que traspasaría la condición misma de las mujeres con la incorporación de masculinidades disidentes que también compartían su resistencia al machismo hegemónico.
Otra oportunidad fue el 28 de septiembre de 2001. Se organizó un recital en Plaza Houssay frente a la Facultad de Medicina de la UBA animado por Lunática and Group, She Devils, Entre Coplas, Arbolito y Las Carmelitas en Calzas bajo la consigna: “Aborto legal para decidir en libertad”.[5] Para esa ocasión, la Coordinadora presentó un documento denunciando la ilegalidad del aborto con argumentaciones similares a las que venían proponiendo, excepto con una diferencia al colocar un fuerte énfasis en la construcción de afinidades situadas: “No deleguemos nuestra capacidad de osadía. Despleguemos nuestro poder, nuestra proyección y nuestra voz junto a las de otras y otros grupos de las minorías sexuales convergiendo en un futuro común”.
Entre tanto, el activismo del AEQ, en uno de sus documentos anuales de 2002, se definía “como un espacio de articulación entre investigador@s, docentes y activistas comprometidos en hechos relacionados con la discriminación por géneros, orientación sexual, etnia, clase social, edad, pobreza entre otras cuestiones. Pasaban luego a desarrollar sus líneas de acción “intentamos producir articulaciones entre las distintas luchas emancipatorias. En este sentido, impulsamos disputas en torno a las políticas públicas sobre temas como regulaciones del trabajo sexual, las identidades de género, aborto, derechos LGTTB, pobreza y exclusiones, educación popular, entre otras tantas”.[6] Tiempo después, resultó previsible la constitución de una ronda de pensamiento, el 24 de Octubre de ese año, llamada Voces sobre el Aborto. En un volante publicado para esa oportunidad reflexionaban lo siguiente: “Después de tantos años de protestas callejeras y activismo de compañeras de diversas tendencias, es necesario interrogarse sobre las razones del estancamiento o, incluso, del retroceso de dicha demanda como reclamo social colectivo”. La pregunta disparadora fue “¿Por qué no se logró articular un amplio frente político y cultural de lucha por el derecho al aborto?”.[7] Al activismo queer le resultaba imprescindible todo ese entrecruzamiento rizomático entre feministas, mujeres, gays, lesbianas, travestis, referentes de derechos humanos, asambleístas, piqueteras/os, integrantes de partidos políticos de izquierdas y sindicatos, centros de estudiantes, cartoneras/os, artistas, ahorristas, periodistas, intelectuales, obreras/os de fábricas y establecimientos autogestionados.
Hacia fines 2002, volvieron a la carga con varios eventos multitudinarios. Uno de ellos fue Disensos y Sujetos, Conflictos y Derechos. El 31 de octubre al 1 de noviembre de ese año, el AEQ junto con el Grupo de Trabajo en Género del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) organizó un encuentro de discusión entre investigador@s/activistas por la conquista del aborto y contra todo tipo de discriminación. Sus objetivos se centraban “en rediscutir y ampliar el concepto “derechos sexuales” como parte de las agendas de derechos humanos y sociales. A la vez, “en reflexionar sobre las experiencias personales y colectivas de articulación de los distintos colectivos con movimientos sociales, asambleas, sindicatos”.[8] Por último, proponían debatir paradigmas de intervención y articulación con otros movimientos y partidos políticos en el marco de la crisis social en América Latina caracterizada por la creciente marginación de la población; sin desconocer la relación entre las luchas contra la desigualdad de clases y las luchas de las diferencias. A la vez, surgían inquietudes alrededor de temas puntuales: ¿Cómo influenciaron las financiadoras en sus agendas? ¿Cuál era la relación entre la lucha de clases y las luchas de las identidades por orientación sexual e identidad de género? ¿Cuáles eran las teorías de la articulación entre dichos movimientos? ¿Cómo se podrían vincular con los partidos políticos? El otro fue, para el 20 de noviembre de 2002, un megaevento denominado Imágenes de la Diferencia. IV Cuerpos en Resistencias en el Centro Cultural Ricardo Rojas.[9] Demás está decir que representó un encuentro multidisciplinario y con tópicos propios de la época: la corriente de resistencia global, los grupos piqueteros y asambleístas, las batallas de las travestis, los reclamos por el aborto voluntario y las marchas del orgullo LGTTB.
 
Afectaciones colectivas
 
Hacia 2003, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer se lanzó una propuesta por fuera de las tradicionales a modo de recordatorio de esa fecha. Lo habitual consistía en el armado de marchas y actos de mujeres para mujeres. En cambio en esta oportunidad, los planteos fueron novedosos. Se organizó una movida cultural, desde la mañana hasta la noche, en la fábrica recuperada Grissinópoli.[10]  Bajo el lema convocante “Vivir en Igualdad y Convivir en la Diversidad”, lesbianas, travestis, trabajadoras sexuales, asambleístas, ahorristas, organizaciones de mujeres de izquierda, feministas, gays, familiares de las víctimas del gatillo fácil, corrientes internas de sindicatos, piqueteros y piqueteras, centros de estudiantes e independientes, se encontraron en tal circunstancia. Encerraba una apuesta de alto voltaje a favor de la resistencia anticapitalista y antipatriarcal y comenzaba con una jornada político/artística en un clima asambleario.
A mitad de ese año, surgió Ají de Pollo,[11] una colectiva autonomista que fue la primera en interpretar esa ocasión histórica en clave queer y dejar atrás el binarismo genérico para cuestionar las certezas que encierra una identidad fija e inalterable. Así, este pequeño grupo de activistas se reunía con el objetivo de rebatir los dogmas de la acción y del pensamiento feminista hegemónico y de la tecnocracia de género. En palabras de la antropóloga e investigadora Josefina Fernández: “Ají no solo fue un grupo de estudio sino también de intervención política. Habíamos armado el taller ¿Qué ves cuándo me ves? para participar en el Encuentro feminista de Río Ceballos, Córdoba, del 29 de abril al 1 de mayo de 2000. Una de las razones que motivó a realizar esa acción fue que le impedían la entrada a Lohana Berkins por ser travesti. Pese a que las organizadoras no le dieron un “lugar formal” el taller se hizo de todos modos y fue el más numeroso” (entrevista realizada por la autora, 2015). Después integraron un grupo de estudios que se llamó Las Vórtices y nucleaba a un número significativo de compañeras para discutir textos de Judith Butler, Donna Haraway, Michel Foucault, Patricia Williams. En septiembre de 2003, esta agrupación feminista junto con el AEQ, con el apoyo de financiadoras feministas internacionales, propició el Primer Foro Latinoamericano Cuerpos Ineludibles. Diálogo  de las sexualidades en América Latina. Reunió a más de 200 activistas, artistas, académicas de Chile, Paraguay, Bolivia, Uruguay, Colombia, Perú, Brasil, Argentina y República Dominicana (Leciñana, 2010). Ambas organizaciones hacían referencia a que: “En los años 90 los países de la región asisten a una proliferación de disputas y acciones en torno a temas vinculados a la sexualidad. Las regulaciones sobre la actividad prostibular en el espacio urbano, la creciente visibilidad de expresiones de sexualidades ‘divergentes’, las luchas a favor del aborto, las denuncias por pornografía y prostitución infantil, el tráfico sexual y los crímenes sexuales, el HIV-SIDA y la lucha por derechos tales como la unión civil entre personas del mismo sexo, son algunas de las preocupaciones que vienen reuniendo a múltiples actores sociales en intervenciones de diverso tipo”. Vuelve el testimonio de Josefina Fernández: “El Foro Cuerpos Ineludibles antes de arrancar ya se había quebrado la alianza con el AEQ. De hecho, su organización, desarrollo como el trabajo posterior de edición y publicación del libro quedó a cargo nuestro” (entrevista realizada por la autora en 2015).
A partir de esos ensambles se compartió la discusión con todos los espacios abiertos a alianzas heterogéneas entre saberes teóricos y militancias de trinchera que anticipaban la complejidad de coaliciones comprometidas alrededor de esta demanda puntual. Por ejemplo, Lohana Berkins, presidenta de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti-Transexual (ALITT), testimonia sobre el recorrido del activismo travesti en su compromiso con esta lucha: “Hacia 1995, cerca de la Facultad de Ciencias Sociales, hubo unas jornadas que hicieron un grupo de jóvenes y nosotras participamos de manera espontánea. Una de las personas que habló fue Pastora Campos, integrante de la Comisión por el Derecho al Aborto. En esa ocasión, escuchamos un discurso claro con argumentos sólidos sobre el aborto ilegal y sus consecuencias. Por primera vez, alguien explicaba con tanta consistencia y profundidad sobre el tema. Allí fue que consideramos que esta cuestión tenía que ser discutida en el interior de nuestra comunidad y siendo una demanda de las mujeres nos preguntábamos si podría ser nuestra también. A partir de ese momento, comenzamos a participar de las reuniones que se organizaban vinculadas al aborto” (entrevista realizada por la autora en 2013).
Asimismo, se promovía un cambio cultural a fin de erradicar las experiencias travestifóbicas, homofóbicas, misóginas y androcéntricas alrededor de la subordinación y de la explotación. Esta serie de acercamientos habilitaron a componer afinidades en torno a demandas puntuales y acciones afines que vertebraron un discurso común de exigencia y enfrentamiento al poder de supremacía institucional. Cabalgando entre la desigualdad material y la diferencia cultural –cuestiones que no son instancias independientes del proceso de marginación y subalternidad– se diseñaron estrategias novedosas y superadoras de las prácticas más convencionales de las izquierdas existentes. Justamente, permitió abrirse a nuevas cuestiones que afectaban a sectores, a colectivos muy poco visibilizados en la agenda de los “que tienen derecho a tener derechos”. Era una época en que la mayor parte de las agrupaciones, vanguardias y coaliciones se congregaban para articular modos operativos de instalar sus premisas anheladas. A la par, cuestionaban las políticas neoliberales en un contexto de profundización de las desigualdades producto del capitalismo globalizado, en donde los reclamos de redistribución ocupaban un lugar secundario.
Pese a que las fuertes controversias por la incorporación del activismo travesti al movimiento feminista se había sosegado, igual, permaneció un reguero de furiosas discusiones. En esencia, se presentaba entre las referentes separatistas que se oponían a otros ingresos al reconocer solo el protagonismo de las mujeres y aquellas activistas dispuestas a tensionar al sujeto político centralizado.
Por parte de esta última corriente había intenciones de liberar al feminismo de la tiranía de las políticas identitarias para conectarlo con las heterogéneas subalternidades desde sus voces y sus modos de intervención por fuera de la ley heteropatriarcal. En síntesis: estos acontecimientos permitieron pensar las sexualidades y los cuerpos como una construcción social y política que pugna a decidir soberanamente sobre los mismos. Como cartografía política que son, los cuerpos están en constante disputa sobre los regímenes normativos y con ello la lucha por la legalización del aborto le gana tierra al río.
 
Bibliografía
 
Bellucci, Mabel, Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo. Buenos Aires: Capital Intelectual, 2014.
–, “Alrededor de la identidad Las luchas políticas del presente”. En: Nueva Sociedad 162, Caracas (julio-agosto de 1999),
– / Rapisardi, Flavio, “De la tiranía de la singularidad a las identidades ciudadanas”. En: Doxa VII/17 (1997).
Kornblit, Ana Lía / Pecheny, Mario / Vujosevich, Jorge, Gays y lesbianas: formación de la identidad y derechos humanos. Buenos Aires: La Colmena, 1998.
Leciñana, M., “Reseña del VV.AA., Políticas de reconocimiento vols. 1 y 2 (Buenos Aires: Ediciones Ají de pollo, Colección Conversaciones feministas, 2009). En: Mora 16/1 (2010).
Moreno, Aluminé, “La invisibilidad como injusticia. Estrategias del movimiento de la diversidad sexual”. En: Pecheny, M. /  Figari, C. / Jones, D. (eds.), Todo sexo es político: estudios sobre sexualidad en Argentina. Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2008.
Rapisardi, Flavio, “Crítica y diferencias sobre las políticas queer de emancipación”. En: La Gandhi III/3 (1998).
–, “Escritura y lucha política en la cultura argentina. Identidades y hegemonía en el movimiento de diversidades sexuales entre 1970 y 2000”. En: Iberoamericana LXXIV/225 (octubre-diciembre de 2008).
 
Sitios web 
http://www.clam.org.br/uploads/arquivo/Entrevista%20con%20Carlos%20Figari%281%29.pdf
http://anterior.rimaweb.com.ar/aborto/28_septiembre/musas.html
http://www.convencion.org.uy/lang/pt/disensos-y-sujetos-conflictos-y-derechos-foro-de-investigadors-activistas
http://argentina.indymedia.org/news/2002/11/62163.php


Gracias a Gabriela Mitidieri y a Omar Acha por sus atentas lecturas.
 
 
[1] En una entrevista realizada en 2009, para la revista virtual de CLAM, el investigador y docente Carlos Fígari recuerda un dato interesante sobre los orígenes de los estudios queer en la Argentina. Al respecto, él plantea:” En relación con estas temáticas de investigación/intervención surgió un fuerte vínculo con la gente que en ese momento estaba en el Área de Estudios Queer y Multiculturalismo. En la primavera de 1998 hicimos el encuentro académico GLTTB en la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa), que seguramente habrá sido el primer encuentro interprovincial de académicos con un enfoque queer que se llevó a cabo por  fuera de Buenos Aires. Al evento concurrieron de Buenos Aires Flavio Rapisardi, Mabel Bellucci y María Moreno, Mauro Cabral de Córdoba y de Catamarca participaron Adrián Scribano, Horacio Machado y Elsa Ponce”. Ver entrevista a Carlos Fígari en http://www.clam.org.br/uploads/arquivo/Entrevista%20con%20Carlos%20Figari%281%29.pdf
[2] Primer presidente de la CHA entre 1984 y 1987. Fue uno de los principales referentes del movimiento homosexual en la Argentina
y luego de la comunidad LGTB hasta 1996, año de su muerte.
[3] Documento del 5/6/2001, elaborado por Valeria Pita, Dora Coledesky, Mariana Fassi, Ivana Brighentti
[4] Adhirieron: el ÁEQ- UBA; ALITT(Asociación de Lucha por la Identidad Travesti-Transexual); La Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras- UBA; La Comisión Organizadora del Foro de Psicoanálisis y Género; CHA; Cuadernos del Sur; FICSO (Frente Independiente de Ciencias Sociales) ; La Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas Militantes Socialistas en la CTA ; El Movimiento Judío por los Derechos Humanos ; El Observatorio Social de América Latina (OSAL); Revista Feminaria; Revista Luxemburg; Revista Reunión; El Instituto Social y Político de la Mujer; La Izquierda Socialista; Nora Cortiñas y Laura Bonaparte (Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora); Emilio Corbière; Virginia González Gass  y Abel A. Latendorf (Partido Socialista Argentino);  Diana Maffía (Defensora Adjunta del Pueblo de la Cdad. de Bs.As.); Vilma Ripoll y Patricio Echegaray (Diputados Izquierda Unida Cdad. Bs. As.); Herman Schiller; Jorge Rivas; Héctor Polino y Alfredo Bravo (Diputados Nacionales del Partido Socialista Democrático); Jorge Makarz; Gonzalo P. Hernández (Polo Socialista); La Vertiente (Corriente Universitaria de Izquierda); Rodrigo Borges (La Voluntad). 
[5] Invitaban Coordinadora por el Derecho al Aborto; Atem-25 de noviembre; Espacio Abierto de Mujeres Autoconvocadas; Mujeres de Socialismo Libertario; HIJOS; CHA; ALITT; Las Fulanas; AMMAR(Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina); Mesa de Escrache Popular; GAC (Grupo de Arte Callejero); FICSO; Librería de Mujeres;Taller Permanente de la Mujer; Foro por los Derechos Reproductivos; CEUP ( Corriente Estudiantil de Unidad Popular); MRS ( Movimiento por la Refundación de Sociales); Newton La Pelotas- Perseguidores- Extraviados de la Matanza. Ver http://anterior.rimaweb.com.ar/aborto/28_septiembre/musas.html
[6] S/R. Documento interno elaborado por Flavio Rapisardi, Silvia Delfino, Mabel Bellucci y Niza Solaris Oyarzo.
[7] Volante del AEQ del 24 de octubre de 2002.
[10] Esta fábrica se dedicaba a la elaboración de grisines, rebozador  y bizcochitos. 
[11] En febrero de 2007 esta colectiva publicó una colección Conversaciones feministas compuesta de tres tomos que abrieron tópicos para habilitar una revisión crítica de las prácticas y reflexiones teóricas de los movimientos feministas locales y, en menor medida, latinoamericanos.