Violencia y lo inaudito en “El terremoto en chile” (1807) y “Los esponsales de santo domingo” (1811), de Heinrich von Kleist

Violencia y lo inaudito en  “El terremoto en chile” (1807) y “Los esponsales de santo domingo” (1811), de Heinrich von Kleist
Silvina I. Alippe (Facultad de Filosofía y Letras, UBA)
 sialippe@hotmail.com
 
Resumen:
 
Kleist (177-1811) adscribió al tercer romanticismo, el de Berlín, aunque alcanzó la dimensión de la pertenencia al hombre moderno, aislado, contradictorio y sometido a los vaivenes del azar y los designios de Dios, al hombre en perpetua lucha entre su razón y lo irracional, e inmerso en los conflictos mundanos, las decisiones personales y los imperativos de la naturaleza. Sus novelas cortas, enmarcadas en el periodo de la Restauración, presentan elementos fantásticos que, a priori, las inscriben en la lógica del Romanticismo. No obstante, tienen la particularidad de que también “participan” del Realismo posterior. En los presentes relatos Kleist persigue los sucesos inauditos; sus temas preponderantes son los deseos y los afectos, las vueltas del destino, la fatalidad y la muerte. En “El terremoto en Chile” se manifiesta el designio de Dios, o del destino, que sacude a los seres humanos como barcos en medio de la tempestad, los juicios de los individuos, ya sea por sus creencias, por la sociedad en la que viven o por su educación. La violencia del linchamiento final, esa turba enloquecida e ignorante queriendo hacer justicia, son los temas que sobresalen en dicha novela corta. “Los esponsales de Santo Domingo” es un relato escandaloso por su violencia constante y fatal. Asimismo, el tema de la lealtad y la confianza –o su pérdida- está tan en juego que luego de perderla es difícil mantener el resto de los sentimientos intactos.
 
Palabras clave: Violencia – Transición al realismo - Fantástico
 
Kleist adscribe al tercer romanticismo, el de Berlín; alcanza la dimensión de la pertenencia al hombre moderno, aislado, contradictorio y sometido a los vaivenes del azar y los designios de Dios, al hombre en perpetua lucha entre su razón y lo irracional, e inmerso en los conflictos mundanos, las decisiones personales y los imperativos de la naturaleza. En sus novelas cortas Kleist persigue los sucesos inauditos; sus temas preponderantes son los deseos y los afectos, las vueltas del destino, la fatalidad y la muerte. En “El terremoto de Chile” se manifiesta el designio de Dios, o del destino, que sacude a los seres humanos como a barquitos en medio de la tempestad. La violencia del linchamiento final, esa turba enloquecida queriendo hacer justicia, son los temas que sobresalen en esta novela corta. La novela muestra una exploración romántica de la sociedad primitiva. “Los esponsales…” es un relato escandaloso por su violencia constante y fatal. Asimismo, el tema de la confianza –o su pérdida- está tan en juego que luego de perderla es difícil mantener el resto de los sentimientos intactos.
En las dos novelas cortas se pueden encontrar temáticas como la pasión y la violencia explícita, y el hecho de que se muestre la realidad atravesada por las emociones y sensaciones de los personajes. Además, en “Los esponsales de Santo Domingo”, se explicita el modo de contextualizar los hechos, ocurridos durante la guerra de liberación de Haití entre blancos y negros, las dos polaridades que presenta el texto; vemos así que las primeras dos páginas de la novela corta son de carácter histórico, además de presentar a los personajes. Como la figura de Toni como heroína, que debe elegir entre uno de los dos bandos; al ser ella mestiza, pareciera que indefectiblemente traicionaría a una de las facciones, al elegir a la otra. Opta ella entonces por el bando “blanco”, guiada por un amor irrefrenable y finalmente mortal por Gustav, a quien ayuda antes de que sea asesinado por los negros. Debe engañar a toda su familia, especialmente a Congo Hoango, su padre, hombre temido por cualquier blanco por su sangrienta sed de venganza.
Una de las mayores virtudes del autor es conseguir colocarnos frente a los dilemas planteados en la trama y obligarnos a reflexionar sobre ellos. Sitúa a sus personajes en situaciones límite en las que tienen que decidir la manera en que deben actuar para superar las pruebas a las que se ven sometidos. El modo en que los personajes deciden actuar es la que acaba interesando al lector, aunque los hechos que desencadenen la trama resulten a veces risibles o a veces ofensivos, como ocurre en “Los esponsales de Santo Domingo”, donde el tratamiento paternalista hacia la raza negra pone al lector en guardia.
En relación con un contexto general donde se insertan las novelas cortas de Kleist puede señalarse que el llamado ‘segundo romanticismo’, hacia 1806, alude a las sensaciones y reflexiones existentes por medio de acciones ocurridas o contadas, que ficcionalizan los hechos sucedidos, reales, posteriores a la tan cercana revolución francesa de 1789, como también teniendo en cuenta de manera significativa los hechos de similar jerarquía, como lo había sido una catástrofe (natural y social). Puede advertirse que el acontecimiento natural del terremoto aparece como desorden contra las instituciones, para preservar –de forma inaudita- a los individuos que poseían una naturaleza humana. Posteriormente, se verán dos cuadros de horror, tales como el ‘terremoto’ (natural) y el ‘linchamiento’ (social). Son ostensibles las consecuencias catastróficas del terremoto relacionadas con el horror; sin embargo, el deseo destructor del linchamiento –por parte del personaje del zapatero, quien sintetiza de manera global al personaje general (o las masas)- contrasta con la aniquilación de la naturaleza, y se observa así un choque entre la cultura entendida como la verdad (la generosidad en la formación de una incipiente comunidad en medio del desastre natural) y la razón (que emana de las instituciones, encarnada en esos ‘personajes-masa’ que promulgan el linchamiento). Así, lo inaudito reside en que el acto del linchamiento se configura como más horroroso incluso que el horror natural del terremoto, donde no existe premeditación, voluntad o responsabilidad, y que reaparece en esta indeterminación de lo que no tiene vida, lo no-humano, que, sin embargo, actúa de manera vital (el terremoto). Cabe agregar que la aparición de los diálogos de forma corrida, en el mismo formato prosa del resto de la novela corta, y no de forma pausada (con guión que lo señalice) introduce al lector en una vertiginosidad propia del momento inaudito que se está relatando.
En estas novelas cortas de Kleist se muestran sucesos extraordinarios en la vida de un personaje en donde importa su temática, pero más aún, el modo en que los aborda. De esta manera, bastan los hechos, y posee una prosa densa pero concisa, sin adornos superfluos. Una muestra es la violencia con que describe la siguiente situación del relato de 1807: “Cuando Fernando vio a su pequeño Juan muerto en el suelo, con la masa del cerebro saliéndosele del cráneo, elevó sus ojos al cielo con un dolor imposible de describir”.No hace falta describir más. Kleist sitúa a sus personajes en situaciones límite en las que tienen que decidir la manera en que deben actuar para superar las pruebas a las que se ven sometidos. En la novela corta de 1811, la lealtad, la confianza y desconfianza son una constante, que se tiñen de violencia tanto en la macrohistoria que se cuenta como en los dos grupos minoritarios en que se enfrentan los personajes.
Su búsqueda de lo Absoluto requiere un lenguaje preciso en la forma y excesivo en el fondo. Así, Kleist no teme utilizar valores como la honradez, la gratitud, la pureza y el honor frente a la mentira, la codicia, la crueldad o el horror. Lo hace en términos rotundos, sin matices. La introspección psicológica de los personajes es profunda pero muy breve. A Kleist no le interesa el detalle descriptivo si no explica lo trascendente. Por eso los diálogos tienen la concisión exacta y el ritmo de la trama es extrañamente ágil para la época
 “El terremoto de Chile”, escrito en 1807, bajo el título de Jerónimo y Josefa. Una escena del terremoto de Chile, del año 1647, sufre una serie de modificaciones. Ya en el título se puede observar cómo la reformulación acentúa de manera significativa su contenido: mientras en la edición de 1807 el acento recae notoriamente sobre el destino de los personajes principales, en el marco del terremoto acaecido en 1647, en Chile, la edición definitiva elimina toda mención de los personajes, elevando a un primer plano de la acción el acontecimiento natural, y su localización espacial. Esta variación refuerza su filiación al género novela corta, y resulta significativa en lo que respecta al modo en que la forma apela al receptor:  
La novela corta nos presenta ese suceso bajo una forma tal que éste resulta, a nuestros ojos, más importante que los personajes que lo experimentan […] La novela corta […] no tiene héroes: sus personajes sólo son importantes en cuanto motivan los acontecimientos (André Jolles; citado en Vedda, 2001: 10)
“El terremoto de Chile” puede presentarse con un primer momento, de infamia, ante instituciones y hechos injustos; un segundo momento, luego del terremoto, configurado por el idilio, el estado natural, la unión (aunque breve y aparente); y un tercer momento, en la iglesia, caracterizado por la barbarie, aun peor que el primer momento, de catástrofe social, debido al linchamiento de las masas. Estas masas, después del cambio (que resultó ser una ilusión), se comportan de un modo aún más bestial. Asimismo, otro recurso que se observa en la novela corta como inaudito es la inversión de los acontecimientos esperados en el ámbito natural: la noche (en donde se observa la paz, la utopía, el sueño) y el día (donde el mal está latente). Es evidente así que Kleist está pensando en los resultados de la revolución francesa: el terremoto se asemeja a una catástrofe (natural) pero también institucional (la revolución).
Es importante destacar que en la Alemania de fines del siglo XVIII y el siglo XIX “novela corta” se entendía a “la configuración literaria de un suceso inaudito, insertado en un marco argumental verosímil” (“Teoría crítica de la Literatura Fantástica”, p. 5 [Ficha de cátedra]). La novela corta se presenta como la búsqueda de un cambio social que se dirige a la autrorrealización del sujeto, en contra de la existente destrucción de la realidad social dada por la imposición de lo material sobre lo humano. Y lo inaudito surge cuando la Providencia interviene –en forma de terremoto- para que éste mismo salvara a Jerónimo, con el fin de enmendar el hecho de que él se convirtiera en víctima de la injusticia social e institucional. Podría aseverarse que Kleist, por medio de dicha Novelle defiende la libertad de acción del ser humano virtuoso.
Entendemos que lo fantástico atraviesa la novela corta, dado que aparece la otra condición de lo fantástico que es la existencia del acontecimiento sobrenatural y su explicación de modo racional y la posibilidad de creer en un orden espiritual que explique y dé coherencia a los hechos sucedidos.
Existen acercamientos a lo fantástico desde el momento en que aparece “el desagarro de la realidad”. Así, en Teoría crítica de la Literatura Fantástica podemos leer lo que señala Callois a propósito de las funciones del fantástico: “Lo fantástico supone la solidez del mundo real, pero para devastarla mejor” (p. 27). Sin embargo, avanza en su argumento y advierte que “(…) es decisivo que de ninguna manera se vea el conflicto del orden como desorden o caos” (Ídem, p.31).
La novela corta de Kleist se manifiesta por medio de informes y descripciones sobre hechos acontecidos. Y la situación extraordinaria, inaudita es la que rodea al personaje: el ser, en medio de la catástrofe se halla aislado y solitario; sin embargo, el terremoto, además de haber destruido la ciudad, también lo hizo con el convento y la prisión (instituciones ‘injustas’), por lo que dentro de la desgracia hallan dicha:
Entre tanto, había caído la más hermosa noche, llena de suavísimos perfumes, de tan plateado brillo, tan silenciosa como sólo puede soñar un poeta. A todo lo largo del riachuelo que regaba el valle se habían asentado las genes preparándose, al claro de luna,  un  blando  lecho  de musgo y follaje para descansar de un día tan doloroso (…)”. (“El terremoto de Chile”, p. 36).
La referencia histórica y real del terremoto acaecido en 1647 sitúa la perspectiva del narrador ante lo inaudito en un marco verosímil que además unifica a toda la sociedad. Se trata de una novela corta en la que el horror excede lo fantástico porque las leyes de la naturaleza se imponen (con una ruptura sin vacilación) sobre las leyes del Estado y lo desmoronan. Entonces, el horror aparece como un antes y un después que es insalvable. Es posible –a la vez- enfatizar lo inaudito en relación con el desorden en las instituciones, dado que el acontecimiento natural preserva –de forma inaudita- a los individuos que poseían una naturaleza humana. E incluso se insiste en que ese desorden es considerado previo al desorden general posterior y aun más dramático. De este modo, existen dos cuadros de horror, tales como el ‘terremoto’ y el ‘linchamiento’. Son visibles las consecuencias devastadoras del terremoto, relacionadas con el horror y lo siniestro:
Apenas hubo salido al exterior [Jerónimo], cuando toda la calle, ya muy agrietada, se acabó de hundir ante un segundo temblor de tierra. Sin conciencia de cómo escapar de aquel estrago, con la muerte acosándole por doquier, corrió entre vigas y escombros (...)  (Ídem, p. 34).
Sin embargo, el deseo aniquilador del linchamiento del personaje del zapatero y luego de las masas que se añaden contrasta con la aniquilación de la naturaleza; se muestra así una oposición entre la cultura ‘virtuosa’ (el idilio y la formación de una primitiva comunidad en medio del desastre natural) y la ‘razón’ (que surge de las instituciones, encarnada en los personajes que propician el linchamiento). De esta manera, lo inaudito reside en que el acto del linchamiento se torna aún más horroroso incluso que el horror natural del terremoto.
La impotencia que caracteriza al individuo frente al poder social se intensifica con el intento de suicidio, ya que si no puede llevar a cabo su salvación, sí puede quitarse la vida, “con una soga que le había dejado el azar” (Kleist, 1999: 102). La liberación que encuentra a través del terremoto remarca el carácter opresivo del marco social y el carácter representativo de su situación, pues la condición de su salvación, a la que no puede acceder a partir de sus pensamientos, es la destrucción de toda la estructura social.
Ese horror viene de la mano de lo sobrenatural, de la Providencia (maligna, destructora y negativa), y el destino que desata ese horror está dado por el azar, por aquello que no se puede explicar, comprendido –entonces- como hecho ‘sobrenatural’.
En estas dos novelas cortas se pueden encontrar temáticas como la pasión, la violencia explícita, y el misterio, el hecho de que se muestre la realidad atravesada por las emociones y sensaciones de los personajes, y teniendo en cuenta el carácter histórico, además de presentar a los personajes, como se ve al comienzo de “Los esponsales de Santo Domingo”, el modo de contextualizar los hechos, ocurridos durante la guerra de liberación de Haití entre blancos y negros, las dos polaridades que presenta el texto.
Una de las mayores virtudes de Kleist es conseguir colocarnos frente a los dilemas planteados en la trama y obligarnos a reflexionar sobre ellos. Sitúa a sus personajes en situaciones límite en las que tienen que decidir la manera en que deben actuar para superar las pruebas a las que se ven sometidos. Y esa manera, invariablemente, se ajusta a la ética por encima del interés personal. El modo en que los personajes deciden actuar es la que acaba interesando al lector, aunque los hechos que desencadenen la trama resulten a veces risibles o a veces ofensivos, como ocurre en “Los esponsales de Santo Domingo”, donde el tratamiento paternalista hacia la raza negra pone al lector en guardia, aunque éste termina olvidándose del siglo en el que ha sido formado para entrar de lleno en el de Kleist: el de la cultura del Absoluto.
Bibliografía
Kleist, Heinrich von, “El terremoto de Chile”, Trad. de Y. Mateos, en Cuentos románticos alemanes, selección y prólogo de Hugo von Hofmannsthal, Madrid: Siruela, 1992.
-----, “Los esponsales de Santo Domingo”,
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