Alemania y Grecia: la economía del Anschluss

Por Alejandro Nadal

19/07/15
 
Hay muchas palabras para describir el resultado de la reunión en Bruselas el fin de semana pasado para discutir el tercer paquete de "rescate" de la economía griega. Algunos hablan de capitulación por parte del gobierno de Tsipras. Y ese parece un término adecuado pues el gobierno de Syriza ha cedido casi todas sus posiciones a lo largo del frente de batalla contra la austeridad.
De hecho, el nuevo paquete de medidas aceptado en la reunión es más duro que el que rechazó la población griega en el referéndum de dos semanas atrás. Parecería estar diseñado para provocar la caída del gobierno de Syriza en Atenas. Por eso cuando se dieron a conocer las condiciones demandadas por el eurogrupo la semana pasada el hashtag #ThisIsACoup (esto es un golpe de estado) se convirtió en un tsunami en las redes sociales.
Hay que decirlo de entrada: el nuevo acuerdo para el mal llamado "rescate" de la economía griega está destinado al fracaso. Este es el tercer paquete que impone las mismas medidas recesivas que han llevado a Grecia a la depresión más profunda en la historia del capitalismo. Éste paquete (el tercero) hundirá más a la economía griega y hará que la deuda como proporción del PIB supere los niveles actuales: podría alcanzar 200 por ciento en los próximos dos años, dependiendo de la contracción que con toda seguridad va a provocar.
Por el momento se ha salvado la "integridad" de la unión monetaria, pero en el proceso se destruyó lo más esencial de cualquier acuerdo político duradero, la confianza. Las negociaciones se convirtieron en un esquema de chantaje o de un intercambio después de una toma de rehenes. Sólo que en las negociaciones Alemania y sus aliados en el eurogrupo sí estuvo dispuesta a oprimir el botón nuclear, mientras que Syriza siempre dejó claro que nunca iría tan lejos como salirse del euro.
Hay otros términos que evoca el nuevo "acuerdo" para enfrentar la crisis en Grecia. Anschluss es uno de ellos.
El 12 de febrero de 1938 el canciller de Austria Kurt Schuschnigg se reunió con Hitler en el retiro de Berchtesgaden. La presión para consumar la unión de Austria con Alemania se había intensificado. Los simpatizantes austriacos de esta unión recibían el apoyo de Berlín y su influencia era notable. Un alto porcentaje de jóvenes que permanecían en desempleo debido a los efectos de la Gran Depresión veían en la unión la respuesta a sus problemas. En Berchtesgaden Schuschnigg recibió un mensaje claro: capitular o arriesgarse a que se desencadenara una guerra civil en Austria. Los testigos cuentan que Schuschnigg salió deprimido y acabado de la reunión: había terminado por aceptar todas las condiciones del diktat alemán.
De regreso en Viena Schuschnigg puso en libertad a los cabecillas nazis que esperaban procesos penales y nombró al nazi Arthur Seyss-Inquart ministro de policía (otra condición dictada en Berchtesgaden). Pero al mismo tiempo comenzó a organizar un referéndum para decidir sobre la unión o la independencia de Austria. La fecha del referéndum fue fijada para el 13 de marzo de 1938. La edad mínima para votar fue establecida en 24 años para evitar que los miles de jóvenes desempleados y simpatizantes nazis pudieran votar. Hitler montó en cólera y promovió las manifestaciones violentas de simpatizantes nazis en casi toda Austria, creando el caos en todo el país. La policía no hizo nada y Alemania inició la movilización de sus fuerzas armadas. Hitler presionaba al presidente austriaco Wilhelm Miklas para que destituyera a Schuschnigg y nombrara a Seyss-Inquart como canciller. Su plan era que el nuevo gobierno pidiera "ayuda" a Alemania para restablecer el orden. Pero Miklas se negó y para cuando cedió la Hitler había dado sus órdenes para poner en marcha la invasión de Austria. El Anschluss se llevó a cabo en la madrugada del 13 de marzo de 1938.
¿Es una exageración recordar el Anschluss en el contexto del nuevo acuerdo para iniciar el tercer paquete de "rescate" de la economía griega? Puede ser, pero hay que señalar que no es necesario ocupar militarmente un país para convertirlo en una colonia.
El paquete económico impuesto a Tsipras es más severo que el que fue rechazado en el referéndum del 5 de julio. Las medidas para aprobar el paquete de 85 mil millones de euros es (al igual que todos los paquetes anteriores) profundamente recesivo. Incluye un fuerte aumento de impuestos equivalente a 2 por ciento del PIB: la mayor parte de estos incrementos de impuestos corresponde al IVA, rubro en el que se unifican las tasas en el nivel máximo superior de 23 por ciento y se suprimen las tasas preferenciales para las islas más lejanas (lo que acarrea un efecto negativo sobre el turismo, principal sector proveedor de divisas). También se introduce un aumento de impuestos sobre agricultores y sobre pequeñas y medianas empresas.
En lo que concierne el gasto, el paquete también impone un recorte importante sobre el régimen de pensiones, una de las líneas que Tsipras consideró nunca podría cruzar. Además, Grecia debe poner en marcha un mecanismo automático para reestablecer un presupuesto equilibrado si existen señales de exceso de gasto. Es una medida absurda: el gobierno griego no controla la tasa de interés y, si además de eso le restamos poder sobre el gasto público, no le queda ningún elemento estabilizador.
El paquete también contiene medidas que no sólo implican la pérdida de soberanía sobre la política fiscal. Incluye también un régimen de manejo de los activos públicos que implica, en los hechos, una subordinación de índole patrimonial. El proceso de privatización contará ahora con un fondo especial  al que serán transferidos activos públicos de alto valor para ser liquidados. Estos recursos serán usados para asegurar el pago del nuevo préstamo del Mecanismo europeo de estabilización y generarán un total de 50 mil millones de euros de los cuales la mitad servirán para recapitalizar los bancos. Pero no hay que engañarse: los bancos no podrán ser recapitalizados de esta manera. La venta de activos públicos es una operación muy tardada y pasarán dos años mínimo antes de que los primeros recursos generados por estas privatizaciones puedan entrar a los estados financieros de un banco griego. Además, éste es el peor momento del ciclo depresivo para rematar al mejor postor los activos públicos griegos.
Por todo lo anterior, el tercer paquete de "rescate" no va a funcionar. Los bancos griegos no podrán salir de los problemas que les aquejan porque no tienen problemas de liquidez, sino de insolvencia: están en bancarrota. La economía griega no va a crecer con las famosas "reformas" y sólo se hundirá más en lo que ya constituye la peor depresión en la historia económica.
 
Pero quizás esa es la finalidad: hundir a los griegos como escarmiento y castigo, para poder seguir imponiendo el sometimiento político al proyecto de una Europa organizada alrededor y para los intereses de la economía alemana.
Uno de los capítulos del acuerdo incluye la obligación de "normalizar completamente los métodos de trabajo (del gobierno griego) con las instituciones, incluyendo en el caso de trabajo sobre el terreno en Atenas". La traducción de esto es la siguiente: aceptar el regreso de la famosa troika, los representantes del FMI, del ECB y de la Comisión europea en Bruselas, que el gobierno de Tsipras echó fuera de Grecia al entrar en funciones. Y más aún: el gobierno aceptaría consultar con las instituciones en lo que concierne a proyectos de legislación en todas las áreas que son relevantes (para el acuerdo). Traducción: los funcionarios de la troika se erigen en interventores de la economía y de la vida del aparato legislativo de Grecia.
Habrá que analizar con cuidado los errores que se han cometido. En una primera aproximación me parece que la estrategia de Syriza estuvo anclada firmemente en la creencia de que era posible convencer a sus "socios" de la integración europea de la necesidad de cambiar radicalmente la política económica en Grecia y, de paso, en toda Europa. Pero sólo en muy pocas ocasiones puede el discurso académico vencer a la lógica del poder. Syriza llegó a las negociaciones con un gran letrero que decía "¡No estamos dispuestos a salirnos del euro!" Sin preparativos para efectuar esa salida y sin un trabajo político para llevarlo a cabo con el apoyo de la población, la estrategia estaba destinada al fracaso.
Pensándolo bien, quizás sería mejor hablar de una reedición de la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental que el aparato de propaganda de Japón utilizó a partir de 1938. Si en sus sueños la Merkel y Shäuble piensan que pueden someter a todos sus vecinos a un esquema de política económica subordinado a los intereses de una Gran Alemania entonces sus aspiraciones se parecen a las del jefe del imperio del Sol Naciente. Pero todos esos sueños, las esferas de co-prosperidad y el Anschluss  terminaron muy mal, como bien sabemos.
La descripción de lo que ha acontecido con la crisis en Grecia puede variar. Pero una cosa es cierta: los acreedores ganaron y de este modo el proyecto de una integración europea con ideales democráticos y republicanos ha sufrido un golpe del que será muy difícil recuperarse.
 

 

Alejandro Nadal es miembro del Consejo Editorial de Sinpermiso