Vaca Muerta, con mis propios ojos

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Nancy Piñeiro[1]
 
Especial para Herramienta
 
Me decido a terminar estas líneas el día en el que nos deja Eduardo Galeano, un grande que nos ha mostrado qué abiertas estaban nuestras venas en América Latina. Y no es casualidad que lo termine hoy, hilando el recuerdo con estas impresiones y algunas precisiones sobre una recorrida por una de las tantas zonas de sacrificio del país, esas en las que los habitantes no son consultados sobre el destino de lo que da sustento a la vida misma. Zonas de sacrificio, azotes locales de la misma división internacional del trabajo. En ese reparto nos toca el “neo-extractivismo”, de la mano de los  servidores del pasado en copa nueva.
 
En el famoso yacimiento "Vaca Muerta" se encuentra el Lof (comunidad mapuche) Campo Maripe, el más afectado por el fracking, comunidad que no solo soporta la contaminación provocada por esta técnica[2] (a la media hora de andar por allí se empiezan a sentir el dolor de cabeza y la picazón en la nariz), sino también la circulación diaria de decenas de camionetas y camiones (que arruinan sus caminos; el Lonko  (autoridad mapuche) lleva días pidiéndoles que echen agua y emparejen, y nada); accidentes con sus animales, que pueden caer en las muchas zanjas que se abren para la instalación de los ductos, y que jamás se cierran; desmonte para apertura de caminos; petróleo que vuelve a salir a la superficie luego de que así no más lo cubran de tierra, y muchos etcéteras más, como por ejemplo, que ni siquiera separen los residuos como se indica en los contenedores (un detalle que ejemplifica la ausencia total de control). Una de las cosas que más impresiona es ver la interminable fila de camiones que transportan millones de litros de agua (se calculan entre 9 y 29 millones por pozo), en una provincia con gran escasez de ese recurso. De paso, mientras esperan, las mangueras chorrean agua). A diferencia de los hidrocarburos no convencionales, atrapados en la roca a miles de metros de profundidad, invisibles al ojo humano, el horror de la contaminación de todo tipo se ve y se siente a cada paso.
 
He podido constatar, como  estudian y denuncian comunidades y organizaciones desde el desembarco del primer pozo de fracking en 2009[3] en la provincia,  la materialidad de las enumeraciones sobre los peligros de esta técnica. Me corrijo, si “peligro” es “circunstancia de existir, posibilidad, amenaza u ocasión de que ocurra una desgracia o un contratiempo”, esta es  ya la  nueva  realidad que viene a empeorar circunstancias de contaminación previas, de una industria nunca reglamentada como debiera estar: fugas de gas, derrames de petróleo (el último en febrero de este año)[4] estas irregularidades son moneda corriente. Me cuentan que las autoridades de Medio Ambiente de la provincia,  siempre brillan por su ausencia. De las 5 camionetas que les han dicho que tenían para recorrer la zona y controlar, siempre han visto solo una.
 
Los efectos más sobresalientes del fracking son: apabullante consumo de agua; deficiente o nula gestión del agua residual, que contiene las sustancias químicas utilizadas en la fractura (y cuya composición,  las empresas no están obligadas a declarar); ruidos e impactos visuales; contaminación de aguas subterráneas y superficiales, de la tierra, fauna y flora y del aire; apertura de caminos, desmonte y movimientos sísmicos. Todo lo cual, por supuesto, es negado por los profesionales al servicio de las empresas o del Estado, quienes aseguran que esta práctica, bien hecha, no supone mayores riesgos. La realidad, sin embargo, los contradice en todo el mundo. El fracking fue posible en los Estados Unidos gracias a la Enmienda Halliburton, que exime de controles ambientales a las empresas.
 
La realidad hidrocarburífera se cruza con otra actividad de despojo. Esta comunidad también tiene que custodiar su tranquera porque hace cinco meses un empresario maderero de Añelo, otro usurpador, que se dedica al monocultivo de álamos, se las cerró con candado. Es decir, estos compañeros tienen, además de su trabajo cotidiano, el de hacer de controladores de lo que nadie controla.
 
Abruma la circulación de camionetas 4x4, la mayoría pertenece a empresas extranjeras. El negocio es millonario (para las transnacionales, a cuya medida están hechos decretos[5] y leyes, entre las que se destaca por su entreguismo la reciente Ley de Hidrocarburos[6]), pero Añelo, el pueblo más cercano, petrolero desde los 80 y ahora rico en droga, prostitución, juego y hoteles de lujo en construcción, aún no tiene un hospital. Perfecto resumen del progreso que nos venden, que se hace burbuja y explota.
 
Los trabajadores del petróleo, con sueldos que rondan los 30 000 al mes, acceden a la flamante 4x4, el plasma y demás productos que el Norte seguirá vendiéndonos como desarrollo y progreso, y que este modelo 'nacional y popular' seguirá vendiendo como 'capitalismo serio' (sí, cierto es que no causa gracia para nada) a pesar de sus humos de latinoamericanismo y Patria Grande. Qué respiraremos cuando ya sea difícil respirar, de dónde sacaremos agua no contaminada, qué nos dará la tierra cuando ya no quede nada, esas son preguntas que no importa responder. Mientras tanto, a muchos ‘asalariados dóciles al pensamiento oficial' les da chapa de progresistas hablar de descolonialidad en las universidades pero dan escaso espacio al debate verdaderamente crítico, aquel que se pregunta qué es el desarrollo y para quién es.
 
Tres horas no nos alcanzaron para ver todos los pozos. En esas  tres horas no vi un pájaro, ni un coyke (ñandú) por allí arriba, ni otros animales de la zona; las chivas de la comunidad sorteaban obstáculos.
 
En medio de esa inmensidad y belleza que igual sorprende y llena el alma, las torres y la maquinaria pueblan el horizonte, para donde uno quiera mirar. Aquí fue la toma de pozos en 2013, en repudio al acuerdo de YPF con la Chevron, acción llevada a cabo por la comunidad, la Confederación Mapuche de Neuquén, a la que pertenece, y organizaciones que las apoyan, como la Multisectorial Contra la Hidrofractura; aquí han prendido fuego la ruka en represalia.
 
Cabe señalar que es toda la población la que se verá afectada por esta contaminación violenta del medio en el que todos vivimos, que antecede a la llegada de este colmo que es el fracking. Si durante 20 años la provincia negó la contaminación en la comunidad cercana de Kaxipayiñ, y la reconoció cuando le resultó redituable, es decir, luego de la expropiación de Repsol para llegar al cálculo de un pasivo ambiental y descontar dinero de la expropiación, ¿qué podemos esperar?
 
Desde su origen, la  actividad en  este territorio es ilegal. La comunidad jamás ha sido consultada como lo ordena el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas, ratificado por Argentina en el año 2000. Pero en octubre de 2014 ha obtenido gracias a su lucha incansable la Personería Jurídica, que inscribe legalmente a la comunidad como tal y no como familia. Actualmente se está llevando a cabo el prometido y demorado relevamiento que definirá los límites de su territorio.
 
De regreso de nuestra recorrida saludo afectuosamente a quienes, a pesar del cansancio y sacando tiempo a sus actividades, cuentan, explican, muestran el despojo y sobre todo comparten. Seis hermanas, las que se encadenaron hace 2 años a los pozos de Chevron, resisten hoy junto a su hermano, el Lonko Albino, y otros familiares, y se turnan para hacer guardia contra el invasor maderero. Aquí y así, las familias resisten. Más vale llenarse los pulmones de eso.
 
Caía la tarde y en Añelo tenía que sacar mi boleto de regreso a Neuquén capital. Como broche de oro, Andesmar no tenía más boletos: debí volver en el Petrobus.
 
Galeano escribió en 1991 Ser como ellos. A contramano del discurso nacional de soberanía va la realidad de los términos contractuales con los que garantizamos aún hoy enormes ganancias a costa de la vida de nuestros pueblos, los que en el campo conviven con los pozos, los que en la ciudad conviven con basureros petroleros, los que donde había chacras tienen hoy la panacea del fracking, los que en el paraíso turístico neuquino son desplazados por el negocio inmobiliario, parte también del boom petrolero actual. Más allá de que algunos pensemos que no nos hemos independizado tanto de nuestro destino de colonia, ni del FMI ni del Banco Mundial, más allá de que no creamos en los discursos triunfalistas de soberanía, cabe preguntarnos, si en esta locura consumista que destruye el agua y la tierra, queremos seguir siendo como ellos o nos animaremos a aprender juntos de los valiosos aportes de los pueblos que resisten, como el Pueblo Mapuce, que defiende y recupera su concepción del ser humano como fuerza igual y no superior a la naturaleza, como parte de todas las fuerzas que componen el universo. Porque es simple: sin agua, sin tierra, no hay vida.
 
 
Agradezco especialmente al Lof Campo Maripe y a la Confederación Mapuche de Neuquén.
 
 

[1] Traductora técnico-científica; estudiante de la Maestría en Estudios Latinoamericanos (UNSAM).
 
[2] http://www.herramienta.com.ar/content/informe-fracking. Véase también el libro 20 mitos y realidades del fracking: http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/819/20_Mitos_LIBRO_FRL_PRINT.pdf
[3] Ver en especial los trabajos del Observatorio Petrolero Sur, por ejemplo, las diferentes ediciones de su revista “Fractura expuesta”: http://www.opsur.org.ar/blog/wp-content/uploads/2012/04/fractura-expuesta.pdf. También se puede consultar la página de la Confederación Mapuche de Neuquén en Facebook: https://www.facebook.com/pages/Confederaci%C3%B3n-Mapuche-de-Neuqu%C3%A9n/444250588989024?fref=ts
[4] http://laizquierdadiario.com/spip.php?page=movil-nota&id_article=10814
[5] http://www.opsur.org.ar/blog/2013/07/15/un-traje-a-medida-de-chevron/
[6] http://www.alainet.org/es/active/78447