Mexico. De la indignación contenida a un Ya Basta manifiesto y generalizado

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Dr. Rafael Sandoval Álvarez
 
Miembro del Centro Social Ruptura, Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia y Profesor de la Universidad de Guadalajara.
 
Guadalajara, Octubre 2014
 
Iniciamos esta reflexión desde un tiempo actual, octubre 2014 en México. Momento en el que se da una masacre más, una acción de brutalidad en la que asesinan, torturan y desaparecen de manera evidente a estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, México; desaparición en la que participaron las diferentes instituciones de seguridad de Estado (estaban presentes el ejército, policía federal, policía estatal y municipal, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, cisen, entre otras.).
 
Los acontecimientos represivos de los últimos meses han generado, una reacción de indignación y solidaridad, entre ellos otro que se dio en el mes de Mayo de este mismo año, la destrucción de la escuela, la clínica, el asesinato del compañero Galeano y el acoso a la comunidad de La Realidad, Chiapas. En este caso la reacción se aprecia en un despliegue de la digna rabia de los pueblos,  comunidades indígenas y barrios en varias ciudades de México. Surge así la movilización manifiesta y la solidaridad contra la represión (pues de manera latente hay movilización cotidiana) a las comunidades del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional,  ezln en todo México y algunos países del mundo. Esta movilización se despliega aun mas a partir de la indignación por el asesinato, tortura y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, en el municipio de Iguala Guerrero.
Se crea las condiciones para remontar el “reflujo” de actividades públicas al que estuvieron obligados tanto los zapatistas como muchos otros pueblos, comunidades y barrios en las ciudades, que para evitar más muertes y desapariciones, en silencio estuvieron conteniendo la ofensiva de contrainsurgencia encabezada por paramilitares en los últimos trece años, luego del rompimiento de los acuerdos de San Andrés por parte del Estado en el 20011.
 Es el año del 2001 1 cuando se traiciona  el proceso que llevo a los Acuerdos de San Andrés, en el que el ezln convoco a todos los pueblos y comunidades indígenas de México en 1996, como resultado de el acuerdo de paz luego del levantamiento de los pueblos zapatistas de Chiapas.
Así, tenemos que en el país emerge una subjetividad de indignación traducida en movilizaciones y todo tipo de protestas contra la represión política y la guerra.
Estos acontecimientos, el de Ayotzinapa, el de La Realidad, y la ejecución de 22 personas por el ejercito, el 30 de junio pasado en Tlatlaya, Estado de México, sólo son los últimos de muchos que se han vivido en los últimos veinte años en que se instala la guerra de contrainsurgencia como principal iniciativa de Estado contra los pueblos que deciden resistir al despojo de sus territorios y de su vida2.
 
1 Es el momento en que el Estado mexicano traiciona los acuerdos con el ezln,  lo que genera las condiciones para la emergencia de la autonomía de hecho, al negar el Estado a los pueblos indígenas el derecho a ser sujetos y pretender someterlos a ser objetos de derechos, con lo cual se consuma la negación de autonomía de su territorio y gobierno.
 
2  Esta estrategia de contrainsurgencia que se ha aplicado contra pueblos y comunidades, contra decenas de miles de personas, que resisten al despojo de sus territorios en todo el país, aplicada a través del asesinato, la desaparición forzada, la tortura, además del encarcelamiento de cientos de luchadorxs contra el despojo y la represión. Señalo que hace veinte años se instala esta nueva modalidad de guerra de contrainsurgencia ya que el Estado mexicano la adopta y implementa el Plan Chiapas 94, dando continuidad y reestructurando lo que había venido siendo La Guerra Sucia desde los años setenta. Se puede consultar la Revista Proceso No. 1105 del 4 de enero de 1998, entre muchas otras fuentes.
 
Así se crean las condiciones para que inicie un proceso de protesta en todo el país, porque se ha estado aplicando esta misma estrategia de guerra contra pueblos y comunidades que resisten al despojo de sus territorios en todo el país, así como a los barrios de las ciudades, principalmente a los jóvenes.
 
Dicho de otro modo, las formas de hacer política de resistencia contra el despojo y contra la estrategia de contrainsurgencia que han realizado los zapatistas y tantos otros pueblos y comunidades del campo y la ciudad, generan una resonancia en todo el país que, ante la necesidad de enfrentar la escalada de desapariciones y asesinatos que cientos de miles de familias viven, se hace presente de manera más colectiva y manifiesta un ¡Ya basta! por todo el país3.
 
La desenfrenada expansión del despojo y la represión, que llevan a cabo los gobiernos municipales, estatales y federal, a través de policías, militares, paramilitares, entre ellos los que se autodenominan sicarios de las empresas ilegales del trafico de drogas (que vienen siendo igual grandes capitales que están detrás de todas esas empresas), sólo indica que tienen prisa y apresuran el desalojo de territorios como las playas, los bosques, los barrios antiguos de las ciudades, entre otros asentamientos, con el objetivo de reterritorializar, es decir tomar posesión de la tierra para cambiar el uso de su suelo y subsuelo, para poder extraer de la tierra el agua, los minerales, el gas, destruyendo de manera salvaje la naturaleza, así como convertir en zonas de turismo extranjero parte de las ciudades,  los bosques y playas.
 
La velocidad con la que se saquea-roba y acumula capital, a costa de una brutal destrucción de la vida de cientos de miles de familias y comunidades, sólo muestra que piensan que cada vez les será más difícil doblegar a los pueblos y quieren acabar lo más rápido posible para luego operar el control de daños, como han acostumbrado en el continente, a través de instalar una paz controlada, como parte también de la misma estrategia de contrainsurgencia.
 
El marco en el que esto ha ocurrido es el de la instalación de lo que denominan democracia electoral y sistema de gobierno representativo, “permitiendo” el acceso a un gobierno progresista que se encargue del control de daños de la etapa del terror de Estado. Al menos esto es lo que se nos ocurre al observar tanta saña y brutalidad en la forma en que realizan la guerra contra toda la población.
 
Igual no importa en qué estén pensando los de arriba, cuando estamos siendo objeto de su guerra y dominio, lo que si importa es cómo resistimos y le damos un vuelco a la situación para deshacernos de las formas en que favorecemos esa dominación. La protesta y la organización de miles de colectivos, organizaciones sociales y millones de personas en el seno de sus familias y barrios, se da cada vez más, de modo que se dan muestras de otras formas de hacer política, por la autonomía, es decir, que se movilizan en los márgenes o al margen de las organizaciones y redes de control corporativo del Estado y el capital. Esto no tiene mayor complejidad para entenderlo, si se aprecia como es que no hay ninguna salida al problema dentro de las instituciones del Estado, más aún, cuando cada vez que se recurre a la policía o a cualquiera de las agencias de seguridad del Estado, se comprueba que son parte del tejido que opera la guerra y la contrainsurgencia.
 
3 En febrero de 2013, el gobierno de Peña Nieto reconoció que más de 26.000 personas habían sido denunciadas como desaparecidas o extraviadas desde diciembre de 2006, ver Informe Mundial 2014: México de Human Rights Watch
 
Emerge lo que de manera latente se contenía, la indignación y la organización autónoma
 
En cada localidad se concretan y van construyendo formas de relaciones sociales que permitan la reproducción de la vida de forma segura (en la supervivencia, la salud, la vivienda, la alimentación, en la educación, etc.) pues cada vez más millones de personas estamos quedando fuera del mercado capitalista e incluso de las redes de las instituciones del Estado, por voluntad de los propios capitalistas y no sólo por que hayamos quienes queramos dejar de estar en sus relaciones sociales de manera consciente y voluntaria.
 
Construir otras formas de vida y de autodefensa para salvaguardar, proteger, defender, resguardarse, de quienes decidieron hacernos la guerra para despojarnos de nuestra tierra y vida, explotarnos al máximo, es lo único que nos queda por hacer. El despliegue de la resistencia anticapitalista, es el contenido que se va prefigurando en la práctica y estamos aprendiendo, compartiendo por resonancia, que se la resistencia anticapitalista se tiene que articular con la construcción de la autonomía como proyecto y horizonte de vida. Cada vez nos damos cuenta de que no nos queda más que hacerlo así.
 
Sabemos que lo dicho aquí implica la construcción de lo colectivo, es decir el hacer en común como colectividad, de modo que sea un ejercicio cotidiano permanente y no sólo acciones coyunturales, de lo contrario no se instituirá un imaginario social diferente al capitalista. Esto exige, en principio ciertas formas de hacer política, la autogestión y el apoyo mutuo desde luego. Sabemos también que cada vez se amplía esta perspectiva entre quienes están obligados a luchar contra esta guerra capitalista
 
De hecho se puede apreciar que la autogestión tiene en la compartición y el trabajo colectivo el embrión de otras relaciones sociales anticapitalistas y no capitalistas, otra forma de vida. Sin embargo, es imprescindible cierta conciencia de la necesidad y cierta necesidad de conciencia política de que es aquí y ahora que debemos estar siendo otros sujetos con otra política, autónomos. Lo cual exige el deshacer el colonialismo interno, apostado desde la más remota infancia como infrapoder, es decir, desechar al estado, al policía, al patriarcado, que llevamos dentro e instalar en nuestra subjetividad una postura radical contra la dependencia, la representación, la cooptación, el burocratismo, la jerarquía, la territorialización de nuestros cuerpos y de nuestra tierra.
 
Es necesario advertir que estamos en presencia de la emergencia de una subjetividad que es desplegada por formas de hacer política y de organización política de sujetos sociales que se declaran por mantenerse y estar en los márgenes o más allá de lo márgenes, a según se vaya pudiendo, de las relaciones sociales donde el Estado es hegemónico, en un contexto en el que la vida no se respeta y que quien resiste al dominio es tratado con represión, tortura, desaparición, cárcel y muerte.
 
Es el despliegue de una subjetividad marcada por un contexto en donde el sujeto del capital y sus operadores del Estado, aplican una situación de terror para infundir miedo e incertidumbre respecto de la conservación de la vida. Con todo, se va forjando una cierta consistencia a pesar del desasosiego y la zozobra, se inventan mecanismos e iniciativas que a su vez generan mayor crisis al sistema dominante, pero también se recrean las formas mismas de control cuando nos sometemos sin ofrecer resistencia.
 
En esta subjetividad emergente se contempla, mediante las formas de hacer, posibilidades de construcción de un horizonte político e histórico que por la vía de los hechos está teniendo que ser anticapitalista y anti-Estado; no necesariamente tiene que asumirse explícita o conscientemente una perspectiva en torno a un proyecto político específico, sino que éste va desplegándose y dándose por las formas de hacer política independientes y autónomas respecto de los sujetos que operan el control y la dominación capitalista.
 
Se prefigura la presencia de un proyecto que es articulado desde una perspectiva anticapitalista y anti-estatista, viene dándose en el transcurrir del tiempo de la acción y la construcción de espacios autónomos de vida cotidianos, de modo que se van tejiendo las relaciones intersubjetivas, entre sujetos, y con ello modificándose las situaciones intrasubjetivas, hacia lo psíquico de cada singularidad subjetiva, lo cual nos permite asimilar de manera diferente el miedo paralizador y convertirlo en rabia y formas de sentir el peligro para evitarlo y enfrentarlo.
 
También se expresan en esta coyuntura sujetos que sostienen proyectos políticos partidarios que aspiran a controlar el Estado, creen que se puede democratizar el Estado, y esperanzados en que ya les toca participar del aparato de Estado para contribuir en su democratización, no se dan cuenta que han entrado al juego de la estrategia contrainsurgente del estado-capital, a la que corresponde a administrar una etapa específica que siempre se alterna con la dominación violenta, es decir, la etapa de la democracia controlada y controladora de daños, luego del periodo de violencia represiva y despojo salvaje. Los sujetos con proyectos partidarios que promulgan la democratización del Estado, la instalación de gobiernos de izquierda, traen consigo implicaciones en el tipo de lucha que hacen, en el tipo de mecanismos que utilizan; por tanto, en los resultados que van logrando. Son sujetos que cada vez son más intolerantes, que admiten todo tipo de alianzas electorales con tal de ganar, que optan por el oportunismo de todo tipo en las coyunturas electorales, pero que cuando están en el poder y control del aparato de Estado, así sea en un pequeño municipio, aplican las mismas políticas neoliberales en la economía y “novedosas” formas de seguridad estatal, al estilo tolerancia cero, como fue el caso del gobierno de la Ciudad de México
 
También observamos cómo algunos de quienes siguen creyendo en la posibilidad de democratizar al Estado y la instalación de un gobierno de izquierda, han sido reprimidos y encarcelados cuando se salen del guión que restringe a la farsa electoral y aceptación reducirse a ciertos espacios del sistema de gobierno. Por tanto, sin demeritar ningún esfuerzo de lucha, hay formas de hacer política que involuntariamente contribuyen a la reproducción de las relaciones sociales de dominio, desde el momento en que no admiten deshacer relaciones entre dirigentes y dirigidos, en que reproducen la relación jerárquica y burocrática en las formas de organización política.
 
Destitución al Estado de su autoridad y uso de la violencia legitima
 
Lo que ahora estamos viviendo con el despliegue de la resistencia contra la represión y la contrainsurgencia, es un proceso de destitución de la investidura de autoridad del Estado, su destitución del uso legítimo de la violencia. Esto aunque fue iniciado con el desafío que el ezln hace al declarar territorio de autonomía y autogobierno entre los pueblos y comunidades en rebeldía, en el 2003 que funda las Juntas de Buen Gobierno, hoy está generalizado, aunque no se declaren territorios específicos de autonomía. Por eso sólo estamos diciendo que se concreta un proceso de destitución de la autoridad del Estado.
 
La destitución de la autoridad estatal no es algo menor. Es lo que podríamos llamar creación de condiciones diferentes para generar otro tipo de lucha y resistencia anticapitalista, de modo que se puede propiciar su articulación con la autonomía como proyecto. Es efecto de la resonancia, tanto de otras formas de hacer política anticapitalista como de afrontar el estar al margen del Estado e iniciar establecimientos que en embrión configuren instituciones diferentes para asegurarnos y vivir dignamente.
El Estado sabe y siente esto, ahí está el discurso preventivo del mismo Peña Nieto, convocando a un acuerdo nacional de seguridad en el que advierte la necesidad de restablecer la legitimidad del Estado: ‘‘emprender cambios de fondo, fortalecer nuestras instituciones y, sobre todo, asegurar la plena vigencia del estado de derecho’’ 4
 
También se ha experimentado durante los últimos diez años un proceso de prácticas autonómicas que aunque sencillas, nos han permitido sentir otras formas de vivenciar la construcción de lo colectivo, de hacer lo que nunca habíamos hecho, pensar-hacer desde la perspectiva de hacernos cargo de nuestra supervivencia, así sea en menor medida. Esto nos ha movido a miles de colectivos y millones de personas a romper cercos y marcos de referencia subjetivos que nos ataban a depender del Estado y del mercado en su totalidad.
Hemos experimentado, así sea de forma elemental, formas de hacer política al margen de las redes del Estado, dejando de considéralo el interlocutor imprescindible para la reproducción de la vida. Muchos de estos sujetos colectivos han logrado incluso ir un poco más allá del margen y romper el sistema político capitalista en alguno de sus eslabones de la cadena de su reproducción.
 
Un factor del ámbito de esta subjetividad que emerge rechazando la cooptación y el situarse en la lógica de la dominación más sutil, se da en la forma en que está teniendo lugar la jornada de movilización que han protagonizado durante semanas las familias de los desaparecidos y sus compañeros normalistas de Ayotzinapa, pues se han negado a reducir su exigencia al respeto de los derechos humanos,  haciendo consciente que resulta pernicioso sólo exigir respeto humanitario sin ejercer la política, por lo que han optado por formas de hacer política entendiendo la política como conflicto, como necesidad de acción para que se deje de reproducir las relaciones sociales dominantes y  entrar en un proceso de alteridad radical.
Esta perspectiva se potencia incluso cuando los sujetos del Estado, como el procurador Jesús Murillo Karam, manifiestan su odio racial hacia el otro que son los de abajo, cuando advierte sin mayor vergüenza un “ya me canse”, con un “ya concluimos que están muertos”, sin mayores pruebas que las que de por si tienen al ser parte superior de la cadena de mando que ordeno su desaparición.
 
 La organización de la resistencia ante la situación de guerra que nos imponen los de arriba, el Estado y el capital.
 
Ante la situación que estamos viviendo, en que el Estado sigue sin dar cuenta de los 43 desaparecidos que secuestró y de los que asesinó y torturó en el caso de los normalistas de Ayotzinapa, el pasado 26 de septiembre de 2014, es necesario hacer-pensando cómo es que podemos movilizarnos y de acuerdo con qué iniciativas político organizativas, de manera que permitan construir las plataformas desde la cuales nos organicemos a partir de los espacios donde de por si somos lo que somos (estudiantxs, maestrxs, trabajadorxs, miembros de familias, barrios y comunidades, pueblos indígenas y campesinos, etc.).
 
4 Ver, Alonso Urrutia e Israel Rodríguez, Periódico La Jornada Martes 4 de noviembre de 2014, p. 3.
 
 
Es necesario reconocer que son muchos más que también viven lo que están padeciendo y resistiendo los familiares y compañeros de los desaparecidos de Ayotzinapa. Somos muchos que nos sentimos convocados, cientos de miles de familias que tienen desaparecidos y muertos por esta guerra que instrumenta el Estado para bien de los capitalista.
Reconocer la necesidad de inhibir y desarticular que sean los políticos profesionales de los diferentes partidos quienes se infiltren y pretendan dirigir la protesta, con el pretexto de que son ciudadanos comunes que están interesados en participar en la lucha 5.
Evitar que haya quien se abrogue el papel de dirigirnos, cuando solo buscan aprovechar el descontento para llevar agua a sus intereses electorales o sólo buscan el reconocimiento y prestigio revolucionario.
Mucho de este problema se puede inhibir si son los familiares de los desaparecidos en Jalisco los primeros, no los únicos, en dar a conocer su situación y propongan qué hacer (y así en cada estado, municipio y localidad). Que junto con ellos se comparta el duelo que viven y tomemos iniciativas para exigir que sean devueltos con vida, pues sabemos que muchos están vivos y son objeto de trabajo esclavo en los laboratorios y demás empresas ilegales de producción y tráfico de drogas, de tráfico de personas y de tráfico de armas. Y en todo ello están involucrados funcionarios de Estado.
 
Que los familiares de los asesinados de Jalisco (y así en cada estado, municipio y localidad de todo México), nos compartan la situación por la que están pasando y podamos acompañar su duelo y trabajar nuestro propio duelo, además de tomar iniciativas para exigir castigo a los asesinos y la destitución, enjuiciamiento y encarcelamiento de los funcionarios involucrados con ellos, en su encubrimiento y en su asociación corrupta y de impunidad.
No se pierda de vista que la represión constante a los estudiantes de Ayotzinapa ha sido por su lucha contra la contrarreforma educativa y la privatización de la educación publica y gratuita.
 
Por eso que sean los estudiantxs y maestrxs de cada universidad de Jalisco quienes se organicen por cada carrera-licenciatura, por cada departamento (con sus diferentes academias), haciendo asambleas para reflexionar y discutir cómo echar abajo la contrarreforma educativa que se viene aplicando desde hace años por la vía de los hechos, y cómo se retoma la autonomía y las formas de organización democrática en el seno de las universidades; de modo que sea en cada asamblea donde decidan y propongan de qué manera se contemplen los mecanismos para garantizar que sus representantes a la asamblea general universitaria cumplan con las decisiones de sus asambleas y de ser necesario estén rotando a sus representantes para inhibir el surgimiento de liderazgos permanentes y que todos seamos estrategas de nuestra propia lucha. Así, legar a una asamblea general es resultado de un proceso desde abajo6.
 
 
5  Un ejemplo de cómo hay una subjetividad sensible a rechazar el oportunismo vulgar de los politixs partidistas, se mostro cuando en un foro realizado el 5 de noviembre del 2014, en la Universidad de Guadalajara, con la presencia de un estudiante normalista de Ayotzinapa en plena narración de los hechos ocurridos el 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, una regidora del partido movimiento ciudadano del Ayuntamiento de Guadalajara, grita la consigna Vivos se los llevaron , vivos los queremos,  seguramente pensando que es algo de lo mas sentido entre la gente y que así se haría presente y de paso “resolvería” su necesidad de reconocimiento y prestigio, se topo con que absolutamente nadie le siguió en su grito y si en cambio recibió miradas de repudio a su oportunismo e interrupción.
 
6  Es pertinente no confundir el que se convoque a una asamblea general donde se argumente la necesidad de la unidad, sin construir desde abajo y desde las asambleas por escuela, para solo entonces instalar una asamblea general donde realmente estén representados los estudiantes y por su parte los maestros; más aún, arengar con que negarse a ser convocados a una asamblea por decreto de unos cuantos es estar en contra de la unidad y promover la fragmentación de la lucha, sólo demuestra la urgencia que tienen de dirigir y sacar provecho, como en otras ocasiones lo han hecho para promover sus intereses partidarios.
 
No se detienen a pensar que precisamente fragmentar el movimiento que va naciendo es reducirse a la pretensión de un solo fragmento, la asamblea general que no nace de las bases, y con ello obstaculizar el trabajo de construir el consenso para que se realicen asambleas por escuela, por departamento en el caso de los profesores , donde representantes de las escuelas y departamentos, entre estudiantxs, maestros, investigadors, administrativos, etc., lleven la voz y las propuestas de todos.
Que sean los propios vecinos de los barrios y colonias quienes sufren el robo, el acoso y la persecución diaria de delincuentes de las empresa ilegales de drogas, de trata de personas y traficantes de armas, y de sus socios los policías que no intervienen sino para cobrar sus servicios de protección a dichos delincuentes y, para completar la guerra, deteniendo y extorsionando a los jóvenes de los barrios pobres de la ciudad (robándolos, plantándoles drogas para luego encarcelarlos, para así decir que están cumpliendo con la cuota mínima diaria de encarcelar a delincuentes, etc.). Que sean los vecinos (los abuelos y los jóvenes, junto con toda la familia) quienes convoquen al tipo de organización que se requiere, en cada caso a su modo y en sus posibilidades, para defenderse y para construir formas de organización democráticas y autónomas por cuadra o manzana, para que se formen los consejos de barrio (sólo por dar un ejemplo, pues aunque no sea evidente existe una organización informal que cotidianamente esta funcionando para cuidar y cuidarse en los propios barrios) donde estén permanentemente atentos y organizados, con asambleas para decidir qué hacer para inhibir y desarticular la represión, los robos, las extorsiones de la policía, la manipulación de los ayuntamientos y gobiernos municipales.
 
Que sean los propios trabajadores quienes decidan sus formas de hacer política y de organización, para evitar el control burocrático, corporativo y jerárquico que se vive en los sindicatos, y emprendan las luchas por condiciones de vida digna: haciendo cumplir la constitución en materia de garantizar vivienda, salud, cultura, recreación, alimentación, etc.
 
Que sean las propias comunidades y pueblos indígenas, campesinos, quienes retomen sus formas de organización autónomas, gobiernos comunales y ejidales, y sus diferentes formas de colectividad, que aún se contemplan en la Constitución, como logros de la revolución de principios del siglo, sabemos que ahora están siendo despojados de sus tierras, bosques, ríos, lagunas, para dejar que las trasnacionales capitalistas exploten el gas, el agua, los minerales, etc., privaticen y saqueen, con la cobertura del Estado y la clase política que conforman los partidos políticos.
 
Que luego de decidir cada quien en sus propias organizaciones y asambleas, habiendo discutido y decidido, desde abajo y entre todos qué hacer y cómo hacerlo, entonces podamos encontrarnos en asambleas generales de representantes de todas las asambleas locales, gremiales, sectoriales o como se denominen cada quien.
 
Que mientras nos organizamos y vamos decidiendo cómo resolver los problemas desde abajo y en colectivo, nos vayamos encontrando en la calle, en la protesta, en la solidaridad y apoyo mutuo. Evitando e inhibiendo toda forma de manipulación y oportunismo, así como toda forma de infiltración y provocación que lleve a los gobiernos, sus cuerpos policiales y sicarios, a tener pretexto para que nos ataquen y desencadenar la represión. No perdamos de vista que también es parte de la narrativa contrinsurgente todo discurso que propicie la división entre dirigentes y ejecutantes. No se pierda, como decía Albert Camus que la violencia no tenemos por que reivindicarla aunque sabemos que es inevitable7 .
 
7 En el libro Escritos Libertarios (2014, Tusquets Editores), dice Camus “Creo que la violencia es inevitable. Solamente digo que hay que rechazar cualquier  legitimación de la violencia. Es a la vez necesaria e injustificable”.
 
Que mientras nos encontramos y organizamos cada colectivo, cada asamblea, cada comunidad, cada barrio, también se vaya organizando colectivamente la forma de comunicación con base en la información que se produce por nosotros mismos, sin intermediados y sin el manejo discrecional de los medios de comunicación, ni de partidos políticos, ni de personas que se presentan como medios alternativos de organizaciones no gubernamentales para manipular y dirigir,  muchas de ellas financiadas por organizaciones transnacionales disfrazadas de humanitarias
 
Quiero dejar claro que no incluyo en esta caracterización a colectivos y asociaciones que como El Centro de Derechos Humanos de la Montaña (CDHM) Tlachinollan, Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh), entre otros que se han destacado por una verdadera defensa de quienes son objeto de represión y despojo.
 
Organizarnos sin que participen o sea a través de autoridades, jefes y funcionarios de ninguna instancia de gobierno, universitaria o cualquier institución, pues han sido ellos y ellas quienes han operado e impuesto las políticas del Estado y los intereses de privatización capitalista. No se justifica que encabecen o sean mediadores de las exigencias y demandas que desde abajo se han estado levantando. Sabemos que una de las mejores maneras de mediatizar, controlar el descontento y evitar que nos organicemos de modo autónomo y democrático ha sido precisamente que se monten los burócratas y funcionarios en la acción y movimiento de resistencia que nacen desde abajo.
 
Entonces, ante la situación que estamos viviendo, considerando que estamos en un momento en que hemos destituido de su autoridad al Estado y que se le ha desconocido la legitimidad del uso de la violencia, debido a que la han aplicado contra los de bajo y protegido a los de arriba, en sus negocios ilegales de tráfico de drogas, personas y armas, y de sus negocios legales, con los que nos han saqueado y despojado de los bienes comunes como es la tierra, las aguas, los vientos, los minerales, etc., destruyendo con ello la naturaleza y la vida; ante toda esta situación, organicemos de manera autónoma y horizontal, desde abajo y entre todxs.
 
La guerra contrainsurgente, un largo proceso a tener presente.
 
Pero no perdamos de vista que es el Estado quien instrumenta todo tipo de formas en la guerra contra los de abajo. No se trata de que el crimen organizado infiltra y coopta a los funcionarios gubernamentales, ni tampoco se trata de que existen empresas ilegales al margen del mercado capitalista. Los capitalistas son los dueños de todas las diferentes empresas y el Estado está a su servicio y tiene el control de todo tipo de acciones de todo tipo de paramilitares y grupos ilegales.
 
No perdamos de vista que aunque el Estado y el capital hayan decidido estructurar de forma regionalizada sus mecanismos de operación, sigue teniendo corporativizada y controlada la red de mando y operación en su estrategia de despojo y guerra. El ejercito, la policía federal, sus instituciones de inteligencia política, su gendarmería, se mueven bajo mando único a nivel nacional y bajo supervisión de estas están las policías estatales y municipales, lo mismo que todo tipo de grupos paramilitares y guardias blancas. No hay pues una fragmentación del poder y mercado mas que para efectos de funcionalidad practica, es decir sólo están parcelados. El Estado y el gran capital tiene el mando en la guerra contra todos para garantizar el despojo y la explotación de las personas y de la naturaleza. Así mismo tiene la necesidad de instrumentar una política de contrarreforma educativa para que los contenidos de la educación se ponga al servicio de los intereses capitalistas, el conocimiento que requieren para explotar, pero también el que les permite justificar la destrucción de la naturaleza.
 
Por eso no olvidemos que entre los años del 2004 y 2006 el Estado ensayo una escalada mayor en la estrategia de contrainsurgencia. Guadalajara, Atenco y Oaxaca, fueron objeto de la represión al estilo guerra sucia, es decir, empleando todo tipo de medios y formas de la guerra de baja intensidad. En esto han estado involucrados gobiernos priistas, panistas y perredistas por igual
 
Atención, muchos miembros de estos partidos ahora están en los nuevos partidos, para que nadie se engañe, lo mismo que han aceptado gobernar con las políticas que emanaron del pacto de Chapultepec que formaron los grandes capitalistas de México en el año 2000. Por lo demás, no podemos aceptar que desde el momento en que se convierten en políticos profesionales y participan del sistema político, de gobierno, de partidos, del sistema electoral, quieran exentarse de la responsabilidad de lo que este sistema de partidos de Estado opera como estrategia de contrainsurgencia, alternando guerra con paz controlada, represión con democracia representativa. Por lo demás, se ha observado cómo la corrupción y la impunidad es operada por todos los políticos profesionales de todos los partidos, aunque se sacrifique a los de menor rango y se encubra a los de elite. No olvidemos que hasta el partido que mas insiste en autodenominarse democrático y limpio, está lleno de ex priistas que operaron durante decenios el sistema de corrupción y fraude en todo el país, así como muchas de las operaciones de control político.
. Los estados del norte sufrieron otro tanto de formas y modos de guerra de desterritorialización que tuvo como resultado que dejaran sus territorios de vida cientos de miles de familias, de modo que quedara el campo libre para retirritorializar de modo que puedan saquear el agua, el gas y los minerales de la tierra en toda la franja de estados colindantes con eeuu. Mientras que los estados del sur y sureste han sido objeto de guerra contra los pueblos y comunidades, principalmente contra quienes optaron por la autorganización  y la autogestión de sus gobiernos comunales y la autodefensa.
 
No olvidemos que en los últimos diez años se han privatizado decenas de playas en Jalisco y demás estados del occidente del país. Esto ha sido posible por la guerra de baja intensidad que se ha aplicado a los ejidos y comunidades indígenas, de modo que les ha costado asesinatos, secuestros y desplazamientos a comunidades enteras, para que los capitalistas saqueen los bosques, las aguas, los minerales, sin mayor resistencia.
 
Tampoco olvidemos que lo que hoy estamos viviendo viene de lejos, se conoció como guerra sucia en los años setenta y ochenta, se conoció como guerra de baja intensidad en los años noventa, y ahora se ha desplegado como una guerra total contra toda la humanidad (como bien la caracterizo el Sub Comandante Marcos, del ezln) y son el Estado de cada país quien la opera por mandato de los capitalistas, primeramente de las grandes trasnacionales que tienen la hegemonía del mercado en todo el planeta y han logrado subordinar a las burguesías en cada país.
 
A manera de colofón
 
Hay en la actualidad un debate que no es menor, sobre todo porque puede condicionar las formas de hacer política, que es lo que realmente puede determinar el horizonte político e histórico que se vaya prefigurando. Es el debate sobre la necesidad del Estado y la democracia representativa como sistema de gobierno o si son prescindibles en la construcción de nuevas instituciones de gobierno autónomo y de democracia directa, mediante asambleas en todos los niveles y ámbitos de la vida cotidiana social y política.
 
Esto tiene como contexto la emergencia de cada vez más sujetos que optan por practicas políticas al margen de los parámetros del sistema de relaciones políticas capitalistas, específicamente que rechazan la división entre dirigentes y ejecutantes/dirigidos. Pero también la posibilidad de que quienes están dispuestos a participar en el aparato del Estado estén queriendo reeditar el experimento de gobiernos progresistas que se ha estado dando en América del Sur.
 
En este debate se postula la critica a quienes quieren cambiar todo de una vez y en un momento o coyuntura especifica. Lo mismo se critica a quienes hacen política gradualista en la que una primera fase es democratizar el Estado. Cuando lo que está en discusión de fondo es, si se deja de reproducir o no las formas de hacer política donde es el Estado lo que está en el centro de la acción política. Otra cosa diferente es cuando se dice que hay que dejar de hacer política en la perspectiva de la democratización del Estado, a lo cual se revira diciendo que ello implica cambiar un sistema político por otro de una vez y en forma total.
 
Pensar desde la perspectiva en la que se alude a totalidades histórico sociales como articulaciones de elementos heterogéneos discontinuos y conflictivos, donde coexisten lógicas de movimiento múltiples y heterogéneas (Quijano, 2000), es pensar en una lógica conjuntista identitaria en la que cada elemento que constituye la “sociedad” tiene su propia temporalidad y ello implica que los procesos de cambio se deben a una articulación de elementos heterogéneos discontinuos y conflictivos donde los sujetos sociales que los generan se mueven en función de su identidad: Indígenas, mujeres, jóvenes, etc.
 
En una perspectiva diferente a la idea de totalidad, está la idea de la destotalización de Tichler cuando problematiza “que no puede haber una revolución radical, comunista, reproduciendo la escisión sujeto-objeto (en términos de partido/clase, vanguardia/masas, estado/sociedad)…una expresión de la forma burguesa de lo político”. Pero también está la idea de totalidad concreta (Zemelman, ) entendida como reconstrucción articulada de los diferentes ámbitos de lo histórico-social, lo político-económico, lo cultural-psicológico, etc. que es una perspectiva de totalidad concreta y de campos de realidad que son parte de lo real, donde la centralidad del hacer-pensante de los sujetos puede configurar la negación de la negación de que es objeto por el capital y el Estado; Tichler lo advierte así: ”el movimiento de negación desde abajo que surge del hacer y que se expresa en grietas es destotalizante. El hacer es visto como la negación del capital y esta negación es entendida en términos de destotalización  de las relaciones sociales…ya no se trata entonces de entender las luchas como un movimiento que lucha contra el capital para establecer una nueva totalidad…Por el contrario, se trata de una lucha contra la totalidad porque la totalidad no es una categoría neutra sino una categoría de dominación inseparable de la relación capitalista” (Tichler; 2013,161).
 
La perspectiva que tiene al sujeto social como centralidad y no al Estado, implica partir de las formas de hacer del sujeto concreta en y desde su cotidianidad, y de lo que se trata es de que a partir de lo prefigurativo de la práctica, es decir del ejercicio permanente de la forma de hacer, es como se puede dar el instituyente social que emana de las significaciones imaginarias sociales que se requieren para instalar una cultura diferente a la capitalista, por ejemplo.
 
En este sentido, dejar de reproducir las formas de hacer que reproducen las relaciones sociales capitalistas, teniendo como nudo duro la relación social de dominio, es lo que implica estar en condiciones de otras formas de hacer política, al margen y más allá de las forma de hacer política que reproduce la dominación: la división entre dirigentes y ejecutantes. Por eso no se trata de pensar desde la idea del todo y sus partes o de cambios graduales, sean continuos o discontinuos, pues se trata de la misma lógica racional, sino de hacer o dejar de hacer una forma que reproduce o no la dominación, desde el aquí y el ahora.