El marxismo y la cuestión campesina en Chaco

 

Juan M Barri[i]
CONICET- CIECS-UNC
 
 
Resumen
La presente ponencia trata acerca de la importancia crucial de la recuperación de marxismo para analizar la cuestión campesina en Chaco, ante el avance sostenido de la producción agrícola capitalista y la compulsión emparejadora del capital (Bartra, 2006). En este sentido hay dos decisiones metodológicas que consideramos cruciales en la actual coyuntura: una relativa a la crítica a realizar a las perspectivas celebratorias (Arias, 2006) de las “nuevas ruralidades” y otra la crítica a los usos cristalizadores que desde algunos enfoques marxistas abordan la cuestión campesina. Hoy, al igual que ayer, la importancia de comprender la lógica dialéctica de los procesos sociales parece ser una de las claves en la aplicación del enfoque materialista histórico al estudio de los procesos socio-históricos, y en particular al análisis de la expansión de las relaciones capitalistas. La fidelidad de los diagnósticos ayudará a tomar decisiones urgentes en una coyuntura altamente preocupante para las poblaciones campesinas e indígenas que habitan el monte chaqueño y que se ven amenazadas por el avance del capital agrícola.
 
 
Introducción
Esta ponencia tiene entre sus objetivos el de explicitar algunos de los presupuestos epistemológicos elementales de los estudios histórico críticos aplicado a análisis de la cuestión agraria. Al identificarnos como marxistas en el estudio de la problemática campesina en Chaco estamos asumiendo la primacía ontológica y epistémica de las condiciones materiales de producción, punto de partida para el conocimiento de las determinaciones concretas. Cuando señalamos la primacía de la dimensión objetiva de la realidad, su materialidad, estamos haciendo referencia a la materialidad efectiva de las relaciones sociales y del carácter histórico de las mismas. Con ello no estamos indicando más que el hecho de que suscribimos a la tradición que sostiene la primacía en última instancia de la estructura económica. La estructura específica de historicidad (Harnecker, 2007) que fue objeto de nuestra investigación doctoral – y en la que se basa este artículo- es el modo de producción capitalista, en particular el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales de producción en la agricultura chaqueña. Desde nuestra óptica es necesario pensar la obra de Marx como un instrumento teórico a partir del cual se abre la posibilidad de interpretar el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción en distintas coyunturas históricas, y hacer del materialismo histórico una ciencia en desarrollo. A partir de la utilización de esta herramienta al análisis de la cuestión agraria en Chaco fortalecimos nuestra convicción de que las herramientas presentes en la obra de Marx son indispensables para arrimarnos a una comprensión acabada del desarrollo de la estructura productiva agrícola y de la situación del campesinado en particular.
Para poder arribar a una utilización acertada del materialismo histórico consideramos necesario atender a las observaciones que realizara Marx (2006) sobre el método en la economía política. Allí señala que al utilizar las herramientas analíticas que nos presenta la economía política crítica recuperamos categorías que aparecen como formas de representación de lo concreto. Las categorías en el materialismo histórico aparecen como una representación con un vínculo estrecho en relación a su referencia objetiva, por lo que existe una primacía de lo real sobre la representación, y en definitiva las representaciones reflejan lo concreto en tanto y en cuanto describen las dinámicas de esas condiciones materiales. Si lo concreto es el resultado de múltiples determinaciones, el marxismo plantea que debemos partir de lo concreto y que el papel del conocimiento es producir y entender las múltiples determinaciones, es decir, sintetizar. El conocimiento aparece como el resultado de entender lo concreto existente. Se trata de reproducir lo concreto en sus múltiples determinaciones: el pensamiento sintetiza estas relaciones y las categoriza a partir de lo concreto real. Lo concreto pensado es fruto del pensamiento, es la síntesis del conocimiento de un concreto real. Aún antes del conocimiento, el concreto real tiene una existencia independiente. El pensamiento no produce lo concreto, lo que produce es una síntesis, una categoría que da cuenta de las características singulares y variables de lo concreto.
Es necesario señalar que las categorías que componen esta perspectiva integral y dinámica, son abstracciones que sintetizan las determinaciones propias de una relación singular y específica en un momento histórico dado, por lo que existe un alcance espacio temporal de las categorías que no puede presumirse a priori. Es decir, así como no se pueden generalizar las categorías capitalistas para los modos de producción anteriores, el vínculo entre el concepto de valor y el de tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN) aparece como una constante histórica, más allá de que la relación se haya hecho visible a partir de la obra de Marx. Y este punto es importante a la hora de asumir un marco teórico, ya que nos obliga a no presuponer más de lo que es viable y recomendable en determinada coyuntura histórica, alejándonos de la tentación de esperar que la realidad responda a la lógica del modelo preconcebido.  
Hay que reconocer, además, que las categorías para el materialismo no aparecen como unidades aisladas, conceptos parciales que dan cuenta de una realidad fragmentada. Por el contrario, las categorías se someten al todo del cual se desprenden y este todo adquiere distintas formas materiales en cada período histórico. De allí la necesidad de comprender la relación existente entre las categorías históricas concretas y los distintos modos de producción. El origen y el vínculo histórico de las categorías dirige nuestra atención al trabajo de actualización constante, a través de la reflexión y la indagación sociológica (y sus síntesis conceptuales basados en lo concreto real) sobre las condiciones sociales e históricas en las que se desarrolla la vida social.
 
 
El modo de producción capitalista en la agricultura
Consideramos erróneo distinguir, como parece sugerir Harnecker (2007), entre un modo de producción en el sentido abstracto y un conjunto de formaciones económico sociales como lo concreto, formaciones que serían descriptas mediante “aplicación” al estudio de la realidad del modelo analítico. Entendemos que la relación epistemológica es más compleja y rica, tal cual lo demuestran los argumentos presentes en la Introducción General (2006) y analizados por Armando Bartra (1982). En esta línea coincidimos con lo planteado por Kaustky (2002: 6) cuando hace más de un siglo señalaba que…
 
“La teoría marxista del sistema de producción capitalista no consiste en reducir la evolución de este modo de producción a la fórmula “eliminación de la pequeña por la gran empresa”, de modo de que quien sepa esta fórmula de memoria tendría, por decir así, en el bolsillo la clave de la economía moderna. Si se quiere estudiar la cuestión agraria según el método de Marx, no hay que limitarse al problema de saber si la pequeña explotación tiene un porvenir en la agricultura, sino que, por el contrario, hay que ampliar el estudio de las transformaciones de la agricultura dentro del régimen de producción capitalista. Vale decir, averiguar cómo el capital se apodera de la agricultura, la transforma, destruye las viejas formas de producción y de propiedad y crea la necesidad de nuevas formas.”
 
Bartra (1982) cree que la distinción estructuralista entre los dos niveles señalados (el del modo de producción y el de las formaciones económico-sociales) tiene efectos directos sobre la investigación marxista en relación con la cuestión agraria. Y esto ocurre porque dejaría al problema agrario fuera de la teoría del modo de producción capitalista de producción y lo llevaría al nivel de las formaciones sociales, al plantear el carácter histórico específico de la producción agropecuaria. El desafío de investigación para los estructuralistas quedaría reducido a interpretar las formas en que se articulan los modos precapitalistas con el modo de producción capitalistas en una estructura de historicidad específica. El problema medular sobre el que quiere llamar la atención Bartra es que cuestiones como la renta de la tierra o la economía campesina dejarían de ser consustanciales al modo de producción capitalistas para transformarse en resabios de un pasado precapitalista. Coincidimos aquí con Bartra en que es necesario ubicar a la problemática campesina en el nivel del modo de producción capitalista.    
Lo planteado hasta aquí se apoya en una lectura de la Introducción General a la Crítica de la Economía Política, de 1857. Allí se encuentran, como señalamos en el apartado anterior, algunas de las claves para interpretar la teoría materialista de la historia y el aporte de Marx al campo del conocimiento. En esta obra se plantea la existencia de categorías universales y concretas al mismo tiempo, que son en resultado de un proceso de síntesis de un conjunto de determinaciones y relaciones históricas determinadas (concretas). Partiendo de allí Bartra (1982) ubica a la categoría de modo de producción entre estas categorías universales y concretas. Pero para que una categoría pueda ser considerada dentro de este conjunto deberá, desde su óptica, cumplir con los siguientes requisitos: contener todas las determinaciones necesarias para comprender el proceso de producción que domina una fase histórica, y que estas determinaciones se muestren en su articulación necesaria con una totalidad coherente. Vemos que la categoría de modo de producción cumple sobradamente ambos requisitos, en tanto es resultado de una síntesis de las múltiples determinaciones para comprender el proceso de reproducción socioeconómica que domina una fase histórica particular, y se presenta a su vez formando parte y dando sentido a un conjunto teórico que toma la forma de un sistema complejo, amplio y coherente.   
Al apelar Bartra (1982) a este principio de coherencia lógica interna y de exhaustividad, y sostener que el concepto de modo de producción cumple estos prerrequisitos que nos permiten ubicarlo en el plano de las categorías universales concretas, no dice que por su nivel de universalidad y su correspondencia con procesos y determinaciones concretas no sea necesario incluir dentro del sistema teórico las múltiples determinaciones concretas – generales o particulares- que se presentan en un período histórico determinado y en un contexto específico. Esto nos permite pasar, sin salir de la esfera del modo de producción, al nivel del estudio de las determinaciones concretas que en determinadas coordenadas espacio temporales habilitan a comprender las formas específicas de desarrollo de ese modo de producción. Es decir, por ejemplo, estudiar las formas efectivas de desarrollo del capitalismo en sus diferentes ciclos históricos y en las distintas maneras que adopta a nivel regional. Y esto es lo que intentamos hacer en nuestra tesis doctoral (Barri, 2011): estudiar la cuestión campesina en Chaco a partir del estudio del desarrollo del capitalismo en al agro.    
Bartra (1982) plantea que la riqueza de las determinaciones es potencialmente ilimitada, y que en las teorías específicas sobre el desarrollo del capitalismo en determinadas coyunturas históricas y geográficas no nos vemos obligados a hacer corresponder esos procesos estudiados con las leyes generales, sino que se puede incorporar nuevos elementos siempre y cuando se respete el carácter sintético y la coherencia lógica de las categorías con el sistema teórico en su conjunto. Más allá de reconocer a Bartra este mérito, y de señalar que eso tampoco excluye la posibilidad de que se reproduzcan ciclos que respondan a determinaciones ya contenidas en la obra de Marx, lo que buscamos en nuestra tesis doctoral es más modesto: lejos de ampliar el horizonte de la teoría marxista en relación con la cuestión agraria sólo intentamos mostrar su eficacia y fertilidad teórica a la hora de interpretar la cuestión campesina en el agro chaqueño. Se trata de comprender el sentido integral de la síntesis conceptual planteada en El Capital, y partir de allí asumir el desafío de interpretar las complejas interrelaciones estructurales y determinaciones concretas que adquieren formas específicas en un momento histórico determinado y en una región en particular. En este sentido existe una solución de continuidad en la interpretación del modo de producción capitalistas y el estudio de lo que Harnecker (2007) llamó estructuras específicas de historicidad. El abordaje de estas estructuras específicas no representa bajar de una especie de orden ideal a la “caverna” de la materia sino, por el contrario, ampliar y volver más concreto, esto es situado, el horizonte explicativo de la teoría marxista de la historia. Aunque sin duda, y como bien señala Bartra (1982), este estudio de las formas particulares y específicas de manifestación del capitalismo en el marco del análisis de su desarrollo será menos universal que la exposición hecha por Marx en El Capital, al contener un carácter más limitado de determinaciones explicitadas.
Volviendo sobre la cuestión agraria, y a partir de esta interpretación dialéctica de lo universal y lo particular, podemos señalar que para Bartra (1982) la construcción de una teoría marxista sobre la cuestión campesina y la problemática agraria en el capitalismo, debería fundarse en: a. hacer explícita la condición de posibilidad universal de la economía campesina como una determinación de la reproducción del modo de producción capitalista. b. analizar la existencia particular de las economías campesinas en las diferentes coyunturas históricas y geográficas. c. defender la existencia de una continuidad teórica entre uno y otro nivel (el de las determinaciones generales del modo de producción y el de las formas particulares de desarrollo de esas y otras determinaciones). Esto significa que las formas particulares de existencia de las unidades campesinas en el marco de expansión de las relaciones capitalistas tienen como fundamento la posibilidad de existencia universal de la condición campesina en la teoría del modo de producción capitalista, y en última instancia estas formas particulares son formas de manifestación concreta de aquello enunciado en la teoría general. Esto es lo que hemos intentamos hacer nuestra investigación de doctorado. Sin embargo, antes que sostener el carácter universal de la cuestión campesina como elemento consustancial al modo de producción capitalista y a su desarrollo en la agricultura, preferimos no definir a priori ni su ocaso ni su reproducción continua, sino evaluar las tendencias generales de desarrollo y su impacto sobre los productores campesinos.
           
El desarrollo del capitalismo y la cuestión campesina en Chaco
Lo que buscamos en esta ponencia es analizar la cuestión agraria en Chaco a partir de las herramientas analíticas que nos ofrece el materialismo histórico. Queremos reflexionar sobre el valor de este instrumental teórico del materialismo histórico para indagar en la cuestión campesina en Chaco, partiendo del estudio del desarrollo del capitalismo en el agro en esa provincia. Este último punto es fundamental para poder dar cuenta del modo en que construimos el objeto en nuestra investigación de doctorado. Allí la problemática campesina se analiza siempre en relación con los ciclos de desarrollo del capitalismo en la agricultura, no por un mero capricho teórico sino por la sencilla razón de que el período sobre el que focalizamos nuestra investigación es justamente el del surgimiento, expansión y consolidación de las relaciones capitalistas en el agro chaqueño. En esto seguimos la observación que hiciera Lenin (1960: 239) cuando al criticar a los populistas rusos, les recomendaba no olvidar el carácter burgués de las relaciones en las que entra el campesino en cuanto el modo de producción capitalista comienza a consolidarse. Además, inscribir a la cuestión campesina en el marco del desarrollo del capitalismo en el agro nos permite evitar ese tipo de deformación profesional de la que habla Eric Wolf (1999: 8), y que tienen que ver con el error de estudiar a las poblaciones campesinas con un respeto desmedido por la tradición, sin reconocer que tanto lo que se reproduce como lo que cambia debe ser explicado. De allí la necesidad de recuperar la lógica dialéctica de los procesos sociales.
Enfatizar en el análisis del desarrollo del capitalismo como forma de interpretar la problemática campesina no implica renunciar a dar cuenta de las formas particulares y diversas en que el capitalismo subsume o desplaza a la producción campesina en los distintos ciclos histórico-económicos. Hemos llegado a la conclusión, a partir de nuestros estudios empíricos, que a cada ciclo de desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales de producción corresponden formas diferenciales de integración subordinada de las unidades campesinas al mercado. Además, en regiones “marginales” -desde el punto de vista de su potencial agrícola original, esto es su fertilidad y ubicación- los cambios y transformaciones materiales en el agro están en vínculo estrecho con los ciclos de expansión del capital a escala nacional, dado que son regiones en relación de estrecha dependencia con el grado de desarrollo del capitalismo a nivel nacional, y con los modelos de desarrollo que se imponen en este nivel.
Al referirnos a las distintas formas de subsunción y sometimiento de las unidades campesinas al capital hay que decir que es importante no limitarse sólo a estudiar las formas de inserción en el mercado de las economías campesinas, sino contemplar también la situación de la pequeña y mediana burguesía agraria. Por ejemplo, en el caso chaqueño es imposible hacer referencia al desarrollo de la agricultura, y con ello a la expansión económica y de capital agrario, sin referirse a un sector que tuvo una participación fundamental en la estructura productiva por más de medio siglo, y sin el cual es muy difícil pensar o hablar sobre la cuestión agraria en esta provincia del nordeste nacional. En tal sentido creemos que es bueno aclarar la posición que asumimos en nuestra investigación: cuando abordamos el estudio de la evolución de la pequeña y mediana burguesía agraria nos referimos a formas capitalistas de producción, aún cuando se pueda señalar que estas formas revisten caracteres particulares y diferenciales a los de la empresa típicamente capitalistas. A nuestro entender la participación del trabajo familiar en las tareas agrícolas, en aquellos casos en las que el consumo de mano de obra doméstica es menor al de la mano de obra ajena a la explotación, no limita de ningún modo la posibilidad de clasificar a estas unidades de baja composición orgánica del capital como unidades de producción capitalistas. Sólo se debe ubicarlas en el tiempo y en el espacio, y con ello en un momento determinado del desarrollo de las fuerzas productivas.
De la misma manera en que destacamos la importancia de estudiar las distintas clases que participan en la estructura productiva, creemos que es muy difícil entender el desarrollo del capitalismo agrario en Chaco sin dirigir la atención al momento de la circulación y la comercialización. Con esto queremos señalar que estamos convencidos de la importancia de estudiar las características que adquiere el gran capital en la agricultura, y al decir esto no nos referimos sólo a las explotaciones plenamente capitalistas, sino principalmente la capital comercial y financiero que opera en la agricultura adquiriendo, en determinadas coyunturas, un poder hegemónico con el que consigue, a partir de su posición monopólica u oligopólica, subordinar a los distintos actores del proceso productivo y ampliar el margen del excedente social que absorbe y con el cual consigue profundizar su expansión y concentración de capital.
           
¿Nuevas ruralidades en el agro chaqueño?
En este punto quisiéramos sentar posición en relación a una temática actual en la sociología rural, la problemática de las “nuevas ruralidades”, en la medida que consideramos debe ser analizada críticamente para no caer en posturas inocentes sobre los “nuevos” fenómenos emergentes. Muchos sociólogos trabajan sobre esta temática, entre los que podemos señalar a: Giarraca (2001 y 2004), Arias (2006), Neiman y Craviotti (2006), Fradejas (2007), Kay (2007), Llambi y Pérez (2007) y Grajales Ventura y Concheiro Bórquez (2009). Consideramos que si bien es viable reconocer la existencia de procesos de transformaciones estructurales que dan lugar a procesos novedosos en el plano de la Agricultura Latinoamericana, habría que tomar distancia de aquellos paradigmas o construcciones teóricas que buscan celebrar (Arias, 2006) los efectos de la apertura neoliberal sobre las economías rurales latinoamericanas e invitan a reconstruir los marcos interpretativos con objeto de dar cuenta de estos “nuevos” fenómenos emergentes. Como plantea Kay (2007: 33), hay que reconocer que “…en cierto modo, la nueva ruralidad es el resultado del neoliberalismo y promover la pluriactividad sin cambiar el contexto es reproducir el neoliberalismo y con ello la explotación y el despojo campesino”. Contra el peligro que conlleva este “imperativo de la novedad”, trataremos fijar posición teórica y epistemológica sobre qué pensamos en relación a las nuevas ruralidades y cuál es el lugar del materialismo histórico ante estas transformaciones.
Queremos señalar que no negamos la existencia de nuevos fenómenos sociales en el agro latinoamericano, vinculados al desarrollo del capitalismo a escala global y regional. Pero en este caso nos interesa preguntarnos si es que, como se sostiene implícitamente en algunos de los enfoques de la “nueva ruralidad”, se agotaron los modelos clásicos o si en realidad se subestimó el potencial teórico y descriptivo de los mismos. Subestimación que implica, en ocasiones, hacer de los instrumentos teóricos, de los marcos interpretativos en tanto herramientas de análisis, un conjunto de resultados cuyo valor sólo se reduciría a su correspondencia con la realidad empírica referenciada. En particular, creemos que los estudios marxistas aplicados al agro siguen siendo una herramienta útil para pensar el desarrollo de la agricultura y la ruralidad, y un instrumento emancipatorio. En este sentido, coincidimos con Fradejas (2007) en la necesidad de realizar una crítica de aquellos enfoques posmodernos y reduccionistas que caracterizan a una parte de los estudios agrarios y rurales a partir de la reorganización capitalista neoliberal iniciada a comienzos de la década del ‘70. En la misma línea parece ir Arias (2006) al criticar la apresurada tendencia de algunas de las perspectivas, dentro del paradigma de la “nueva ruralidad”, a celebrar las transformaciones ocurridas en el agro en las últimas dos décadas. Creemos que es necesario poner entre paréntesis las consagraciones y adoptar una mirada crítica y rigurosa sobre el alcance de las transformaciones acaecidas en las últimas décadas en el medio rural.
Consideramos que habría que ser necio, o demasiado dogmático, para negar la existencia de profundas transformaciones en el agro latinoamericano, y en el caso chaqueño en particular. Estas transformaciones, visibles a través de la simple observación en terreno, han provocado mutaciones en la ruralidad chaqueña que tienen un impacto significativo tanto en el orden de las relaciones económicas, como en las relaciones sociales y en el plano cultural. En términos generales, podemos decir que en Chaco se ha producido una transformación sustancial del modelo productivo agrícola, que pasó de ser una estructura productiva basada en la pequeña producción algodonera (productores familiares capitalizados y campesinos) y en la extracción de plusvalía absoluta, a un modelo con altos niveles de concentración de capital y de la tierra en unidades productivas capitalistas, dedicadas mayoritariamente al monocultivo de soja, con un insignificante peso relativo de la producción familiar directa. Esta nueva estructura agrícola se caracteriza por significativos niveles de desarrollos tecnológicos aplicados a la producción, y por la drástica reducción de la utilización de mano de obra en las labores agrícolas, que estos avances técnicos traen aparejados.
Lo que nos interesa reflexionar aquí, no es tanto focalizar sobre los paradigmas erróneos o espontáneos acerca de la nueva ruralidad, sino analizar si la sola presencia de este nuevo escenario rural, en pleno proceso de desarrollo, habilita el abandono de los paradigmas clásicos de la sociología rural o si, por el contrario, es necesario recuperar el arsenal teórico instrumental de estos modelos para pensar y comprender estas nuevas ruralidades. Cómo se expresa arriba, creemos que existen razones suficientes para no abandonar a los clásicos, y en particular profundizar en el uso del materialismo histórico en los estudios sobre el agro y la ruralidad. Más aún creemos que los nuevos fenómenos desarrollados en el agro chaqueño pueden ser descriptos claramente a partir del uso de las categorías de la economía política crítica del materialismo histórico, que en tanto teoría dialéctica, piensa a los procesos históricos a partir de sus contradicciones vinculantes y su transformación. Recuperando el vínculo entre la categoría y el o los fenómenos que describe, creemos que de lo que se trata es de hacer un uso crítico del instrumento y no tomar a los estudios históricos como un conjunto de resultados fijos. Volvemos a coincidir con Fradejas (2007: 2) en la necesidad de prestar una mirada crítica a la tendencia de algunos enfoques de la nueva ruralidad que analizan ciertos fenómenos que son el resultado de transformaciones estructurales del capitalismo, como si fuesen temas en sí mismos, en lugar de buscar “explicaciones de mayor complejidad y sustento histórico de las condiciones y dinámicas agrarias”. Por ejemplo, podemos tomar una categoría muy utilizada en la sociología rural, la de pluriactividad, que si se utiliza ingenuamente o de manera acrítica puede llevar a errores, como el que señala Kay (2007: 34), de no tener en cuenta que…
 
“Para los campesinos ricos la pluriactividad es una oportunidad para la acumulación de capital y para su ascenso económico y social. Debido a que son una minoría y a la luz de una gran desigualdad en la distribución de la tierra, esta oportunidad de acumular capital es insuficiente para generar un proceso de desarrollo capitalista en el agro desde abajo.”
 
El nuestra tesis (Barri, 2011) explicitamos cuáles fueron las transformaciones estructurales en el orden económico mundial que dieron lugar a la reestructuración de las relaciones capitalistas a nivel nacional y cómo éstas impactaron sobre la economía chaqueña y en particular sobre los productores agrícolas. Aquí sólo señalaremos que rechazamos cualquier propuesta de celebración de los cambios ocurridos en el agro chaqueño, que aparecen como resultado de cambios macro-estructurales a nivel global en el marco del proyecto globalizador neoliberal (Arias 2006), que impactan significativamente en la producción local y que no representan meros cambios cualitativos sino que reflejan el resultado de una batalla evidentemente desigual entre actores productivos de distinta escala, entre distintos sectores de la cadena de valor, e incluso con actores de sectores extra-productivos, fundamentalmente capital especulativo. Más aún si esta exaltación del presente se traduce en políticas públicas que no hacen más que reforzar las desigualdades, ya sea a través de las políticas de financiación de la expansión capitalista en el agro o a través de las múltiples formas de subsidios paliativos a pequeños productores que sólo permiten retrasar los efectos pauperizadores para este sector del nuevo orden agrícola nacional.
En síntesis, nuestra intención es criticar el presupuesto celebratorio de aquellos enfoques que miran los cambios en la estructura agrícola y rural como producto de un brote espontáneo de nuevas formas de producción y sociabilidad, desvinculadas del orden de las relaciones de producción y de la historia de desarrollo de las relaciones de capital. Nuestra intención es hacer no ya un ejercicio de disputa contra todo diagnóstico que resalte algún tipo de transformación, sino sencillamente un llamado a la precaución epistemológica de celebrar lo aparente, o mejor aún, de atribuirles una entidad excluyente a cambios que son resultado de procesos de transformación estructural que deben ser estudiados como resultados de luchas desiguales. Así, tal como lo plantea Arias (2006), una mirada acrítica de las transformaciones del espacio rural puede dar lugar a una especie de sociología espontánea (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1973), que encuentra en las corporaciones agrícolas y en los organismos multilaterales a sus principales promotores. El olvido de la dimensión estructural, y sobre todo de la dialéctica de los procesos de transformación, impide ver las relaciones vinculantes y desiguales que sitúan a los actores en el escenario productivo. Una vez más, apelamos a la recuperación de la teoría crítica, tanto en su dimensión de herramienta analítica como de instrumento para la praxis política.
 
 
Bibliografía:
Arias, Eliécer. “Reflexión Crítica de la Nueva Ruralidad en América Latina”. Revista ALASRU nº 3, 2006
Barri, Juan. La cuestión campesina en Chaco: consideraciones sobre el desarrollo del capitalismo en el agro chaqueño y su impacto sobre la producción campesina (1920-2010). Tesis doctoral inédita, Córdoba, 2011.
Bartra, Armando. La explotación del trabajo campesino por el capital. Editorial Macehual: Méjico, 1982
Bartra, Armando. “La renta de la vida: privatización de los códigos genéticos”. En: El capital en su laberinto: de la renta de la tierra a la renta de la vida. ITACA: México, 2006
Bourdieu, p., Chamboredon, j. y Passeron, J.. El Oficio de Sociólogo. Traducción de Fernando Hugo Azcurra. Siglo Veintiuno Editores: Buenos Aires, 1973
Fradejas, Alberto. Breve crítica de la triada teórica rural postmoderna-neoliberal”.En: I Jornada de Reflexión sobre Economías Campesinas, organizada por la Facultad de Agronomía de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala: 2007. Disponible en: http://www.congcoop.org.gt/design/content- upload/Breve%20critica%20teoria%20rural%20postmoderna%20ID%20-CENDOC.pdf
Giarraca, Norma. ¿Una nueva ruralidad en América Latina? CLACSO: Buenos Aires. 2001  
Giarraca, Norma. Ruralidades Latinoamericanas. Identidades y luchas sociales. CLACSO: Buenos Aires, 2004.
Grajales Ventura, Sergio y Concheiro Bórquez, Luciano. 2009. Nueva ruralidad y desarrollo territorial. Veredas: revista de pensamiento sociológico, nº 18. UAM: México, 2009
Harnecker, Marta. Los conceptos elementales del materialismo histórico. Siglo Veintiuno Editores: Méjico, 2007
Kautsky, Karl. La cuestión agraria. Traducción de Carlos Altamirano, Juan José Real y Delia García. Siglo Veintiuno Editores: Méjico, 2002
Kay, Cristóbal. “Algunas reflexiones sobre los estudios rurales en América Latina”. Iconos. Revista de ciencias Sociales. Nº 29. Quito. Disponible en: http://www.flacso.org.ec/docs/i29kay.pdf , 2007.
Llambi, Luís y Pérez, Edelmira. Nuevas ruralidades y viejos campesinos: agenda para una nueva ruralidad latinoamericana. Cuadernos de Desarrollo Rural. Universidad Javeriana. Bogota. Disponible en: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/117/11759002.pdf 2007.,
Lenin. Vladímir I. 1960. “El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907”. En: Obras Completas. Tomo XIII. Editorial Cartago. Buenos Aires.
Marx, Karl. Introducción general a la crítica de la economía política. Traducción de José Arico y Jorge Tula. Siglo Veintiuno Editores: Méjico, 2006
Neima, Guillermo y Craviotti, Clara. Entre el campo y la ciudad. Desafíos y estrategias de la pluriactividad en el agro. Ciccus: Buenos Aires, 2006
Wolf, Eric. Las luchas campesinas del siglo XX. Traducción de Roberto Reyes Mazzoni. Siglo Veintiuno Editores: Méjico, 1999.
 
 


[i] Doctor en Estudios Sociales Agrarios, Becario pos doctoral del CONICET, miembro del Centro de Investigaciones y Estudios Sobre Cultura y Sociedad (CIECS). Profesor Asistente de la cátedra de Sociología de la Escuela de Filosofía (Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba).