Fetichismo y cosificación en Sigmund Freud

 

Marilia Mello Pisani[1]
Universidad Federal do ABC
 
La verdad es que yo estaba enamorada de esas manos. (...)
A ellos, les rendí formal y ceremonioso culto.
(Leopold von Sacher-Masoch, Venus de las Pieles) [2]
 
La historia del concepto de fetichismo empieza en el siglo XVI, cuando los colonizadores portugueses entraron en contacto con los pueblos de África. Con el fetiche/ feitisso se llamó a la desconfianza en el apego, supuestamente arbitrario, que tenían esas personas a los objetos materiales cargados con el cuerpo, como amuletos. El fetiche se convierte en el fetichismo con Charles de Brosses, en siglo XVII, en su libro Du culte des dieux fétiches. En el siglo XIX, Marx traslada el concepto de la etnografía naciente contra el mundo civilizado moderno, originando el fetiche de la mercancía. En este mismo siglo, en la psicopatología, el fetichismo pasó a indicar el apego a los objetos como un medio de obtener placer sexual. En este texto, nuestro objetivo es entender hasta qué punto este nuevo récord teórico de la sexología se puede trabajar bajo una perspectiva crítica, como lo hizo Marx; o, más bien, ¿cuál es la relación entre el fetichismo clínico y el concepto cosificación propio a las teorías críticas.
Las primeras consideraciones del fetichismo, entendido como perversión sexual, aparecen en el contexto de la psiquiatría del siglo XIX: primero, con Charcot y Magnan, que publican, en 1882, L’inversion du sens génital et perversion sexualles; algunos años después, en 1886, Richard Von Krafft-Ebing publica la Psychopathia sexualis, que describe muchas perversiones diferentes, entre los cuales 53 casos de fetichismo, recogidos a través de informes clínicos. Algunos años más tarde, en 1888, Alfred Binet publicó Le fétichisme dans l'amour, donde propone vincular el fetiche con las experiencias de la infancia, así como un criterio cuantitativo para diferenciar el pequeño fetiche (normal) y el gran fetiche (anormal). Éstos son algunos de los casos clínicos descritos por Krafft-Ebing:
 
Caso 98. Una mujer informa que en su noche de boda y en la noche siguiente, su marido estaba satisfecho en darle sólo un beso y por pasar los dedos por la extensión de su cabello. Luego se quedó dormido. En la tercera noche llegó con una enorme peluca, muy larga, y le pidió a la mujer a vestirse. Una vez hecho esto, fue ampliamente compensada con sus deberes conyugales descuidados. En la mañana, mostró más una vez la profunda ternura mientras acariciaba la peluca. Cuando la señora X. quitó la peluca, de inmediato perdió todo atractivo para su marido. (...) El resultado de este matrimonio fue, después de cinco años, dos hijos y una colección de 72 pelucas. (Krafft-Ebing, 2001, p. 104)
 
Caso 99. X, 20 anos, homosexual. Sólo le gustaban los hombres con bigotes llenos. Un día conoció a un hombre que correspondía a su ideal. Lo invitó a su casa, pero le decepcionó cuando el visitante quitó el bigote artificial. Sólo cuando se vuelva a colocar el adorno en el labio superior, volvió a tirar de X, volviendo a la plena posesión de su virilidad. (Krafft-Ebing, 2001, p. 104)
 
Caso 121. 1881, un joven de 29 años fue detenido en las calles de París por tocar en los vestidos de seda. Afirmó que tiene una manía por en el tacto de la seda. Una mujer le atraía sólo cuando estaba con vestido de seda. (...) Para él, utilizar una enagua de seda en la hora de dormir es más satisfactorio que estar con una mujer hermosa. (op. cit., p. 128)
 
Entre los años 1909-1914, Freud desarrolla algunas reflexiones sobre los casos de veneración fetichista publicados en las Actas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Estos estudios marcan la primera contribución de la concepción freudiana, que es formada, en esto momento, por tres proposiciones importantes.
Al comentar sobre el caso de un hombre de 47 años, fetichista de Pies, Freud llega a un primer resultado: la relación entre el pene que falta y el significado simbólico de los pies. Es decir, la idea de que el fetiche ocupa el lugar de "símbolo sustitutivo del miembro que falta a la mujer." Dice Freud:
 
Este primero pene perdido de la madre juega un papel importante: y el fetiche de pies, en lo que hemos sido capaces de rastrear la represión de impulsos coprofílicos, también debe estar vinculado a una búsqueda y un redescubrimiento de este pene perdido de la madre. En el fetichismo del pie o zapato, el niño, de alguna manera, asigna a la madre su propio pene; el proyecta sobre el pene que él mismo posee. [3]
 
La segunda contribución importante del debate es, entonces, la relación entre el fetiche con la recalque (represión primaria). En La génesis del fetichismo [4], Freud introduce un nuevo elemento, que marca la diferencia de su enfoque en relación a la sexología de su tiempo: si para Binet la fuente del fetichismo sería una reminiscencia de una excitación sexual infantil, y para Krafft-Ebing una predisposición innata, Freud se refiere a la génesis del fetichismo en la represión de un impulso parcial:
 
El mecanismo de este caso es el siguiente: se trata de un impulso visual que conduce a mirar y a la satisfacción. Si la repressión del instinto interviene, lo que estaba en el centro de la cena surge de repente magnificado por la represión. A partir de entonces ya no quiere ver o que le recuerdan, pero, a su vez, el adora la ropa. Le encanta exactamente lo que anteriormente le impedía de ver: él se convierte en fetichista de ropa a través de la represión del placer de mirar.[5]
 
Un tercer elemento compone la imagen de la estructura fetichista: la relación entre la fantasía fetichista con la satisfacción imaginaria, que resulta de la represión secundaria de los impulsos polimorfos y indica la "naturaleza imaginaria del goce fetichista" [6].
El resultado de la interpretación de los casos clínicos lleva Freud a la conclusión de que él ha encontrado la solución del fetichismo en su forma patológica: en primer lugar, se debe experimentar una represión (segundaria) de la unidad por una autoridad externa, en la conformación de la sexualidad infantil polimorfa a la primacía fálica, que produce el miedo a la castración. Luego, con el abandono de la satisfacción, hay una "represión parcial" del deseo producido, que, dividido entre la aceptación de la renuncia impuesta por la realidad y la satisfacción de su deseo, experiencia la idealización de un fragmento del objeto reprimido.
El estudio de la génesis de lo fetichismo apunta para un mecanismo defensa muy específico, donde el representante pulsional se divide en dos partes: uno, sucumbe a la represión y, el resto, precisamente por esta conexión interna, experimenta la suerte de idealización y fetichiza el objeto. De modo que, el fetiche es un objeto mixto, un compromiso entre la represión y la idealización. Las discusiones de este periodo ya indican para lo que será la novedad de sus reflexiones posteriores.
En un nuevo contexto parece la segunda contribución importante de Freud, junto con sus reflexiones sobre el masoquismo, la fantasía y la perversión, resultando en dos textos importantes: El fetichismo, de 1927, y La división del yo y los procesos de defensa, de 1938. Ambos se ocupan de fetichismo como caso ejemplar de perversión e indican una dimensión estructural del fetichismo. La perversión, junto con la neurosis y la psicosis, es una manera de defenderse del miedo a la castración: en la neurosis el mecanismo de defensa que opera se ​​llama represión, la negación es en la psicosis y en la perversión es la de-negación, y es este último concepto que nos interesa llevar a cabo.
Freud empieza el texto de 1938 señalando el modo curioso como yo, aun joven, responde cuando sometido a una situación penosa particular. Un niño, de entre tres y cuatro años, que había sido "seducido" por una chica más grande, ve por primera vez los genitales femeninos. Poco después del contacto entre los dos se detuvo y continuó a estimularse sexualmente. Sin embargo, después de haber sido capturado por la criada, ella amenaza el niño diciéndole que contaría a su padre, que le castraría. Por tanto, se produjo un “tremendo susto”. Sin embargo, esta amenaza no ha hecho una gran impresión en el niño y él se negó a creer en la amenaza, a pesar de que la visión anterior de los órganos femeninos podría haberla convencido de esta posibilidad. A pesar del malestar que ‘la vista amenazadora’ le había causado, el mitigó el hecho por medio de la reflexión de que lo que estaba ausente de la niña había de crecer más tarde.
Pero las cosas no salieron tan tranquilas y, en el caso del niño, una superposición de una nueva amenaza a la visión del órgano sexual femenino revivió el recuerdo de esa percepción, considerada hasta ahora como inocua y que ahora parecía oscuro. Una posible manera de lidiar con el miedo causado por la amenaza de castración podría haber sido, después de una larga lucha interna, ceder a la amenaza y obedecer la prohibición. Sin embargo, en el caso del niño presentado por Freud, se encontró con otra salida”: “Él creó un sustituto para el pene que le faltaba en las mujeres - es decir, creó un fetiche. De este modo, es cierto, re-negó la realidad, pero guardó  su propio pene.”  [7]
Renegando o rechazando la idea de que la mujer había perdido su pene, él detuvo de temor a la pérdida de su propio y ha continuado con su masturbación. Para Freud la actitud de este chico nos impacta, porque se trata de un cierto "alejamiento de la realidad", algo que se encuentra en la psicosis, con una diferencia: "el niño no cuestionó sus percepciones alucinando la existencia del pene donde no había nada". Simplemente se trasladó el valor del pene a un otro lugar, otra parte del cuerpo de la niña o un objeto que se ha convertido en fetiche. No es, como señaló Safatle, un trastorno de identidad dissociativo, pero en una forma muy particular de suspensión del conflicto psíquico[8].
Por lo tanto, el fetichismo se caracteriza por una posición subjetiva marcada por la división entre dos corrientes psíquicas, que se quedan trabajando al mismo tiempo: una corriente que se adapte al deseo y una que se adapte a la realidad, o una actitud dividida en dos: "Yo sé muy bien, yo veo bien (que la madre es castrada), pero hacemos como si no fuera".
En estas condiciones, el Yo tiende a "desarrollar internalizando lo que podríamos llamar las estructuras duales de la organización, en la que las determinaciones contradictorias coexisten dentro de una instancia psíquica dividida" [9]. Esta situación apunta a una disociación entre la creencia y el conocimiento, o mejor dicho, "el encantamiento fetichista, en lugar de no querer saber, es el conocimiento impotente ante la creencia" [10]: yo sé muy bien, pero aún así…
Ahora que ya seguimos el paso de las categorías clínicas a los conceptos principales de la metapsicología freudiana, veremos qué consecuencias podemos extraer de estas consideraciones. El objetivo es transformar la clínica en el punto de partida para una crítica social, suponiendo fetichismo como una forma de patología de la razón. Esta idea fue desarrollada por Gilles Deleuze en su libro acerca del romance “Venus de las Pieles”, una novela de 1870 escrita por Sacher-Masoch, que cuenta la saga del héroe masoquista Severin, un fetichista por piel. Para Deleuze, Sacher-Masoch no estaba detrás de Freud en la sofisticación de estos fenómenos psíquicos. En sus escritos, los elementos literarios descritos por Freud "presentificam en el sufrimiento físico y moral de los golpes de látigo, las situaciones incómodas como la exposición a la privación de frío, el hambre o el sueño, además el riesgo de ser abandonados y traicionados se torna un ingrediente indispensable para el placer voluptuoso de Severin.
En la novela, que comienza con un sueño interrumpido durante la lectura de Hegel, el héroe se propone la doctrina de la suprasensualismo (Übersinnlich, supracarnal). Para entenderla, subraya la necesidad de abordar lo que sería esencial en el fetichismo, la denegación. Según Deleuze, por este medio se ve aparecer la doble dimensión del fetiche y su suspensión correspondiente dual: una parte del sujeto conoce la realidad, pero suspende el conocimiento; mientras que otra parte se deja suspendido en el Ideal.
 
Tal vez, se debe entender la negación como punto de partida para una operación que no es negar o destruir, pero sobre todo cuestionar las razones de lo que es, en afectar lo que es con una especie de suspensión capaz de neutralizar y abrir, además, para una nueva perspectiva, no determinado. (...) Esto no es negar el mundo o destruirlo, ni sólo idealizarlo: se trata de de-negarlo, dejándolo suspendido por la denegación para abrirse a un nuevo ideal, suspendido en la fantasía. (Deleuze, 2009, p. 32, 35)
 
La idea defendida por Deleuze (que articula internamente masoquismo y fetichismo) es que la racionalidad masoquista y fetichista es, esencialmente, idealizadora. Un masoquista-fetichista debe, en primer lugar, idealizar demasiado a su objeto, rayana en la idolatría; él debe asignar una superioridad que se traduce en el placer de la sumisión. La superioridad de la pareja se reforzará en la fantasía mediante la asignación de un fetiche, que funciona como una especie de prótesis sobrehumana y cuya operación psíquica se llama "negación de la castración”. En la novela hay un requisito contractual para que Wanda se cubra con una piel al azotarlo. La piel y el vestido es una condición sine qua non para la producción de la emoción: "puedo correr, pero no quieren; soportar todo lo que amenaza mi libertad" (Severin).
Así, si con Deleuze podemos entender la especificidad de la racionalidad y la lógica fetichista, precisamos también entender cómo el se constituye. Recordemos que en psicoanálisis el fetichismo es una perversión. Sin embargo, dentro de la crítica social, es necesario para escapar del sesgo moralista que lleva a la acusación de una persona fetichista. Dentro de la crítica social, la clínica debe conducir a revelar cómo las estructuras sociales permean la formación de esta subjetividad e marcan formas especificas de sufrimiento. O más bien: ¿qué clase de padecer es esta enfermedad y como él puede conducir a una acusación de una realidad insoportable?
Un primer problema para este tipo de preguntas es que el fetichista no sufre porque, al elegir el fetiche, él elimina una ruptura o división interna. Sin embargo, existe una dinámica de hostilidad contenida en el fetichismo que es necesario identificar. Para esto asumimos la perspectiva de juicio de valor no neutral del psicoanalista Robert Stoller, por lo cual podemos decir que hay en el fetichismo en una dinámica de la hostilidad y de la deshumanización, la que se dirige contra el sujeto.
 
El hecho de que el fetichista no hace daño a nadie no se debe confundir con el hecho de ocultar en su comportamiento, entre otras cosas, la dinámica de la hostilidad (...) los fetiches son sólo símbolos, historias, muy densas que indican su sentido pleno; ellos no envenenan, no causan duele, no estrangulan, no asfixian, no destruyen; sin embargo, están ocultos secuencias de comandos [roteiros] que representan actos de hostilidad. (Stoller, 1998, p. 31).
 
Desde una perspectiva clínica, el fetichismo es una respuesta / rechazo subjetivo a una realidad traumática, una humillación. Esta experiencia se revivida en la fantasía marca la excitación erótica en la vida adulta. Pero la fantasía que gira alrededor de la escena no es sólo individual, sino colectiva: en Freud, un evento traumático solo es reconocido como tal a posteriori, como memoria. Esta memoria de la violencia se encuentra en los símbolos de la fantasía fetichista, carrejadas de elementos de una memoria colectiva, como en los juegos de la servidumbre y la dominación, los símbolos históricos de sufrimiento no elaborados: el látigo, el corsé, los tacones de aguja, la tapa del soldado, la esclavitud, el bondage, la sumisión, las camareras sexy y niñas, pequeños pies de chienesas, las collares, las botas de caucho, cuero…
El elemento de repetición es esencial en la fantasía fetichista: la escena tiene que ser puesta en los mismos términos y respuesta, siguiendo las normas estrictas establecidas por un contrato. El fetichismo, como un dispositivo para tratar con el peligro, como un teatro, tenga en suspenso las contradicciones sin resolverlas; como una imagen fija, cosificada, y, como tal, contradictoria; contradicción suspendida, estupefacta.
Así, si el fetichista no sufre, si él puede ocultar de si la realidad angustiante, sin embargo hay que buscar los modos particulares de sufrimiento en el fetichismo en el lugar donde las construcciones imaginarias son frágiles y mutables. En el fetichismo parece que hay un intento desesperado para fijarse en un mundo en fragmentación y en estado de anomia, en medio a una realidad que se repite de modo performativo.
 
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Para terminar, debemos retomar el concepto de fetichismo para tentar ensayar una respuesta sobre la articulación entre la clínica e la crítica social: ¿el fetichismo clínico es una forma de cosificación? Para responder a esta pregunta debemos pensar la cosificación en la clave de Lukács, para quien la cosificación seria la marca de una racionalidad abstracta, cuantitativa, marcada por el principio de identidad, señalando el proceso de cosificación como inherente a la formación del sujeto en la modernidad y como una patología misma de la razón.
 
La alienación o, más exactamente la reificación de las actividades humanas, es tanto un hecho social como también un hecho interior contemporáneo específico de la formación de la vida interior y particular del sujeto. (Henry Lebvre, citado por Josej Gabel, 1991)
 
Podemos ensayar la hipótesis de que la razón fetichista es una variedad de lo que Josef Gabel llamó, en su libro A reificación: ensayo para una psicopatología del pensamiento dialéctico”, apoyándose en Lukács, de síndrome “cosificacional” o “reificacional”. Tomando como base lo que nosotros describimos hasta aquí sobre el sujeto fetichista, podemos decir que la razón fetichista es una forma de pensamiento reificado, pues a-hitorico y a-dialectico, que se manifiesta a través de la reducción de todo lo que es múltiple a lo uno, la identificación de toda diferencia a una identidad, de todo lo que es calidad sobre la cantidad y la reducción de los seres y las cosas a los números. Es una forma de racionalidad colonizadora, que apareció ante el primero "trauma" en el descubrimiento del Otro como diferencia, que problematiza la imagen una y la identidad propia, de si y de la civilización. Esta forma histórica de la racionalidad, sin embargo, trae una dialéctica interna bloqueada, que dificulta cualquier intento de definir el fetichismo a partir de una clave positiva o negativa.
Así, el comportamiento fetichista, designado por Freud como "debilidad en la aplicación del aparato sexual", como "acortamiento sexual de la tarea" o "trastorno de la función sexual", se refiere a una especie de "déficit económico" resultado de una inhibición de la sensibilidad en el cuerpo. Estos términos se refieren a la inscripción del cuerpo en la civilización, el cuerpo civilizado, moderno, y su deseo: "Desde el cuerpo a la obra de arte, de la arte a las ideas, hay toda una ascensión que se hace a la base de lo látigo [flagelación]” (Deleuze, op. cit, p. 24).
 
 
Bibliografia
Assoun, Paul-Laurent, Le fétichisme. Paris, PUF, 1994.
Binet, Alfred, Le fétichisme dans l’amour. Paris, Payot, 2001.
De Brosses, Charles, Du culte des dieus fetiches ou Parallèle de l’ancienne religion de l’Egypte avec La religion actuelle de Nigretie. Paris, Fayard, 1988.
Deleuze, Gilles, Deleuze em Sacher-Masosh: o frio e o cruel. Rio de Janeiro: Zahar, 2009.
Gabel, Joseph, La Réification: essais d’une psycopathologie de la pensee dialectique. Paris: Éditions Allia, 2009.
Krafft-Ebin, Richard Von, Psycopathia sexualis : as histórias de casos. São Paulo: Martins Fontes, 2000.
Freud, Sigmund, Escritos de psicologia do inconsciente. Trad. Luiz Alberto Hanns, volume III: 1923-1940, Rio de Janeiro, Imago, 2007.
____________, Três ensaios sobre a teoria da sexualidade. Rio de Janeiro, Imago, 1997.
Safatle, Vladimir, O fetichismo: colonizar o Outro. Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 2010.
Sacher-Masoch, Leopond Von, A Vênus das peles. São Paulo: Hedra, 2008.
Stoller, Robert J., Observando a imaginação erótica. Rio de Janeiro: Imago, 1998.


[1] Marilia Mello Pisani, profesora de filosofía en la Universidad Federal do ABC, São Paulo, Brasil. Las reflexiones que siguen son parte de una investigación más amplia realizada en el Laboratorio de filosofía, teoría social y el psicoanálisis (LATESFIP), en la USP (São Paulo, Brasil).
[2] “A verdade é que eu estava apaixonado por aquelas mãos. (...) A elas rendi formal e cerimonioso culto”(Sacher-Masoch, A Venus das peles, 2008).
[3] Freud, citado por Assoun, 1994, p. 70.
[4] El texto fue encontrado entre las notas y cartas de Otto Rank, con fecha de 24 de febrero de 1909, publicado solamente en 1988 en inglés y en 1989 en francés.
[5] Freud, citado por Assoun, op. cit., p. 428.
[6] Safatle, 2010, p. 54.
[7] Freud, 2007, p. 175.
[8] Safatle, 2010, p. 95.
[9] Safatle, op. cit.
[10] Safatle, op. cit..