Reconocimiento y Trabajo. Tensiones al interior de las recientes configuraciones de la Teoría Crítica

 

Leandro Paolicchi
 Universidad Nacional de Mar del Plata / CONICET
 
 
Resulta interesante observar las transformaciones que ha ido experimentando el trabajo como categoría fundante de la sociedad capitalista en las sucesivas generaciones de la teoría crítica. Como se sabe, al programa de los ’30 de la primera generación subyacía una concepción positiva del trabajo. Esta valoración, en verdad, estaba enmarcada en una concepción más amplia sobre la historia y su desarrollo evolutivo. Existían dos premisas teóricas que determinaban el marco conceptual de la filosofía de la historia en el que se desenvolvían conjuntamente las obras de Horkheimer, Marcuse y Adorno.
 
a) La racionalidad humana ha de entenderse como la facultad intelectual para el control de los objetos de la naturaleza. De esta manera, ellos estaban sujetos a la tradición de la filosofía de la conciencia que interpretaba la racionalidad humana como una relación cognoscitiva entre un sujeto y un objeto.
b) El desarrollo histórico es un proceso del desenvolvimiento de esa racionalidad, del control del hombre sobre los objetos de la naturaleza. La historia humana es el desarrollo del procesamiento social de la naturaleza.
 
En los ‘40 se produce, como es conocido, un cambio de orientación en toda la producción teórica de Horkheimer y Adorno. El trabajo seguía siendo una categoría fundamental, pero ya no se resaltaban las potencialidades emancipadoras acumuladas en el proceso de dominación de la naturaleza, sino los efectos devastadores que tienen los logros conceptuales presupuestos en la praxis del trabajo humano. Este cambio de una concepción positiva del trabajo a una negativa marca, como se sabe, una nueva fase en la historia de la Teoría Crítica, signada por una crítica de la razón, escéptica con respecto al progreso y en el que se ponía en duda el valor cognoscitivo de las ciencias sociales. El trabajo social yo no es una fuerza emancipatoria sino el germen del pensamiento objetivante. Horkheimer y Adorno utilizaban el concepto de racionalidad instrumental para referirse a ese tipo de pensamiento reificado que surge junto con el procesamiento humano de la naturaleza. Este concepto tenía la función de explicar el origen y la dinámica del proceso histórico de desintegración.
En Habermas, el trabajo tampoco es identificado como el lugar de la emancipación sino, más bien, como el depositario de la racionalidad que conduce a las sociedades administradas, es decir, la racionalidad instrumental (Honneth, 1986: 356). Mientras los hombres deban sobrevivir a través del trabajo y los medios que se lo facilitan no puede haber un sustituto para la técnica. Esta es la idea que Habermas defiende ya en “Trabajo e Interacción”, germen de lo que después será la acción comunicativa. Bajo esta distinción luego reinterpretará al marxismo y su concepto de praxis, donde trabajo estará referido a la acción racional con respecto a fines y la interacción social a la acción intersubjetiva de tipo comunicativo.
Una conclusión importante entonces del planteo habermasiano es que no debe identificarse la emancipación política con el progreso técnico, es decir, con el trabajo. La racionalidad técnica significa crecimiento de las fuerzas productivas y control tecnológico, la racionalidad en el plano de la interacción social la extensión de la comunicación libre de dominio.
En las recientes configuraciones de la Teoría Crítica, especialmente en la obra de Axel Honneth, el trabajo vuelve a ocupar un lugar central. Es una de las áreas de la sociedad capitalista en torno a la cual se desenvuelve una de las tres formas de reconocimiento que constituyen ontológicamente a este tipo de ordenamientos sociales. En efecto, el mundo del trabajo puede entenderse desde la perspectiva de Honneth como la institucionalización de la forma de reconocimiento llamada “valoración social” junto a la esfera privada y el estado constitucional que puede entendérselos como la institucionalización del “amor” y del “respeto” respectivamente.
Estas tres formas de reconocimiento no sólo sirven en Honneth como claves ontológicas para describir al mundo capitalista contemporáneo sino que deben dar lugar a alguna forma de crítica inmanente como es constitutivo también de la tradición de la teoría crítica. Pues bien, la crítica de Honneth tiene como objetivo la distinción, primero, entre un capitalismo de tipo neoliberal y uno de corte social-demócrata caracterizado este último por la existencia de un mercado regulado, considerables cantidades de gasto social así como otro tipo de acuerdos típicos del Estado de Bienestar. Como segundo paso en esta esquematización Honneth se encarga de señalar que las sociedades capitalistas neoliberales son perjudiciales para las formas de reconocimiento por él descritas. De allí que las formas de reconocimiento por él reconstruidas den lugar a una crítica interna de los órdenes capitalistas neoliberales. 
 
 
La discusión reconocimiento/distribución
 
La teoría del reconocimiento como clave para describir ontológicamente los órdenes de las sociedades contemporáneas y dar lugar a una crítica inmanente de ellas ha sido objeto de numerosas críticas. Una de las más conocidas de estas objeciones ha dado lugar a un intercambio con el propio Honneth y ha tomado la forma de una publicación importante (Fraser / Honneth, 2003). Nancy Fraser, quien ha sido la autora de estas críticas, ha señalado que la teoría de Honneth no da una respuesta específica a cómo deber ser entendidas las estructuras del capitalismo actual. Para Fraser, básicamente, en la teoría del reconocimiento no hay nada específico en las interacciones del mercado que las haga diferentes del resto de las interacciones reguladas por esquemas culturales de evaluación. 
En este sentido, uno de los objetos específicos de su crítica ha sido precisamente la concepción del trabajo en la teoría del reconocimiento. Para Honneth el mundo del trabajo, como se dijo, es uno de los ámbitos ontológicos de las sociedades contemporáneas estructuradas en torno a lo que se llamaba valoración social. Esta estima se ve exteriorizada, paradigmáticamente, en el tipo de ingreso que la persona recibe por el trabajo que realiza. Así, lo que regula este ámbito es lo que se ha llamado un principio de logro. Este principio regula el tipo de ingreso de acuerdo a la contribución social del trabajo del individuo.
Para Fraser sin embargo, en las sociedades contemporáneas el trabajo no aparece regulado por este principio. Más bien, son aquí fundamentales factores económicos como la oferta y la demanda de diferentes tipos de trabajo, los equilibrios de poder entre capital y trabajo, la determinación del salario mínimo, los costos de la productividad, etc., factores que no aparecen en primer plano en el planteo de Honneth. La teoría del reconocimiento, al permanecer ciega a este tipo de mecanismos recae en una especie de truncado culturalismo al creer que el ingreso por el trabajo hecho está determinado por esquemas culturales de evaluación relacionado con los logros individuales.
Como consecuencia de este falso punto de partida, la teoría del reconocimiento – y cualquier teoría social que intente una caracterización del trabajo en términos de esquemas culturales – falla en dar fundamento a una crítica de la sociedad actual. La crítica no solo del mundo del trabajo, sino también de la sociedad en general, no puede estar basada en el tipo de patrones culturales que determinan la valoración social del trabajo, sino en el tipo de procesos estructurales o sistémicos que configuran desde la base el mundo del trabajo.
Un punto a favor de Honneth puede traerse aquí a colación. Si bien no pueden excluirse los factores sistémicos que Fraser pone a consideración como elementos centrales del mundo laboral, tampoco pueden dejarse de lado los patrones culturales que determinan la estima social o la utilidad que se les otorga a diferentes actividades laborales. Las formas de reconocimiento ejercen en algún punto una influencia en la manera en que el mundo del trabajo se constituye en la actualidad o más bien en la forma en que es experimentado por los actores de este ámbito (Deranty, 2010). La tarea que queda por realizar aquí para una teoría del reconocimiento es demostrar el carácter fundante, si es que lo tiene, de la estima social como configurador no solo del ingreso que los individuos perciben por el trabajo que realizan sino también de las diversas manifestaciones que el trabajo adopta en la actualidad.
 
 
La valoración social y el mercado
 
Más allá de que pueda hablarse en Honneth de una forma de valoración social referida a habilidades o talentos específicos y que se evidenciaría en el hecho factico de tener trabajo (Schmidt am Busch, 2010: 264) en el contexto de la discusión con Fraser la estima social queda referida a otra instancia. En efecto, en la primera de las respuestas que Honneth da a Fraser la estima social está asociada a determinados logros que pueden tener un uso cuantificable para la sociedad. En este sentido, los individuos de la sociedad se estiman unos a otros en la medida de la utilidad de los logros o éxitos, fruto de su propio trabajo.  
Según el propio Honneth, esta forma de valoración social representa en las sociedades capitalistas una forma meritocratizada de las formas feudales o pre modernas del honor. De esta manera es posible hablar, como se lo ha hecho (Schmidt am Busch, 2010: 265 y ss.), de una estima meritocrática referida ya a los logros producto del trabajo y considerados útiles por la sociedad y no de una estima referida a los talentos y habilidades de los individuos.
Por lo demás, es esta última forma de estima social la que resulta problemática para los objetivos de una teoría crítica tal como la encarnada por la teoría del reconocimiento, es decir, para una crítica no ya de los regímenes capitalistas in toto sino de las formas neoliberales de estos. El punto de tensión se manifiesta cuando debe considerarse de qué manera en las sociedades capitalistas se determina el grado de utilidad del trabajo y su correspondiente nivel de ingreso. Desde un punto de vista capitalista se presentan básicamente dos alternativas: o son los mercados los que determinan el nivel de utilidad del trabajo y su correspondiente nivel de ingreso o son otras instancias las que se encargan de realizar esta tarea.
Tal como se viene viendo hasta aquí y en función de lo que se ha trazado como los objetivos de esta forma de teoría crítica, la utilidad social del trabajo y los niveles de ingresos que a estos correspondiere no pueden ser establecidos exclusivamente por el mercado. Recuérdese que la teoría del reconocimiento se presenta a sí misma como una crítica de los órdenes neoliberales en los cuales el mercado no está sometido a ningún tipo de restricción estatal y en donde no está dirigido en función de satisfacer o compensar los desórdenes que se producen en su desarrollo.
Sin embargo, Honneth no ha establecido en ninguna parte de esta discusión otro mecanismo que no sea el mercado como una forma de determinar la utilidad del trabajo. La manera como tiene Honneth de resolver esta aparente paradoja es mediante una salida que contempla al Estado como mecanismo de regulación del mercado y por lo tanto de establecimiento de la importancia de determinados trabajos. Es decir, no son los mercados liberados a su propia lógica los que cumplen esa función, sino aquellos regulados o bajo la égida de un Estado de Bienestar. Es el estado social el que debe controlar los mecanismos del mercado, pues de otra manera los sujetos no se otorgarían la estima correspondiente a la utilidad del trabajo que realizan.
De todas maneras, esta forma que tiene Honneth de resolver la paradoja referida al mercado (si bien regulado) como forma de atribución de estima social sigue pareciendo problemática. Primero porque justifica o legitima en los sujetos un tipo de comportamiento que es típico de los mercados neoliberales. En efecto, si la utilidad social y por lo tanto la estima social está evidenciada por el nivel de ingreso que los sujetos persiguen, se legitima un tipo de práctica en el cual los sujetos buscan el mayor ingreso posible para su actividad. Esto no representa en sí ningún inconveniente mientras se mantenga dentro de los esquemas legales establecidos por el estado. Sin embargo, lo que se observa a menudo es que la búsqueda de mayor provecho en las actividades comerciales lleva a menudo a entrar en conflicto con algunas de los derechos sociales establecidos por el estado de bienestar. Un ejemplo de ello puede encontrarse en las prácticas empresarias relacionadas con el trabajo en negro y por lo tanto falto de las correspondientes coberturas sociales. Es decir, lo que evidenciará una alta valoración social (un alto ingreso) está en conflicto con los derechos defendidos por el Estado de Bienestar (trabajo de ocho horas, remunerado en blanco, etc.)
Así mismo, la atribución de estima social a través de la utilidad social del trabajo y la remuneración percibida resulta problemática por sus efectos para el tipo de teoría crítica que se termina de configurar. Un primer punto podría mencionarse con respecto a la atribución de estima social a través del principio del logro individual. En este sentido, la teoría crítica termina siendo demasiado indulgente con un tipo de ideología típica del liberalismo individualista. La crítica queda reducida aquí a lo que Honneth llama las superimposiciones ideológicas o las distorsiones sobre el principio del logro individual.
A qué llama Honneth distorsiones sobre el principio del logro individual? Pues bien, cuando ciertas actividades necesarias para la sociedad no son consideradas trabajo o cuando no se estima a las actividades laborales en función de su contenido real. Un ejemplo del primer caso es para Honneth cuando no se considera trabajo las actividades de las mujeres en la casa. Un ejemplo del segundo es cuando se remunera más un trabajo realizado por un hombre que por una mujer.
Más allá de que no se puede minusvalorar los ejemplos traídos a colación por el propio Honneth, la teoría crítica encuadrada dentro de los marcos del estado social resulta muy reducida si se la compara, no ya con las más antiguas ambiciones de la primera generación, sino ya con los parámetros trazados por el giro lingüístico de Habermas. La centralidad del mercado, si bien controlado por regulaciones estatales, como forma de establecer la utilidad social del trabajo achica las posibilidades de una crítica de la ideología a márgenes muy reducidos comparados con las tradiciones anteriores de esta teoría social.
La crítica del trabajo en las sociedades contemporáneas por parte de la teoría del reconocimiento deja de lado no solo la dimensión sistémico institucional que ya había sido puesta de relieve por Habermas y que está en el centro de la discusión con Fraser. También se pierde la crítica del trabajo como encarnación de una racionalidad que en sí misma tiene efectos objetivantes o instrumentalizadores y que aparecía ya en el pensamiento de Adorno y Horkheimer y continúa con Habermas.
 
 
Conclusiones
 
En este trabajo entonces, se ha buscado trazar una mínima genealogía del concepto de trabajo a través de todas las generaciones de la escuela. Con ello se ha tratado de mostrar las transformaciones a las que está sometido este concepto. Junto con esto, también se ha procurado mostrar ciertos inconvenientes o restricciones en las que recae la reciente configuración del trabajo en la teoría del reconocimiento.
Las mencionadas restricciones parecen tener un origen en aquellas críticas señaladas oportunamente por Fraser. Si bien no debe pasarse por alto la importancia de las pretensiones de reconocimiento en el comportamiento de los actores del mercado es difícil concebir que este tipo de subsistema social pueda analizarse exclusivamente desde el punto de vista propuesto por Honneth. En este sentido, el desafío de la teoría del reconocimiento de demostrar que el mercado está configurado esencialmente como un orden de reconocimiento parece ser un umbral difícil de sortear.
Las teorías como las de Fraser, pero también como las de Habermas, siguen gozando de una ventaja al analizar las interacciones del mercado desde un punto de vista sistémico. Ellas permiten tener en cuenta primero a dichas interacciones como esencialmente estratégicas y además considerar factores estructurales como los mencionados al principio de este trabajo.
La ventaja de la que también gozaban ese tipo de planteos es que el espacio que quedaba configurado para el ejercicio de la crítica resultaba más amplio y realista, más si se lo compara con el que queda establecido dentro de los planteos de la teoría del reconocimiento. En este punto, la teoría social de Honneth parece retroceder por detrás de los planteos sistémicos anteriormente mencionados. Ello a priori parecería no plantear ningún tipo de problema. Sin embargo, como espero haya quedado el menos sucintamente mostrado, deja a la teoría crítica demasiado cercana a ideologías liberales centradas en la importancia del mercado.
 
Bibliografía
DERANTY, J. P., „Critique of political economy and contemporary critical theory: a defense of Honneth’s theory of recognition“ en SCHMIDT AM BUSCH, C. and ZURN, C., The Philosophy of Recognition. Historical and contemporary perspectives, Plymouth: Lexington Books, 2010, pp. 285-318.
FRASER, N., HONNETH, A., Umverteilung oder Annerkennung. Eine politisch-philosophische Kontroverse, Frankfurt a. M., Suhrkamp, 2003.
HABERMAS, J., „Arbeit und Interaktion“ en Id., Technik und Wissenschaft als „Ideologie“, Frankfurt a. M: Suhrkamp, 1968, pp. 9-47.
HONETH, A., Kampf um Anerkennung. Zur moralischen Grammatik sozialer Konflikte, Frankfurt a. M., Suhrkamp, 1992.
SCHMIDT AM BUSCH, C., „Can the goals of the Frankfurt School be achieved by a theory of recognition?“ en SCHMIDT AM BUSCH, C. and ZURN, C., The Philosophy of Recognition. Historical and contemporary perspectives, Plymouth: Lexington Books, 2010, pp. 257-284.