Max Horkheimer: el papel de la psicología en la explicación histórica del comportamiento humano

 

Gabriel Cori
Universidad Nacional de Rosario
 
 
Desde su fundación en 1923, el Instituto de Investigación Social, vinculado a la universidad de Franckfurt, tuvo una orientación marxista. Con la llegada de Max Horkheimer a la dirección del mismo en 1931, esta orientación no cambió substancialmente, pero el nuevo director le iba a imprimir su propio sello; en su conferencia inaugural en enero de 1931 dejó bien claro que los programas de investigación social que el Instituto emprendiera no sólo debían combinar “la construcción filosófica con la investigación empírica” sino también debían estar basados en un trabajo colectivo planificado guiado por un problema central que es “la conexión entre la vida económica de la sociedad, el desarrollo psíquico de los individuos, y los cambios en el ámbito de la cultura en el sentido más elemental”. (HORKHEIMIER, 1931) Ahora bien, si la filosofía social, como el mismo Horkheimer sostiene en dicho discurso inaugural, es una teoría materialista enriquecida por el trabajo empírico interdisciplinario, qué lugar ocupa la psicología en estas investigaciones colectivas. Sin lugar a dudas, la psicología social tenía reservado un lugar destacado dentro del proyecto pergeñado por Horkheimer ya que su tarea debía estar centrada en la comprensión de los modernos procesos de socialización signados por la escisión entre el individuo y la sociedad.
En su conocido artículo, Historia y psicología, aparecido en 1932, Horkheimer plantea que para integrar a la psicología dentro de una teoría de la historia[1] (HORKHEIMIER, 2008: 22) Esta desconfianza era enteramente justificable dado que la filosofía utilitarista, especialmente en su versión de la economía liberal, que “proclama el interés propio como la legítima raíz de la acción” (HORKHEIMIER, 2008: 158), todavía gozaba de cierta influencia sobre la psicología. En realidad, Horkheimer no desconoce el papel del interés privado en la motivación del comportamiento individual, pero advierte que este tipo de conducta se observa solamente en algunas etapas históricas y casi siempre se ajusta al comportamiento de las clases dominantes, que no pueden aprehender otros motivos que los egoístas en sentido estricto. Pero estas mismas clases dominantes, según Horkheimer, que en las modernas sociedades capitalistas exaltan el egoísmo y la utilidad material como base de su propia conducta humana, exigen a las masas un comportamiento  “desinteresado” y pleno de sacrificios al servicio del “bien común” (HORKHEIMIER, 2008: 159-160). En este sentido, y continuando con la línea de análisis de Horkheimer, la filosofía utilitarista es la responsable de proveer de los elementos necesarios de propaganda moral a las capas superiores de la burguesía para luego irradiarla a toda la sociedad. Esta propaganda moral, que es una verdadera ideología, intenta hacer ver que “la explotación y la capacidad de disponer a su arbitrio de hombres y de cosas no constituyen para” esta clase dominante “ningún placer, sino que deben aparecérsele como un servicio al todo, como una tarea social, como el cumplimento de un camino de vida prefijado, como algo por cuya virtud” esta misma clase dominante “se consagra a la sociedad y la afirma”. (HORKHEIMIER, 2008: 160) que esté a la altura de las exigencias de las ciencias sociales, esta primero debía saldar cuentas con el utilitarismo racionalista, que tanta desconfianza provocaba entre los historiadores.
Horkheimer está convencido que una manera de desnudar al utilitarismo y a la teoría económica liberal es descorrer el velo que cubre, con una apariencia de cientificidad, a esta ideología de la clase dominante; para ello pone en el centro de la discusión la importancia de reconocer tanto la historicidad de los fenómenos sociales como los condicionantes objetivos de la estructura social que obran sobre los individuos; en este sentido, cualquier análisis sobre la problemática del comportamiento individual debería incluir el marco de referencia epocal y la situación social de los individuos analizados. (HORKHEIMIER, 2008: 35) Por consiguiente, para Horkheimer, el tan mentado individualismo egoísta que los utilitaristas resaltan como distintivo propio de la modernidad, no tiene validez universal. Es más, en las sociedades actuales, es imposible encontrar a individuos “organizados psíquicamente de manera tan individualista” donde “todos los movimientos impulsivos originarios estén necesariamente referidos al placer directo que proporcionan las satisfacciones materiales”. (HORKHEIMIER, 2008: 36) Los ejemplos más palpables que señala Horkheimer, son las guerras y las revoluciones que a lo largo de la historia han provocado movimientos impulsivos no-egoístas donde la solidaridad entre quienes comparten las mismas experiencias les permitió soportar los padecimientos y la muerte.
En suma, la explicación de la conducta humana no puede quedar reducida a un hipotético individualismo egoísta cuyo único móvil sea la búsqueda de la utilidad material. La problemática es mucho más compleja, y para una comprensión cabal de la misma, es imprescindible distinguir las diversas exigencias que determinan el comportamiento de los hombres. Estas exigencias, según Horkheimer, provienen de las más variadas fuentes: pueden ser de orden físico, como aquellas indispensables para la autoconservación; otras tienen su origen en el “instinto sexual directo”; otras en movimientos impulsivos que terminan desatando “fuerzas agresivas”; otras en “necesidades de reconocimiento y afirmación de la propia persona” y otras en necesidades “de protección dentro de una colectividad”. (HORKHEIMIER, 2008: 36)
Para el Director del Instituto de Investigación Social, el aporte más significativo de la psicología moderna, que se inicia con Sigmund Freud, fue haber ayudado a diferenciar dos grandes grupos[2](HORKHEIMIER, 2008: 36-37) dentro de ese universo de exigencias que determinan la conducta humana: por un lado, aquellas que por su propia naturaleza son inaplazables, y provienen de las necesidades de la autoconservación, como el hambre, que requiere una satisfacción directa y constante, por el otro, las “que pueden aplazarse por mucho tiempo” y “son moldeables y admiten ser satisfechas por las fantasías”. (HORKHEIMER, 2008: 36-37)[3] Pero la ciencia no puede quedar reducida a una tarea meramente taxonómica; para Horkheimer es fundamental que ésta avance un poco más allá y haga un aporte al análisis de las conexiones entre ambos tipos de exigencias.
Según Horkheimer, la teoría marxista, que intentó explicar esta conexión a partir del principio del determinismo económico, no pudo dar una respuesta satisfactoria a esta cuestión. Desde esta perspectiva, por ejemplo, es muy difícil explicar el caso de la participación de los estratos inferiores en una guerra de la cual no pueden esperar ninguna mejora material. Una interpretación alternativa, que sea superadora a la explicación en términos exclusivamente económicos, es analizar cómo la cultura, a través de la educación, moldea la estructura psíquica del individuo.[4](HORKHEIMIER, 2008: 37) O, a la inversa, un trabajo satisfactorio que fomente la autoestima puede suplir con mayor facilidad las privaciones físicas, como el alimento.[5](HORKHEIMIER, 2008: 37) En suma, “si al hombre le está vedada esta compensación de una existencia material oprimente, cobra cada vez mayor importancia vital la posibilidad de identificarse, en la fantasía, con una unidad supraindividual que infunde respeto y logra éxitos”. De esta manera, se puede pensar la entrega ciega y desinteresada de muchos hombres pertenecientes a sectores oprimidos a Estados poderosos y fuertemente represivos como una compensación a un frustrado intento de alcanzar valores tan caros a la cultura capitalista moderna como el afán de obtener prestigio personal, de escalar posiciones y de gozar de una existencia segura. Esta frustración de clase muchas veces se compensa psíquicamente con la idea de pertenecer a una unidad colectiva superior, respetada y poderosa.
Si bien para Horkheimer la satisfacción de las necesidades psíquicas son de la misma intensidad que aquellas que son productos de los goces materiales, lo económico siempre “aparece como lo amplio y lo primario”, condicionando, de alguna manera, la vida anímica de los individuos.[6] (HORKHEIMIER, 2008: 37-38) No obstante, la conciencia moral de estos individuos, sometidos a los mismos determinantes materiales, productos de la división económica del trabajo, pueden variar en su contenido tanto de un individuo a otro como de una clase social a otra.
¿Cómo se puede entonces compatibilizar el determinismo económico con una explicación psicológica del comportamiento humano? Marx y Engels, que aceptaron la dialéctica hegeliana, aunque le dieron un sentido materialista, partían de que en todo “desarrollo histórico existen estructuras y tendencias supraindividuales y dinámicas”; pero en oposición a Hegel, rechazaron la idea de que estas estructuras y tendencias supraindividuales no son más que un poder espiritual independiente que opera en la historia. (HORKHEIMIER, 2008: 27) En este sentido, esta versión materialista de la historia puede considerarse tanto la continuación como la ruptura de la filosofía de Hegel. En efecto, Hegel concibe la historia de la humanidad como el despliegue y realización del poder de la idea en la realidad. En cambio, para Marx, la idea no se puede concebir como una construcción a priori, sino como producto de un pensamiento que se elabora en la misma praxis histórica, es decir, “como reflejo de la estructura dinámica de la historia”. (HORKHEIMIER, 2008: 28) Por lo tanto, el “pensar”, como los conceptos e ideas, son funciones del hombre y no un poder independiente. En la historia no hay un pensamiento que todo lo penetre y que brote de sí mismo, pues no hay espíritu independiente del hombre”. (HORKHEIMIER, 2008: 27) Es por ello que para Marx es imposible la comprensión de la historia a través de la concepción metafísica de Hegel; la única manera de llegar a dicha comprensión es mediante el conocimiento de la nexos reales de una determinada configuración histórica y de “la dialéctica en que entran las diversas fuerzas humanas, que crecen en lucha con la naturaleza, con las formas caducas de sociedad”. (HORKHEIMIER, 2008: 29) En el prefacio de la Contribución a la crítica de la economía política, Marxplantea que a través de una revisión crítica de los textos de filosofía política de Hegel llegó a la conclusión de que “tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado, no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de vida, cuyo conjunto resume Hegel (…) bajo el nombre de <sociedad civil>”. (MARX, 1986: 7) Desde esta perspectiva, la sociedad civil correspondería a la estructura económica de la sociedad donde se desarrollan la totalidad “de las relaciones interindividuales que están fuera o antes del Estado”. (BOBBIO, 1998: 11) Esta estructura económica o conjunto de relaciones de producción es “la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política…”, o lo que llamamos Estado. Por cierto, para Marx, “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general”. (MARX, 1986: 7)
Si bien la concepción económica de la historia le permite a Marx consumar el pasaje de la metafísica a la teoría científica, para Horkheimer ésta concepción deja abierta la puerta a una nueva metafísica dogmática al sustituir la explicación idealista de la historia por un esquema universal donde la oposición entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción es el verdadero motor del desarrollo histórico. (HORKHEIMIER, 2008: 30) En verdad, la teoría de la historia de Marx, según Horkheimer, no tiene nada de psicológica ya que los hombres, históricamente actuantes, no pueden ser comprendidos desde su interior sino solamente a través del conocimiento de las condiciones objetivas en las que viven. En este sentido, para Marx, son las categorías económicas y no las psicológicas las fundamentales para el conocimiento histórico. No obstante, por más que Horkheimer reconoce que la mayor deficiencia de la teoría económica marxista de la historia es el desconocimiento del papel de la psiquis humana en el comportamiento individual y social, él está convencido que la misma sigue siendo válida.
De todas maneras, es necesario aclarar que para Horkheimer la psicología por sí sola no puede aprehender la totalidad del proceso histórico; más bien, esta disciplina es una especie de ciencia auxiliar de la historia.(HORKHEIMER, 2008: 30) Y ello no va en detrimento de la psicología; todo lo contrario: es justamente este papel secundario en la investigación la que le permite salirse a ésta de la uniformidad de su tradicional objeto de estudio, que era ocuparse de manera atemporal del hombre en general[7], para adentrarse ahora en el análisis de “todas las fuerzas anímicas que pueden desplegarse en los individuos”, de “las tendencias que están en la base de sus obras manuales e intelectuales” y de “los factores psíquicos que enriquecen el proceso de la vida social e individual, como así también de las formas de constitución psíquica, relativamente estáticas, de los individuos, grupos, clases, razas, naciones –es decir, sus caracteres-, determinadas por la respectiva estructura del todo social”. (HORKHEIMER, 2008: 30)
Como se puede observar, la explicación económica de Marx del paso de un modo de producción a otro sigue siendo válida, siempre y cuando se la complemente con la comprensión de la iniciativa humana en este proceso.[8] Es a través de la cultura que el hombre libra su lucha con la naturaleza y “cada parte de esta cultura lleva en sí la marca de las relaciones (económicas) fundamentales”. Es por ello que a medida que la actividad económica de los hombres cambia, también cambia su conciencia. Cualquier explicación del desarrollo histórico debe comenzar, sin lugar a dudas, por “las necesidades vitales tal como fueron configuradas por las generaciones precedentes; pero las energías de los hombres –tanto las que apuntan a mantener las relaciones tal cual existen en la actualidad, como aquellas dirigidas a cambiarlas- tienen características que le son propias, las que han de ser investigadas por la psicología”.[9]
 
“En la medida en que no se haya reconocido todavía cómo los cambios estructurales de la vida económica se transforman en cambios de todas las exteriorizaciones de vida de los miembros de los diversos grupos de la sociedad por medio de su constitución psíquica tal como existe en un instante dado, la teoría de que estas exteriorizaciones dependen de aquellos cambios estructurales contiene elementos dogmáticos que perjudican en grado sumo su valor hipotético para la explicación del presente”. (HORKHEIMER, 2008: 31-32)
 
Según Horkheimer, la constitución psíquica de los individuos y de grupos sociales, actúan como mediadores entre el desarrollo económico y el cultural. Es posible que a cambios económicos radicales sigan cambios culturales del mismo tipo; pero también es posible que ocurra lo inverso, como en la actualidad, donde los hombres han dejado atrás relaciones sociales y económicas envejecidas pero no la han reemplazado por formas de organización más racionales. ¿A qué se debe que este desfasaje? ¿Por qué la conciencia social no acompaña el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas? La causa de ello reside, según Horkheimer, en el obrar de las clases sociales numéricamente más significativas, pero oprimidas, que “no está determinado por el conocimiento sino por una dinámica de impulsos que falsea su conciencia”. (HORKHEIMER, 2008: 32) Pero, según el mismo, no se puede reducir este problema a una cuestión meramente ideológica. Un análisis del comportamiento humano debe tener en cuenta los cambios que se producen en la estructura psíquica de los grupos sociales,  como así también de los miembros particulares de esos grupos, a medida que va variando el papel de los mismos en el proceso económico. Por consiguiente, la psicología tendrá que penetrar en estos factores psíquicos más profundos, por medio de los cuales la economía determina al hombre”; por lo tanto, el objetivo de la psicología, que no es otra cosa que una psicología de lo inconsciente, es descubrir las fuerzas irracionales que determinan coercitivamente al hombre.[10]
El éxito de los grupos sociales dominantes, que se benefician con una forma de organización social y económica ya obsoleta, depende de factores psicológicos. Un historiador debe saber reconocer en cada etapa histórica las fuerzas y disposiciones psíquicas de los miembros de los diversos grupos sociales, como así también el carácter y la capacidad de transformación de los mismos. Pero para Horkheimer, la psicología no debe convertirse en psicología de masas, sino en una psicología social centrada en la investigación de la psique individual. Según el mismo, no existe algo así como “un alma de las masas ni una conciencia de las masas. El concepto de masas, en sentido vulgar, parece haberse formado a partir de las concentraciones de seres humanos en procesos tumultuosos”.[11]
Es cierto que en algunos casos los individuos reunidos de manera circunstancial en masa tienen reacciones similares, pero la comprensión de las mismas solo es posible cuando se indaga la mutua influencia entre la psique de los miembros individuales que conforman los grupos y estos grupos como un todo. De esta manera, la psicología de masas es reemplazada por una psicología de grupos que tiene por objeto “la exploración de aquellos mecanismos impulsivos” (fuerzas irracionales) que son comunes a los miembros de los principales grupos sociales dentro del proceso productivo. (HORKHEIMER, 2008: 33) En efecto, la investigación psicológica tendrá que producir conocimiento que ayude a esclarecer hasta qué punto la función del individuo en el proceso productivo es determinante en la formación de su conciencia; es decir, la investigación tiene que estar dirigida a indagar cómo se crearon los “mecanismos psíquicos que, sobre la base de la situación económica, tienden a generar conflictos”. (HORKHEIMER, 2008: 33) Pero también podrá determinar “la capacidad de adaptación de los miembros de un grupo social a su situación económica”. (HORKHEIMER, 2008: 34) Efectivamente, los hombres tienden a “ver el mundo de modo tal que la satisfacción de los intereses, que resultan de la situación económica del propio grupo, se halle en armonía con la esencia de las cosas; y de ese modo el mundo mismo resulta fundado en una moral objetiva”. (HORKHEIMER, 2008: 33-35) A través de su aparato psíquico, los individuos buscan conocer el mundo, de tal modo que su obrar se corresponda con su deber. Esta preformación general del conocimiento del mundo se realiza antes de que ingresen en la conciencia empírica. La psicología debe explicar cómo se construye dicha preformación, que hace posible armonizar “la imagen del mundo con el obrar reclamado por la situación económica”. (HORKHEIMER, 2008: 35) 
Es cierto que en toda investigación hay que tener en cuenta el papel que cumplen las disposiciones psíquicas; pero también es necesario comprender cómo se originaron, cómo se reproducen y cómo se van adecuando al cambiante proceso social. Metodológicamente, esto sólo es posible solamente sobre la base del análisis de la experiencia de las personas individuales. (HORKHEIMER, 2008: 34) ¿De dónde toma Horkheimer esta concepción metodológica? Erich Fromm, en su libro El dogma de cristo, aparecido en 1931, es decir un año antes de la publicación de Historia y psicología, desarrolla detenidamente los presupuestos metodológicos que Horkheimer incorpora en sus investigaciones. Fromm reconoce que el mérito del psicoanálisis fue haber borrado la distinción entre psicología social y psicología individual. En Freud no encontramos una psicología individual del hombre aislado “como el hombre económico de la teoría económica clásica”. (FROMM, 1994: 5) No obstante, “Freud eliminó en lo fundamental la ilusión de una psicología social cuyo objeto fuese el grupo como tal (…) Antes bien, partió siempre del hecho de que todos los grupos están compuestos sólo por individuos, y que sólo el individuo como tal es el sujeto de propiedades psíquicas”. (FROMM, Eric, 1970: 174) La razón de que Freud partiera de los mecanismos psíquicos de los individuos para comprender los fenómenos psicológicos operativos en el grupo radica en que si se toma como unidad de análisis al grupo se hace más difícil conocer la estructura psíquica de cualquier miembro individual dentro de éste. En cambio, si se toma al individuo es posible conocer “todos los determinantes que han afectado” al mismo, “y de este modo se llega a una imagen completa hasta el máximo” de su estructura psíquica. (FROMM, 1994: 5)
Ahora bien ¿es posible borrar la distinción entre psicología social y psicología individual si se estudia al individuo y no a la sociedad? Según Fromm, “el psicoanálisis explica el desarrollo de los instintos en términos de las experiencias de vida de los años de la primera infancia”; durante estos años el niño apenas tiene contacto con la sociedad, siendo su ámbito de sociabilidad por excelencia la familia. Pero la familia no está aislada de la sociedad; todo lo contrario, está condicionada por la estructura social en la cual se halla arraigada. Según Fromm, “la familia es el medio con que la sociedad o la clase social ponen el sello de su estructura específica sobre el niño, y por consiguiente sobre el adulto. La familia es el agente psicológico de la sociedad. (FROMM, Eric, 1970: 175)[12] De esta manera, al incluir el psicoanálisis “presuposiciones” para que su “método resulte útil para las investigaciones en el terreno de la psicología social”, elimina todo conflicto entre éste y la sociología. (FROMM, Eric, 1970: 174)  
Pero la explicación psicoanalítica de la conciencia a partir del inconsciente tal como la concebía Fromm no era compartida en su totalidad por Horkheimer. Según Wolfgang Bonb, Fromm le otorgó “a las fuerzas libidinales una significación socio-constitutiva de signo positivo, y practicó por lo tanto la psicología social como teoría de la sociedad”. En cambio, para Horkheimer, el análisis psicológico-social no era más que una herramienta que le posibilitaba explicar por qué la acción de los grupos más numerosos de una sociedad no está determinada por la comprensión, sino por una motricidad pulsional de signo negativo que falsifica la conciencia. Cuando la acción de los hombres y los grupos sociales sea guiada por la conciencia, según Horkheimer, el historiador ya no necesitará de las explicaciones psicológicas. (WOLFGANG BONB, 2012: 83-84)   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
BOBBIO, N., Estado, gobierno y sociedad. Por una teoría general de la política, México: F.C.E., 1998.
BONB, W., “Teoría crítica e investigación social empírica. Notas sobre un caso ejemplar”, en FROMM, E., Obreros y empleados en vísperas del Tercer Reich. Un análisis psicológico-social, Argentina: F.C.E., 2012.
FROMM, E., “Método y función de una psicología social analítica”, en FROMM, E., La crisis del psicoanálisis, Argentina: Editorial Paidós, 1970.
-, El dogma de cristo, España: Editorial Paidós, 1994.
HORKHEIMER, M., “La Situación Actual de la Filosofía Social y las Tareas de un Instituto de Investigación Social”, en Horkheimer, M., Gesammelte Schriften, Herausgegeben von Alfred Schmidt und Guzelin Schmid Noerr, Band 3 (Schriften 1931-1936), Herausgegeben von Alfred Schmidt, S. Fischer, Frankfurt am Main, 1988. pp. 20-35. Traducción de Luis Iganacio García. (Inédita)
-, “Maquiavelo y la concepción psicológica de la historia”, en Horkheimer, M., Historia, metafísica y escepticismo, España: Editorial Altaya, 1998.
-, Teoría tradicional y teoría crítica, España: Editorial Paidós, 2000.
-, “Historia y psicología”, en Horkheimer, M., Teoría Crítica, Buenos Aires: Amorrortu editores, 2008.
-, “Egoísmo y movimiento liberador”, en Horkheimer, M., Teoría Crítica, Buenos Aires: Amorrortu editores, 2008.
-, “Autoridad y familia”, en Horkheimer, M., Teoría Crítica, Buenos Aires: Amorrortu editores, 2008.
MARX, K., “Contribución a la crítica de la economía política”, en MARX, K., Introducción a la crítica de la economía política, Buenos Aires: Editorial Anteo, 1986.
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


[1] Horkheimer reconoce que fue Dilthey quien tuvo el mérito de elevar “las relaciones entre psicología e historia al rango de discusión filosófica”. Para este historiador alemán era imprescindible construir una nueva psicología que supere los defectos de la psicología académica y para ello abogaba por una relación estrecha entre cada una de las ciencias del espíritu y la psicología. Según la perspectiva teórica del historiador alemán, es imposible lograr el conocimiento histórico si no se considera el contexto anímico donde se desenvuelve el mismo. Es por ello que la psicología, al actuar como ciencia auxiliar de la historia, permite el conocimiento del hombre. No obstante, para Horkheimer, la dificultad de la teoría de la historia de Dilthey reside en que éste concibe  “los sistemas culturales de una época” basados en “un contexto anímico unitario” que puede “ser comprendido en su totalidad. En cambio, para el Director del Instituto de Investigación Social, es imposible comprender la historia universal o un período de la misma a partir de la vida anímica unitaria de los individuos. (HORKHEIMER, 2008: 39-40).
[2] Erich Fromm, en su artículo Método y función de una psicología social analítica, publicado en 1932, el mismo año en que Horkheimer publica Historia y psicología,hace una caracterización pormenorizada de estos dos grupos de exigencias o instintos que él denomina “los del hambre y los del amor”. Según Fromm, fue Freud quien comenzó a suponer que los instintos de “autoconservación y los sexuales, servían como verdadera fuerza motriz de la vida psíquica del hombre”. (FROMM, 1970: 166-167)   
[3] Según Fromm, los instintitos de autoconservación “son más imperiosos” que los sexuales “porque si se los deja insatisfechos durante mucho tiempo, se produce la muerte. En cambio, estos últimos son postergables “y pueden ser modificados y adaptados a la realidad”. Asimismo, “los impulsos de autoconservación deben ser satisfechos por medios reales, concretos, en tanto los sexuales pueden satisfacerse a menudo con puras fantasías”. FROMM, 1970, 168-169.
[4] En el texto de 1937, Teoría tradicional y teoría crítica, Horkheimer planteaba que en el capitalismo tardío o monopolista la esfera de la cultura es cada vez más dependiente de la economía: “…lo económico determina a los hombres más inmediata y consecuentemente, y van desapareciendo la resistencia y sustancialidad relativas de las esferas de la cultura”. El desarrollo de las fuerzas productivas, que trastoca las condiciones sociales de existencia, permite la emergencia de una clase dominante no subordinada a la esfera de la cultura pero dependiente respecto de la economía y a los conceptos decisivos de la teoría asociada a ésta. (HORKHEIMER, 2000: 72-73)
[5] Este planteo de la intercambiabilidad de los instintos sexuales, es decir aquellos que se pueden satisfacerse a través de la fantasía, también lo encontramos en Fromm. Para el mismo, “si un impulso instintivo no es satisfecho, puede ser sustituido por otros cuya satisfacción sea posible por razones internas o externas. (FROMM, 1970: 169)
[6] Según Horkheimer, en el capitalismo tardío o monopolista la esfera de la cultura es cada vez más dependiente de lo económico. “…lo económico determina a los hombres más inmediata y conscientemente, y van desapareciendo la resistencia y sustancialidad relativas de la esfera de la cultura”. (…) “El dinamismo desbocado (…) rebaja a la mayoría de los individuos al rango de meros medios suyos”. (HORKHEIMER, 2000: 72)
[7] Horkheimer rechaza la idea de que las fuerzas anímicas deben ser, en esencia, las mismas en toda época histórica, como si fuesen producto de fuerzas naturales. En su texto de 1932, Maquiavelo y la concepción psicológica de la historia, le cuestiona al intelectual florentino de hacer “depender esa peculiar manera <de pensar y de sentir> tan sólo de factores naturales históricamente invariables, sin tener en cuenta las transformaciones sociales que tienen lugar en el transcurso de la historia”. El error de Maquiavelo de creer que los instintos y las pasiones son eternamente invariantes reside en su confianza dogmática en el poder explicativo de la psicología con elementos de la ciencia moderna, como la física. (HORKHEIMER, 1998: 38)
[8] Horkheimer considera que la economía debe analizar el marco general donde se desenvuelven las actividades vitales de los hombres, mientras que la psicología debe enfocarse en los elementos específicos que este proceso toma a raíz de la acción transformadora o conservadora de los hombres. Es por ello que la teoría económica puede explicar la dinámica histórica de modo determinista, pero siempre dejando abierta nuevas investigaciones que terminarán repercutiendo en la teoría económica. Entre estas investigaciones, sin lugar a dudas, las psicológicas tienen un lugar destacado. En definitiva, Horkheimer sostiene que el obrar histórico de hombres y grupos humanos está determinado por el proceso económico, pero no se puede entender las particularidades que toma este proceso si no se considera cómo estos hombres y grupos humanos reaccionan en un momento histórico determinado. (HORKHEIMER, 2008: 31). 
[9] Fromm en el citado texto de 1932 plantea que cuando Freud “descubrió que los instintos eran la fuerza motriz de la conducta humana, y en cuanto se vio que el inconsciente es la fuente de las ideologías y los esquemas de conducta del hombre”, los psicoanalistas comenzaron a “emplear las técnicas del psicoanálisis para descubrir las fuentes ocultas de las pautas de conducta evidentemente irracionales de la vida social, y descubrirlas en la religión, las costumbres, la política y la educación”. (FROMM, 1970: 171)
[10] Si la acción de los hombres no estuviera condicionada por las relaciones sociales dadas, sino que se guiara por el conocimiento, la historia no necesitaría recurrir a las explicaciones psicológicas. (HORKHEIMER, 2008:32)
[11] Para Horkheimer la relación entre caudillo-masa no es relevante sociológicamente; una investigación seria debería centrarse en la seguridad que le produce a los grupos sociales la estabilidad y en la creencia de que esta estabilidad depende “de la jerarquía dada y de los poderes sociales dominantes”. (HORKHEIMER, 2008: 33)
[12] Este interés por observar cómo los cambios que se operan en la familia, debido a las transformaciones sociales, terminan influyendo en el aparato psíquico del individuo, fue una preocupación en los primeros años del Instituto de Investigación Social bajo la égida de Max Horkheimer. Los estudios sobre Autoridad y Familia es una muestra de ello. (Véase HORKHEIMER, 2008)