Pensamiento crítico, subjetividad y política en la violencia del presente

 
Fernando Matamoros Ponce*
 
Aunque las realidades sociales se cosifican en millones de imágenes de la historia de los vencedores, reflejadas en el espejo del derecho positivo y su violencia, allí se encuentra también lo que interesa a la vida y da sentido al grito de historias personales violentadas por las lógicas del mercado; justamente, aquello que es catalogado como lo incierto en las verdades ontologizadas del conocimiento y la política. Como afirma John Berger (2013), “sin importar lo que traiga el futuro”, asumimos y escribimos la controversia y la crítica del mundo. No hay que olvidar, aunque somos amenazados y catalogados como los locos del mundo, sin razón y fuera del mundo, también recibimos alientos de víctimas de los “poderosos que provocan más y más tragedias evitables”. Así, aunque le tenemos miedo a la violencia y a la barbarie, insistimos en rescatar de la historia la facultad del hábitat de tradiciones de lucha contra la muerte; la naturaleza animal sufriendo ante el destino impuesto por los poderosos. Diría Nietzsche (1985), como bestias rumiantes que reaccionan a la ignominia del poder y la imposición, gritamos contra los conceptos construidos en la historia lineal y homogénea, historia fetichizada y vaciada de ideas sociales del sujeto histórico de la lucha de clases del pasado en el presente.
 
Realidad sublime y encantadora de bestias rumiantes
Con todas las dudas que surgen en nuestras preocupaciones sobre la dominación, la violencia y la barbarie contemporánea, insistimos en rescatar la facultad de la naturaleza, la naturaleza animal, la de una vaca. Diría Nietzsche (1985), bestias rumiantes que reaccionan al dolor. Gritan contra los conceptos construidos en una historia naturalizada como lineal y homogénea, y vaciada de ideas sociales de sus hombres y mujeres constituyendo la historia de la lucha de clases. Ya que el horror continúa en una línea de dolor y sufrimiento de millones de víctimas, seguimos preguntando ¿por qué nos re-volcamos en la soledad del pensamiento crítico, desvalorizado en las evaluaciones de la tecnología y ciencias exactas, estadísticas y verdades establecidas en las etnologías del encierro individualista y localista? ¿Cuál es el contenido valorativo de ese querer algo del individuo y comunidades, espacializado en lo visible y empírico del dolor y la dominación antropológica?
Ante estas cuestiones de la urgencia de la paciente-impaciencia, la espada amenazante del poderoso es brutal. Está comprobado, millones de víctimas en la historia siguen revolcándose en sus tumbas del mercado fetichizado. Y aun así, para pensar y actuar diferente, así como distinguirnos del ornamento de la masa (KRACAUER, 2008), debemos situarnos en las arquitecturas y constelaciones espaciales del origen de lo imposible (que será vigilado y controlado por “altozanos” de leyes y reglas metodológicas y epistemológicas del conocimiento).
Por lo tanto, preguntarnos sobre la génesis conceptual de la violencia en la ingenuidad del mundo establecido en el soy luego pienso y pensar y cuestionar de manera diferente lo establecido, aparentemente genuino y autorizado, nos cataloga como soñadores, utopistas y rebeldes que hay que curar con terapias intensivas, más sofisticadas que la represión militar: recomendaciones, cursos, formaciones y diplomados testificados con costos redituables en el mercado de las palabras. Si no lo logran, porque se insiste en el riesgo de afrontar lo mezquino del dolor y sufrimiento social, y tal vez el riesgo supremo contra la miseria del mundo y su violencia, esos científicos se levantan al unísono cuando acariciamos críticamente sus sinceridades afirmativas y positivas. Afirman que no tenemos método, que no lograremos nuestros objetivos, pues es demasiado ambicioso en el tiempo de la producción y afirmación de la verdad establecida.
Sin embargo, la realidad es más sublime y encantadora en la realidad misma. Sino, por qué surgen tantas y tantas imágenes barrocas y melancólicas contra este mundo. Esas realidades históricas de ilusiones, imaginaciones y utopías locales, regionales, nacionales e internacionales deben tener otra génesis propia. Se deben mover en otros ámbitos que los autorizados, ya que son racionalidades enriquecedoras de sueños y fantasías de la subjetividad del más allá, incluyendo aquellas de la metafísica. Pensar otro universo desde la naturaleza y la eternidad de los astros (BLANQUI, 2002), es repensar el origen dialéctico de los signos en las palabras, el lenguaje semiótico y la hermenéutica. No para constatar semióticamente la ciencia significativa de las palabras, sino para pensar justamente el origen metafísico de la experiencia comunitaria de los astros y químicas que los/nos componen en la tristeza del historicismo (contradicciones de perezas del corazón y la acedia en empatía con el vencedor, diría Walter Benjamin en su tesis VII Sobre el Concepto de la Historia). Que sería también sinónimo de cólera, enojo de vernos aplastados por el arsenal de conceptos incapaces de incorporar los fenómenos de la experiencia interior en las ideas. Nos referimos a caminos silenciados por los ruidos del mercado, escondidos por la verdad institucional de lo efímero y miserable de lo empírico del poder en la vida. Pero que, sin embargo, son partículas del sentido de tantas historias cuestionando el mundo, tantos corazones buscando las sensibilidades de tiempos perdidos en la oscuridad del pensamiento.
Aunque tumultuosos por las respuestas a la violencia, afirmamos que el asqueo de la duda, en el viaje investigativo, no es la hipótesis más difícil. Por el contrario, la paz que las constituye, finalmente con una violencia refinada, son digresiones constantes de racionalidades humanas que las sustentan, son las más genuinas y más sustanciales de la historia: poseen sueños de cambiar la realidad. Muchas de esas ideas de locura, próximas a la muerte que nos acompaña y abandonadas a la deriva por el miedo, son, por lo tanto, lugares de conocimiento, temporalidades intachables, casi enteramente vírgenes de conocimientos (NIETZSCHE, 1985: 58). Negadas y prohibidas por la execrable realidad, esas materialidades de sueños son fuerza de la ética y moral que aún queda en el mundo de corrupción y mentiras fetichizadas, pero existentes en los problemas fundamentales de las materialidades profundas de las cosas y subjetividades rebeldes. Las cosas toman la palabra sin nuestra autorización, y el sujeto de la vida deteriorada nos trasmite silenciosamente contraseñas para penetrar esferas imaginativas para sobrepasar el realismo de la vida.
 
Pensamiento crítico en las preguntas urgentes del presente
Una imagen hermosa de Proust (1999), rescatada por Benjamin (2000b: II, 152), es la de ese viejo niño, profundamente cansado, que se deja ir con los elixires de la naturaleza. No para beber su leche, sino para soñar con los palpitares de su corazón, afinando los arcos y flechas de la escritura —para enfrentar la fuerza del viejo Luzbel que sigue reproduciéndose con la guerra y la muerte. También el subcomandante Marcos recuerda esta imagen y la insistencia de los niños en el conocimiento de la mañana. “Cuentan estos antiguos que era el Yacoñooy un guerrero pequeño, pero valiente y audaz, que nada temía, por grande y poderoso que pareciera… Rió el sol, confiado en su poder y fortaleza, e ignoró al pequeño ser que, desde el suelo, lo retaba. Yacoñooy volvió a desafiarlo y así dijo: ‘No me espanta la fuerza de tu luz, tengo por arma el tiempo que en mi corazón madura’, y tensó su arco, apuntando la flecha al centro mismo del soberbio sol” (SUBCOMANDANTE MARCOS, 2003).
Si partimos de materialidades de preguntas, que nos despiertan con sobresaltos, afirmamos, primeramente, que hay vida y esperanza para ir más allá de la realidad constituida por ese sufrimiento. Sin embargo, al mismo tiempo, estas realidades concretas de angustia cosificada en la(s) historia(s) de los vencidos movilizan, dialécticamente, diversas materialidades concretas de la historia, constelaciones esenciales para la resistencia y rebeldía. El subcomandante Marcos insiste que no solamente en los pueblos errantes, mediados por la violencia, los niños y niñas crecen, y se van haciendo adultos, con la experiencia de sus comunidades. Lo que aprenden, en un primer indicio no son el odio y la venganza de su desesperanza. Por el contrario, esos infantes tienen lo más sublime de la vida, la esperanza y la dignidad que se pronuncia con los otros, nosotros, la naturaleza con la esperanza de la mañana reluciente y encantadora (Cf., SUBCOMANDANTE MARCOS, 2001).
También Bensaïd (1995; 1997), con una lenta, pero insaciable impaciencia y melancólica crítica del tiempo, como Proust (1999) en la Búsqueda del Tiempo Perdido, menciona cómo la apuesta melancólica de múltiples actores, en la discordancia del tiempo histórico de controversias del deseo y la esperanza, siguen presentes para pensar cómo cambiar el rumbo en la sociedad. Bensaïd (2003) demuestra que, a pesar de todo, a favor o contra el intempestivo Marx, pero finalmente con el Marx comunista, se reformulan teologías profanas: grandezas y aventuras críticas de la crítica; no para interpretar el mundo, sino para explicar y transformar el mundo capitalista y su violencia (Cf., MARX, “Tesis sobre Feuerbach”, 1981: 7-10).
Las experiencias de la política profana, en los aires de las temporalidades del antagonismo (BENSAÏD, 1999; 2008), son aquellas que se movilizaron en las contradicciones de la subjetividad. Las luchas re-surgen de cenizas históricas de los siglos pasados. Aquellas que se renuevan en las vivencias articuladoras de la lucha de clases y la creencia que existe un mundo mejor. Como subraya Eric, J. Hobsbawm, (2012), las diversas luchas de las revoluciones del siglo XX se actualizan en las diversas luchas de clases del siglo XXI: reformas y contrareformas; resistencias y rebeliones como artes y estética de la dialéctica profana. Benjamin (1997: 536-537) afirma: si queremos saber quiénes somos realmente en las profundidades de nuestro ser, debemos dejarnos llevar por el vértigo de la obscuridad de las calles y callejones, parecido al seno de una prostituta. En otras palabras, no debemos dejarnos ordenar por la mano del guía perfeccionado, pero tampoco dejarnos guiar por la soledad de las frustraciones acumuladas. La vía del análisis crítico, fiel a la memoria de la lucha, pensaba qué hacer, cómo hacer la revolución, cambiar el mundo insoportable de la tecnología y mercancía (MARCUSE, 2002).
 
Renovación de la política en la alegre melancolía revolucionaria
El sufrimiento, pero también como complemento del deseo que no puede ser entendido sin su concretización, se manifiesta en crisis sociales, políticas y psicológicas. Pero, no es actual solamente, viene de más lejos. De aquí la necesidad de investigar los orígenes de la emergencia de tantas manifestaciones del Malestar en la cultura (FREUD, 1970) —por no decir del infierno cotidiano—, que se hace cada vez evidente de manera escalofriante en los círculos cerrados del diagrama del mundo, donde nos encontramos atrapados o encerrados. Estas interrogantes y monólogos apresurados —poesías y visiones esquizofrénicas que buscan otro mundo— nos cuestionan sobre la vida dañada cotidianamente (ADORNO, 2004a), pero también nos apresuran a buscar alternativas de conocimiento para una praxis transformadora. Rescatamos esas vivencias de la locura para pensar teórica y prácticamente, para caminar las posibilidades contra este mundo de sufrimiento.
La rabia se hace evidente en las colas para encontrar una terapia a las visiones y alucinaciones patológicas de doble personalidad, desdobladas y fragmentadas en odios, amores y violencias antropológicas racistas, machismos, sexismos homofóbicos, anorexias y bulimias diversas (los psiquiatras tienen una lista inmensurable de enfermedades cruzadas de sociedad e individualidad). Al igual que las cárceles, según Marcuse, el individuo enfrenta cadenas impuestas por el súper-yo. Busca, inter-personalmente, “despojarse de sus zonas erógenas pregenitales (boca, cuerpo, piel, calor, olores…) porque éstas entran en conflicto, no solamente con un determinado estadio de civilización en sí, sino con un determinado y específico principio de realidad” (MARCUSE, 1986: 5).
En este contexto, muchos se suicidan dignamente[1]. Otros en la soledad de la clandestinidad mueren en el silencio del suicidio. Algunos buscan en las basuras algo para comer, sin excluir que su pensamiento está en el centro de los túneles obscuros de las tentaciones infernales del consumo de Cuernos de Chivo y Kalashnikovs. Por ejemplo, el mensaje de un jubilado que se suicidó en Grecia es determinante en estas críticas al mundo de hoy.
“El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión muy digna (…). Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego cogiera un kalashnikov, yo le apoyaría) (…), para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir. Creo que los jóvenes sin futuro cogerán algún día las armas y colgarán boca abajo a los traidores de este país en la plaza Syntagma, como los italianos hicieron con Mussollini en 1945”[2].
Para donde miremos millones producen pancartas, pintan grafitis y esténciles en los muros de la historia. Rápidamente, manchas de pintura las cubren, pero en ellas siguen presentes subjetividades multicolores de rebeldía universal contra la injusticia[3]. En todos los continentes, en medio de gases lacrimógenos y políticas de seguridad nacional y militarización, los gritos y negatividad al sistema enfrentan las racionalidades de la estructura del mercado y los beneficios. No hay duda, las crisis de personalidad perturbada y las esquizofrenias son racionalidades del poder de la prostitución del espectáculo del mercado. Para obtener un beneficio, el capitalismo no solamente se objetiva en productos materiales, como las materias primas. Así, le interesa el costo barato de la mercancía fuerza de trabajo, pero no solamente. Además del precio de la fuerza de trabajo, también le interesa rentabilizar todo lo que la naturaleza provee Los imaginarios y subjetividades de la cultura son transformadas en mercancías.
Entonces, si la robotización de la estructura constituye la estructuración estructurante de gustos para el consumo y consumibles, no es un azar la composición de movimientos sexuales, asexuados esculturalmente y ataviados por las temporalidades matemáticas de las encuestas y escenarios sociales y políticos. Dialécticamente, cuando miramos las temporalidades que componen los campos sociales y políticos, donde se mueven las cenefas contemporáneas, confirmamos que las acciones corporales en los escenarios de las pancartas y gritos de desesperación contienen también miradas de esperanzas, palabras y representaciones diversas que no están vacías. Esos comportamientos representativos muestran que la violencia y cultura son cuestiones antagónicas; su historia es sentido fecundo que inspira nuestro devenir y propósitos de comunidad.
Entonces, ¿qué interesaría rescatar de la historia en los movimientos de resistencia y rebeldía y qué les interesa a los profesionales de la política de la institucionalidad? ¿Qué encapsulan las direcciones culturales y políticas del conocimiento institucional de la historia y qué proyectan los reflectores de los medios de comunicación y artistas modelando en el mercado de la cultura para el mercado? Debemos dotarnos de materiales epistemológicos para observar, subrayar y destacar cómo las constelaciones históricas en las Palabras y las Cosas (FOUCAULT, 1966)develan antecedentes, orígenes sociales del sujeto en sus diferentes modalidades del objeto histórico de la violencia impuesta y manipulada en los nuevos paradigmas humanistas y justicieros de los nuevos movimientos de liberación.
Hay que subrayar que las contradicciones de los movimientos políticos, ecológicos y sociales, representados también en diversas formas estéticas y artísticas, contienen realidades; por cierto, disimuladas o aplastadas por la sociedad del espectáculo (DEBORD, 2002). Investigar las constelaciones en el sujeto expondría dinámicas de procesos sociales, contradicciones y antagonismos manifestados en las diferentes concurrencias mundiales de la economía neoliberal. Así, en los trazos de la tela paisajista de productividad “responsabilizada”, miramos que el ornamento de una masa detallada en figuras humanas y movimientos mecánicos de los hombres y mujeres se vuelve, ideológicamente, sentido y práctica común. Así, Kracauer menciona que los bailes y espectáculos de la modernidad establecen en su exterioridad esas formas de dominación.
“El ballet de épocas pasadas también proporcionaba ornamentos que se movían como un calidoscopio. Sin embargo, una vez anulado su sentido ritual, seguían siendo la figura plástica de la vida erótica que ésta producía a partir de sí misma y que determinaba sus rasgos. Por el contrario, el movimiento de girls [al igual que en los Tables Dance] se encuentra en el vacío, es un sistema de líneas que ya no tiene ningún sentido erótico, sino que en todo caso indica cuál es el lugar de lo erótico” (KRACAUER, 2008: 53).
En todos los casos de la virtualidad de imágenes unidimensionales (MARCUSE, 1968), podemos visualizar líneas del Capital sobre individuos fragmentados, separados de sus familias y medios de producción, dibujados en la violencia y aislamiento productivo de la realidad establecida en las geografías políticas del Capital (HARVEY, 2010) y mercado que los mercantiliza. Estas figuras materializadas en la vida cotidiana son imágenes trabajadas o instrumentalizadas por la administración y formas de gobiernos particularizados en las referencias históricas. Sin embargo, como todas las imágenes, contenidas en las palabras y concretizaciones de la vida cotidiana, éstas exceden lo real que ha sido disimulado en figuras mediáticas y propagandísticas de la globalización en el mundo de la comunicación dominante. Por debajo de ellas existe en resonancia su extremo, que ha sido invisibilizado. El Otro con sus particularidades de pobreza y explotación, dominados e indignados, relaciones de fuerza y producción, negación y negatividad re-aparecen en momentos insólitos de la dominación naturalizada y legitimada en la biopolítica gubernamental (FOUCAULT, 2004) de la violencia geográfica del Capital por desposesión (HARVEY, 2010).
 
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* Doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París (2001). Profesor investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (ICSyH-BUAP).
[1] Según el estudio realizado por la revista científica The Lancet, la recesión económica del 2008 está vinculada al aumento de suicidios en la Unión Europea debido al aumento del desempleo en un 35% entre 2007 y 2009. Grecia e Irlanda, presentaron una mayor tasa de suicidios: 17% y 13%, respectivamente. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los países de la UE con índices más altos de suicidios son: Lituania con una tasa de 34,1 por 100,000 habitantes; Hungría con 24,6 y Letonia, con 22,9, según datos de 2009. Portugal registra un promedio de 9,6, mientras que en Francia la tasa está en 16,3. En promedio hay casi 3,000 personas que ponen fin a su vida; de 20 personas que lo intentan una lo consigue (FORUMLIBERTAS.COM, 2012). Mientras tanto, en la ciudad de México, el suicidio es la tercera causa de muerte (después de los accidentes automovilísticos y homicidios), sobre todo entre la población juvenil. La presidenta de la Comisión de Salud de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), Maricela Contreras, precisó que, según cifras oficiales, en el DF hay entre 33 y 37 casos de suicidios al mes y que cerca de 7 millones de mexicanos han tenido ideas suicidas en los años recientes (GONZÁLEZ ALVARADO, 2012).
[2] Nota de Dimitris Christoulas, en http://blogs.publico.es/fueradelugar/2115/la-linea-griega.
[3] A pesar que los indicadores de Desarrollo Mundial 2012 del Banco Mundial señalan que la proporción de personas en pobreza extrema se redujo de 43.1% en 1990 a un 22.2% en 2008 (CNN EXPANSIÓN, 2012), en México, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), entre el 2006 y el 2010 la pobreza alimentaria pasó de 14.4 millones de personas a 28 millones. En 2010 la pobreza por ingresos era de 57.7 millones; pronosticándose que para el 2012 sería de 60 millones. “El número de mexicanos ocupados en la economía informal asciende a casi 14 millones; de ellos, 4.2 millones pertenecen a la población ocupada que no recibe ingresos; 6.4 millones perciben cuando mucho un salario mínimo, y otros 10.8 millones ganan entre uno y dos salarios mínimos” (MAYORAL JIMÉNEZ, 2012).