Roberto Schwarz, Adorno y la Experiencia Brasileña

 

João Roberto Maia[1]
Luis Alberto Alves[2]
Víctor Lemus[3]
 
 
Debo una nota de agradecimiento especial a Antonio Candido,
de cuyos libros y puntos de vista me he impregnado (…)
Mi trabajo sería igualmente impensable sin la tradición
 —contradictoria— formada por Lukács, Benjamin, Brecht y Adorno,
además de la inspiración de Marx. 
Roberto Schwarz
 
 
Roberto Schwarz es, sin duda alguna, uno de los más destacados críticos literarios brasileños de la actualidad. En el terreno del pensamiento dialéctico, sus análisis (junto a dos estudios clásicos de su maestro Antonio Candido que serán citados a lo largo de estas páginas) no tienen parangón en la reflexión estética en Brasil. Más aún: el reconocimiento internacional de su trabajo, inscrito de manera notoria en el campo intelectual de izquierda, puede ser medido por la caracterización que de él hizo Perry Anderson en un reciente artículo: “Roberto Schwarz es el mejor crítico dialéctico en cualquier lugar del mundo desde Adorno.” (ANDERSON , 2003: 42)
Este escritor y ensayista nació en Austria en 1938, y se trasladó a Brasil con sólo un año de edad, ya que sus padres, judíos austriacos, intelectuales de izquierda, tuvieron que emigrar cuando la Alemania nazista anexionó a Austria. En 1957 ingresó en el curso de Ciencias Sociales de la Universidad de São Paulo. Ya en la facultad, una experiencia decisiva en su formación fue el Seminario sobre El Capital, de Marx, que comenzó en 1958. Se trataba de una iniciativa de un grupo de jóvenes profesores oriundos de las Ciencias Sociales, de la Filosofía, de la Historia y de la Economía.
¿Cómo evaluar la originalidad de la crítica de Schwarz? ¿Son sus reflexiones un capítulo del marxismo occidental escrito de este lado del Atlántico, o sus ideas no caben en ese ámbito? Creemos que es necesario hacer un balance sobre la pertinencia de la tentativa de articular la producción de Schwarz a la de sus maestros europeos. A continuación, vamos a ensayar algunas posibles respuestas a esas indagaciones.
 
UN CAPÍTULO EN LA HISTORIA DEL MARXISMO OCCIDENTAL
En Consideraciones sobre el marxismo occidental (1979), Perry Anderson elabora un repertorio de los clásicos del marxismo durante el siglo XX. Al mismo tiempo, esboza un diagnóstico sobre las razones que llevaron a la izquierda, en escala mundial, a la derrota tras la debacle de 1968. De nuestra parte, no es ninguna concesión gratuita afirmar que el libro se inscribe dentro de los clásicos de la historiografía de izquierda de finales del siglo pasado. Beneficiándose de la distancia temporal, Anderson puede pensar el legado de autores tan complejos en tanto parte de un ciclo histórico en vías de conclusión. De esta forma, elabora un balance de las posiciones más importantes de autores como Lukács, Benjamin, Adorno, Sartre y Marcuse, entre otros (fallecidos o cercanos a la muerte), a la luz de la derrota de 1968. De cierta manera, la perspectiva del historiador inglés hace eco de la siguiente frase-síntesis de Sartre, quien en su Crítica de la razón dialéctica reservaba al marxismo una posición destacada entre las corrientes teóricas existentes “como la filosofía insuperable de nuestro tiempo.” (SARTRE, 2002: 14). Sin embargo, para Anderson la sofisticación que marcó al marxismo occidental pagó un alto precio: el distanciamiento de la praxis. Es necesario insistir que el libro es de 1979, por lo tanto, contemporáneo del enfriamiento de la lucha de clases y del giro conservador en escala mundial. Precede también, en una década, a la caída en bloque de los regímenes comunistas del Este. No hay duda de que esos eventos cruciales tienen un peso considerable sobre el punto de fuga del argumento de Anderson. En ese sentido, hay que destacar que su texto se revela bastante severo con los frankfurtianos, a pesar de que estos no hayan sido los únicos en optar por la trinchera de las ideas.
Además de eso, el término “occidente”, evocado en el título del libro de Anderson, no preveía hacer una referencia explícita a los latinoamericanos, a pesar de que nos consideremos partícipes de la civilización occidental. Es necesario resaltar, sin embargo, que esta observación no tiene el propósito de disminuir el destacado y merecido lugar que ocupa el libro, como ya lo hemos reconocido anteriormente. La no consideración del empeño de teóricos latinoamericanos —inclusive de no marxistas—, en el diagnóstico de Anderson, merece(ría) una reflexión aparte, pero la extensión y complejidad del asunto escapa a las posibilidades de este artículo. Aun así, será necesario tejer algunos comentarios, a pesar de breves, sobre la cuestión, a fin de aprehender mejor la originalidad crítica de Schwarz. 
Ao vencedor as batatas (libro que constituye el primer pronunciamiento articulado de Schwarz sobre Machado de Assis, escritor fundamental en la formación de la literatura brasileña), publicado en 1979, es rigurosamente contemporáneo de Consideraciones sobre el marxismo occidental, lo que justifica, de cierta forma, la comparación. La energía intelectual con que Schwarz analiza la obra machadiana da continuidad, de este lado del Atlántico, a la tradición de los maestros del marxismo occidental, inaugurando así un capítulo de la crítica dialéctica en Brasil. A diferencia de su colega inglés, Schwarz toma como objeto la obra literaria, movilizando lo mejor que han producido los maestros de la dialéctica (estudiados por Anderson en el libro anteriormente mencionado), para entender algunas tensiones contemporáneas que la obra de Machado cristaliza bajo el régimen de la forma literaria. Se trata de una lectura materialista inspirada en la síntesis que el joven Lukács, en El alma y las formas, ya había hecho, y según la cual el crítico es aquel que antevé el destino en las formas.
Antes de explicar cómo fue dado ese paso, sin embargo, es preciso indicar, aunque sea sumariamente, las dificultades que Schwarz tuvo que enfrentar a fin de proponer un camino hasta entonces inexistente en el mapa de la crítica de izquierda.
En Europa, la fuerte tradición universitaria y de institutos de investigación explica y justifica que, al menos en parte, teorizaciones sofisticadas puedan convivir con una intensa militancia de partidos y grupos de izquierda. Por lo que respecta al caso brasileño, el marxismo quedó bastante identificado y amarrado al Partido Comunista Brasileño, cuya autoridad sobre los grupos de izquierda prácticamente restringió y dificultó la reflexión independiente. En ese contexto, no es de extrañar que la contribución teórica más osada e innovadora en el ámbito de los sectores progresistas haya partido de intelectuales no necesariamente marxistas o, cuando mucho, simpatizantes o interlocutores que mantuvieron una prudente distancia con relación a las producciones que, en Brasil, se definían como netamente marxistas. Leandro Konder (1988) reflexionó a propósito del peso negativo que la exacerbada subordinación política a la finada URSS ejerció sobre las obras, limitando la aventura teórica y, por consecuencia, la obtención de resultados originales. Es en ese contexto que se debe entender por qué motivo académicos de izquierda, como ya fue dicho anteriormente, buscaron en pensadores no-marxistas la interlocución que no encontraban entre los que se decían propiamente marxistas. Celso Furtado, que integró el equipo que Raúl Prebish montó y dirigió en la CEPAL, es un ejemplo típico. Desde el punto de vista de su formación teórica como economista, Furtado es básicamente un neokeynesiano de izquierda. Sin embargo, es necesario no confundir su pensamiento con el estructuralismo de base lingüística que predominó en las décadas de 1960 y 1970, y que se caracterizó por una visión ahistórica de la estructura. Nada más ajeno a Furtado, quien desarrolló un método histórico-estructural, como inclusive consta en el subtítulo de una de sus más importantes trabajos, intitulado Introdução ao Desenvolvimento: enfoque histórico-estrutural. En esta obra, Marx es tratado como un clásico, y su contribución al debate contemporáneo es evaluada de forma desapasionada. Ese ángulo de la crítica constituye un verdadero hallazgo, ya que se evitaba el riesgo —frecuente en aquella época—, de caer tanto en la adhesión indulgente como en el rechazo cargado de prejuicios. A pesar de que jamás se haya reconciliado con el marxismo, Furtado dejó pistas importantes sobre cómo hacer del autor de El capital un interlocutor de nuestro tiempo. Para los intelectuales de izquierda que buscaban distanciarse de la zona de influencia de la Tercera Internacional, sobre todo entre las décadas de 1940 a 1970, era bastante más productiva la interlocución con Furtado, cuya obra arrojaba luz sobre el desarrollo de los países periféricos en comparación con los países centrales del capitalismo. De esta forma, quedaba totalmente desacreditada la aplicación directa del modelo etapista defendido por el PCB, según la cual el destino histórico de Brasil debería caber en el esquema de sucesión de los modos de producción (feudalismo, capitalismo, socialismo y comunismo). Furtado, mucho más sofisticado, indicaba que la división internacional del trabajo, que producía y reproducía la situación de dependencia, impedía la soberanía de los países del llamado entonces “Tercer mundo”. Esa fue la señal para que la nueva generación de marxistas buscara alternativas haciendo posible que, en consecuencia, saliera de escena el Marx de muchos de los manuales de la época y en su lugar entrara el Marx complejo que no cabe en libros de recetas.
La decantación del marxismo en Brasil, por lo tanto, ocurrió en una etapa específica de la lucha de clases, teniendo como telón de fondo veinte años de dictadura cívico-militar (1964-1985). Esa experiencia seguramente agudizó en ciertos núcleos de intelectuales marxistas la sospecha de que el modelo clásico no podría ser aplicado directamente a la situación brasileña ni, por extensión, al caso latinoamericano. Schwarz aceptó el desafío de pensar con sus propios medios, pasando por encima de la presión ejercida por los partidos y también por la división del trabajo universitario. Ambas limitaban cualquiera de las alternativas impuestas, compartimentalizando la reflexión en ramos incomunicables entre sí — lo que se evidenciaba en los rótulos (lukacsianos, gramscianos, adornianos, brechtianos etc.) que al presentarse como irreconciliables, esterilizaban todo y cualquier debate. Al contrario de esa distribución de papeles, Schwarz buscó un camino menos habitual, y ciertamente más difícil, al combinar autores de la tradición marxista que suelen ser alineados en campos opuestos. Su original visión dialéctica de la dialéctica revela un descubrimiento teórico sin paralelo. Y es necesario recalcar que esa alternativa provino, en gran medida, de su lectura de Machado, que más adelante abordaremos.
 
ORIGINALIDAD Y ACUMULACIÓN CRÍTICA
Los ensayos más influyentes de Schwarz fueron los que dedicó a Machado: Ao vencedor as batatas, de 1977, y Um mestre na periferia do capitalismo, de 1990. Se trata de análisis seminales e ineludibles, cuya energía crítica los ha hecho objeto de vigorosos debates. En esos análisis el ensayista hace uso de una sofisticada noción de “forma literaria”, desarrollando y profundizando con originalidad la reflexión estética de Lukács, de frankfurtianos como Adorno y Benjamin, así como la de su maestro brasileño Candido.
El propio Schwarz ha explicitado, en diversos artículos y entrevistas, el impacto fundamental que el pensamiento y los análisis de los autores anteriormente citados han ejercido en su trabajo de crítica literaria, de los cuales se ha valido para su comprensión de la experiencia brasileña y del mundo contemporáneo. A seguir, nos limitaremos a reproducir algunas de sus consideraciones a respecto de Adorno y Candido.
El crítico destaca la radicalidad de las reflexiones de Adorno y Horkheimer, a partir de las cuales tuvo su origen una “especie de marxismo sombrío” en el que se fundamenta una perspectiva de crítica al fascismo, al comunismo estalinista y al american way of life, entendidas como “variantes de un mismo proceso” (SCHWARZ, 2012: 45). Se trata de una posición teórica que, según el ensayista brasileño, pasó la prueba decisiva de “actualidad”, ya que su fuerza resistió al tiempo.
Schwarz destaca, en el pensamiento estético y en la práctica crítica de Adorno, el poder que tiene su noción de “forma”. Para Schwarz, el filósofo frankfurtiano “intenta saber de qué hablan las formas, reaccionando a ellas como expresiones de la sociedad contemporánea en lo que ésta tiene de más problemático y crucial” (Idem). Para ello se hace necesario el más riguroso trabajo analítico con que el crítico estudia y explora minuciosamente las obras en su consistencia (o inconsistencia) formal. Así, la forma artística, aprehendida en su complejidad por el trabajo crítico, puede ser considerada, según expresión del propio Adorno citada por Schwarz, como “la historiografía inconsciente de nuestro tiempo” (Idem). En suma, la interpretación adorniana del funcionamiento de la forma intensifica su “sustancia social-histórica”, sobre todo en sus ensayos sobre música, que fueron los que más marcaron a Schwarz. Y basta leer algunos de los principales análisis del ensayista brasileño para apreciar el valor de tal debate estético, cuyo tributo no lo exime (sino todo lo contrario) del esfuerzo crítico de hacer que las formas artísticas respondan a problemas específicos de otro contexto, el de la especificidad de la experiencia histórica brasileña.
Por lo que respecta al necesario entendimiento de la singularidad de esa experiencia, también fue imprescindible para Schwarz la noción de “forma literaria” que venía siendo desarrollada por Candido, cuya inspiración materialista permite identificar una afinidad de fondo con las reflexiones de Adorno — a pesar de las grandes diferencias que los separan. En lugar de separar “invención formal” y “aprehensión histórica”, en vez de tomarlas como dominios divorciados, Candido prueba articularlas, llevando así a la crítica literaria en Brasil a un nivel hasta entonces inédito, ya que posibilita una iluminación recíproca entre obra y contexto, entre estructura literaria y proceso social. En este sentido, los dos ensayos fundamentales del autor son “De cortiço a cortiço”, sobre El conventillo, novela del naturalista brasileño Aluísio Azevedo, y “Dialética da malandragem”, a propósito de Memorias de un sargento de milicias, del autor romántico Manuel Antonio de Almeida.
Para Candido, en palabras de Schwarz:
 
[la] forma —que no es evidente y que cabe a la crítica identificar y estudiar— sería un principio ordenador individual que regula, al mismo tiempo, un universo imaginario y un aspecto de la realidad exterior. (…) De otro ángulo, se trataba de explicar de qué manera configuraciones externas, pertenecientes a la vida extra-artística, podían pasar hacia adentro de obras de fantasía, donde se tornaban en fuerzas estructurantes y mostraban algo de sí que no estaba a la vista. Se trataba también de explicar cómo la crítica podía, por su parte, rehacer este trayecto y pasar de un ámbito a otro, cuyo resultado sería el conocimiento de ambos. (SCHWARZ, 2003: 48).
 
Schwarz establece comparativamente, en lo que respecta a sus objetos, la dimensión y especificidad del ensayismo de Candido y Adorno, subrayando que las experiencias diversas, que pautan el sondeo de cada uno de los dos autores, explican sus diferencias de horizonte. De esta manera, en Candido, el estudio de las formas literarias y sociales desentrañaba la materia brasileña y confería densidad histórica al debate estético nacional. Por lo que respecta a Adorno, en él estaba en juego “el destino de la civilización burguesa como un todo”.
Es necesario esclarecer, sin embargo, que sólo es aparente la desventaja del ámbito más restringido (el del contexto cultural de la periferia) sobre el que se abocan decididamente los esfuerzos de conocimiento de Candido. Su empeño en descifrar la especificidad brasileña, produciendo conocimiento sobre ella, hace ver el equívoco que consiste en creer que hay una simple continuidad entre las experiencias del centro y de la periferia, cuya más grave consecuencia se refleja en la habitual aplicación, sin mayores cuidados, de categorías generadas en aquel contexto sobre la realidad de ésta. Por lo tanto, para Schwarz, la obra de Candido no deja dudas de que “el ensayismo periférico de calidad sugiere la existencia de una cierta linealidad indebida en las construcciones dialécticas de Adorno y del propio Marx — una homogeneización que hace suponer que la periferia va a, o puede llegar a, repetir los pasos del centro”. (SCHWARZ, 2012: 49)
El libro Um mestre na periferia do capitalismo constituye hasta hoy el más importante trabajo de la crítica machadiana. Nos parece innegable su poder de focalizar, con alta capacidad reflexiva, cuestiones nucleares de esa novela, con una amplitud de miras suficiente para clarificar muchísimos aspectos de la obra ficcional de Machado en su conjunto y proponer, asimismo, perspectivas de interpretación capaces de cuestionar apreciaciones cristalizadas. La referencia (así sea sumariamente) a algunos otros puntos discutidos por Schwarz será suficiente para indicar cuestionamientos puestos por la literatura de nuestro fundamental escritor, y que constituyen tópicos que no pueden ser ignorados.
A partir del estudio cuidadoso del narrador de Memorias póstumas, en el detenido análisis de la forma literaria, a la cual procura definir y explicitar su productividad, el libro de Schwarz arroja luz sobre el modo en que la novela de Machado internaliza determinaciones decisivas de la estructura social brasileña. Al concebir el término de forma como una “estilización de una conducta propia de la clase dominante brasileña”, y como “regla de composición de la narrativa”, Schwarz argumenta en sentido contrario a una posición consensual de la crítica, que afirmaba que un punto débil de la obra machadiana era justamente la composición. En ese plan de elucidación de la forma literaria, otro aspecto importante que merece atención es el del desarrollo “voluble” del narrador, que no condice con el espíritu de la ficción realista, basado en la regla de confiabilidad. Si tomamos al narrador de Memorias póstumas, veremos que su extravagancia y sus caprichos con frecuencia “violan las convenciones de que depende el sentido realista de la verosimilitud”, a pesar de que “el efecto del conjunto obedezca a una llave propia del realismo.”(SCHWARZ, 1989: 118). Machado escribe una novela realista con procedimientos literarios anti realistas, haciendo con que sea necesario aclarar la peculiaridad de ese realismo ajeno a las técnicas que han consagrado ese estilo. De modo general, en sus grandes novelas publicadas a partir de 1881, su prosa narrativa es tributaria de la tendencia a la digresión y de la retórica cómica del siglo XVIII inglés y francés, aunque sin encontrarse el ideal realista de la escritura objetiva. Sin embargo, como advierte Schwarz “si pensamos en el espíritu peculiar del realismo, en su énfasis de la sociedad contemporánea en movimiento, podemos, de hecho, considerarlo un gran realista” (SCHWARZ, 2010: 235). Es decir, que el realismo de la novela machadiana está en su capacidad de interiorizar, activar y problematizar, no sólo como contenido, sino también en el plano de la forma, asimetrías e iniquidades centrales en la estructura social brasileña.
Entre las concepciones más substantivas que derivan de los estudios de Schwarz sobre el vínculo entre el estilo machadiano y las especificidades de la vida brasileña, está la de la modernidad de nuestro atraso, ya que Brasil era, simultáneamente, esclavista y burgués. Es decir, que a pesar de absurda, la formación social brasileña no debe ser entendida como un mero arcaísmo, ya que se encuentra insertada en el cuadro global del capital y es parte funcional en la dinámica de reproducción de la modernidad capitalista. Por lo tanto, en Machado, el mundo de las relaciones paternalistas y esclavistas aparece profundamente entrelazado a los ideales de la civilización burguesa, formando un conjunto en el que prácticas e ideas están mal ajustadas, se desacreditan recíprocamente, aunque no por eso dejan de convivir a todo instante. Esta mezcla —uno de los pilares de la situación histórica del país que el autor de Quincas Borba supo explorar como nadie— abre un flanco para el cuestionamiento de los valores modernos y metropolitanos: sin negar su relevancia histórica, tales valores no son ejemplares ni incuestionables, y no permanecen inmunes en razón de su convivencia con aquello que negaban. Por lo tanto, de una sola vez se atacaba tanto nuestra inaceptable estructura social como el progreso mundial, ya que éste, junto con el conjunto de valores que le dan sustento ideológico, puede convivir con los contenidos sociales más bárbaros que pueda imaginarse.
Sin embargo, el reconocimiento internacional de los análisis hechos por Schwarz sólo llegaría algunas décadas más tarde, ya que la lengua portuguesa era, y continúa siendo, de restringida circulación. Por la misma dificultad también pasó la obra de Machado, que sólo últimamente ha venido siendo apreciada más allá de las fronteras nacionales. En los dos casos, la situación ha venido mudando gracias a las traducciones que —principalmente en lengua inglesa— vienen haciéndose. Con eso, se abre una nueva fase marcada por las “lecturas en competencia”, ahora en el plano internacional. (SCHWARZ, 2012: 9-43). El nuevo frente de lectura viene funcionando a semejanza de las disputas por patentes. Como dice Schwarz, ahora el foco recae sobre el enmarañado de influencias extranjeras que convergen en la obra de Machado, lo que justifica nuevamente sepultar de una sola vez los elementos nacionales que le dan especificidad a su prosa. De esa forma, un lector extranjero podría apreciar su obra sin la necesidad de conocer el país del escritor. Como dice Schwarz de ese nuevo cuadro:
El éxito internacional [de Machado] vendría junto con la desaparición de la particularidad histórica, y el énfasis en la particularidad histórica constituiría un desfavor a la universalidad del autor. El artista entra en el canon, pero no su país, que continúa en el limbo, y la insistencia en el país no contribuye a elevar al artista al canon. Parecería que la supresión de la historia abre las puertas a la actualidad, a la universalidad, o a la consagración, que permanecen ajenos a los esfuerzos de la conciencia histórica. (SCHWARZ, 2012: 22)
Schwarz percibe, por detrás de la tentativa de canonización de Machado, una especie de negociación: para que Machado sea elevado a la condición de escritor universal, es necesario que se ignore la formalización estética de la experiencia del país. Contrariando tal expectativa, Schwarz reafirma, en el mismo ensayo, la importancia de la reflexión sobre Brasil:
 
(…) era ella [la reflexión nacional] la que explicitaba más elementos para poder apreciar su verdadero alcance, sea en el plano artístico, sea en el de la crítica de las costumbres, sea en el político. En suma, el resultado de mayor resonancia del libro [Don Casmurro] no fue tanto la revelación de una obra maestra, sino la neutralización de la lectura conservadora de un clásico nacional. (SCHWARZ, 2012: 28-29) 
 
Ahora que parece que Machado ha ingresado al canon universal, el debate entra en una nueva fase. Las disputas no se resumen apenas a simples diferencias de método, como podría parecer a primera vista. No es casual que la defensa de Machado como un “clásico anodino”, sin referencia a su patria y su específico sistema literario, ocurra en un contexto en el que cierto modo de entender la globalización que se ha hecho dominante, y para el cual la experiencia histórica y específica de la nación se ha vuelto cosa del pasado. Contra la tendencia conformista, Schwarz reafirma el ángulo de la periferia, como en décadas pasadas lo intentaron de manera osada la CEPAL, la Teoría de la Dependencia, el Cinema novo de Glauber Rocha, entre otros, dotando al punto de vista crítico de un ánimo político sin recalques. Con la nueva correlación de fuerzas en escala mundial, incluso la obra de un autor tan crítico como Machado corre el riesgo de ser mutilada para atender a las normas de etiqueta del mainstream:
 
¿Por qué suponer, así sea tácitamente, que la experiencia brasileña tenga interés apenas local, mientras que la lengua inglesa, Shakespeare, el New Criticism, la tradición occidental y tutti quanti serían universales? Si la pregunta se destina a encubrir nuestros déficits de ex colonia, ni siquiera vale la pena comentarla. Si el propósito es el de cuestionar la universalidad de lo universal, o del localismo de lo local, ella es un buen punto de partida. (SCHWARZ, 2012: 29)
 
Semejante punto de vista reaparece y comanda la comparación entre Candido y Adorno, mencionada anteriormente. La valorización de la “experiencia cultural de la periferia”, cuando es feliz en sus formulaciones, es capaz de proponer soluciones originales “que de periférico no tienen nada”. Por el contrario, la potencia crítica que a partir de ahí se desdobla es capaz de arrojar luz sobre terrenos que apenas podemos imaginar, estimulando inclusive a adoptar una postura menos reverencial con relación a los clásicos, con reflejos inclusive hacia la tradición marxista — asumida de forma rigurosa y original por Schwarz, para quien
 
la universalidad de las categorías de los países que nos sirven de modelo no convence, y su aplicación directa a los nuestros es un equívoco. No tengo duda de que el ensayismo periférico de calidad sugiere la existencia de cierta linealidad indebida en las construcciones dialécticas de Adorno y del propio Marx—una homogeneización que permite suponer que la periferia va a, o puede repetir, los pasos del centro. (SCHWARZ, 2012: 48).
 
Schwarz destaca que ese modo de leer críticamente los clásicos del marxismo, valorizando la experiencia del país, le ocurrió en circunstancias históricas precisas y como parte de un esfuerzo colectivo del que se impregnó desde los tiempos del Seminario de Marx, referido anteriormente. Gracias a eso, asimiló la teoría crítica de la sociedad y del arte a la reflexión sobre las contradicciones del subdesarrollo. A través de su obra, Schwarz escribe, en la periferia del capitalismo, un nuevo capítulo de la dialéctica entre crítica literaria y reflexión social.
 
 
 
 
 
 
Referencias Bibliográficas:
ANDERSON, P. Considerações sobre o marxismo ocidental. São Paulo: Boitempo Editorial, 2004.
KONDER, L. A derrota da dialética. Rio de Janeiro: Campus, 1988.
SARTRE, J. P. Crítica da razão dialética. Rio de Janeiro: Editora DP & A, 2002.
SCHWARZ, R. Ao vencedor as batatas. São Paulo: Duas Cidades, 1977.
SCHWARZ, R. Que horas são? São Paulo: Companhia das Letras, 1989.
SCHWARZ, R. Um mestre na periferia do capitalismo. São Paulo: Companhia das Letras, 1990.
SCHWARZ, R. “Um avanço literário”, em Literatura e sociedade, n. 13, 2010, p. 234-247.
SCHWARZ, R. Martinha versus Lucrécia. São Paulo: Companhia das Letras, 2012.


[1] Professor da FIOCRUZ.
[2] Professor da Universidade Federal do Rio de Janeiro.
[3] Professor da Universidade Federal do Rio de Janeiro.