El crítico Adolfo Casais Monteiro (1908-1972) y el pensamiento contemporáneo alemán en Brasil en la década de 1960

 

Fábio Ruela de Oliveira[1]
 
 
Resumen
El exiliado Adolfo Casais Monteiro (1908-1972), portugués intelectual, ha sido profesor en las universidades de Brasil, en el ámbito de la literatura y la crítica literaria. Como muchos de sus compatriotas exiliados del gobierno portugués de Oliveira Salazar (salazarismo), Adolfo Casais escribió una gran cantidad de textos de crítica literaria en Brasil, sobre todo en los periódicos, como en el suplemento literario del diario O Estado de Sao Paulo. Con su compañero brasileño Antonio Candido, Casais Monteiro fue uno de los primeros en difundir la "crítica estructural" en Brasil, desde la perspectiva inspirada en la obra de Georg Lukács. Se propone la investigación de la producción de la crítica literaria del intelectual Adolfo Casais Monteiro con el fin de observar y analizar las principales influencias de la teoría crítica contemporánea en su trabajo y entender  su contribución en este campo. Además de la presencia del pensamiento marxista, sus escritos presentan un importante diálogo con algunos autores alemanes del siglo XX, como Herbert Marcuse, Arnold Hauser y Eric Auerbach, entre otros. La investigación actual es la continuación de la investigación doctoral finalizada en 2010 en la UFF/RJ. El profesor es también un investigador sobre el tema, en la Universidad del Paraná - Brasil (Unicentro/Guarapuava-PR), donde enseña historia.
 
 
En el amplio escenario del arribo de los autores marxistas entre los años 1960 y 1970, se percibe que pocos intelectuales “habían negociado, hasta ese momento, su pasaje por la obra de Lukács; Gramsci era entonces casi completamente desconocido en el mundo de la lengua inglesa y gran parte de lo mejor de Raymond Willians estaba todavía por venir.” (AHMAD, 2002: 76) El crítico hindú Aijaz Ahmad describe tal situación para los jóvenes críticos anglo-americanos, pero, cuando se trata de Brasil y de los intelectuales brasileños o de exiliados que estaban en el país, es posible afirmar que ellos fueron precursores, aunque hubieran pocos grupos de teóricos amparados en la tradición crítica marxista.
La literatura de Gramsci ya se conocía en Brasil, en los años 50, pero fue en el inicio de la década del 60 que empezó a intensificarse. En investigaciones sobre la trayectoria del comunismo italiano, Álvaro Bianchi – vasado en los estudios de Lincoln Secco y Carlos Nelson Coutinho – afirma que:
El nombre de Gramsci ya era, sin embargo, conocido aquí. Jóvenes intelectuales vinculados al Partido Comunista Brasileño (PCB) empezaron a citarlo y el sardo encontró mayor espacio en revistas editadas por militares del partido, como la Revista Brasiliense, dirigida por Caio Prado Jr. en fines de los años 1950, Elias Chaves Neto usaba esas ideas en sus análisis de la política, más allá de citar a Héctor Agosti. Y en el comienzo de la década del 60, Antonio Candido, Carlos Nelson Coutinho y Leandro Konder hicieron referencias al pensamiento filosófico y a la crítica literaria de Antonio Gramsci. (BIANCHI, 2008: 41)
 
El nombre de Antonio Candido aparece en la cita de arriba, pues, en el inicio de los años 1960, el crítico brasileño tenía una relación muy próxima con los intelectuales portugueses exiliados, principalmente por haber trabajado con Adolfo Casais Monteiro, Jorge de Sena y Víctor Ramos, en el interior del Estado de São Paulo, en las Facultades de Filosofía, sector de las Letras y Crítica Literaria y también la elaboración del Suplemento Literario de O Estado de S. Paulo.
Inclusive, Antonio Candido es considerado el primero en difundir, en Brasil, algunas ideas del húngaro Lukács, las cuales prácticamente fueron el norte de la vida intelectual del brasileño y de sus discípulos del Departamento de Teoría Literaria da USP, centrados en el estudio de las relaciones entre literatura y sociedad. En el ensayo “A compreenção da realidade”, de 1957, adosado en el libro O observador Literário, de 1959, se encuentra aquella que es tal vez la primera referencia a las ideas de Lukács en Brasil. (FREDERICO, 1995: 212) Tal artículo fue publicado originalmente en el Suplemento Literario de O Estado de São Paulo, diario del conservador Julio de Mesquita Filho – que puso en práctica el proyecto de ese Cuaderno ideado por el propio Antonio Candido, y en el cual encontramos las primeras incursiones del escritor marxista en Brasil. Observe:
 
Casi siempre los escritores alcanzan la plenitud cuando son capaces de pasar del subjetivismo adolescente – que hace de la realidad un conjunto de impresiones y emociones – a una posición de análisis objetiva, que reconoce la existencia propia del mundo donde el sujeto se inserta. Muchos críticos observaron en ciertas formas superiores de realismo el punto culminante del romance moderno, que, según Lukács, no se encuentra en el naturalismo de Zola ni en la introyección de Joyce o Proust, mas en Stendhal, Balzac, Tolstoi. (CANDIDO, 1992: 151-152)
 
Este fragmento, que introduce el ensayo de Antonio Candido, deja entrever el método lukacsiano del crítico brasileño en la literatura de la obra de José Lins do Rêgo, buscando captar la construcción del realismo en la obra del escritor paraibano y la forma como él vive esa transición a lo largo de la creación de sus obras, o sea, “una liberación progresiva de la fijación autobiográfica”, mostrando que “el romanticista aprendió a describir el mundo exterior como realidad que se comprende,- inclusive por la presencia de los problemas sociales,…” (Ídem, p.155-156)
En el contexto de recepción de las ideas de Lukács en la universidad brasilera, Celso Frederico, historiador de la inserción del marxista húngaro en Brasil, destaca la contribución del exiliado Adolfo Casais Monteiro en el 2º Congreso Brasileño de Crítica e Historia Literaria, realizado en la Facultad de Assis/SP, en Julio de 1961, con la presentación de la tesis “A Crítica Sociológica”, ensayo que hace un balance del   embate sociológico en la literatura y destaca la contribución de Lukács. (FREDERICO, 1995: 212-213) En la Historia del Marxismo en Brasil, un conjunto de 5 (cinco) volúmenes organizado por intelectuales brasileños en los años 1990, esa comunicación de Casais Monteiro de 1961 parece ser la única cita a la contribución marxista del crítico literario portugués.
Esa misma intervención de Adolfo Monteiro en el 2º Congreso de Crítica de 1961 también es recordado en otros estudios. Wilson Martins, crítico literario paranaense de matriz conservadora, comenta sobre las contribuciones de Adolfo Casais Monteiro para A crítica literária no Brasil, presentando las primeras obras publicadas aquí por el crítico portugués en la década de 1950. Mientras tanto, Martins dedica muchas páginas para destacar la presencia y la intervención de Casais Monteiro en el 2º Congreso de Crítica e Historia Literaria ocurrido en 1961, en Assis/SP, con la tesis “A crítica sociológica”, que trato de las teorías de Lukács y motivó la manifestación del apoyo de Antonio Candido. (MARTINS, 1983: 690-694) Otro estudio reciente, que menciona la intervención de 1961 es el artículo “Georg Lukács: autonomía e heteronomia da arte” de Arlenice Almeida da Silva, publicado en la obra organizada O pensamento alemão no século XX (vol.2), por la editora Cosac Naify en 2013. (SILVA, 2013: 131)
En la disertación de maestria que escribí y defendí junto al Programa de Pos-Grado en Historia Social (PPGH – UNESP/Assis- SP, 2002), sobre la historia de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras (FFCL) de Assis/SP entre 1958 y 1964; he profundizado aspectos de esa intervención de Adolfo Casais Monteiro, que son presentados en la síntesis a seguir. (OLIVEIRA 2002: 117-126)
En la segunda cesión plenaria del Congreso de Assis, realizada en la tarde de 24/07/1961, precedida por Sérgio Buarque de Holanda y con la mesa constituida por Antônio A. Soares Amora, Jorge de Sena y José Santilli, fue presentado el trabajo A crítica Sociológica sobre la responsabilidad de Adolfo Casais Monteiro. (Anais del 2ºC.B.C.H.L., 1963, p.95-117) En esta tesis Casais propone destacar la situación de la crítica sociológica y resolver sus males entendidos. De acuerdo con Monteiro, ni siquiera la crítica de la primera mitad del siglo XX, representada principalmente por el marxismo, escapó de estas confusiones. Como por ejemplo, señala el caso del ruso G. Plékhanov, que desconsideró en su obra el elemento estético. En oposición a este presentó las ideas de Lukács que, para él, privilegió “los principios de una estética”, aportando más elementos para la crítica literaria. Y así Casais Monteiro definió: “Por primera vez en toda la historia del marxismo, Lukács aborda la literatura como literatura.” (Ídem, p.106)
Entre los debates que siguieron después de la exposición de Monteiro, se destacan las ideas del concretismo de Haroldo de Campos, discordando “de que la posición de Lukács fuese aislada en frente a la `literatura oficial´ soviética, recordando que en el inicio del movimiento futurista ruso, la idea de ` vanguardia´ estaba ligada a la idea de participación” y que esta habría sido lanzada por Maiakowski.
Significativa fue la reflexión de Antonio Candido acerca de la tesis de Monteiro, la cual, por sugestión de Casais, se transformó posteriormente, en el ensayo Crítica e Sociologia (Tentativa de Esclarecimento), adosado en su libro Literatura e Sociedade, de 1965. En este ensayo, Candido conceptualiza el método estructural de crítica literaria, que constituyó un divisor de aguas del período. Influenciado por Lukács, así como Casais Monteiro, Antonio Candido definió el principio de la crítica estructural, afirmando que:
 
Cuándo hacemos un análisis de este tipo [estructural], podemos decir que tenemos en cuenta el elemento social, no exteriormente, como referencia que permite identificar, en la materia del libro, la expresión de una cierta época o de una sociedad determinada; ni como encuadramiento, que permite situarlo históricamente; pero como factor de la propia construcción artística, estudiándolo en el nivel explicativo y no ilustrativo.
En este caso salimos de los aspectos periféricos de la sociología, o de la historia sociológicamente orientada, para llegar a una interpretación estética que asimiló la dimensión social como factor de arte. Cuando esto se da, ocurre la paradoja señalada inicialmente: lo externo se torna interno y la crítica deja de ser sociológica, para ser apenas crítica. El elemento social se torna uno de los muchos que interfieren en la economía del libro, al lado de los psicólogos, religiosos, lingüístas, y otros. En este nivel de análisis, en que la estructura constituye el punto de referencia, las divisiones importan poco, pues todo se transforma, para el crítico, en fermento orgánico de lo que resultó la diversidad coherente de todo. (CANDIDO, 2000: 8)
 
De acuerdo con Candido, tal idea es la base de la “orientación sociológica” y de una vertiente crítica que espera ir más allá de un “sociologismo crítico y su tendencia devoradora de explicar todo por medio de los factores sociales.” (Ídem)
Sin embargo, una observación más profunda, muestra que la contribución de Casais Monteiro en el debate con la teoría de Lukács en Brasil fue anterior a 1961 y también más expresiva. Investigando en los artículos que Monteiro publicó en el Suplemento Literário del diario O Estado de São Paulo, encontramos aquel que sería el primer texto del exiliado portugués en mencionar al teórico húngaro. En “As metamorfoses do Realismo” publicado en el Suplemento Literário, nº 31, p.03, de 18 de mayo de 1957, en el cual Monteiro critica duramente al marxista Henri Lefèbvre y su simpatía con el “realismo socialista”, y para contraponerse a Lefèbvre presenta y destaca algunas ideas de Lukács de una edición italiana, “II Marxismo e la Crittica Letteraria”. (GONÇALVES et al…, 1983: 99-102)
En el libro de 1961, Clareza e Mistério da crítica, editado en Brasil, el ensayo “A crítica e o ensino universitário” explica su contundente antagonismo con la especialización, que para él sería la principal razón del declive y crisis de la cultura. Según Monteiro:
 
La degeneración de la cultura se caracteriza esencialmente por la substitución de las fuentes originales y creadoras de una lujuriante proliferación de comentarios que, sobreponiéndose a aquellas, las esconden, y toman su lugar, sin que puedan reproducirles la vitalidad, o, peor todavía, empobreciéndolas y acabando por prácticamente suprimirlas. No deja de haber influido gravemente en esta degeneración aquello que debía suponerse favorable al progreso de la cultura: la extensión de la investigación y, sobretodo, de la enseñanza, de los variados campos de estudio, la multiplicación de las especialidades y de los especialistas. (MONTEIRO, 1961: 197)
 
Al crítico literario portugués le estaba incomodando la crítica científica que empezaba a desenvolverse en las universidades en este período, sobre todo en los Estados Unidos, que para él se fundamentaba en un espíritu positivista. Para Casais Monteiro “la invasión de la crítica de los profesores no dio, como es fácil de percibir, ningún brillo a la crítica” y, así, no cree en la posibilidad de enseñarse la crítica literaria así como cualquier otra disciplina escolar sistematizada. (Ídem, p.203 y 205)
Tales observaciones acerca de las especialidades en la crítica literaria son muy próximas de las reflexiones de Lukács, que también elabora semejante crítica a la especialización, cuando diserta sobre la hostilidad de la orden capitalista al arte y a la cultura. Según el marxista húngaro:
Del punto de vista de nuestro problema, vamos a concentrarnos en fijar aquí un solo principio, que será nuevamente el principio del humanismo, el principio que la lucha emancipadora del proletariado heredó de los grandes movimientos democráticos y revolucionarios precedentes, herencia elevada a un plano cualitativamente superior, o sea, la reivindicación del desenvolvimiento harmónico e integral del hombre. Al contrario, la hostilidad al arte y a la cultura, propia del sistema capitalista, trae el fraccionamiento de la totalidad concreta del hombre en especializaciones abstractas. (LUKÁCS, 2009: 98)
Lukács e igualmente Gramsci, de la “educación unitaria” (GRAMSCI, 2001), escribieron desde una perspectiva de construcción socialista, en la cual elaboran los principios guía de una ética y revelan las contradicciones del sistema capitalista. La especialización, sin embargo, que se manifiesta en la división capitalista del trabajo y es más intensa en pos-guerra, es un elemento llave para fragmentar la totalidad del hombre y, sin embargo, es adversaria del arte y de la cultura.
En los ensayos de Clareza e Mistério da Crítica el ataque a los especialistas y profesionales de la crítica y de la estética son recurrentes, así como las posiciones de “amplitud de los conocimientos, de independencia en relación a escuelas y tendencias, y a la no limitación a lecturas puramente literarias.” (MONTEIRO, 1961: 71 y 63) En el prefacio de esa obra, ya hay informaciones sobre la fundamental convicción de este autor, “de no ser posible un sistema, una llave universal de la crítica.” (Ídem: 09) De esta forma, el itinerario ensayístico de Adolfo Casais es similar a los ensayos de Jorge de Sena y de otros autores más recientes, como Edward Said, contrarios a la hegemonía de la especialización en los estudios humanísticos específicamente en los estudios literarios. Mientras tanto, es en esta obra del periodo de exilio, es que pueden ser encontradas las primeras incursiones de Casais Monteiro en los debates marxistas, así como su incisiva crítica al marxismo vulgar. En el ensayo “Real e Ideal en la concepción de la literatura” hay un pasaje esclarecedor:
 
Solo mucho más tarde, en pleno siglo XX, un Antonio Gramsci, un Lukács, y hasta cierto punto un Henri Lefebvre nos darían una interpretación del arte y de la literatura del punto de vista marxista, exento de las influencias que, en el otro siglo, no permitían ir más lejos de lo que está consubstanciado en la conocida definición popularizada por Plékhanov: “El arte es un reflejo de la vida social” – frase en la cual no hay inclusive un átomo de marxismo. (Ídem: p.15)
 
En este texto, Monteiro profundiza las discusiones sobre la estética en el ámbito del marxismo, intentando cercar el debate de su tiempo a las posiciones de Plekhanov, Henry Lefebvre e Lukács. Sin embargo, manifiesta una clara oposición al llamado también “realismo socialista”, defendido por Plekhanov y parcialmente por Lefebvre, pues entiende que esa corriente de interpretación “no ofrece nada que esté de acuerdo con los puntos de vista de Marx y Engels sobre tal materia”, y continúa:
 
La verdad es que todos los movimientos literarios de índice social, incluyendo al realismo socialista, son de carácter casi exclusivamente práctico, digamos así, esto es, son dominados por la preocupación de encuadrar la literatura entre los medios de lucha con planes de la transformación de la sociedad. (Ídem: 15-16)
 
Sin embargo, Monteiro también cuestiona el sectarismo del marxismo vulgar, la práctica de encuadrar lo que sería la literatura burguesa y la no burguesa, o sea, la que sirve para la revolución y la que no sirve, dejando de entrever en ellas el realismo sobre lo que hablaba Lukács. Casais afirma que el marxismo de matriz soviética no consideraba la realidad concreta manifiesta en determinadas obras de arte, o sea, la realidad marcada por el hecho de continuar bellas por siglos y por poseer una presencia específica.
En los dos ensayos iniciales de la obra O Romance, de 1964, Adolfo Casais Monteiro hace varias alusiones al concepto de realismo de Lukács, aprovechando para embestir el ataque a la concepción marxista soviética, la cual Monteiro afirma ser “el pan nuestro de cada día en materia de teoría marxista de la literatura” (MONTEIRO, 1964: 13) Criticando uno de los exponentes de esa vertiente teórica marxista, Casais indica:
Es muy confortable decir que `la literatura y el arte son el espejo de la vida social´ (Plekhanov). Pues son - ¿y no serán nada más? (…) ¿Cómo se pasa de aquel reflejo para esta “cosa” a la que llamamos arte y literatura? ¿Adónde está aquello que distingue ese tal reflejo de todos los otros reflejos? ¿Por qué, como se distingue? (…) Precisamente por la estética de las “causas y resultados” ser un reflejo de la concepción seudocientífica de la historia como método indistintamente aplicable a la interpretación de cualquier realidad “moral”… (Ídem: 27)
Las críticas de Casais Monteiro al marxismo vulgar pueden ser esclarecidas mejor por un fragmento de la obra de Lukács, situando el realismo como una ruptura en relación a tal concepción. Según el marxismo húngaro: “En su acepción marxista, el triunfo del realismo significa una completa ruptura con aquella concepción vulgar de la literatura y del arte que deduce mecánicamente el valor de la obra literaria a partir de las concepciones políticas del escritor, de su falsa psicología de clase.” (LUKÁCS, 2009: 114)
En la tesis de Libre-Docencia – defendida por Casais Monteiro na USP, en 1968, y editada con el título Estrutura e Autenticidade na teoría e na Crítica Literárias, el intelectual portugués critica la corriente estructuralista y especialmente más al “modelo único” del estructuralista. (MONTEIRO, 1984: 120-124) Todavía en esta obra, se encuentra nuevamente el ataque al profesionalismo de la crítica literaria, al revisionismo del marxista Henri Lefebvre, e innumerables referencias a los pensadores marxistas, tales como Raymond Williams, Lucien Goldmann, Lukács, Arnold Hauser, Sartre y Hebert Marcuse; de ediciones mejicanas, inglesas, francesas, belgas y estadounidenses. Destacamos tres aspectos más de esta obra: la discusión que el crítico elabora sobre “la ironía como elemento para explicar la contradicción”, según Kierkegaard, autor que él había traducido y conocía; las referencias al exiliado austríaco Anatol Rosenfeld y la tesis “A Estrutura da Obra Literária” presentada en el 2º Congreso de Crítica de Assis de 1961; y también la referencia al crítico alemán Erich Auerbach, relacionando una edición inglesa de 1957, de la Mimesis. (MONTEIRO, 1984: 142-143)
Todavía en medio a los debates internos del marxismo, Casais Monteiro discute dos autores: Hebert Marcuse, de Razão e Revolução, y Arnold Hauser, de História Social da Literatura e da Arte, utilizándose de la crítica del progreso y de la crítica del racionalismo del frankfurtiano para cuestionar lo que él llama de “simplismo de la interpretación” de Hauser. En esta etapa, Monteiro comienza a volar más alto al reunir y discutir una amplia gama de referencias marxistas, que, por lo que se observa, era algo relativamente inédito a fines de los años 1960. (MONTEIRO, 1984: 32 y 49)
Cabe resaltar que los problemas que él discute entre mitad de los años 1950 hasta fines de 1960 – en Clareza e Mistério da Crítica (1961), “A Crítica Sociológica” (1961/1963), O Romance (Teoria e Crítica) (1964), y Estrutura e Autenticidade na Teoria e na Crítica Literárias (1968), también tratados por otros estudiosos3 – configuraron uno de los debates más importantes del marxismo en aquél periodo, pues esa polémica, también presente en las obras de Jorge de Sena, fue ampliamente discutida, en el ensayo “Marxismo e Cultura”, por el inglés Raymond Williams, también contra el mecanicismo de Plekhanov en las cuestiones del arte y la cultura. (WILLIAMS, 1969: 276-294)
Este enfrentamiento continúa apareciendo en obras más recientes, que recuperan, por ejemplo, la militancia de Antonio Gramsci contra el materialismo cientificista y la ortodoxia de Plekhanov, como es el caso del libro de Álvaro Bianchi sobre la trayectoria del marxista italiano. (BIANCHI, 2008: 62-64) Queda clara, entonces, la contribución intelectual y cultural de los profesores portugueses exiliados, como Adolfo Casais Monteiro, pues ellos se pronunciaron, casi simultáneamente, sobre lo que ocurría en otros lugares del mundo y sobre el marxismo en el ambiente universitario brasileño de los años 1960.
 
 
 
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[1]Profesor del Departamento de Historia de la UNICENTRO/Campus Santa Cruz/Guarapuava-PR; con TIDE/PQI en curso. Doctor en Historia por la UFF-RJ/2010; y Maestro en Historia por la UNESP/Assis-SP/2002. E-mail: faruela@hotmail.com e foliveira@unicentro.br