Enero 2013: por qué apoyar la intervención francesa

Amin, Samir

 
Con el fin conservar la brevedad y centralidad de este artículo sobre situación en Malí he descartado extenderme sobre otros temas importantes adyacentes, reduciéndolas a notas a pie de página, para evitar de ese modo grandes digresiones.
Este artículo no hace mención a la toma de rehenes en In Amenas. Los argelinos saben que si ellos ganaron la guerra contra el proyecto de Estado islamista del FIS (en su época, apoyado por las potencias occidentales en nombre de la ¡"democracia"!), la lucha contra la hydra sigue ahí y hay que llevarla a cabo en todos los terrenos: la seguridad y la búsqueda del progreso social como única forma de secar el terreno al reclutamiento de los denominados movimientos islamistas. Sin duda, el asesinato de rehenes americanos y británicos obliga a W ashington y Londres a comprender mejor que Argelia hizo lo que debía: ninguna negociación con los asesinos. Desgraciadamente, no creo que a largo plazo este error de los terroristas suponga un punto de inflexión en el apoyo de los Estados Unidos y de Gran Bretaña a lo que ellos continúan denominando islam político "moderado"
Soy de los que, por principio, condenan cualquier intervención militar de las potencias occidentales en el Sur, porque su objetivo es establecer el control del planeta al servicio de los dominantes monopolios capitalista.
¿Constituye la intervención francesa en Malí la excepción de la regla? Sí y no. Es por eso que llamo a apoyarla, pero sin pensar lo más mínimo que dará la respuesta que hace falta a la continua degradación de las condiciones políticas, sociales y económicas, no solamente en Malí, sino en el conjunto de países de la región, fruto de las políticas de expansión capitalista impulsadas por la triada imperialista (Estados Unidos, Europa y Japón). Políticas que siguen vigentes y que han abonado el terreno para la implantación del Islam político en la región.
 
I. Islam político reaccionario: enemigo de los pueblos y aliado principal de las estrategias de la triada imperialista /1.
Mas allá de las distintas variantes en las que se expresa, nos guste o no, el Islam político no es un "movimiento para el renacimiento de la fe religiosa" sino una fuerza política archireaccionaria que condena a los pueblos, que eventualmente se ven sometidos a su dominación, a una regresión en todos los ámbitos, impidiéndoles responder positivamente a los retos a los que están confrontados. Su ejercicio del poder no constituye ningún freno a los procesos de degradación y pauperización que se vienen dando sin interrupción desde hace tres décadas. Al contrario, los profundiza y se alimenta de ellos.
Esta es la razón fundamental por la que -en función de lo que representa y cómo actúa- las fuerzas de la triada ven al islamismo político como un aliado estratégico. El apoyo sistemático otorgado por estas potencias al islam político reaccionario ha sido, y continúa siendo, una de las principales razones de sus éxitos: los talibanes en Afganistán, el FIS en Argelia, los Islamistas en Somalia y Sudan, Turquía, Egipto y Túnez u otros países en los que se han beneficiado de este apoyo para alcanzar el poder local en momentos decisivo. Ninguna de los componentes moderados de islam político se ha desmarcado de una forma clara de los autores de actos terroristas, de sus componentes llamadas "salafistas". Cuando hizo falta, todos se beneficiaron, y aún continúan haciéndolo, del "exilio" en los países del Golfo. Ayer en Libia, hoy en Siria…, siguen estando apoyados por las potencias de la triada. Los crímenes y las exacciones que cometen se integran perfectamente en el discurso que acompaña a esta estrategia de apoyo: dan credibilidad a la tesis de la "guerra de civilizaciones", facilitan el alineamiento "consensuado" de los pueblos de la triada al proyecto global del capital monopolista. Los dos discursos: la democracia y la guerra al terrorismo, se complementan mutuamente en esta estrategia.
Es preciso una buena dosis de ingenuidad para creer que el islam político de los calificados de "moderados" sería soluble en la democracia. No es que, como se dice con falsa ingenuidad, los sectores moderados se vean desbordados por los excesos fanáticos, criminales e incluso terroristas de los salafistas; lo que existe es una división de trabajo entre ellos. Pero su proyecto es común: una teocracia, arcaica por definición, que se encuentra en las antípodas incluso de la más mínima democracia.
 
II . El Sahel, ¿un proyecto al servicio de qué intereses?
De Gaulle acarició la idea de un "Gran Sahara francés", pero la tenacidad del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino y la radicalización de la Unión Sudanesa de Modibo Keita en Malí hizo que el proyecto fracasara definitivamente en 1962-1963. Si bien puede que haya algunos nostálgicos del proyecto en París, no creo que sean capaces de convencer a políticos dotados de una inteligencia normal de la posibilidad de resucitarlo.
De hecho, aunque hasta Sarkozy se declarara partidario del mismo, el proyecto de El Sahel no es francés. Es el de una nebulosa constituida por el islam político en cuestión y se beneficia del eventual beneplácito de EE UU y, en su estela, de sus lugartenientes en la (inexistente) Unión Europea, Gran Bretaña y Alemania.
El Sahel "islámico" permitiría la creación de un gran Estado abarcando gran parte del Sahara de Malí, Mauritania, Níger y Argelia, que contiene importantes recursos minerales: uranio, petróleo y gas. Recursos que no estarían prioritariamente a disposición de Francia sino, sobre todo, de los poderes dominantes de la Tríada. Un "Reino" que, como ocurre en Arabia Saudí y en los emiratos del Golfo, podría "comprar" fácilmente el apoyo de población (escasa) al tiempo que los emires acaparan fabulosas riquezas para beneficio personal. Para las potencias de la Triada, el Golfo sigue siendo el mejor amigo/siervo útil, a pesar del carácter atrozmente arcaico y esclavista de su gestión social. Aunque yo diría que es justamente gracias a él. Los poderes que se instalarían en el Sahel se abstendrían de realizar acciones terroristas en su territorio sin que ello implique que no las apoyarían en otros países.
Francia, que había logrado salvar de su proyecto "Gran Sahara" el control de Níger y su uranio, quedaría relegada a un papel secundario en el Sahel /2.
Le ha correspondido a F. Hollande -y ése es su mérito - haber comprendido esto y oponerse a ello. No debería sorprendernos el ver que la intervención decidida por él fue apoyada de inmediato por Argelia y otros países que para Paris no figuran entre sus "amigos". El gobierno argelino ha demostrado una lucidez total: es consciente de que el proyecto del Sahel no sólo afecta al norte de Malí sino también al sur de Argelia /3. Tampoco hay que sorprenderse de que "los aliados de Francia" - Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, por no hablar de Arabia Saudita y Catar- son, en realidad, hostiles a la intervención que la han tenido que aceptar a regañadientes porque se han encontrado ante un hecho consumado. Ahora bien, estos países no se entristecerían si la operación se estanca y fracasa, porque eso reforzaría el proyecto del Sahel.
 
III . Ganar la guerra del Sahara
Soy de los que esperan y desean que se gane la guerra del Sahara y los islamistas sean erradicadas en la región (particularmente de Malí y Argelia) y que Malí se reconstruye en el marco de sus fronteras. La victoria es la condición necesaria para la posterior reconstrucción del Estado y de la sociedad maliense.
Esta guerra será larga, costosa y dolorosa, y su resultado es incierto. La victoria requiere que se cumplan determinadas condiciones. De hecho, no se trata sólo de que las fuerzas armadas francesas no abandonen el territorio antes de la victoria total, sino que será preciso poner en pie un ejército maliense digno de ese nombre. Hay que ser conscientes de que la intervención militar de otros países africanos no constituye un factor decisivo para la victoria.
Es factible la reconstrucción del ejército maliense. El Malí de Modibo fue capaz de construir una fuerza armada competente al servicio de la nación y capaz de disuadir a fuerzas agresoras parecidas a los actuales islamistas de AQMI. Esta fuerza fue destruida de forma sistemática por la dictadura de Moussa Traoré y no ha sido reconstruida por sus sucesores. Ahora bien, el hecho de que el pueblo de Malí sea plenamente consciente de que su país tiene la obligación de estar armado, hace que la reconstrucción de su ejército pueda beneficiarse de una situación favorable. El obstáculo es financiero: reclutar a miles de soldados y equiparlos no está al alcance de los recursos actuales del país. Y ni los Estados africanos, ni la ONU ayudarán a paliar este déficit. Francia debe entender que la reconstrucción de ese ejército es la única forma de lograr la victoria y que tiene que aportar esta ayuda. El estancamiento y la derrota no sólo sería un desastre para los pueblos africanos, también lo seria para Francia. La victoria permitiría a Francia recuperar el lugar que le corresponde en el concierto de las naciones, más allá incluso de Europa.
No se puede esperar muchos de los países de la CEDEAO. Las guardias pretorianas de la mayoría de estos países no tienen de ejército mas que el nombre. Es cierto que Nigeria dispone de una de las tropas más numerosas y mejor equipadas pero, por desgracia y por decirlo suavemente, están mal disciplinadas: muchos de sus altos mandos no persiguen otro objetivo que el saqueo de las regiones en las que intervienen. Senegal también dispone de una fuerza militar competente y, además, disciplinada pero es pequeña para su país. Geográficamente más alejados, Angola y Sudáfrica podría proporcionar un apoyo eficaz, pero su lejanía, y quizás otras consideraciones, puede hacer que no le vean interés a involucrarse.
Un compromiso firme, con determinación, y por el tiempo que haga falta por parte de Francia implica que la diplomacia de París tome distancias en relación a sus compañeros de la OTAN y de Europa. Aún no ha terminado la partida y por el momento nada indica que el gobierno de F. Hollande sea capaz de atreverse a dar ese paso.
 
IV . Ganar la batalla diplomática
El evidente conflicto entre los objetivos de la honorable intervención francés en Malí y la continuidad de la línea diplomática actual de Paris se convertirá pronto en algo insoportable. ¡Francia no puede luchar contra los "islamistas" en Tombuctú y apoyarlos en el Alepo!
La diplomacia francesa, adscrita a la OTAN y a la Unión Europea, comparte la responsabilidad de sus aliados en el éxito del islam político reaccionario. Una prueba clara de ello la tenemos en la aventura en Libia, cuyo único resultado (lo que ciertamente era previsible y deseable, al menos para Washington) no fue liberar al pueblo libio de Gadafi (un payaso más que un dictador) sino destruir Libia: país que se ha convertido en un territorio controlado por los señores de la guerra y que se encuentra en el origen del reforzamiento de AQMI en Malí.
La hidra del islam político reaccionario recluta tanto en círculos de la delincuencia organizada como entre fanáticos religiosos. Más allá de la "yihad", sus emires -que se hacen llamar los defensores intransigentes de la fe- se enriquecen con el tráfico de drogas (los talibanes, AQMI), de armas (señores de la guerra de Libia) y de la prostitución (kosovares).
El problema es que hasta el presente la diplomacia francesa también los apoya, como en Siria. Los media franceses dan crédito a los comunicados del pretendido Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, que es conocido por estar controlado por la Hermandad Musulmana y haber sido fundado por Ryad El Maleh con el apoyo de la CIA y la inteligencia británica. ¡Cuánto credibilidad se otorga a las noticias Ansar Eddine en Francia! Francia tolera que las llamadas "Fuerzas de la Coalición Nacional de la Oposición y la Revolución" esté presidida por el jeque Ahmad El Khatib (Hermano Musulman y autor del incendio del barrio de Duma en Damasco), elegido por Washington.
Me sorprendería (pero sería una sorpresa agradable) que F. Hollande se atreviera a revertir esta situación como lo hizo De Gaulle, saliendo de la OTAN y dejando vacante su puesto en la Unión Europea. Pero no vamos a pedirle tanto. Simplemente, vamos a pedirle que influya en las relaciones diplomáticas en el sentido que requiere la acción emprendida en Malí. De ese modo, comprobará que Francia ¡tiene más adversarios en el campo de sus "aliados "que en el de sus "enemigos"! No sería la primera vez que ocurre esto cuando ambos bandos se enfrentan en el campo diplomático.
 
V. Reconstruir Malí
La reconstrucción de Malí no puede ser obra sino de los malienses. Sin embargo, sería deseable que se les ayude en lugar de ponerles obstáculos que hagan imposible la reconstrucción.
Puede que las ambiciones “coloniales” francesas –convertir a Malí en un Estado clientelar, a imagen y semejanza de algunos otros países de la región– no sean ajenas a ciertos responsables de la política maliense de París. La Franciáfrica tiene siempre sus portavoces, pero no representa un peligro real, ni mucho menos importante. Un Malí reconstruido será capaz de afirmar, o reafirmar, rápidamente su independencia. Por el contrario, un Malí saqueado por el islam político reaccionario no sería capaz de conquistar en poco tiempo un lugar honorable en el tablero regional y global. Al igual que Somalia, correría el riesgo de ser eliminado de la lista de estados soberanos dignos de ese nombre.
En la época de Modibo, Malí realizó progresos tanto en el orden económico y social como en la afirmación de su independencia y en la unidad de sus componentes étnicos.
La Unión Sudanesa logró unir en una misma nación a los Bambara del Sur, a los pescadores Bozo, los agricultores Songhai y los Bella (tuareg negros) del valle del Níger, desde Mopti a Ansongo (nos olvidamos de que hoy en día en el norte de Malí la mayoría de la población no es tuareg), e incluso hizo aceptar a los tuaregs la liberación de sus siervos Bella. El problema fue que la falta de recursos -y, tras la caída de Modibo, la falta de voluntad política- de los gobiernos de Bamako sacrificaron los proyectos de desarrollo para el Norte. Algunas reivindicaciones de los tuareg son perfectamente legítimas. La posición de Argelia, que aboga por diferenciar la rebelión tuareg, ahora marginada y con la que hay que discutir, de los yihadistas llegados de otros países y a menudo muy racistas con los "negros", resulta muy pertinente.
Los límites de los logros de Malí de Modibo y, también, la hostilidad de las potencias occidentales (en particular, Francia), están en el origen del fracaso del proyecto y, finalmente, del éxito del odioso golpe de Estado de Moussa Traoré (apoyado hasta el final por París), cuya dictadura es la responsable de la descomposición de la sociedad maliense, de su pobreza y de su impotencia. La poderosa revuelta del pueblo maliense que logró derrocar a la dictadura a costa de decenas de miles de víctimas, generó grandes esperanzas en el renacimiento del país; esperanzas que se vieron frustradas, ¿por qué?
Desde la caída de Moussa Traoré el pueblo de Malí conoció libertades democráticas sin precedentes. Sin embargo, no parece que sirvieran para mucho: cientos de partidos fantasmas sin programa, parlamentarios electos impotentes y una corrupción generalizada. Algunos analistas, cuya mente aún no está libre de la fiebre racista, se aprestan a concluir que este pueblo (como los pueblos africanos en general) ¡no está preparado para la democracia! Fingen ignorar que la victoria de las luchas del pueblo maliense coincidió con la ofensiva "neoliberal" que impuso a este país, debilitado al límite, el modelo de lumpen-desarrollo preconizado por el Banco Mundial con el apoyo de Francia y Europa. Un modelo que condujo a una regresión social y económica y un empobrecimiento sin limites.
Estas políticas son las responsables mayores del fracaso de la desacreditada democracia. Esta involución creo, tanto aquí como en otros países, las condiciones favorables para al ascenso de la influencia del islam político reaccionario (financiado por el Golfo) no sólo en el Norte, monopolizado por AQMI, sino también en Bamako.
La decadencia del Estado maliense que trajo consigo constituyó el origen de la crisis que concluyó con la destitución del presidente Amani Toumani Touré (refugiado desde entonces en Senegal), al irreflexivo golpe de Estado de Sanagho y a la puesta baja tutela del Mali a través del "nobramiento" de un presidente provisional -llamado de transición- por la CEDEAO. Organismo presidido por el presidente de Costa de Mafil, A. Ouatatara, que siempre ha actuado como funcionario del FMI y del Ministerio de Cooperación francés. Es este presidente, cuya legitimidad a los ojos de las y los malienses es igual a cero, quien solicitó la intervención francesa. Este hecho debilita considerablemente los argumentos de Paris a pesar de que desde el punto de vista diplomático resulten impecables: Paris intervino tras haber sido solicitada su intervención por un Jefe de Estado "legitimo" de un país amigo. Pero, si es así, ¿por qué el llamamiento del Jefe de Estado Sirio -incontestablemente no menos legítimo- al apoyo de Irán y Rusia es "inaceptable"? Francia tiene que corregir el tiro y revisar su lenguaje.
En cualquier caso, la reconstrucción de Malí pasa ahora por el rechazo rotundo de las "soluciones" liberales que están en el origen de todos estos problemas. Ahora bien, en torno a esta cuestión fundamental, los conceptos fundamentales que maneja París siguen la corriente de los de Washington, Londres y Berlín. El concepto de "ayuda al desarrollo" de París no se diferencian un milímetro de las letanías liberales dominante/4. Ni más ni menos. Incluso si Francia gana la batalla del Sahara -que es lo que yo deseo- no está bien situada para contribuir a la reconstrucción de Mali. Ahora bien, el fracaso de la misma permitiría a los falsos amigos de Francia tomar su revancha.
 
23/01/2013
 
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Notas
1/ Antes que nada, se impone un breve desarrollo de lo que supone el islam político reaccionario, porque el uso estratégico de estos movimientos por las fuerzas del capitalismo/imperialismo dominante no excluye errores . La movilización de aventureros "yihadistas" ("terroristas") es el medio indispensable por el cual el Islam político reaccionario puede imponer su poder. Evidentemente, estos aventureros son propensos a la delincuencia (saqueos, toma de rehenes, etc.). Además, los "fanáticos" que reclutan sus "ejércitos" son siempre, por naturaleza, capaces de iniciativas impredecibles. La dirección del movimiento (el wahabí del Golfo) y el establishment de los Estados Unidos (y, por extensión, de los subalternos aliados gobiernos europeos) son conscientes de los límites de su capacidad para "controlar" los medios para la puesta en pie de su proyecto común, pero aceptan el caos.
Existen numerosos análisis serios sobre el islam político reaccionario (entre otros, ver Samir Amin Le monde arabe dans la longue durée, 2010).
Cuestión tangencial, pero importante: el islam político reaccionario garantiza que los países que caigan bajo su dominio no lleguen a formar parte de los países emergentes. Ver al respecto el capítulo dedicado a esta cuestión en Samir Amin, L’implosion du capitaliste libéral, 2012)
2/ Francia mantuvo su control sobre Níger y su uranio a través de una política de "ayuda" barata, que mantuvo al país en la pobreza y la impotencia. Ver nota (4). El proyecto del Sahel barria las posibilidades francesas para preservar el control sobre el Níger y el uranio.
3/ En contraste con la lucidez de Argelia, es palpable el silencio de Marruecos, cuya monarquía expresó de forma reiterada y a través de discursos incendiarios sus pretensiones sobre Tombuctú y Gao (ciudades ¡"marroquíes"!). Aún no se conoce una explicación cabal de las razones de este repliegue de Rabat.
4/ Yash Tandon (En la dependencia de la ayuda final, CETIM, 2009) ha demostrado que la "ayuda" condicionada a la implantación de la globalización neoliberal no era un "remedio" sino un veneno. Yo mismo, en la introducción de este libro ofrezco un ejemplo, el de Níger.
 
Traducido y publicado en VIENTO SUR
1/2013
 
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