Agrietar el Capitalismo. El hacer contra el trabajo de John Holloway

López, Néstor A. H.

Ediciones Herramienta Buenos Aires 2011-06-27
 
El libro de la dignidad y de la lucha.  Una explicación a la indignación de los indignados
 
Ediciones Herramienta, ha editado el nuevo libro de John Holloway titulado Agrietar el Capitalismo. El hacer contra el trabajo, (Crack capitalism, título original en inglés) que, según el propio autor, es como el “hijo”, o el segundo tomo (o la continuación) del que editáramos en el 2002, Cambiar el mundo sin tomar el poder. Ambos abordan las preguntas ¿cómo cambiar el mundo?¿Cómo evitar este camino hacia el precipicio a que nos lleva el capitalismo?

El título en español es una combinación de agitación política con reflexión teórica. Agrietar el Capitalismo es un imperativo político. Nos dice que nosotros somos el sujeto que con nuestras luchas ponemos en jaque al capitalismo, y la reflexión teórica El hacer contra el trabajo nos dice que además de focalizar las grandes movilizaciones que estamos viendo en Europa, África, etc. hay otro impulso olvidado en el antagonismo entre el trabajo abstracto, (trabajo asalariado), el comúnmente llamado trabajo y el hacer que el otra manera de producir que la impuesta por el dinero o sea la libre y social determinación de los hombres sobre el qué, el por qué, y el cómo producir lo que realmente necesita la humanidad para su supervivencia libre y armónica con la naturaleza. 

Si en Cambiar el mundo sin tomar el poder Hollowayle dedicaba tres capítulos al Fetichismo que Marx en El Capital, destaca en el intercambio del mercado capitalista, ahora, en Agrietar el Capitalismo, el hacer contra el trabajo, avanza también hacia el interior del sistema capitalista en donde el modo de producción gobernado por la dominación abstracta necesaria para la generación de plusvalía se lleva a cabo bajo el proceso de alienación que Marx describiera en Los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844. Holloway se involucra en el trabajo abstracto desde muchos ángulos dedicándole casi doscientas páginas en cuatro capítulos llamados: El carácter dual del trabajo; Trabajo abstracto: el gran cercamiento, La crisis del trabajo abstracto y El hacer contra el trabajo: las melodías de la revolución intersticial, que destacan que el tema trabajo constituyen el núcleo duro del libro. De ese núcleo se desprenden temas relacionados que van desde la conformación de la síntesis social del capitalismo, la abstracción real, la abstracción del hacer, la dimorfización de la sexualidad, la creación del ciudadano, el Estado, la homogeneización del tiempo, la creación de la totalidad cohesiva regida por leyes sostenidas por la explotación del trabajo, el movimiento de la mulier abscondita contra las máscaras, la naturaleza como objeto, el hacer que disuelve la totalidad, el valor.
Deseo destacar dos de estas miradas que hace John Holloway sobre el trabajo abstracto, primero su enfoque divergentes de las visiones “sustancialistas” del trabajo abstracto que lo definen solamente como el gasto de energías físicas e intelectuales necesarias para la producción y olvidan que el trabajo abstracto es fundamentalmente una relación social  históricamente determinada típica del capitalismo. El segundo el tema de la dignidad.
Marx señala que reducirse la lucha al objetivo de aumento salarial implica no alcanzar “…ni la dignidad ni la [auto] determinación ni para el trabajo ni para el trabajador[1]”. Ni la autodeterminación ni la dignidad ha sido generalmente considerada como central en la lucha de los trabajadores, estaban prácticamente excluidas en el programa político de la izquierda. Dignidad en el proceso de producción es lo opuesto a recibir órdenes del patrón, dignidad es participar colectivamente en el proceso tanto del diseño como de la producción, es unir ambos y relacionarla con las necesidades de la humanidad y en armonía con la naturaleza. El trabajo no es digno por tener un salario alto o desarrollarse en un ambiente materialmente saludable y limpio cuando a la vez se está obligado a acatar órdenes. El trabajo de un obrero, en la fábrica del gas mortal Ciclón B que los nazis fabricaban en Franckfut para el exterminio en los campos de concentración ¿puede ser considerado “trabajo digno”? El trabajo en las industrias químicas que producen pesticidas cancerígenas aunque el salario del trabajador sobrepase los mejores ¿puede considerarse un salario digno?
Dignidad es terminar con el modo de producción alienada del capitalismo y en esto Holloway se coloca en las antípodas del marxismo distribucionista de la plusvalía, hermano gemelo del keynesianismo, que en el terreno político disuelve las fronteras dedos sistemas antagónicos, capitalismo y comunismo. Obvio que esto no implica renuncias a la lucha reivindicativa, salarial, pero si implica destacar sus límites que por ser una contingencia pasajera, Marx apuntó que sólo mejorará las condiciones para el trabajo esclavo.
Dignidad es focalizar la crisis es nuestra propia lucha, en nuestra colectiva autodeterminación sin que una parte sea la vanguardia que tiene la línea correcta, no es hacer cosas buenas desde el Estado para la gente buena, sino la insumisión de la libertad.
Primero fue la lucha zapatista la que puso a la luz pública la Dignidad como consigna política. En Argentina el Que se vayan todos, las fábricas sin patrones, las asambleas populares destacaron el impulso hacia la autodeterminación y hacia la dignidad y las rebeliones de los movimientos campesinos latinoamericanos llevaron en sus banderas los ideales de generalizar sus prácticas comunitarias de horizontalidad y autodeterminación. Ahora la lucha ha trascendido los límites de América latina. Las rebeliones del norte de África y de Europa con el movimiento 15-M “Indignados” en España y réplicas en muchos países más las actuales movilizaciones en Grecia evidencian que un nuevo fantasma recorre todo el mundo: el fantasma de la dignidad y de la autodeterminación.
El libro de Holloway no solo se refiere a estos enormes abismos por los que discurren las rebeliones masivas, sino que se detiene en las pequeñas grietas que provocan nuestras insumisiones al dominio en el proceso productivo mismo, grietas a veces pequeñas pero que “a partir de las cuales crece la dignidad”. A este agrietarse Holloway lo señala como una nueva política que discurre en otro plano que el actual, la llama la “antipolítico de la dignidad”, porque ni las grandes y masivas rebeliones, ni las pequeñas insumisiones discurren por la política tradicional con sus instituciones ya ahora tradicionales, pero que en realidad son jóvenes, nacieron con, desde y para que funcione el capitalismo. Sindicatos, partidos, instituciones sociales, religiosas, ejércitos, parlamento etc. crecen y su desarrollar alrededor del estado capitalista.
Si hasta ahora las teorías del cambio social que prevalecen, tanto de derecha como de izquierda son estado céntricas y nos señalan como “verdad absoluta” que sólo desde el poder se puede cambiar el mundo, las nuevas luchas nos obligan a pensar en otros caminos, uniendo teoría y política, política y teoría, focalizando la praxis social como el caminando preguntamos.


[1] Los Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844