“Reivindico un periodismo comprometido, que se asume en su rol y lo cuenta”

Llonto, Pablo

Pablo Llonto es abogado, y licenciado en periodismo. Ingresó al diario Clarín en 1978 como redactor, integró las secciones Deportiva y Política y la comisión interna como delegado entre 1984 y 1991. Ese año la empresa le impidió el ingreso a la planta, medida que mantuvo hasta 1999, cuando una resolución de la Corte Suprema de Justicia autorizó a Clarín a despedirlo. Durante esos años, aun estando fuera del diario, era reelecto como delegado. Su labor como abogado comenzó a destacarse hacia 1985, como integrante del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Las redacciones de varias revistas (Noticias, Somos, El Gráfico), algunos diarios (El Expreso, La Razón), radios (La Red, Libertad) y algunos canales de televisión (VCC, Canal 9) conocen su aporte como periodista.
Es Autor de los libros La noble Ernestina y La vergüenza de todos (El dedo en la llaga del mundial 78). Hoy nos habla desde su condición de siempre, un incansable luchador sindical y político

Revista Herramienta: Venís cumpliendo un rol importante como abogado en los juicios a los represores de la época de la dictadura, como la mega causa de Campo de Mayo, en donde representás a casi cien familias. Hay también algunas causas contra medios de comunicación,  ¿nos las podés comentar?
 
Pablo Llonto: La causa que hace punta de lanza con la prensa en la dictadura es una que está incluida dentro de la causa Esma, y que tiene que ver con editorial Atlántida. Tiene dos hechos puntuales, más allá de que podamos ir agregando otros. Una es la causa de Thelma Jara de Cabezas, una madre que fue  secuestrada  y llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada y que fue torturada. En septiembre de 1979,  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizo una visita que fue importante; entonces, como los aparatos de inteligencia de la dictadura pretendían mostrar otra cara en la prensa, hicieron una opereta con editorial Atlántida, a través de la revista Para Ti: la sacan a Thelma de la Esma, la llevan a una confitería en Núñez y le hacen un falso reportaje. La hacen peinar, vestirse bien, le sacan fotos y el título del reportaje es “Habla la madre de un guerrillero muerto”. Thelma cuenta allí que los Montoneros engañaron al hijo, la engañaron a ella. Intentan mostrar que es falso todo eso que se dice del gobierno militar, de las violaciones a los derechos humanos, etcétera. Terminado el reportaje,  la vuelven a mandar a la ESMA secuestrada. Esta causa fue bastante dura en un primer momento,  ahora tenemos pedida la imputación para el directorio de editorial Atlántida y un periodista que lo tenemos identificado, es Agustín Botinelli, el autor intelectual de la última etapa de este lamentable trabajo.
Después está el caso de Alejandrina Barri, que es más conocido, una nena secuestrada con sus padres, a quienes matan en Uruguay. Arman otra opereta de prensa de Editorial Atlántida (Somos, Para Ti y Gente), publican una foto de ella chiquitita diciendo:“Sus padres eran guerrilleros, la abandonaron en Uruguay”. En estas dos causas se está investigando la responsabilidad penal de la editorial. Son causa penales, por lo tanto, no se puede avanzar sobre la responsabilidad política, moral y ética, a no ser que se pueda llegar a juicio oral, allí sí se podrá marcar todo lo demás, complicidad y responsabilidad  de la prensa durante la dictadura, y que objetivamente ayudó a que existiera  ese clima en la Argentina. Decidimos entonces arrancar con estos dos casos que sí tienen vinculación con delitos concretos: con secuestros y con asesinatos. Después hay una tercera causa, que está básicamente impulsada por el gobierno, que es la de Papel Prensa, allí está en juego una cuestión empresarial/periodística. Se cometieron delitos de lesa humanidad para apropiarse de la empresa. Esas serían las tres actuales causas, las que debieran necesariamente ir a juicio oral.
 
RH: Esto nos lleva al rol de los periodistas durante la dictadura. Si bien el caso Clarín es emblemático en su apoyo y fomento, ¿hubo resistencias a esta situación?  ¿El caso de Rodolfo Walsh fue marginal?
 
P.Ll.: En general siempre hay que tratar de hacer un marco nacional primero, y específico de la época, ver si efectivamente ocurrió lo mismo en todo el país, y después sí ir a las excepciones. Yo creo que hubo un periodismo que a nivel nacional tuvo una responsabilidad enorme, previamente y durante la dictadura, porque fue partícipe de ese clima que finalmente se implantó, es decir, un rol que cumplieron los medios y también los periodistas. Las excepciones son las que en la Argentina confirman la regla. Algunas de ellas pueden ser el periódico Nueva Presencia, algunos artículos del Herald, ya que si le damos una mirada general fue un periódico que apoyó a la dictadura, sobre todo en el plan económico, y empezó a denunciar muchas de las atrocidades que se cometían conforme tomó conocimiento, después si se convirtió en una verdadero templo de los derechos humanos. El Herald  además publicaba todos los hábeas corpus, pero había otros diarios que los publicaban. Ahora tenemos más claro el panorama documental, cuando vemos caso por caso: las familias traen el hábeas corpus con el recorte del diario en donde lo habían logrado publicar. De allí surge que también publicaban CrónicaClarín, La Prensa. El primer diario que publica una solicitada es La Prensa, el diario más a la derecha que había en ese momento, en donde escribía columnas Ramón Camps. La había rechazado Clarín, La Nación le puso mil condiciones, y La Prensa la aceptó tal como estaba; siendo la primera, salió en 1977.
En general ese es el rol que se cumplió, sobre todo en los tres primeros años (1976, 1977 y 1978) que son contundentes, la prensa argentina es una. A partir del 79 empiezan a cambiar, y de Malvinas en adelante este proceso de cambio se profundiza. Y en este marco, lo que desde años nos pasa es que nos vamos enterando de algunas cosas, las vamos rescatando y reconociendo actitudes dignas, pero aisladas, de algunos periodistas. Pero siempre insisto en las charlas: la primera nota que se hace sobre la ESMA es a fines de 1982 en la revista La Semana, la primera vez en que aparece un artículo largo sobre el tema, es decir, son seis años lo al periodismo argentino le llevó publicar algo. Entonces, en este marco, hablar de periodistas individualmente es rescatar a los periodistas que estaban militando, Walsh, los de la agencia Ancla, algunos periodistas acá, y los que estaban a fuera. Ariel Delgado, por ejemplo, estaba en Uruguay, donde también había una dictadura. Hay que rescatarlos frente a la miseria que había acá, y la verdad  es que era generalizada.
 
RH: Hubo un debate actual que se reflejó en los medios acerca del rol de los periodistas, sintetizado en “periodismo militante” / “periodismo independiente”. Vos escribiste un artículo para Herramienta[1] sobre el tema. ¿Qué opinas de este debate, seguís pensando igual que entonces?
 
P.LL.: Esto apareció a partir de lo que dijo Martín García, el director de Télam. Planteó que en la agencia “hacemos un periodismo militante”, y lo explica comprendido en el concepto de militancia más partidaria, más encuadrada, más orgánica. Su periodismo militante no es el concepto que yo y algunos compañeros compartimos, que lo relacionamos más al periodismo comprometido, comprometido con un pensamiento político, y comprometido con una cuestión de clase. Este periodismo militante no es sin duda el mismo periodismo militante que plantea Martín García, más orgánico, algo así como “militamos a favor de este gobierno”. El mío es a favor de ideas, pero también es militante, yo reivindico ese periodismo comprometido que se asume en su rol y lo cuenta: “Yo pienso así y así, defiendo estas ideas, y defiendo a este sector de la sociedad, no defiendo al otro”. “Yo no hago notas para empresas, no hago notas para empresarios, yo no le hago prensa a un empresario”. Es un posicionamiento que se tiene que reflejar en tu actividad, es comenzar a decir no, “yo no hago esto”. Lo sostengo y lo comparto con otros, y ya algún fruto hay, una corriente pequeña de periodistas y de estudiantes de comunicación que se están planteando el rol del periodista cada vez con más fuerza.
 
RH: En aquel artículo hablabas de un movimiento por un nuevo periodismo.
 
P:LL: Sí, era un grupo que se llamaba Metaprensa, llegamos a tener un programa de radio en la Radio de las Madres que se llamaba “Nos mean y dicen que llueve”, que era crítico de los medios. Llegamos a armar algunos proyectos, militando con Madres de Plaza de Mayo, nos comprometimos con la creación de su radio, de la enseñanza de periodismo en su universidad. El grupo se fue diluyendo por cuestiones de laburo, de hijos, yo con la cuestión de los juicios que me volqué con todo, pero existe, seguimos conectados. Ahora, entrecruzado con la cuestión sindical, estamos tratando de reflotarlo. El sábado 14 de mayo hicimos una asamblea en el hotel Bauen al que vinieron cien periodistas, dispuestos a discutir, además de las cuestiones salariales y reivindicativas, el rol del periodista. Fue para nosotros un gran avance, porque se masifica un poco la discusión, la mayoría era gente joven, pero también había periodistas de medios importantes. Creo que comienza a haber un cambio desde 2001 en adelante, muchos estudiantes de comunicación y periodistas comienzan a replantearse el rol de los medios, y luego se multiplica a partir de 2008. De una discusión que antes era abstracta, lejana, teórica, solamente en pequeños grupos, se comienza a generalizar el tema del rol  del periodista. Proceso que fue empujado por el enfrentamiento del gobierno con Clarín, y también por la Ley de Medios.
Por ejemplo, yo estoy planteando ahora que no hay que entrar en los medios, en los grandes medios. No entren a Clarín, no entren a La Nación, no entren a Perfil, este es el momento para crear medios, no para entrar en los medios, que ya están, se definieron, tienen una posición clara en lo político/ideológico/empresarial ¿Dónde quieren hacer periodismo? ¿Lo quieren hacer allí? Ahí nunca van a poder hacer periodismo.
 
RH: ¿Llegaste a la conclusión de que ya no se pueden cambiar o modificar las cosas en esos grandes medios? Esto involucra al Sindicato de Prensa, ¿qué rol cumplen?
 
P.LL.: La UTBA sigue muy atrasada con esa cuestión, no la plantea, no le interesa, la ha planteado a veces en algunos momentos de su historia, bastante “para la tribuna”. Nosotros lo que queremos es decirlo y hacerlo, por lo menos intentarlo, intentar crear medios. Hay que decir no, saber decir que no. La “cláusula de conciencia” es una defensa esencial en este sentido, aunque trabajes en una empresa grande, una chica o tengas tu propio medio, la cláusula de conciencia en esto es fundamental. Un periodista que sea obligado a decir lo que no piensa es el fin del periodismo: “Qué más se te puede pedir, lo hago una vez, dos”, NO, ni una vez, esa es nuestra barrera, de allí no podemos pasar, no podemos escribir, que se lo den a alguien que piensa de otra manera. Por ejemplo, en estos tres últimos años se fueron 200 periodistas de Clarín, y los compañeros cuentan cómo retiran su firma de las notas, hacen el laburo pero les da vergüenza y piden por favor no firmar, hay una gran cantidad de artículos en Clarín que no salen firmados, y es por esto. Es lo mínimo, ni siquiera es una actitud de dignidad, es una actitud de vergüenza, de no quedar escrachados. No es decir no lo hago, lo hago pero no lo firmo, pero no firmo porque me da miedo que afuera me digan “Mirá este hijo de puta lo que está poniendo”. Clarín bajó directivas que van desde cuestiones menores hasta, por ejemplo, cada vez que se nombra a Víctor Hugo Morales hay que referirlo como “el relator oficialista”.
Después está la otra discusión, la de los medios que son “K”, donde es lo mismo pero al revés. Por experiencia y por  lo que cuentan muchos compañeros sin duda hay más libertad en los medios “K”, pese a todo, que en Clarín, La Nación, Perfil, etcétera. Pero no podés decir lo que quieras, tenés un poco más de libertad que en los otros medios, pero la asfixia también es fuerte. Y son muchos, privados la mayoría: Tiempo Argentino, Miradas al Sur, la revista Veintitrés, Radio del Plata, Cooperativa, el grupo Spolsky, el diario Diagonales en La Plata. Incluso Moneta sacó El Guardián, que es una revista cuasi oficialista. En la época de los 90 no te ibas a imaginar a Moneta sacando una revista cuya última tapa es “La apropiadora”,  refiriéndose a la titular de Clarín, que es, desde una perspectiva de clase, un empresario acusando a otra empresaria.
 
RH: En  un contexto particular y recogiendo la tradición del anarquismo, el presidente del Uruguay dijo: “La mejor ley de medios, es la que no existe”. Pero la frase fue utilizada por los grupos económicos y políticos que están en contra de la Ley de Medios en nuestro país. ¿Qué opinas al respecto?
 
P LL: Yo mantengo la posición de que la regulación del Estado en los medios de comunicación tiene que tender a desaparecer. Y, de hecho, en todas las discusiones previas siempre planteé –desde una formación teórica y práctica– “cero controles”, ninguna ley. Es una aspiración, en el tránsito hay que ir consiguiendo mejoras legales que descompriman hasta llegar a la no regulación, la absoluta libertad; por supuesto queda mucho camino por recorrer. Ante la ley, mi posición fue: hay una ley de la dictadura, hay que sacarla ¿Estamos para ley cero en medios? No, no estamos en condiciones, no tenemos un pueblo dispuesto a decir “tengo mi medio y que el Estado no se meta”. ¿Esta ley es progresiva? Sí, lo es. ¿Sirve para algunas cosas? Sí, sirve por ejemplo para hacer nuevos medios de comunicación propios. Sirve para que los barrios hagan medios, sirve para que las facultades, los colegios, los sindicatos hagan medios, las organizaciones sociales, etcétera. Hay que aprovechar y ponerse a laburar con esto. Pasó un año ya, y la verdad es que los medios que aparecieron son muy pocos, estamos perdiendo el tiempo. Esta es la ventanita que abrió la ley, entre otras cosas. Una ley que tiene cosas para discutir y mejorar; desmonopoliza, un poco, lo intenta. Los principios y contenidos son aplaudibles, apoyados en convenciones y pactos internacionales sobre derechos humanos, encara la cuestión de género, de los pueblos originarios, etcétera.
 
RH: También fue gestada con un proceso de debate democrático…
 
P.LL: Es progresivo también el proceso por el que fue gestada, de discusión. No es perfecta, el Estado se mete, generan espanto los organismos de control, esa es la parte que uno sacaría ya inmediatamente. Si preguntan qué cambiaría primero de la Ley, bueno, primero los órganos de control, mientras sigan, estamos ante un Estado invasivo.
 
RH: Producir desde cero se hace difícil frente a un sistema nacional de medios que funciona con la lógica del mercado. La posibilidad que da la ley para que los sectores  comunitarios tengan sus medios se enfrenta a la falta de una política de fomento económico. ¿Qué opinás al respecto?
 
P.LL: Crear radios, canales de televisión, soportes, crear productoras, sin dudas que sale plata, tenemos la oportunidad de hacerlo y tenemos la oportunidad de reclamarle también eso al Estado. Usamos el ingenio para obtener fondos y si no, le reclamamos al Estado. Es decir, sacaron la ley, pero no un plan de subsidios o préstamos, por ejemplo, algo así como “mini préstamos de comunicación”. Esa política no se dio, tal vez no se vaya a dar, tal vez haya que reclamarla. Es cierto, es difícil, pero del otro lado, los que sí tienen plata empezaron a hacerlo: la AFA anuncia la salida de su canal de televisión y hay un montón que andan dando vueltas; la UOCRA, ya lo hizo, ya lo montó. Para dar sólo dos ejemplos. Del  otro lado tenés a los compañeros de un diario de Villa María, un diario recuperado que fue convertido en cooperativa que les está yendo bastante bien. Una experiencia del “lado nuestro”, digamos, aunque no las conozco a todas. Creo que pidieron un subsidio, pero se las arreglaron con fondos propios. La radio es lo más económico en estos sueños de hacer medios.
Insisto siempre cuando visito algunas provincias: ustedes tienen que hacer productoras propias, con contenidos propios, canales de noticias propios, con contenidos locales, programas deportivos con cuotas de originalidad, generar ideas. Que permitan colocarlas en los medios más grandes, que puedan hacer un producto que se lo puedan colocar a Canal 7, a Encuentro. Muchos piensan que lo que hay que hacer es todo un gran canal, no, podés hacer un canal, una productora, o un programa, y después dar la pelea para venderlo, y cambiar conceptos periodísticos.
 
RH: Tenés también una trayectoria como periodista deportivo. ¿Qué opinás del “fútbol para todos”?
 
¡Hui! estamos enloquecidos con eso. Yo por ejemplo, laburo en la revista Un caño, que tiene una extraña combinación, es decir, es algo así como una isla de libertad porque hacemos lo que queremos. Pertenece a un empresario privado que es un distribuidor de diarios y revistas, que ejerce control cero en su contenido, es de esos empresarios que tienen ganas de tener una revista para “chapear”. Con nosotros escriben quince periodistas, más o menos conocidos dentro del ámbito deportivo, que a veces se cruzan entre ellos. Por ejemplo, Bonadeo, que es durísimo opositor al gobierno y dice que el menemato era mejor que el kirchnerismo, que dice esto y lo ha escrito, con Víctor Hugo, se han cruzado entre ellos y se han puteado varias veces en la revista. Y desde el punto de vista comercial se mantiene a flote, vende cuatro mil ejemplares, tiene cinco o seis avisos, es una revista mensual, es virtual, porque la hacemos cada uno en su casa. A mí me mandan las notas, yo las edito aquí en la computadora, no tenemos redacción.
Entonces, con el tema de “fútbol para todos” la mayoría de nosotros apoyó la ruptura del contrato con Clarín. Con el nuevo contrato pasamos a tener una posición crítica, la mayoría, no todos, con el tema del manejo, porque se lo dieron a una productora donde el relator es Marcelo Araujo. Los periodistas que están allí son los mismos que estaban en Torneos y Competencia, Tití Fernández, Benedetto, etcétera, y el estilo es más o menos lo mismo. Sí cambió la cuestión del televidente sobre el derecho de ver los partidos, y su libertad de poder elegir, y no tener que depender de si pago o no pago un codificado. Pero en cuanto a los contenidos periodísticos sigue siendo lo mismo, un tremendo error del gobierno. Y ahora parece que viene otra cosa, otro retroceso, ya que van a crear un torneo argentino, similar al torneo brasileño, en donde se juega todos contra todos, el club de la B contra Boca, se lanza a partir del año que viene, se va a televisar por el canal de la AFA.
 
RH: La mayoría de los políticos opositores dice que va a mantener el “fútbol para todos”.
 
P.LL: Es difícil retroceder de esto, hoy el ciudadano argentino defendería el fútbol para todos como derecho si hay alguien mañana que pretenda volver al sistema anterior codificado por cable. Creo que habría algunas protestas en este sentido. El tema es que se trata de una decisión que no vino por abajo, vino por arriba. No hubo un debate sobre el derecho de la gente a discutir contenidos, sobre el derecho a la información y a la comunicación que es de todos. Al contrario, tenemos el concepto –todos– del cliente: “Yo pago, a ver qué me dan”. Así es difícil poder llegar a discutir contenidos. Pienso que la aparición de 678 en parte instala la discusión de los medios con cierta visión crítica. Ahora la discusión está un poquito más ideologizada, yo no quiero seis canales de noticias más, quiero Telesur, quiero Paka Paka, etcétera. Con el fútbol pasaba lo mismo, se avanzó a límites increíbles en la Argentina en lo que fuimos perdiendo. Hubo un momento en la década del noventa que se perdió hasta la selección, eso generó una protesta que además no fue encabezada por la gente, fue Julio Ramos el que desde Ámbito Financiero lo planteó; fue en el menemato, los partidos de la selección iban por cable, no por TV abierta, el que no tenía cable no veía ni a la selección. Con el tema del fútbol son muy pocos los que lo discutieron desde el punto de vista del derecho a la información. Por eso lo importante es entender, desde el otro lado, que el derecho a la comunicación es el derecho a recibir en la sociedad lo que está pasando en todas sus áreas, no sólo en el área política y económica.


[1] “Periodistas por otro periodismo”. En: Herramienta 9 (1999).    http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-9/periodistas-por-otro-periodismo