El Estado capitalista y el debate Imperio-Inperialismo

Míguez, Pablo

I. Introducción

 
Este trabajo propone contraponer las diferentes concepciones del Estado capitalista que subyacen en algunos de los debates recientes sobre el Imperialismo, intensamente renovados en la teoría desde la publicación de Imperio de Toni Negri en 2001 y, en los hechos desde la nueva ocupación de Irak desde 2003[1]. En las controversias actuales se suele dejar de lado este plano del debate y se discute entre los autores sin detenerse demasiado en la naturaleza del Estado capitalista que cada autor explícita o implícitamente defiende.

Numerosos intelectuales sostienen con diferentes argumentos la continuidad del “imperialismo” como categoría teórica fundamental para entender los rasgos propios del capitalismo actual, Negri, Panitch y Gindin en cambio discuten su pertinencia. El primero desarrolla la noción de “Imperio”, para analizar la fase presente del capitalismo mientras que Panitch y Gindin, adoptan la categoría “imperio informal”. A través de un rastreo teórico por las principales obras de los autores el trabajo buscará mostrar que sus posiciones provienen de una caracterización específica de la naturaleza del Estado en el capitalismo. Las tensiones presentes de la economía mundial serán interpretadas desde ambos esquemas para señalar sus puntos de contacto y sus disidencias, buscando los puntos de fortaleza y las debilidades, y mostrando las consecuencias políticas derivadas de uno u otro enfoque.
A diferencia del debate sobre el Estado capitalista, la cuestión del Imperialismo no fue planteada por Marx sino por los teóricos socialistas a finales del Siglo xix. El referente clásico en esta cuestión es el texto de Lenin, Imperialismo, etapa superior del capitalismo. Allí retoma a Hilfreding y Hobson para describir al imperialismo como la última fase del capitalismo en la cual el capital bancario e industrial se fusionaron en capital financiero durante la etapa previa a la Primera Guerra mundial, donde se asiste asimismo al dominio de los monopolios. Lenin resaltaba de esta manera los cinco rasgos fundamentales del imperialismo: “El imperialismo es el capitalismo en aquella etapa de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, empezando el reparto del mundo por los trust internacionales y terminado el reparto de toda la tierra entre los países imperialistas más importantes.”[2]. Como señala Mc Donough, según Lenin el capitalismo se transformó en imperialismo: “El capital financiero, la exportación de capital y la división imperialista del mundo todo se origina a partir de la estructura monopólica del mercado”[3].De esta manera Lenin resolvió la primera crisis del marxismo - generada por la ausencia del anunciado derrumbe capitalista, es decir, la recuperación de la crisis de fines del siglo xix, evidenciada en el debate Berstein- Kautsky- y desarrollo una teoría de las etapas de la acumulación. En este último sentido fue el antecedente de las escuelas del capital monopolista de Baran Sweezy, y de las Estructuras Sociales de Acumulación, así como de las obras de Mandel y Uno, entre otros[4].
La teoría del imperialismo tal como era formulado por Lenin no se cuestionó demasiado hasta el final de las guerras mundiales, y el uso del término mostró diferentes variantes. En la posguerra, la descolonización se hacía en nombre de “la lucha contra el imperialismo”, tomada por los movimientos de liberación nacional en África y Asia; en los años setenta fue recuperado por la Teoría de la dependencia en sus diferentes versiones y por otros enfoques críticos. El tema disminuyó en intensidad en los años posteriores y en la actualidad el debate cobró nuevo vigor, especialmente a partir de las intervenciones estadounidenses en Irak desde 2003. Aunque el debate ha sido intenso, no podemos hablar de una nueva teoría del imperialismo consolidada pero si de un debate abierto.
 
II. Panitch y Gindin y “el imperio informal norteamericano”
 
Panitch y Gindin se proponen reformular la teoría del imperialismo para adecuarla a los desarrollos actuales de la economía global. Abogan por una nueva teoría del imperialismo que explique el ascenso del imperio informal norteamericano: “Todo esto nos lleva a pensar que la izquierda necesita una nueva teorización que pueda trascender los límites de la rivalidad interimperialista “por etapas”, permitiendo así una apreciación mas completa de los factores históricos que condujeron a la formación de un único imperio informal norteamericano.”. Sostienen que Hardt y Negri captaron la nueva coyuntura pero critican severamente la idea de que EEUU y ningún estado nación sean el centro de un proyecto imperialista”[5].
Panitch distingue la tendencia expansiva del capitalismo y su historia real y propone más que teorizar sobre la historia, o sea deducirla de leyes económicas abstractas, “historizar la teoría”. La falta de lectura histórica es el punto débil de las tesis del imperialismo clásico: “Lejos de ser la fase superior del capitalismo, lo que estos teóricos están observando (y es hoy obvio para nosotros) era una fase relativamente temprana del capitalismo. No sólo en términos de patrones de consumo, flujos financieros y competencia sino también en relación al grado limitado de inversión extranjera directa de ese entonces y a los medios muy rudimentarios que en ese momento se habían desarrollado para manejar las contradicciones asociadas con la internacionalización del capitalismo”[6].
De esta manera se desvinculan de la teoría de las etapas y proponen acentuar la teorización sobre el lugar del Estado en el imperialismo:
En este sentido, es necesario mantener al imperialismo y al capitalismo como dos conceptos distintos. La competencia entre capitales en la arena internacional, el intercambio desigual y el desarrollo desparejo son todos aspectos propios del capitalismo y su relación con el capitalismo sólo puede ser entendida mediante una teorización del Estado. Cuando los estados preparan el terreno para la expansión de sus capitales nacionales hacia el exterior, incluso si la dirigen, esto sólo puede ser entendido a partir del hecho de que son relativamente autónomos para mantener el orden social y asegurar las condiciones de acumulación del capital. Por lo tanto, cualquier explicación sobre el imperialismo debe incluir un análisis de las capacidades del Estado, como así también sus determinaciones de clase, culturales y militares.[7]
Panitch y Gindin suscriben a la tesis del “imperio informal” de Estados Unidos, que a diferencia del imperio formal, requiere que la penetración económica y cultural de otros Estados sea sostenida por la coordinación política y militar con otros gobiernos independientes, esto es, incorporando a las nuevas potencias emergentes en su dominio[8]. Se trata de una tarea que no habría podido realizar Gran Bretaña en el siglo xix, cuando fracasó en su intento de integrar a todas las potencias capitalistas en un sistema de coordinación efectivo. Coinciden con Negri en marcar la importancia de las estructuras jurídicas del constitucionalismo norteamericano en la expansión de este nuevo imperio informal. Pero a diferencia de éstos señalan que, lejos de anticipar un poder descentrado que prefigura el poder en red, esto fue lo que permitió al gobierno central expandir el comercio y hacer la guerra[9]. En sus orígenes, a diferencia del Imperio Británico, Estados Unidos no necesitaba expandirse al exterior dado que contaba con el mercado doméstico más grande del mundo. Este imperio informal se habría articulado momentáneamente con intervenciones militares a finales del siglo xix, pero alcanzó su apogeo durante el “aislacionismo” posterior a la Primera guerra mundial. En los años treinta se consolidó la reconstrucción estatal y luego de la Segunda Guerra el imperio informal se tendió más allá del hemisferio, con el nuevo orden de posguerra centrado en las instituciones de Bretton Woods, permitiendo incluso en la reconstrucción de los Estados rivales, algo impensable si pensamos en función de los cánones del imperialismo clásico.
Sólo en un sentido el imperio norteamericano se mostró activamente “imperialista” y es aquel en virtud del cual cualquier intervención militar debería ser iniciada o aprobada por Estados Unidos. Los desequilibrios entre la ayuda a Europa y Japón en la reconstrucción de posguerra y los recursos hacia la periferia reforzaron las desigualdades globales, pero eso no disminuía el hecho de que la penetración de las fronteras por el capital, más que su disolución, constituyera el mecanismo central del imperio informal norteamericano, organizado a partir de la reconstrucción de los Estados: “La gran expansión de inversión directa extranjera en todo el mundo implicó que lejos de escaparse del estado, el capital aumento su dependencia de muchos estados.” Es por esta razón que quedaba anacrónico el tipo de rivalidades que condujeron a la Primera Guerra Mundial como la noción misma de burguesía nacional. La “internacionalización del Estado” le permitía a Estados Unidos ejercer su interés no sólo a favor de su clase capitalista sino en beneficio de la reproducción global del capital. Las ideas de Panitch y Gindin retoman así el pensamiento de Nicos Poulantzas, para quien en la Europa de posguerra el capital local fue desarticulado y ya no representado por una burguesía nacional coherente sino por estructuras del orden global liderado por Estados Unidos, a través de una inversión extranjera directa que afectaba la estructura de clases y las formaciones sociales de otros países capitalistas centrales. Los estados, lejos de desaparecer, sumaban responsabilidades y fortalecieron los aparatos coercitivos, especialmente las fuerzas armadas estadounidenses y las fuerzas de seguridad bajo el neoliberalismo.
En relación a las recurrentes crisis del capitalismo, si bien éste fue incapaz de evitarlas hasta ahora ha sido capaz de administrarlas. Los autores sostienen que la crisis de los setenta que dio lugar al neoliberalismo fue esencialmente una crisis que cuestionaba el orden de posguerra y del que Estados Unidos salió reforzado, sobre todo en virtud del resurgimiento de las finanzas producido por el giro monetarista de Volcker. Más que la reconstrucción del poder del capital financiero, para Panitch es el poder económico norteamericano lo que estaba en juego a finales de los setenta. Esto se cristalizó también en la reestructuración del FMI y el Banco Mundial, en la profundización de la OMC y el G-7 para el cumplimiento de las funciones apropiadas para el capital global. El alza de las tasas canalizó el ahorro global hacia Estados Unido, consolidando el capitalismo como proyecto global, o sea, sentando las bases para que los capitales europeos y japoneses hicieran lo mismo al transformarse en “importador de última instancia”. Son estas las razones por las cuales Panitch se opone directamente a la tesis según la cual el imperialismo actual opera a través de una rivalidad económica interimperialista entre EEUU, Japón y la UE. No sólo por la relativa debilidad de los dos últimos sino porque actualmente la estabilidad del capital global depende de este déficit norteamericano. No hay una continuidad de la crisis de los setenta sino que es la complejidad sistémica del capitalismo global la que genera nuevas contradicciones, como recesiones, deflación y dependencia de EUU respecto de los flujos de capitales y del mundo respecto del mercado norteamericano[10].
Las crisis capitalistas no permiten predecir sus efectos internacionales. La rivalidad interimperialista entre estados o un retorno a las rivalidades entre burguesías nacionales es económica y militarmente impensable. Los conflictos se dan dentro de los mismos estados, en el marco de los procesos internos de acumulación y del despliegue de la lucha de clases:
De las tres grandes crisis estructurales del capitalismo, la primera (posterior a 1870) aceleró la rivalidad inter-imperialista y condujo a la Primera Guerra Mundial y a una revolución comunista, mientras que la segunda (la Gran Depresión) en realidad revirtió la tendencia internacionalizadora del capitalismo. Aún así, la crisis de principios de los setenta fue seguida por una profunda aceleración y extensión de la globalización capitalista. Y aunque esto promovió la competencia económica inter-regional, no produjo nada parecido a la antigua rivalidad inter-imperial.[11]
El problema para Estados Unidos consiste más bien en la integración de la periferia, poder construir las redes que anudó en los países centrales de la misma manera en las zonas aún no completamente integradas a los niveles adecuados. En los años setenta, la integración de la periferia no era un problema y se basaba justamente en las finanzas, mientras los intentos de desvinculación del capitalismo fueron contenidos o revertidos. El problema era la crisis del dólar y la inflación que favorecía la fuga de capitales, poniendo en peligro la estrategia imperial. A partir de las políticas monetaristas, que se aplicaron en EEUU para luego ser imitadas en numerosos países centrales, más que crisis del capitalismo hubo crecimiento lento. La profundización de las finanzas permitió que EEUU se apropie de una enorme masa de ahorro global, mientras el crédito y la fortaleza del dólar mejoraron la productividad y se recuperó la tasa de ganancia, como bien documentan Dumenil y Levy. El neoliberalismo, que nació de la respuesta a esa crisis, resolvió esta tensión entre los roles imperiales y domésticos de EEUU al terminar con la inflación y con la fortaleza del movimiento obrero y restablecer la confianza en el dólar. Para Panitch y Gindin el endeudamiento de EEUU, más que una muestra de su debilidad, es una señal de fortaleza.
 
III. El Imperio y el Estado capitalista: el planteo de Toni Negri
 
A diferencia de los enfoques mencionados, el trabajo de Toni Negri es el resultado de reflexiones que tienen como punto de partida la filosofía política, especialmente la filosofía del derecho, y la crítica de la economía política, siendo los procesos históricos abordados para apoyar estos desarrollos más que para elaborar teorizaciones a partir de ellos.
La cuestión del Imperialismo en el Trabajo de Negri aparece seriamente reformulada en su libro escrito con Michael Hardt, Empire. La propuesta de Negri consiste en estudiar las transformaciones del capitalismo actual desde un abordaje complejo, que obliga a considerar todo el recorrido teórico del filósofo marxista para captar el sentido de sus argumentos. La controversia principal se suscitó a raíz de la noción de Imperio, como una concepción del orden mundial que debe reconsiderar las nociones clásicas del Imperialismo.
Las preocupaciones de Negri siempre se han centrado en la teoría marxista del Estado, del cual es uno de sus principales exponentes. No debe llamar la atención que una visión del Estado que no supere el carácter instrumental de las primeras versiones del marxismo, despierte la crítica del autor. Analizar el capitalismo es para Negri estudiar el Estado capitalista y su compleja relación con el capital y el trabajo. Esta perspectiva es el punto de partida del autor y desde allí va a analizar las transformaciones de los estados capitalistas considerando que el conflicto entre capital y trabajo es el conflicto central de la lucha de clases. Dejar esto de lado para centrarse en los conflictos entre las diversas fracciones del capital, o entre ellas y la mediación estatal, es un defecto de muchas de las teorizaciones “economicistas”. Por otro lado, Negri razona en términos tendenciales, es decir, identificando tendencias todavía no completadas en el presente y cuya efectivización en el futuro no esta asegurada ni determinada. En esto sigue la tradición marxista presente en los Grundisse, sobre la cual apoya buena parte de su trabajo teórico.
No es casual que Imperio comience con la siguiente frase: “La problemática del Estado está determinada en primera instancia por un hecho simple: que hay un orden mundial. Este orden se expresa como una formación jurídica” [12]. La elección de la temática del Estado forma parte de las preocupaciones clásicas de Negri, esta vez a partir de una reflexión de tipo jurídica que lo obliga a realizar un recorrido por la noción de soberanía: “Éste es el verdadero punto de partida de nuestro estudio del imperio: una nueva noción del derecho o, mas bien, una nueva inscripción de la autoridad y un nuevo diseño de la producción de normas e instrumentos legales de coerción que garantizan los contratos y resuelven los conflictos.”[13].
Este derecho consistiría centralmente en un derecho de intervención, que en realidad es un derecho de policía, ya que se inscribe en el despliegue de la prevención, la represión y la fuerza retórica destinadas a reconstruir el equilibrio social. Este ya no se basa solamente en un estado permanente de emergencia y excepción, como el viejo derecho internacional, sino que además de ello lo hace apelando a valores universales de justicia, retrocediendo la vieja doctrina de la “guerra justa”. A su vez, esto se complementa con la constatación de que desde la segunda mitad del siglo xx las empresas trasnacionales industriales y financieras comenzaron a estructurar biopolíticamente los territorios, produciendo no sólo mercancías sino también subjetividades. Producen necesidades, relaciones sociales, en fin, productores y consumidores[14].
En suma, la existencia del imperio se basa en la constatación del surgimiento a nivel global de una soberanía de nuevo tipo, una soberanía imperial diferente a la que investía de poder a los estados nacionales. Según Negri, la soberanía moderna presentada por Hobbes hace una apología de la razón de estado y presenta un carácter trascendente. La nueva soberanía tiene un carácter inmanente - derivada del republicanismo de Maquivelo, que inspiró la revolución inglesa, y continuada por la tradición del constitucionalismo norteamericano (sobre todo en Madison) – que establece un sistema de frenos y contrapesos, una interacción de fuerzas vinculadas entre sí en redes[15]. Para Hardt y Negri esta soberanía inmanente es expansiva, pero dicha expansión tiene un carácter incluyente, no anexa ni destruye a los otros poderes a los que se enfrenta sino que se abre a ellos, los incluye en su red: “Esta expansión imperial no tiene nada que ver con el imperialismo ni con aquellos organismos de Estado concebidos para conquistar, saquear, cometer genocidio, colonizar e imponer la esclavitud. A diferencia de tales imperialismos, el imperio se extiende y consolida el modelo de poder en red”. Esto no implica desconocer que “los momentos expansivos del imperio estuvieron bañados de sangre y lágrimas”, sólo se busca marcar la diferencia de los dos conceptos[16].
Los autores señalan que en este nuevo orden, Estados Unidos cumple un papel fundamental. Durante todo el siglo xx, “lejos de ser aquella nación singular y democrática que imaginaron sus fundadores, un imperio de la libertad, era el autor de proyectos imperialistas, directos y brutales, tanto en el interior de sus fronteras como fuera de ellas.” Su imperialismo comenzó desde la revolución rusa y continuó durante la guerra fría, donde en su interés por “proteger” a los países del comunismo mantuvo políticas que en los hechos eran indistinguibles de las iniciativas tendientes a dominarlos y explotarlos con técnicas imperialistas. En suma, la definición de un orden imperial, un nuevo tipo de iniciativa hegemónica posterior a la guerra fría, es parte del proyecto histórico de la historia constitucional de Estados Unidos: “El efecto más importante de la guerra fría fue reorganizar la hegemonía dentro del mundo imperialista, acelerar la decadencia de las viejas potencias y dar nuevo impulso a la iniciativa estadounidense de constituir un orden imperial”[17]. Estados Unidos se presenta como la única potencia capaz de aplicar la justicia no como una función de sus propias motivaciones nacionales sino en nombre del derecho global, produciendo normas jurídicas que establezcan el poder del actor hegemónico de manera duradera y legal.
Uno de los puntos más controvertidos de este planteo de Negri y Hardt radica en la idea de que la soberanía imperial ya no reconoce un exterior. “La soberanía moderna fue concebida como un territorio y la relación de ese territorio con el exterior. Pero el imperio se mueve en un espacio uniforme: En este espacio uniforme del imperio, no hay ningún lugar del poder: éste está a la vez en todas partes y en ninguna. El imperio es una u-topía, un no lugar.”[18]. Es decir, en línea con Foucault, el poder no tiene un lugar porque está en todos lados, el interior y el exterior se han vuelto indiscernibles. La lógica institucional que dominaba a Estados Unidos, “el interior”, se ha expandido a todo el terreno social. Y creemos que para Negri con ello se expandirá, presumiblemente también, la crisis de dichas instituciones. De esta manera Negri se diferencia de los teóricos que ven en el nuevo proceso en marcha un perfeccionamiento del viejo imperialismo, donde “los Estado nación capitalistas dominantes continúan ejerciendo una dominación imperialita sobre los demás naciones y regiones del globo.”[19], como sostienen los teóricos del sistema mundo y buena parte de los pensadores marxistas.
Negri no desconoce que para muchos autores de pensamiento marxista la expansión capitalista adquiere la forma del imperialismo. Marx, que escribió poco sobre el imperialismo, señalaba que el capital no se queda quieto en los límites de su territorio sino que incorporaba siempre nuevos espacios en su tendencia a crear el mercado mundial. Los problemas de realización, desarrollados por Rosa Luxemburgo, impulsaron al capital a descubrir mercados no capitalistas donde intercambiar sus mercancías y realizar su valor. Internalizar lo exterior era un requisito de la etapa siguiente del ciclo de acumulación, que requería capital constante y capital variable adicionales, e impulsaba el saqueo y el robo de las materias primas en el mundo entero. Ello no implica que necesariamente estos territorios se incorporen a su esfera, estas sociedades podían seguir funcionando de acuerdo a relaciones sociales no capitalistas. Hilferding señala la exportación de capitales hacia el exterior como la punta de lanza para imponer formas sociales capitalistas que habrán de reproducirse, quedando el ámbito no capitalista absorbido por el capital. Sin embargo cada territorio, cultura o segmento no capitalistas se incorporó de manera diferente al cuerpo expansivo del capital[20].
Según Negri y Hardt, para los teóricos marxistas las cuestiones en juego son principalmente políticas, a pesar de sus crítica en clave económica. La lucha contra el imperialismo es la lucha contra el capitalismo. Lenin adoptó las tesis de Hilferding sobre los obstáculos cada vez mayores para la nivelación de las ganancias entre las diversas ramas de la producción a mediad que se expande el capital. Esto era causado por la influencia de los monopolios, surgidos del capital industrial y bancario como una nueva fase del desarrollo internacional del capital. Y llevaba a Kautsky a caracterizar el futuro como una fase donde el capital monopólico, más o menos regulado por el Estado, podría nivelar internacionalmente las ganancias a partir de la cooperación pacífica en el seno del capital financiero. Según Negri, el problema era que con este diagnóstico de Kautsky se atenuaba la posibilidad de revolución, muy presente en ese momento. O sea, Lenin compartía las posiciones teóricas de los autores pero se oponía a sus posiciones políticas, ya que el movimiento obrero debía oponerse a la posibilidad de manejo exitoso de la nivelación de las ganancias. Las luchas en el eslabón más débil de la cadena podían destruir al propio imperialismo antes de que se cumpliera la tendencia al “ultraimperialsimo” de Kautsky.
Para Negri la relación con la teoría del Estado es más clara cuando Lenin recupera las teorías de Hobson: En particular, aprendió que los Estados-nación europeos modernos utilizan el imperialismo para transferir fuera de sus fronteras las contradicciones políticas que surgen dentro de cada país. El Estado-nación le pide al imperio que resuelva o, en realidad, desplace la lucha de clases y sus efectos desestabilizadores”. Ésta es la conexión que Negri establece a partir de Lenin entre la teoría del Estado y las teorías del Imperialismo: “Lenin entendió el imperialismo como un estadio estructural de la evolución del Estado moderno. Imaginó una progresión histórica necesaria y lineal desde las primeras formas del Estado europeo moderno pasando luego por el Estado Nación, hasta llegar al Estado imperialista”[21].Para Lenin la Primera Guerra Mundial indicaba el punto culminante de la crisis de la soberanía moderna, que se resolvía con la revolución comunista mundial o el imperio. Para Negri, que en este punto dice seguir el esquema de Lenin, la lucha de clases transforma el imperialismo en Imperio, mientras que los teóricos del capitalismo se concentran en las contradicciones del capitalismo, sin pasar al análisis de la subjetividad.
Un punto clave para Negri, que lo diferencia de muchos autores marxistas es su particular consideración de la teoría marxista el Estado. Conocedor como pocos de los pormenores del debate sobre el estado capitalista, Negri sostiene que Marx no llegó a conformar en vida una teoría general, por la sencilla razón de que las características constitucionales de cada Estado-nación estaban condicionadas por “la diferencia existente en las proporciones de ganancia de las distintas economías nacionales, así como la diferencia entre los diferentes regímenes de explotación, en suma, por las sobredeterminaciones particulares de cada estado sobre los procesos de valorización en los diferentes centros nacionales de desarrollo. El Estado-nación era un a singular organización del límite.”[22] . Por lo tanto, el volumen sobre el Estado no podía escribirse hasta que no se concretara el mercado mundial, esto es, cuando el Estado y el capital coincidieran efectivamente y el capital y el trabajo se enfrentaran directamente de manera antagónica.
Para Negri, con la llegada del Estado Keynesiano-benefactor, éste se consolidó en una posición de mediador de los conflictos entre las clases y motor del movimiento social, lo que afectó a la discusión sobre la naturaleza del Estado en el capitalismo. El modelo del New Deal fue una respuesta a la crisis de todos los estados capitalistas dominantes tras la Primera Guerra Mundial y produjo las formas más elevadas de gobierno disciplinario, dando lugar a un tipo subjetividad específica propia del “obrero masa”. El pasaje del obrero masa al obrero social que Negri describía a finales de los años setenta a partir de la extensión de la disciplina laboral al resto de la sociedad, la convertía en una sociedad fábrica, una sociedad disciplinada en cuanto a su formas de producción y sus formas de gobierno[23]. Hardt y Negri reconocen que este keynesianismo benefactor no explica necesariamente la evolución de todos los estados capitalistas:
En los países capitalistas subordinados, el régimen de salarios altos que caracteriza al fordismo y la amplia asistencia social que caracteriza al Estado benefactor sólo se verificaron en formas fragmentarias y en franjas limitadas de la población. De todos modos, nada de todo esto tenía que realizarse, su promesa hacía las veces de zanahoria ideológica par asegurar el consenso suficiente a fin de aplicar el proyecto modernizador.[24]
Negri se ocupó de la dialéctica entre el Estado y el capital a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo capitalista. La etapa actual de la globalización no se caracteriza simplemente por la victoria de las empresas capitalistas sobre el estado. Aunque estas fuerzas socavaron los poderes del estado nación, los estados capitalistas continúan funcionado y los elementos constitucionales se han desplazado efectivamente a otros niveles de dominio. En el pasaje de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control, los controles se articulan a través de funciones y cuerpos transnacionales y la mediación política funciona a través de la mediación burocrática y la sociología administrativa antes que las categorías tradicionales. La política no desaparece sino mas bien “la autonomía de lo político”[25].
A pesar de lo dicho anteriormente, el Imperio tiene una estructura. El poder global, sin embargo, no es sinónimo de Estados Unidos, sino que es una estructura piramidal y jerárquica de diferentes niveles. Un primer nivel donde se aloja Estados Unidos, como potencia hegemónica del uso de la fuerza, que puede actuar sola pero en lo posible prefiere ser acompañada por las Naciones Unidas, y por debajo los estados-nación que controlan el G-7. Un segundo nivel que se mueve bajo el paraguas protector del primero, esta formado por las empresas transnacionales y la mayoría de los estados-nación soberanos. El tercer nivel es se conforma de los grupos que representan los intereses populares en el ordenamiento del pode global. En suma, las funciones de la mayoría de los estados nación consiste en captar y distribuir “los flujos de riqueza desde el poder global y hacia él y disciplinan a sus propias poblaciones en la medida que aún pueden hacerlo.”[26].
Esta configuración tripartita del poder Imperial se muestra compatible con la que construyó Polibio para el caso de Roma. El imperio esta constituido por “un equilibrio funcional entre estas tres formas de poder: la unidad monárquica del poder y su monopolio global de la fuerza, las articulaciones aristocráticas que se establecen a través de las grandes empresas transnacionales y los Estados-nación y los comitia democráticos y representativos, encarnados por “organismos populares”. El imperio, sin embargo, no es un retorno al antigüo modelo de Polibio sino una evolución desde el modelo liberal de constitución mixta a un modelo donde de constitución híbrida de las funciones de control del Imperio[27].
 
IV. La concepción del Estado capitalista y su influencia en las teorías del Imperio-imperialismo
 
Los apartados anteriores nos sirvieron para reponer los núcleos centrales de los argumentos de los autores mencionados. En esta recuperación del debate del imperialismo debe tenerse en cuenta que está presente la cuestión del Estado capitalista desde que el propio Lenin escribió su texto clásico Imperialismo, etapa superior del capitalismo casi simultáneamente con El estado y la revolución.
De los autores analizados, en mayor o menor medida todos reconocen la importancia de la cuestión del Estado para comprender la dinámica del capitalismo mundial en esta nueva fase, no obstante, Panitch y Negri son quienes más insistentemente destacan esta conexión e intentan justificarla en términos teóricos. La teorización de Lenin es estudiada por Negri en relación a la obra de Marx, a los debates del momento y a los hechos puntuales del período previo a la revolución rusa, donde Lenin escribe además del mencionado texto clásico sobre el imperialismo, El Estado y la revolución. Reconsiderar el legado de Lenin era fundamental en el marco de los debates de los sesenta donde el marxismo soviético había terminado por consagrar una concepción del socialismo y una conceptualización del estado ligada a la planificación centralizada y al control de los trabajadores, lo que no se derivaba directamente de las ideas de Marx o Lenin[28]. El estado es para Negri una institución indudablemente al servicio del capital. En los años setenta Negri cuestionaba la estrategia del Estado planificador keynesiano de contención del conflicto de clases, presente desde los años treinta. La emergencia de un nuevo tipo de obrero, el obrero social, hacía estallar fuera de las paredes de la fábrica la opresión capitalista y obligaba al Estado a hacerse cargo directamente de ella. Para Negri el poder creativo de la clase obrera siempre fue el verdadero motor del desarrollo, por lo cual el Estado no sólo debía promover a los capitales nacionales sino asegurar las condiciones de apropiación de la plusvalía generada por todo el cuerpo social.
A diferencia de muchos análisis marxistas, para el Negri “autonomista” el capital es reactivo, es decir, el trabajo es “anterior” al capital. Ya desde los años sesenta se encargaba de señalar que el capital captura la productividad y la creatividad del trabajo. Actualmente esto sigue siendo así. La economía ya no funciona sólo a partir de los parámetros de la industria y se basa crecientemente en la explotación del conocimiento, en la posibilidad de apropiación de los saberes sociales generales del trabajo. El capital comprendió estas modificaciones por lo que resignificó la producción y las formas de protección de la propiedad. Las leyes de patentes, las comunicaciones no pueden ser adecuadamente reguladas a nivel del Estado nación y la forma Imperio es la que se muestra apropiada en esta fase del capitalismo. Esto no excluye la permanencia de algunas de las viejas formas de imperialismo, pero éstas por sí mismas no son capaces de mantener la llama de la acumulación.
Panitch y Gindin enfatizan también la necesidad de recurrir a la Teoría del Estado, sobre todo al trabajo de Nicos Poulanzas, quien participó activamente en los años setenta de la polémica contra las visiones instrumentalistas del Estado. La “internacionalización de estado” es necesaria para entender la dinámica del imperialismo y el surgimiento del imperio informal norteamericano:
El imperialismo capitalista, entonces, requiere ser comprendido mediante una extensión de la teoría del Estado capitalista y no como una derivación directa de la teoría económica de las fases o las crisis. Dicha teoría necesita comprender no sólo la rivalidad interimperial, y la supremacía coyuntural de un estado determinado, sino también la penetración estructural de los antiguos rivales por parte de un estado imperial particular. Esto quiere decir que es necesario historizar la teoría, empezando por romper con la noción convencional de que la naturaleza del imperialismo moderno está determinada de una vez y para siempre por el tipo de rivalidades económicas propias de la fase de concentración industrial y financiarización asociada al “capital monopólico” de cambio de siglo.[29]
La recuperación de Poulantzas pasa por alto las críticas que despertaron sus posiciones a raíz del debate del Estado de los setenta y que sería muy extenso reponer en este trabajo, sobre todo por parte de la Escuela alemana de la Derivación- Joachim Hirsch, Elmar Alvater, etc.- y el Marxismo Abierto- John Holloway y Werner Bonefeld[30].
 
V. A modo de conclusión
 
Antonio Negri, Leo Panitch y Sam Gindin constituyen una referencia insoslayable cuando se aborda la cuestión del imperialismo en la actualidad, así como David Harvey, Robert Brenner y Giovanni Arrighi. Son todos excelentes conocedores de su tiempo y de las disciplinas que intentan interpretarlo, y todos cuestionan el orden establecido por el capital. El punto de partida de los autores mencionados es, acertadamente, el mercado mundial, sin embargo la cuestión del Imperio/Imperialismo es un debate que exige a quienes sostienen la pertinencia actual de una u otra noción la pregunta sobre el carácter del Estado que se correspondería con un proyecto alternativo. Negri aborda la cuestión desde la filosofía política y la crítica de la economía política. Parte directamente de la discusión del Estado y sus caracterizaciones del Imperio hacen referencia permanente a dicho debate. En apartados anteriores hemos querido destacar cual es la noción de estado prevaleciente en Negri y cuanto de ella esta presente en el Imperio, que implica una nueva forma de soberanía ya no de nivel estatal. Los otros autores, si bien no proponen un planteo teórico del Estado, se refieren permanentemente a su actividad e implícitamente le asignan una naturaleza y funciones específicas.
Asimismo, al trabajo de Negri se le puede exigir mas respuestas sobre cómo se resuelven las tensiones entre un sistema que tiende hacia el Imperio mientras debamos tratar en el presente con un sistema de estados nación en declinación pero con algunos de sus atributos todavía en funcionamiento, donde todavía se sostiene el orden global. Para Negri el imperio es el orden del capital colectivo, la fuerza que ha ganado la guerra civil del siglo xx; no es norteamericano, es simplemente capitalista. Por lo tanto, “luchar contra el Imperio en nombre del Estado-nación pone de manifiesto una total incomprensión de la realidad del mandato supranacional”[31].En Multitud Hardt y Negri son aún mas explícitos en este punto:
En general, la mayoría de las proposiciones existentes para reformar el funcionamiento básico del sistema económico mundial se dividen en dos líneas de acción opuestas: una estrategia concede a los estados-nación mas poder regulador, mientras que la otra pretende retirar a los estados o a los poderes económicos gran parte del control sobre la economía. Como es obvio, las dos estrategias parten de análisis muy diferentes acerca de las causas que están en el origen de nuestros problemas económicos. La primera apunta a los regímenes neoliberales y a la falta de regulaciones sobre el capital como origen de las dificultades, mientras que el segundo se centra principalmente en las formas de poder político y económico que ejercen control sobre la producción y la circulación.”[32]
En definitiva, mientras numerosos autores sostienen con sólidos argumentos la necesidad de hablar de un nuevo imperialismo que, si bien con nuevas modalidades, se mantiene en esencia igual que el imperialismo clásico de finales del siglo xix, Negri plantea que el nuevo orden responde a una lógica novedosa. Largamente discutida la pertinencia de esta categoría del teórico italiano, el debate sigue abierto. El imperio no niega ni descarta al imperialismo clásico, le impugna su condición central en la nueva dinámica de la acumulación del capital. El debate Imperio- Imperialismo es un debate que invita a reflexionar sobre el capitalismo de nuestro tiempo y coincidimos con Daniel Bensaïd en que ambos conceptos responden a lógicas complementarias: “En realidad el orden imperial mundializado no suprime el antiguo orden de dominaciones interestatales. Se superpone a él.”[33].
 
 
Bibliografía
 
- Bensaïd, Daniel (2002): “El Imperio, ¿etapa terminal?” en Cuadernos del Sur Nº 33, mayo de 2002.
- Bonnet, A. (2002): “La globalización y las crisis latinoamericanas”, Universidad de Quilmes, Argentina.
- Duménil, Gerard y Levy, Dominique (2004): “El imperialismo en la era neoliberal” en Cuadernos del Sur Nº 37, Mayo de 2004.
- Lenin, V. I. (1975): El Imperialismo, etapa superior del Capitalismo., Ed. Polémica, Buenos Aires.
- Mc Donough, Terrence (1995): “Lenin, el imperialismo y las etapas de desarrollo capitalista” publicado en Science and Society. An indepedent Journal of Marxism., vol 59, núm. 3, Nueva York, 1995. Traducción en Cuadernos del Sur Nº 24, mayo de 1997.
- Negri, Antonio (2004): La fábrica de la estrategia: 33 lecciones sobre Lenin., Akal, Madrid.
- Negri, Antonio (1979): Del obrero masa al obrero social, Anagrama, Barcelona.
- Negri, Antonio y Hardt, Michael (1994): Trabajo de Dionisos. Una crítica a la forma Estado., AKAL, Madrid.
- Negri, Antonio y Hardt, Michael (2002): Imperio., Paidós, Buenos Aires.
- Negri, Antonio (2002): “El Imperio, etapa superior del imperialismo” en Cuadernos del Sur Nº 33, mayo de 2002.
- Negri, Antonio y Hardt, Michael (2006): Multitud., Debate, Buenos Aires.
- Panitch, Leo y Gindin, Sam (2004): “Capitalismo global e imperio norteamericano”, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
- Panitch, Leo y Gindin, Sam (2004): “Las finanzas y el imperio norteamericano”, en El imperio recargado, CLACSO, Buenos Aires, 2005.


Escrito y enviado por el autor para Herramienta.
 
[1] Véase nuestro artículo “El Estado capitalista, la crisis y el Nuevo Imperialismo” en el número anterior de Herramienta. Véase también Meiksins Woods (2003): Empire of Capital, Verso, London. y los trabajos de Samin Amin sobre el “imperialismo colectivo”.
[2] Lenin, V. I. (1975): El Imperialismo, fase superior del Capitalismo, Obras Completas  Tomo XXII, Buenos Aires, Ed. Cartago, 1960, pág. 281.
[3] Mc Donough, T. (1995): “Lenin, el imperialismo y las etapas de desarrollo capitalista” publicado en Science and Society. An indepedent Journal of Marxism., vol 59, núm. 3, Nueva York, 1995. Traducción en Cuadernos del Sur Nº 24, mayo de 1997. pág. 57.
[4] Mc Donough, T. (1995): op cit. p 44.
[5] Panitch, L. y Gindin, S. (2004): “Capitalismo global e imperio norteamericano”, Socialist Register 2004, CLACSO, Buenos Aires, 2005, p 22.
[6] Ibíd., pág. 26.
[7] Panitch, L. y Gindin, S. (2004): op cit., pág. 26.
[8] Ibíd., pág. 28.
[9] Ibíd, pág. 31.
[10] Panitch, Leo y Gindin, Sam (2004), opág. cit, p 52.
[11] Ibíd., pág. 24.
[12] Negri, A. y Hardt, M. (2002): Imperio., Paidós, Buenos Aires, pág.19.
[13] Ibíd.., pág.24.
[14] Este punto de partida debe completarse con el análisis de la materialidad y de las relaciones sociales que lo impulsan, en consonancia con la filosofía de Foucault y Deleuze. Ello implica superar analizar el problema del poder dejando atrás el materialismo histórico, que lo circunscribía al nivel de la superestructura, separado de la base económica, de la producción. Esta última no sólo se define en términos económicos sino también culturales, corporales y subjetivos, es decir, “biopolíticos”. Reconocer el potencial de la producción biopolítica implica identificar la nueva figura del cuerpo biopolítico, “el desarrollo de la vida misma, la constitución del mundo, de la historia”. Véase Negri, Antonio y Hardt, Michael (2002): Imperio., Paidós, Buenos Aires. ppág. .39-42.
[15] Negri, A. y Hardt, M. (2002): op cit,, ppág.148-150. Maquiavelo, inspirándose en la Roma Imperial, renovó la ciencia política, según Negri, reconfigurando la política como movimiento perpetuo, no oponiéndose a la sociedad sino integrándose a ella y complementándola.
[16] Ibíd., pág.152.
[17] Ibíd., pág.162.
[18] Ibíd., pág.172.
[19] Ibíd., pág.23.
[20] Ibíd., pág. 204.
[21] Negri, A. y Hardt, M. (2002): op cit,, pág. 209.
[22] Ibíd.., pág. 211.
[23] Negri, Antonio (1979): Del obrero masa al obrero social, Anagrama, Barcelona.
[24] Para caracterizar esta etapa Negri recupera aportes de la Escuela francesa de la Regulación: “El Estado asumió además el rol central en la regulación económica a medid que el keynesianismo se aplicaba tanto a las políticas laborales como a las políticas monetaria. Estas reformas dieron n fuerte impulso al capitalismo estadounidense que se desarrollo así dentro de un régimen de salarios elevados, alto consumo y, también, numerosos conflictos. Este desarrollo trajo consigo la trinidad que constituiría el Estado benefactor: una síntesis del taylorismo en la organización del trabajo, el fordismo en el régimen salarial y el keynesianismo en la regulación macroeconómica de la sociedad.”.La extensión de este modelo se completó luego de la posguerra con el proceso de descolonización, la descentralización progresiva de la producción y un marco de relaciones internacionales que extendieron por todo el planeta el régimen productivo disciplinario. Véase Negri, Antonio y Hardt, Michael (2002): Imperio., Paidós, Buenos Aires., ppág. 217-221.
[25] Negri, A. y Hardt, M. (2002): op cit,, pág. 272.
[26] Ibíd., pág. 274.
[27] Ibíd., pág. 278.
[28] Negri reivindica el leninismo, como lo prueba la publicación en 2004 de La fábrica de la estrategia: 33 lecciones sobre Lenin., escrito durante los años sesenta y setenta. En este libro se recopilan trabajo de mediados de los sesenta hasta fines de los setenta, período en que Negri participaba activamente de la izquierda extraparlamentaria italiana. Allí se ofrece una interpretación del legado leninista y una actualización en función de un riguroso rastreo de sus consideraciones principales para desarrollar una estrategia anticapitalista.
[29] Panitch, Leo y Gindin, Sam (2004): opág. cit, p 26.
[30] Algunas de estas críticas las desarrollamos en extenso en Míguez, Pablo (2007): “Notas sobre la naturaleza del Estado capitalista, Universidad Nacional de General Sarmiento, (mimeo).
[31] Negri, A. (2002): “El Imperio, etapa superior del imperialismo” en Cuadernos del Sur Nº 33, mayo de 2002.
[32] Negri, A. y Hardt, M. (2006): Multitud., Debate, Buenos Aires.
[33] Bensaïd, Daniel (2002): “El Imperio, ¿etapa terminal?” en Cuadernos del Sur Nº 33, mayo de 2002.