Constelaciones dialécticas. Tentativas sobre Walter Benjamin, Miguel Vedda (compilador).

Belforte, María.

Buenos Aires, Herramienta, 2008, 159 págs.

 
Resulta sorprendente la cantidad de artículos sobre la obra y el pensamiento de Walter Benjamin (1892-1940) que han sido publicados en los últimos años. Aún más cabe destacar, en consecuencia, que la aparición de un nuevo libro sobre este pensador inclasificable suscite interés. Constelaciones dialécticas. Tentativas sobre Walter Benjamin es prueba fiel de que las iluminaciones del universo benjaminiano persisten en su capacidad de generar instancias alternativas para el pensamiento crítico. Una vez más, la plasticidad de sus textos posibilita la apertura a distintas interpretaciones: el zapatismo, la revolución como experiencia sublime, la perspectiva de los vencidos en América Latina son solamente algunos de los temas que recobran la voz en los nueve artículos que componen el libro. Y es que, más allá de esta o aquella lectura, cada vez que las imágenes del filósofo berlinés son apropiadas con autenticidad, una alerta se escucha para todo aquel que presta oídos a un pensamiento que se alimenta de los extremos, pero que se mantiene fiel a la tarea de “cepillar la historia a contrapelo”: Benjamin deseaba salvar las ruinas de la civilización leyendo en los desechos su barbarie. El pensador que, “como quien se mantiene a flote en un naufragio”, trepando al mástil superior de un barco que zozobra, intentó mandar una señal de alarma que condujera a su rescate,[1] llevó al extremo la coherencia de una filosofía cuya “dirección única” se nutría del sentido zigzagueante de la estructura del laberinto.

 

 

No parece casual entonces, que la imagen del trapero de la historia le fuera tan propia. En el prólogo, Miguel Vedda recupera la metáfora del vagabundo para ilustrar la figura de este intelectual moderno que, en su desgarramiento, y expulsado del interior burgués que sofoca por su condición de estuche asfixiante, llevó adelante hasta su muerte una actitud comprometida respecto de la defensa de la crítica como arma de combate de los vencidos.
El primer trabajo del libro da cuenta de la recepción de su pensamiento en Brasil. Francisco Alambert muestra la afinidad de la teoría benjaminiana con el pensamiento de los excluidos en la figura de Leandro Konder, exiliado que retorna a su patria y encuentra en el “marxismo de la melancolía” una forma de crítica a las concepciones de progreso y determinismo en el ámbito del marxismo brasileño.
El artículo de Willy Bolle –responsable de la edición en portugués del libro sobre los pasajes de París– arriesga una propuesta novedosa: su trabajo está basado en la presentación audiovisual de dicha edición. En su comentario sobre la “presentación multimedia”, vincula la teoría historiográfica benjaminiana al surgimiento de las últimas tecnologías, que fundamenta en el carácter fragmentario del inmenso archivo del filósofo alemán. Dada esta conexión, Bolle muestra la capacidad de recobrar la mirada de los oprimidos a partir del montaje de citas del libro de los pasajes. Y es que, más allá de la exigua presencia del tema del colonialismo en el proyecto, la ruptura de la narración temporal-lineal se adecua perfectamente a la exposición del problema centro-periferia en el marco de una postura enemiga de todo tipo de eurocentrismo. También Michael Löwy recompone las imágenes benjaminianas para una crítica de la lectura histórica de la relación de América con sus conquistadores. El pesimismo se entrelaza con la esperanza cuando las señales mandadas desde la Europa infernal de la primera mitad del siglo XX son escuchadas y reformuladas desde la perspectiva de los vencidos de América Latina. Constelaciones dialécticas contiene también una reseña de la traducción al portugués de la obra sobre los pasajes de París. Pero el trabajo de Márcio Seligmann-Silva se extiende más allá de la presentación de la edición brasileña, detallando las diversas connotaciones del término pasajes elegido como título del libro. Al recorrer las nociones de sueño y archivo, Seligmann-Silva destaca el especial carácter de la “intuición intelectual” benjaminiana como pasaje u oscilación entre lo verbal y lo imagético. En tanto “libro después del libro”, los Pasajes constituyen una realización performativa del trabajo de lectura crítica llevado a cabo por Benjamin.
Aunque desde perspectivas disímiles, dos artículos centran su análisis en el contepto de revolución: el de Máximo Eseverri, que la enlaza a la idea de lo sublime, y el de Sergio Tischler, quien lleva a cabo un extenso estudio en el que se preocupa por “la actualización del tema de la revolución”. El trabajo de Eseverri subraya el carácter sublime que adquiere el compromiso político intelectual en el caso de Benjamin, cuyo sentido está dado por la “decisión inevitable” de transformar una realidad hecha “de palpables cuerpos lacerados por la industrialización de la muerte y la cosificación” (p. 65)Por su parte, Tischler, haciendo un recorrido por categorías político-filosóficas de la tradición del marxismo occidental, construye una constelación de sentido para analizar el fenómeno del zapatismo, vinculándolo a la “risa subversiva” estudiada en el libro de Bajtín sobre François Rabelais. En el carácter rebelde y utópico de la cultura carnavalesca que fue objeto de análisis del crítico ruso, Tischler encuentra una forma de temporalidad coherente con la subyacente a los ataques benjaminianos al concepto de tiempo progresivo y lineal. Tischler caracteriza al zapatismo como un acierto acompañado de errores y reconoce una cierta falencia en la objetividad de su estudio por emplear simultáneamente cuestiones provenientes de la imaginación y la historia.
Por otra parte, dos artículos ofrecen un examen de ensayos de Benjamin. “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” es quizás el ensayo benjaminiano más conocido y citado en los ámbitos académicos. Posiblemente también, sea éste uno de los trabajos en los que más se aprecia el “rostro de Jano” del filósofo que construyó una obra enriqueciéndose de lo aparentemente contradictorio. Las dimensiones dicotómicas metafísica-materialismo, teología-marxismo no se le revelaban a Benjamin como instancias excluyentes; muchas veces su entorno no lo comprendió: ya desde su aparición, el texto recibió rechazos de una y otra posición. Apoyándose en el destacado libro de Peter Bürger Teoría de la vanguardia, el artículo de Ariane Díaz invita a adentrarse una vez más en la profundidad y dificultad del estudio sobre la obra de arte, tan a menudo traicionado por la apropiación dogmática de sus fascinantes imágenes.
El artículo de Carlos Eduardo Jordão Machado muestra las afinidades entre tres obras significativas. Se trata de Dirección única, de Benjamin; Rastros, de Ernst Bloch; y Los empleados, de Siegfried Kracauer. Un materialismo capaz de llevar a cabo la crítica del mundo de las cosas es el eje común de la perspectiva que une estas obras, y que se apoya en la forma del montaje en su rechazo a todo sistema filosófico tradicional. Cuando la imagen prevalece sobre el concepto, se alcanza una mirada en la que las huellas, el desenmascaramiento y los desechos son las marcas distintivas de un pensamiento alternativo de acceso a la realidad.
El libro se cierra con un trabajo de Erdmut Wizisla sobre el “mesianismo político” en Benjamin y Brecht. Wizisla, responsable de la nueva edición de las obras del filósofo berlinés y autor de un destacado libro sobre la amistad entre Benjamin y Brecht, plantea en su artículo numerosos puntos de interés conectados con el problema de la relevancia de la teología en ambos pensadores. Como reflexión final, Wizisla nos ofrece una definición tomada de Sebastian Kleinschmidt, que acierta a puntualizar sus diferencias en relación a la religión: “Brecht era el ateo de la revolución, pero era religioso, mientras que Benjamin, el teólogo de la revolución, era antirreligioso” (154). Posiblemente, su falta de religiosidad haya tenido mucho que ver con ese sentimiento de desgarramiento del intelectual aislado que, percibiendo el presente como un infierno que retorna siempre, envía señales desesperadamente para mostrar al mundo su catástrofe.
Así, el libro editado por Herramienta cumple en mostrar la vasta gama de matices y temas que una filosofía compleja como la benjaminiana ofrece aún hoy al pensamiento marxista. Nutrida de los extremos en oposición, su mirada se proyecta siempre actual para todo aquel que distingue lo imperioso de la crítica para la iluminación del presente.
 

[1] Carta a G. Scholem del 17 de abril de 1931.